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De espaldas

Visión 'vietnamizadora'

(Para ver la imagen en tamaño original, pulsad sobre ella)

Hace ya algunas semanas asistí, junto con una gran parte de mis compañeros, a unas charlas que nos dieron siete licenciados en tres o cuatro cosas cada uno y con tantos másteres juntos que, sumando el coste de todos ellos, seguro que se cubría una hipoteca y media de un piso de 40 metros cuadrados. Instruidos, muy instruidos. Pero mucho.

Nos querían contar cosas sobre la modernización de la Administración, ya que, parece ser, el funcionamiento de las instituciones públicas está obsoleto y huele mucho a rancio -es lo que tiene sujetarse a las normas, que la vanguardia se ve de lejos-.

La imagen que ilustra esta anotación es un extracto de las frases que, por una u otra causa, más me llamaron la atención:

Desde la vacua "No hablamos de Recursos Humanos sino de gestión de personas" -cágate, lorito...- hasta la expresión inglesa "Brand merchandising", que todavía no sé qué significa exactamente. Entre medias, un sinfín de eufemismos de los que quitan el sentido y mucha palabra que, de tanto usarla, ha devenido en muletilla y ha perdido la esencia de sustantivo con enjundia -"ciudadanía", por ejemplo-. Cosas como "Carta de servicios" -"sí, mire... queremos un bacalao con verduritas salteadas y un chuletón con salsa de trufa y aromas de brandy añejo"-, "back-office" y "front-office" -¿mande?-, "Comité estratégico de calidad" o la horterada mayor del Reino por aclamación popular -sólo opino yo, pero da igual- "Servicios de excelencia" -la chorrada es cosa de la UE, y para más inri, expide certificados con ese título tan rimbombante-.

¡Ah! y al vocablo "legislatura" lo tuvieron que sacar en parihuelas de la sala el viernes por la noche, cuando ya hacía media hora que había acabado el último sermón admonitorio: de tantos puñetazos que, durante esos días, le dieron los charlatanes de alto copete, el pobre perdió el conocimiento y ya no se sabe si volverá a recobrarlo alguna vez.

Desde hace ya bastante tiempo y no sé por qué extraña razón -intuyo que con la intención de que las discusiones de los munícipes en el pleno de la corporación de turno tenga visos de grandes gestas- al periodo de cuatro años entre elección y elección de representantes para el gobierno local, en lugar de llamarle "mandato", que sería lo correcto, se le denomina "legislatura", palabra que no se ajusta a razón, ya que las entidades municipales no tienen potestad legislativa, esto es, no pueden ni elaborar ni aprobar leyes -circunstancia reservada sólo a las AALL de las CCAA (¡me dejé llevar por las siglas, :-D va, traduzco: Asambleas legislativas de las Comunidades autónomas) y a las Cortes Generales del Estado español-, aunque sí reglamentos.

Puede que visto desde fuera resulte ridículo fijarse en cosas así, pero que los especialistas en la materia hagan tan mal uso de los términos que son propios de su ámbito profesional, deja mucho que desear. Y el mal, por desgracia, ya no tiene solución: más de un millón de referencias en Google. Ahí es nada...

¿Por qué titular la anotación con una expresión tan... tan... tan...? ¿tonta? ¿pedante? ¿rebuscada?

Porque cuando salió de la boca del orador que impartió la penúltima conferencia, la vida -mi vida- ya no volvió a ser igual -aunque la clausura de las jornadas, para qué negarlo, fue todavía más apoteósica-: trataba de explicarnos que la Administración arrastraba desde antiguo un enorme problema de eficacia, que se evidenciaba en detalles del tipo "es que yo no sé de lo que usted me está preguntando; eso lo lleva el compañero de la mesa de la esquina". Este tipo de comportamientos son los que, según este señor, se corresponden con una "visión vietnamizadora" del funcionario... Una perla, la verdad. Visión vietnamizadora... tiene sustancia, mucha sustancia.

El final de la fiesta -cuatro días de martirio vespertino son un castigo demasiado duro para unas mentes tan poco instruidas... nos hemos ganado el cielo-: a punto ya de alcanzar un orgasmo masturbatorio del tipo "Yo soy El Mesías", el responsable de darle el cerrojazo a las soporíferas disertaciones, tuvo a bien explicarnos que a los funcionarios -no sé yo si a los interinos a perpetuidad también nos incluirá- se nos podía aplicar la clasificación con la que se cataloga a los diversos tipos de clientes que existen en el mercado comercial -que nadie se me asuste-:

(Para ver mejor la tabla, pulsad sobre la imagen)

El ilustre teórico creador de tan simpática relación es Philip Kotler, un experto mundial en cómo manipular y atontar a la clientela.

