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De espaldas

A días

Y tú ¿cuánto ahorras?



Así comienza un anuncio de televisión de un detergente concentrado para vajillas: preguntándole al público cuánto ahorra. Una mujer se dirige a la cámara contándole que ella, para ahorrar en casa, apaga el televisor desde el interruptor que éste lleva incorporado y no desde el mando a distancia, porque cuando se hace de esta última forma, el aparato permanece encendido -la conocida lucecita roja- y aunque en menor cantidad, sigue consumiendo electricidad -alrededor de un 30% de la energía que necesita cuando funciona normalmente-.

Acto seguido, la concienciada señora pasa a explicar que ella usa Fairy porque al ser concentrado se emplea muy poco detergente para lavar la vajilla. Por lógica, al gastar menos producto, a la larga ahorra porque le dura más. Lo paradójico de todo esto -y por eso lo cuento aquí, porque hasta ayer no me había percatado- es que en las secuencias en las que la modelo está refiriendo la segunda fase de su plan "apretándose el cinturón", la sitúan en la cocina, delante de un fregadero. Mientras habla, está poniendo una gotita del detergente en un estropajo, y en un segundo plano se ve el grifo del agua abierto. En la siguiente imagen, sigue alabando las bondades del lavavajillas y a su vez limpia una sartén, para que se pueda ver su maravilloso efecto desengrasante. Aunque parezca increíble, el grifo del agua permanece abierto.

Digo yo que a los publicistas que diseñaron el anuncio nadie les explicó que para realizar tales tareas domésticas no es necesario acompañarse con el ruido de fondo de un grifo abierto. Por descontado, no serán los mismos que trabajaron para la campaña del Ministerio de Medio Ambiente, presentada en junio pasado, y cuyo lema era "Pon tu gota de agua. Gota a gota se hace el río", porque al final del anuncio que estuvieron emitiendo durante varias semanas, recalcaban que en su realización no se había empleado ni una sola gota de agua. Igualito, vamos.

Tertulias callejeras



Sitúo la escena:

Una calle próxima a mi casa. Entre la acera y el bordillo, dos mujeres de unos cuarenta y tantos, más o menos, hablan entre ellas. Mientras la conversación se desarrolla, un niño, de alrededor de seis años, las mira y permanece callado, situado algo alejado de la que lleva todo el peso de la charla. Parece que se han cruzado en el camino, porque una de ellas está colocada con su cuerpo medio girado hacia la izquierda y la otra, la que va acompañada del crio, permanece de pie en dirección a la derecha. Entre los tres, forman un corrillo ovalado, alargado, que les obliga -a ellas, ya que el zagal no llega a abrir la boca en ningún momento- por el espacio que las separa, a elevar el tono de su voz para escucharse.

Vuelvo de pasear a Zas y justo a la altura de donde se encuentra el trío pero en la acera de enfrente, el perro se detiene para olisquear un tramo de la pared -y eso significa que no se va a mover de allí hasta que no haya distinguido, clasficado y repasado todos y cada uno de los "marcadores caninos" que le regala ese trozo de fachada.

Las escucho hablar:

- ...Fíjate, se puso a gritarle a su padre, como un loco "¡Papá, noooo! ¡No lo quites, que es Nino Bravo!". Es que está mal que yo lo diga, pero mi "Aigor" -las comillas las pongo porque no tengo muy claro que ése fuera el nombre que la madre pronunció- tiene mucho estilo y sabe distinguir qué es música clásica y qué es basura; ya quisieran todos esos niñatos de Operación Triunfo ser, el día de mañana, como mi niño.

- ¡Qué mono! Para que luego digan que la "juventud" -las comillas son mías... juventud con seis años- sólo escucha la rana, la canción del Neng y los raperos esos con pintas de colgaos.


A todo esto, el niño, sabiendo que están hablando de él, comienza a hacer un mohín como de "sí pero no", en plan inocente picarón, avergonzado pero atento, porque sabe que el halago está cerca.

- Sí, mujer; es que en casa ponemos mucha música española, para hacer patria, que ya está bien de americanos desmelenados y rubias sin ropa.

- Claro, como su padre cantaba tan bien todo lo de Nino Bravo.

- Canta, mujer, canta; que todavía canta.

- ¿Cómo que todavía canta? Cantaba. ¿O es que ahora sigue dedicándose a lo de las orquestas de verano?

- No, mujer, no. Pero te digo canta porque lo sigue haciendo.

- ¿Y dónde? Porque lo que es yo, no lo he vuelto a escuchar desde hace muchos años.

- Mari, es que las veces en las que canta, no es muy normal que tú lo veas. Vamos, que tú no deberías de oirlo cantar.

- ¡Ah! ¡Acabáramos! O sea, que te canta en los momentos íntimos.

- Pues sí, ya ves. Me sé las canciones de Nino Bravo de memoria, tenemos una para cada ocasión.

- ¡Uy, chica! ¡Qué romántico!

- Mucho, Mari, mucho. Y el niño ha salido al padre: ya me ha dicho más de una vez que cuando se enamore, se declarará a su novia con una de las canciones del Nino Bravo.

