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De espaldas

Harta

Mucho. Estoy harta, cansada, desanimada. Empieza de nuevo el suplicio: horas y horas de hospital; horas y horas de esperas; horas y horas de paciencia infinita...

Me acaban de dar la noticia y no sé cómo santas narices encajarla.

En realidad, sí que lo sé, pero me supera... me desborda. No sé enfrentarme a su dolor y al mal humor que se me acumula en los huesos cada vez que pienso que sus enfermedades han estado presentes en mi vida desde que tengo uso de razón. Es injusto por mi parte, lo sé. Ella no tiene la culpa. Pero es que yo tampoco... puta mierda.

Vuelven a operar a mi madre de la rodilla. Seguramente la semana próxima. Y con ésta creo que llevará 38 intervenciones en su cuerpo. A veces, sólo me queda gritar. Y es lo que ahora mismo haría si este cacharro incorporase la tecnología apropiada para hacerlo.

Ojalá pudiese esconderme, perderme, olvidarme de todo.

Al menos, no será en el lugar maldito de la última vez. Al menos, no veré más enfermos terminales. Al menos, podré sentir que existen enfermedades de las que se sale.

Mierda, mierda y más mierda.

Hoy no estoy nada fina. Pero me da exactamente igual.

23 comentarios

Bambolia -

Intento no asociar, Odalys, pero a veces casi me resulta imposible, porque de los últimos diez años para acá, no ha habido Navidades en las que, por desgracia, no haya tenido que lamentar algo -y no exagero... no es para hacer una lista detallada, pero porque sé que no existe lo del mal de ojo, porque sino...-. De todas maneras, pasado el primer arrebato, le busco el lado positivo: me voy a ahorrar una pasta gansa en comidas, cenas y demás jolgorios. Una ventaja importante, :-)

Tiene que ser difícil estar lejos de las personas a las que quieres. Sobre todo, si esas personas son las que te han dado la vida. Me causa mucho respeto la gente que, como tú, ha sido capaz de dejar su tierra para mejorar.

Besotes, :-)

Odalys -

Bambi, lo malo es que es un trago amargo pero no dejes que eso parezca una maldición ni lo asocies con estas fechas, no te va a ayudar en nada. Y por buscarle un lado bueno aunque ninguna enfermedad lo tiene, sería que ya sabes que va a pasar y pon tu mente en positivo para que esta vez sea mejor, más rápido y tal vez, más efectivo.

Por cierto, ayer le comentaba a una amiga sobre estos temas y recordaba cuando operaron una vez a mi mamá y ella es de las que nunca enferma pero cuando empieza con el "ay" ya no para. Pues estuvo toda la noche en un grito y ya yo no sabía que hacer para consolarla y no creas, en una ocasión tuve ganas de lanzarla por la ventana con cama y todo. Es feo eso pero es cierto.

Creo que en estos casos ayuda el sentirse un poco fuera del asunto para ayudarnos y ayudar mejor al enfermo. Soy de las que con una gota de sangre siento mareos y me sorprendió que un día me tocó curar a una tía que estaba malita y la sangre era abundante y fue como crecerme ante eso, mientras otros hacían ascos y decían que no podían. Cuando no queda de otra, se puede, verdad?
Yo no ando muy feliz con estas celebraciones sobre todo porque mis padres están lejos, ni tengo tradición de navidades pero siento que ese espíritu no está en el arbolito ni en la nieve, está en el corazón y ese va contigo a todas partes, así que te deseo que donde te sorprenda, tengas unas muy felices. Y te dejo un abrazote y muchos besitos.

Bambolia -

Sip, la operaron el 29 de diciembre... las navidades y mi familia están reñidas. Menos mal que a mí no me gustan estas fiestas y en casa no hacemos grandes celebraciones ni yo hago planes de estos tipo viaje fin de año y similares, porque, desde luego, visto lo visto, es como para no programarse nada.

Eri -

Um, y el año pasado no fue por estas mismas fechas que estábais en la clínica?
Abrazo

Bambolia -

De eso se trata, Odalys, de que el enfermo sepa que queremos ayudarle, pero que existen ciertas limitaciones, como por ejemplo, el dolor, que no dependen de nosotros, sino de una medicación que, a veces y por desgracia, no termina de ser efectiva, porque ya se ha tomado tanta que el organismo acaba haciéndose, en parte, inmune a los efectos terapeúticos. Intentar, por ejemplo, que se serene, que esté tranquilo, porque la percepción del malestar aumenta considerablemente cuando se está en una especie de crisis permanente.