¿Hace falta que haga una declaración expresa de qué tipo de trabajadora soy?

Madre del amor hermoso... ¡qué ganas de hacernos perder el tiempo!, ¡qué ganas de desnudar a un santo para vestir a otro!, ¡qué ganas de aplicar conceptos propios de la empresa privada!, ¡qué ganas de ser políticamente correctos!, ¡qué ganas de marear la perdiz por no querer llamar a las cosas por su nombre!,¡... qué tontos,Dios mío, pero qué tontos!

5 comentarios

Bambo -

Lo peor, quizás, es cuando escuchas de boca de un funcionario público decir cosas como "lo importante es crear una marca, una referencia, que el ciudadano sea oirlo o verlo y pensar en eficacia".

Planteamientos comerciales, sin más. "Hay que fidelizar al cliente" -ojo, que ya no somos ciudadanos, somos clientes...-.

Que lo que vea la gente al entrar en una oficina pública sea agradable, abundante, avance, tecnología... aunque haga falta poner una impresora de puesto por cada trabajador, para que no tengan que levantarse de la mesa no sea que vayan a herniarse. Derroche de medio... Nada de funcionalidad: que se nos vea y además, que se nos vea bien. Dentro de poco, los veo pidiéndoles a las empleadas que atienden directamente al público que su aspecto es importantísimo y que mejor que vayan pintadas y perfumadas, que un rostro agradable siempre es una buena tarjeta de visita...

Aber ¿y qué me dices de lo de "terroristas", "rehenes", "mercenarios" y "apóstoles"? Es que no hay por donde pillarlo... además, con el agravante de que, después de lanzada semejante insulto -lo es, se mire por donde se mire: los vocablos usados para la clasificación son una elección pésima, muy pésima-, quién es el guapo que se atreve a criticar el proyecto con otros compañeros...

¿Apóstoles? ¿Qué van a hacer, organizarnos fines de semana para que peguemos unos cuantos tiros de pintura en el monte, haciéndonos pasar por geypermanes de tres al cuarto?

Si eres crítico, ya sabes lo que toca... terrorista, que eres una terrorista...

Cultura de escaparate y poco más: no importa el producto sino cómo se vende el producto. Si es bueno o malo, da igual... Bueno, va, que dicen que el producto va a ser bueno: eficacia.

¡Ja!

En el ayuntamiento de un pueblo cercano han comenzado también un proyecto de modernización y lo primero que han hecho ha sido convocar un concurso entre los ciudadanos para elegir unas siglas -que han de pronunciarse en dos bloques, porque no se pueden leer- con las que identificar lo que será el centro de atención al ciudadano...

La marca y el eslogan. Y ya se verá después cómo se organizan las cosas, que mientras ellos irán haciendo publicidad al respecto de lo que va a suponer el avance burocrático... Anticipando lo que va a ocurrir, generando la expectación en el ciudadano, para que cuando llegue, de tanto desearlo, lo que se vea se acepte como lo más de lo más...

A mí me ponen mala esos empleados tan eficientes, Bielka: son lo más parecido a un robot, pero con unos cuantos sentimientos.

Los enseñan muy bien, para su desgracia, claro; y para beneficio de los empresarios.

Bielka -

Lo de los palabros en inglés queda muy molón, así como muy americano triunfador. Yo no he estado en tu situación, Bambo, pero tal como lo explicas creo que entiendo lo que quieres decir y me parece que tienes razón. Resulta ridículo incluso. Por cierto, que ayer me entró la risa cuando, de repente, a eso de las ocho de la tarde recibo una llamada en inglés. Me pregunta si hablo español y es un chico muy simpático y como muy efectivo y preparado. Me dice que llama del hotel tal y que tiene una reserva para mi marido pero que era para las séis y son las ocho y aún no ha llegado. Y el digo que sí, que efectivamente hay una reserva pero que es para el día 21 de diciembre. Y se le pone voz de sonrisa forzada, jajajaja, se le notaba por teléfono. Le pregunto si hay algún problema o si la reserva está mal hecha y me dice que no, que todo está perfecto. Y voz de "tierra trágame". Lo que me hizo gracia es que no dijo "lo siento, me he equivocado, ha sido un error", sino que lo cubrió todo con un "todo está perfecto" obviando su equivocación aunque su voz evidenciaba que la metedura de pata le hacía sentir tremendamente ridículo. Y me da a mí que es producto de estas técnicas de marketing en las que los hacen sentirse "ganadores". me llama la atención que, muy educadamente, eso sí, no supiera aceptar su error cuando eso, que aceptase su error no me habría resultado ridículo, pero sí esa situación tan "perfecta".

