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De espaldas

7 vírgenes



La vi anoche, en el Club Diario -no sé ni para qué lo enlazo: me sorprende la desidia de esta gente... los responsables de este periódico al parecer desconocen la importancia que tiene actualizar una página web-. Para variar, la calidad de lo que ofrecen siempre aparece mermada por las ínfimas condiciones acústicas de la sala. De hecho, una vez empezada la proyección, la gente comenzó a murmurar porque no se entendía absolutamente nada de lo que decían los actores: entre el acento andaluz y las vibraciones de los dos altavoces, aquello parecía de todo menos castellano -o español, :-D -. Con todo, pasados los diez primeros minutos, la audición mejoró -creo que ajustaron los graves y los agudos-.

7 vírgenes es una película dura. Juan José Ballesta, conocido por casi todos -cinéfilos y no cinéfilos- por su actuación en El Bola, en la que interpretaba al niño maltratado, fue galardonado en el último festival de San Sebastián con la Concha de Plata al mejor actor por el papel que representa en esta cinta.

Tano es un joven que está en un reformatorio -no se cuenta con claridad el porqué de esta reclusión- al que le conceden un permiso especial de 48 horas para asistir a la boda de su hermano. Al llegar al barrio, se reúne con sus amigos de siempre. Hace lo que quizás haríamos todos en su situación: localiza a su chica, se echa unas cuantas risas y copas con los colegas e intenta no involucrarse en ninguna bronca porque sabe que eso, para él, sería un grave problema. Lo que ocurre después, a priori, puede parecer previsible. O no. Porque el final golpea. Como un mazo.

Quien busque entretenimiento en esta historia de perdedores, lo tiene francamente difícil. Y quien opine que en el cine español sólo se producen dramas o comedias sociales, mejor que no vaya verla. Se respira desesperanza desde el principio hasta el final: el típico círculo vicioso del que es tan complicado salir. Al menos, la última secuencia es todo un símbolo. Hermoso símbolo si se quiere ver con optimismo. Si se contempla desde la perspectiva de lo políticamente correcto, es la representación gráfica del fracaso del Sistema -sí, con mayúsculas-.

De su director, Alberto Rodríguez he visto, con anterioridad a ésta, El factor Pílgrim, y la verdad, nada que ver con la de ahora... divertida, descabellada y fresca. Eso sí, sus cuatro protagonistas también son unos completos perdedores -al más puro estilo hippie- a los ojos de la sociedad.

2 comentarios

Bambo -

A mí me gustó. Y hacia mucho tiempo que no veía cómo la cámara quiere, ama, se enamora de un rostro. Ese chico es capaz de contarte una historia con un leve parpadeo. Hay un par de escenas, una a mitad de la película y otra que es la antesala del fotograma con el que acaba literalmente la peli, en las que lo dice todo con el rostro. Me impresionó mucho su capacidad de contención. Y el copotragonista, Jesús Carroza -el que sale en la foto con él- no se queda a la zaga: tiene mucha frescura, es muy creible. Desde luego, los que han realizado la selección de actores se merecen más que una simple palmadita en la espalda.

Otra cosa destacable -a mí me lo parece, claro- es que las historias secundarias que circundan a los protas no se terminan de contar: son familias desestructuradas, rotas, pero en lugar de contarte el porqué para que puedas entenderlo, simplemente lo muestra, sin más.

Y me callo, que sino la destriparé.

Ana* -

Le tenía echado el ojo a esta peli. No pude terminar de ver El Bola porque no soporto el maltrato a niños (no me enorgullece, lo veo como una limitación mía), pero ésta tiene pinta de dejarse hincar el diente. A mí me gusta el cine español y los dramas sociales, si están bien hechos. Cuando la vea te cuento.