No me gusta recordar que dentro de nada harán años ya de una muerte inesperada. Pocos, la verdad. Aún resulta doloroso... me asustaré el día que no sea capaz de recordar sus manos. Es lo que más presente tengo de la gente a la que quise que ya no está.
No me gusta estar constantemente cansada. Con motivos, sin motivos, a medio camino de una razón aparente. Al final de la única explicación viable.
No me gusta vivir en esta calma chicha en la que se ha convertido mi trabajo. A la espera de que caiga la guadaña. Porque otros llegarán que harán buenos a los que antes fueron malos. Fui una ingenua. Una grandísima y estúpida ingenua.
No me gusta sentirme observ
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(... continúa)