Intuyo que será un caso super-estudiado, pero no deja de asombrarme: existen personas que han profesionalizado su enfermedad. Se han convertido, ya no en enfermos imaginarios, sino en profesionales de su padecimiento. Y eso, para los que están alrededor, es casi una tortura psicológica.

Por cierto, ya sé para cuando operan a mi madre: el 23 de diciembre. Buena fecha ¿verdad? Ná, sólo espero que esta vez sea la definitiva...

Odalys -

Hola, estoy muy de acuerdo en que es importante hablar y desdramatizar y en el bando que estemos buscar la mejor salida que casi siempre se encuentra y sobre todo, hablando y poniéndose de acuerdo.
Gracias a Dios mi mamá no ha sido enfermiza pero cuando ha caido, se pone de unos humores perros y se lamenta con unos "ayss" que llegan a sacarme de quicio porque no para un segundo y no se percata de que nos pone al resto con la lengua afuera.
Pero cuando ha sido al revés, otro caso. Cuando vivía con ella y me daba asma, no podía controlarme el "pitillo" (sibilancia) y ella se la pasaba molesta porque no la dejaba dormir. Y encima yo me sentía culpable por eso y tratando de no "sonar", aquello se ponía peor.
En esencia creo que al tratar con un enfermo debemos hacerle ver que sí tiene una dolencia y que le comprendemos pero queremos ayudarle y para eso necesitamos de su apoyo y sobre todo nunca olvidarnos de cómo nos portamos cuando nos toca a nosotros, padecer.
Les dejo un abrazote :)

Bambolia -

Sí que sirve, Eri, sí que sirve... al menos, para desahogarse... el dolor necesita una forma de manifestarse, no sé, yo recuerdo como algo muy doloroso la época en la que tuve el accidente, que tenía contracturado el esternocleomastoideo, y no soportaba el dolor de las mandíbulas, era como si me estuvieran tirando de ellas hacia abajo, como si trataran de arrancármelas, y no podía, no había forma... acababa llorando, y necesita sacar la rabia hacia afuera, o gritando o no sé, era como una especie de liberación...

El problema radica en que cuando el enfermo crónico no está solo, la convivencia se hace muy dificultosa... sobre todo, porque no es lo mismo una enfermedad de corta duración, que te deja emocionalmente para el arrastre, pero que termina por pasar, que estar años y años al lado de una persona que va poco a poco perdiendo su capacidad de movimiento -por poner un ejemplo-...

Se enfrentan dos posturas, la el cuidador y la del enfermo, y se necesita mucha mano para salir airoso del asunto.

Espero que lo de tu madre salga bien, aunque la espera, como siempre, es una angustia.

Entiendo que se trata de afán de superación, y de luchar contra algo, que sabiendo que está dentro de ti, no depende de ti. Una vez más, algo muy complicado.

Mucho ánimo, eri, :-)

+ erizo -

Yo estuve muchos años pasando de mi enfermedad, luego los médicos me dijeron que mejor la reconocía o me haría mucho más daño, así que llegó el momento de decirlo y me quedé tan pancha. Pero a partir de ahí, poco más se puede hacer. Eso sí, si estás en fase aguda, no la puedes esconder en un bolsillo, has de guardar la cama -o el sofá en mi caso-que tengas que guardar y en cuanto puedas caminar otra vez, tirarte al mundo.
Mua

Eri -

Pero no se puede hacer nada Bambi, quejarte no sirve de nada, el de al lado no te puede ayudar; y te digo por experiencia que el quejarse llega a hartar a la gente, incluso a molestar, si estas personas no lo saben canalizar de otra forma, yo prefiero no hablar y no entrar en conflicto. Desde la posición del enfermo también es jodido el asunto, pero no puedes pretender tener al de al lado sometido todo el día a tus males, pues cuando no los tienes no puedes calibrar hasta dónde puede llegar esa persona y dónde están los límites, etc; como tú dices, es muy complicado.
Sólo espero que lo de tu madre salga bien. La mía tb anda de pruebas otra vez, tenemos la mosca detrás de la oreja, a finales Diciembre sabremos algo.
* ah y en cuanto a lo del chantaje, te puedo asegurar que en alguna ocasión, sin quererlo, al final te das cuenta de que casi llegas a ello, si lo analizas de parte del familiar que está a tu lado. Um, mejor dejarlo, pues es bastante complejo. Hemos hecho algunas conferencias dirigidas a ellos y psicólogos y médicos no han sido capaces de ponerse de acuerdo, con eso te lo digo todo :)
Más abrazos.