Aber -

Es triste. Muy triste. Hace ya tiempo que la administración pública sigue los dictados neoliberales de la empresa privada. Ante todo, dinero y beneficios, mucha fachada y escaso servicio. Por eso tantas palabras huecas: el contenido se convierte en maquillaje, en una arcilla moldeable al gusto de la empresa (pública o privada). Disponen de las palabras y con ellas disponen de las personas. La corrección política no es más que un intento por substituir a la enorme capacidad manipuladora que antaño poseían las instituciones religiosas. Sólo son palabras en las que debemos creer a ciegas, convencidos de los beneficios de sus bondades.

Pasa algo muy parecido con el mundo de la docencia: lo han inundado de palabros y terminajos pseudopedagógicos para referirse -sólo cuando están acertados- a conceptos que ya manejaba Sócrates. Sólo puedo apelar a mi sentido del ridículo ante la presencia de estos palabros. Lo de "vietnamizador" tiene delito.

Bambo -

Eso no sería del todo malo, Bielka, si esa gente no se ganase ya la vida: viven, precisamente, de lo que hablan; por lo que la futura modernización de la administración pública española depende de tipos -ya sé que generalizo, pero van cinco tandas de jornaditas innovadoras y todo lo conocido hasta ahora respiran al mismo ritmo que los últimos- como los que cito en la anotación: teoría y teoría y teoría del mercado comercial; planteamientos basados en considerar al ciudadano, por encima de todo, un cliente satisfecho, aunque se le esté engañando y se le esté mostrando una cara repintada pero no lavada.

Técnicas de captación de clientes; grupos de trabajo con líderes con espíritu de cooperación y bla, bla, bla... muy americano, muy post-inteligencia emocional y todas lo que ha venido después.

Terminología mercantilista, de negocio. Disfraz, sin más.

Buena forma de llamar a los que te dan duros a cuatro pesetas, Bielka: fumistas. Sí. No hubo ni uno solo que se salvara de la quema lingüística: las transparencias con las que acompañaron las exposiciones -durante los cuatro días, que ya es decir- estaban llenas de faltas de ortografías, de "ti" con tildes, de interrogaciones solamente cerradas pero no abiertas.

Y lo peor de todo, y a mi modo de ver, más preocupante, el empleo de un lenguaje rebuscado, inentendible en muchas ocasiones, salpicado de palabros en inglés y que son propios de un campo profesional que nada tiene que ver con la administración.

En lugar de preocuparse porque las vías de relación entre la administración y el ciudadano sean pocas -para evitar complicaciones innecesarias- pero efectivas y exista comprensión y claridad, se preocupan en establecer cartas de servicios y compromisos cívicos -¿?... me suena a lo del notario y Mas- y no sé cuántas cosas más...

No digo que no haga falta que la administración se adapte a los tiempos que corren; eso es incuestionable. Pero ¡leñe! es que, si son necesarios tantos estudios, tantas estadísticas, tantas encuestas de satisfacción, tanta segmentación del ciudadano, una acaba preguntándose qué santas narices necesitarán para que en mi calle nivelen los baches que llevan ahí más de dos años...

Bielka -

Bueno, es que esta gente tiene que ganarse la vida de alguna manera, que está muy duro. Son fumistas -del francés, fumiste, aquí los llamamos así porque somos unos afrancesados- o "vendedores de humo", que diríamos en español. Todavía me acuerdo de uno que nos dió una vez una clase de marketing, hace tiempo, muye encorbatado y con aire de suficiencia que hacía preguntas al personal -para crear interés- y cuando alguien contestaba bien le decía "esasto" en lugar de exacto. Yo me tenía que contener para no mondarme de la risa.

No había caído en el mal uso de legislatura, pero tienes razón, es un uso erróneo que está muy extendido.