Bambolia -

Eri, es necesario quejarse, muy necesario. Por esa razón no me sirve eso de "pues me lo como yo que para eso es mío"... no te quedes con esa idea, porque en este caso, tú eres la que estás padeciendo y necesitas ser escuchada... tampoco es justo que tú te limites... no sé si me explico. Por desgracia, sabes de lo que estoy hablando, y por eso creo que sabes por dónde van las cosas. Pero aunque esto sea así, no has de olvidarte que, como enferma, necesitas quererte.

¡Leñe, qué complejo es esto! Casar las necesidades de las dos partes es muy difícil, pero no imposible. El equilibrio, a mi entender, creo que se consigue cuando no se ejerce el chantaje a través de la enfermedad y sabiendo cómo funciona esto, estoy convencida de que tú no chantajearas a los que tienes alrededor a través de tu enfermedad.

ERi -

Más o menos por los motivos, yo desaparezco y no cuento demasiado, que estoy en fase aguda, pues me lo como yo que para eso es mío. ES muy difícil vivir con una persona enferma, mucho, y las secuelas psicológicas etc...un beso bambi.

Hester Prynne -

Hoy tan sólo quiero desearte mucho ánimo y mandarte un enorme abrazo a través de la blogosfera. Un beso, niña.

Ana* -

Yo sigo en la línea de los demás: cuídate tu, no hace falta que te escaquees, pero tampoco vas a servir de mucho si estás de mala leche allí, digo yo. Da rabia, pero cuando por fin te libras del yugo paterno/materno y puedes ir y venir a tu antojo, resulta que la ley de vida actúa y se empiezan a poner enfermos... en fin, supongo que en el equilibrio (perderte a ratos, pero acordarte de perderte) estará la mejor manera de llevarlo. Aunque lo mejor que te puedo desear es que se te haga lo más breve posible y puedas seguir a tus cosas.

Bambolia -

Y, por supuesto, he de poner en práctica lo de desdramatizar la situación, porque, por ejemplo, machacarnos con quedarnos todas las noches con ella, acompañándola, es una barbaridad, cuando realmente, en este hospital, están muy bien atendidos por la noche... Me viene siempre a la cabeza, en estas situaciones, la lacra educacional, con respecto a lo de ser buena hija, ya no sólo el hecho de que, por ser mi madre, deba cuidarla bien, sino a que existe como una especie de catálogo/manual del comportamiento/trato a dar a los enfermos, que ha pasado de madres a hijas, como si de un legado se tratase, y que resulta que es, en cierta forma, un decálogo de cómo "esclavizarse" al enfermo... no sé si se entiende, peor bueno...

Bambolia -

Es difícil aceptar algo así, porque se actúa como si de un resorte se tratase, que al ser tocado, se activase automáticamente: a mí me pasa cuando escucho llorar a mi madre... no lo soporto. Y ya no es que no me guste, no. Es que me supera; es como si se me nublasen las entendederas y perdiese el control sobre mis actos: me provoca tanta repulsa que me tengo que marchar. Y puede que todo se deba a las muchas veces que me he despertado, cuando vivía con mis padres, escuchándola llorar. Intentas darle la vuelta a la situación, ponerte en su pellejo, pensar que tiene 72 años y que desde los 42, que le dieron la incapacidad absoluta, lleva muchos años soportando dolores y malestares continuos... y que es normal que llore, que yo también lloraría... y equilibrar esos dos extremos es lo que más difícil se me hace. Porque llega un momento en el que te preguntas ¿y yo, qué?, y te entran ganas de mandarlo todo a hacer puñetas, y perderte.

Bambolia -

Gracias, :-)

Tengo la sensación de que esta vez sí que va a ser mejor. Aunque parezca mentira, me da mucha más confianza un hospital público que uno privado. Y la operación de ahora es el resultado de una metedura de pata de uno privado, que es muy bueno en lo suyo -está dedicado casi íntegramente a tratamientos oncológicos-, pero, cuando menos, de "dudosa" seriedad para otras especializades que, en realidad, no les corresponden -el porqué lo hacen y la Seguridad Social consiente, pagándoles las facturas es otro cantar y largo, muy largo de explicar-.

Tenéis razón en lo de poner distancia -bueno, tenéis razón en todo, qué carajo!-: es la única forma de no involucrarse demasiado, porque si te dejas llevar por los sentimientos, la rabia acumulada de tantos años, sale cuando menos lo esperas.

Kiri -

Pienso como Ciri. Hay que guarecerse, al menos un poco. Refugiarse en uno mismo.

Y no te reproches mucho por sentirte enfadada ante la situación: es totalmente humano y normal.

Un abrazo muy fuerte, Bambi.

Gru -

Ánimo, Bambi. Un beso.

Odalys -

A veces mirar las cosas desde lejos ayuda un poco, no involucrarse demasiado como si no fuera con nosotros. Es que si hay que pasar por algo y es inevitable, cuanto más nos demos a sufrir, la pasaremos peor.

Deseo mucho que esta vez te sorprenda y que sea distinto, que todo pase muy rápido. Una vez viví una pesadilla parecida, en menos de 1 año, mi madre estuvo hospitalizada 3 veces en condiciones terribles y por error de los médicos, llegué a pensar que me estaban castigando. Y es cierto, llega el momento en que parecemos autómatas, pero eso pasa, los sentimientos no se mueren del todo.

Mucho animo Bambi y otro abrazote; todo va a salir bien, visualiza eso, sí?

Ciri -

Bambi querida, esas mismas palabras las podría haber escrito yo -aunque no tan bien, con tanto detalle-. Es muy duro sobreponerse, y cuando parece que consigues hacerlo, te asalta el sentimiento de culpa por esa falta de sensibilidad. Pero creo que es mejor permanecer un tanto insensible. Es la mejor manera de racionalizar una situación tan difícil.

Hay que pasar esos sentimientos por el tamiz de la razón para así permanecer un poquito más lúcido y más despierto. Es la mejor forma en la que podemos ayudarnos a nosotros mismos y al enfermo, al menos para mí. Amén de regalarse cositas buenas para el cuerpo.

Un abrazo, maja.

Bambolia -

Sip, mejor es no pensar y hacerse más regalitos...

Parece que la cosa va a ser tan rápida que si mañana pueden hacerle las pruebas, la operan el jueves...

La rabia, la primera, esa que te sale desde lo más adentro, ha pasado ya. Es cierto que es inevitable el acumular resentimiento contra el enfermo cuando son tantas las veces, pero aún sabiéndolo, el sentimiento de culpabilidad no te lo quita ni Cristo, por decirlo de alguna forma... es como si estuviera mal sentirse así, tan egoísta, primando los instintos propios por encima del bienestar del otro...

En ocasiones, y después de tantos años de acumular enfermedades como quien guarda boletos no premiados de la lotería, pienso que la próxima vez que exclame un ¡ay! no le voy a hacer caso, como si el tiempo y el día a día me hubiese inmunizado contra su dolor.

Y lo cierto es que cuanto antes pase, mucho mejor, que lo que quiero es no tener que pisar hospitales y que me acuerdo del año pasado, justo cuando empecé esta bitácora, y me da tanto miedo... no sé si será una fobia o qué, pero ya no es la lucha de la enferma y su malestar lo que me preocupa, sino mi falta de reacción, mi insensibilidad, mi problema con los lugares en los que la gente aparece prostrada, desolada, como si estuvieran esperando para morirse... me desmorono ante esas imágenes y me cuesta mucho sobreponerme.

Ciri -

Ufs, sí, cariño, es algo muy pesado. Incluso se acumula algo de resentimiento hacia la persona enferma, pero creo que es muy natural. La vida es así de dura y asquerosa. Siento compartir tu pesimismo. Yo, en esas situaciones, me hacía más regalitos, pequeños placeres nada más.

Odalys -

Y a pensar que es un trago que hay que apurarse de un sorbo y luego a continuar!
Una vez estuve con alguien muy querido que por andar siempre mirando al suelo y debido a su altura y a su fragilidad en los tobillos y a su... tontera, vamos! pues a cada rato se hacia un esguince. Y sucedió que apenas con un mes de diferencia y por más que le alertaba de los huecos en la calle, etc. él se empeñaba en ir mirando las musarañas, pues volvió a pisar mal y se accidentó, aquella fue la 6 vez y en ese momento me sentí tan mal que en lugar de consolarle, me puse de muy mal humor y le llamé hasta desconsiderado. Es que la carga que me echaba encima era fuerte.
Luego me calmé y me sentí muy mal porque yo tendría más trabajo, pero él tenía dolor. Con todo este parrafazo te digo que mejor es no pensar y evitar lastimar un poquito más al enfermo; al menos nos queda el gusto de poder ayudarle y animarle.
Animo, chiquita! Y un abrazote a tu mami que no es fácil aguantar tanto hospital.