- Olé, olé y olé. Sí señor, con poderío, que no se diga. Oyes ¿ y por qué no lo lleváis a un concurso de los de la tele?

- Es que su padre no quiere, Mari, pero el niño está muy pesado: se pasa todo el día diciendo que quiere que lo llevemos a hacer un casting de esos, pero para niños prodigios. No sé cómo convencerlo; dice que le daría mucha vergüenza que llegase a una final y por gentes que tuviesen más dinero que nosotros, se comprase el primer premio y su hijo se viniese a casa con el rabo entre las piernas. Es muy orgulloso y no soportaría que Aigor no fuese el mejor.

- Mujer, un poco de mano izquierda, que cuando festeábais, siempre lo llevabas de calle. Vamos, que comía en tu mano a todas horas.


A estas alturas, el niño ha cambiado la sonrisa picarona por un gesto de despierto interés: se está hablando de su futuro como estrella de la canción y sus radares-orejas han de funcionar a pleno rendimiento. Zas se ha cansado de marcar y remarcar los dos metros cuadrados que hay en ese tramo de acera y reinicia su marcha, en dirección a mi casa -y la suya, claro-.

Alcanzo a oir, casi de refilón, cómo se despiden:

- Hasta luego, Pepa, que me viene el Juan más pronto a cenar y no he sacado las chuletas del congelador.

- Ya hablamos en otro rato, Conchín; a ver si hacemos una comida o una merienda y entre todos sacamos el tema de que mi niño vaya a un concurso a cantar y el Isidro se ablanda algo, que tanto arte no se puede desperdiciar.*


Conclusiones:

De momento, dos. Porque el resto -croe que hay algunas más- son vuestras.

La primera, que el padre de la criatura es un hortera redomado y que la madre se lo ha de pasar de lujo cada vez que al colega le dé por dedicarle una canción de Nino Bravo -por ejemplo, en la cama, mientras cabalgan juntos hacia los cráteres del volcán que más tarde estallará haciéndolos sentir el calor de la lava incandescente, el galán setentero es capaz de desgañitarse con lo de "al partir, un beso y una flor, es ligero equipaje, para tan largo viaje; me voy pero te juro que mañana volveré"-.

La segunda, que ser convidada de piedra a veces provoca ligeros trastornos estomacales -angustias y alguna que otra arcada- y leves cefaleas, que generalmente, remiten a las pocas horas.

*Se sobrentiende que la conversación, tal cual la he reflejado, no es literal, pero más o menos, la cosa fue por los derroteros que he recreado -y siendo completamente sincera, creo que pierde bastante frescura, pero bueno... -.

Resumen vacacional

Sé que con el tiempo me arrepentiré -esa vergüenza tonta y limitadora que a veces me sujeta por los tobillos y me convierte en una correcta y formal niña bien-, pero de momento, me parece perfecta para resumir mis días en Teruel:



Botas de montaña, pelo revuelto, pinta de ama de casa despistada y poco más.

He dormido mucho y he caminado más todavía.

Tranquilidad a raudales y poca vida social.

Me reitero en la idea de que, a medida que pasa el tiempo, una se mete más y más en el cascarón, olvidándose de formalismos estúpidos y pautas impuestas. Ya era hora.

Jeroglífico

Se trata de encontrar la palabra ajustada. Sólo una. Nada más.
¿Seré capaz?

Al menos, lo intento. Y si acertáis, os embargará la satisfacción de haber llegado a comprender cómo funcionan mis neuronas, :-D
Se trata de encontrar la palabra ajustada. Sólo una. Nada más.

Allá va:

Se trata de encontrar la palabra ajustada. Sólo una. Nada más. Es necesario dar unos cuantos pasitos; en concreto, cuatro. El DRAE dice de ella que es un sustantivo. Y que, pese a su existencia en singular, se usa con bastante más frecuencia en plural.

Primer paso



Quédate con ella, te hará falta para el principio.




Segundo paso



Una mitad sobra. La otra es la que necesitas. Deja de lado los cincuenta, que quedan demasiado lejos.




Tercer paso



No te marches. En realidad, con irte a la parte contraria, será suficiente.




Cuarto paso



Lo dijo un príncipe. Ése mismo en el que piensas. Pero tú has de conjugarlo. Como si se tratase de él.




Más fácil, imposible.

Vocación frustrada



A veces una se sorprende de su propia capacidad de análisis: hay días en los que, al levantarse y contemplarse en el espejo, ese "mira que eres inteligente, guapa y encantadora; si fuera hombre caería rendido a tus pies ahorita mismo" surte efecto y la autoestima se alza hasta límites insospechados. Tanto es así que aplicar el método deductivo "Veo, cotejo, y tras esto, extraigo conclusiones a todo aquello susceptible de serlo", se convierte en una tarea divertida, amena y casi, casi frívola.

El domingo pasado fue uno de esos días en los que me sentí especialmente inteligente. Fui al MNCARS, o lo que es lo mismo, al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía a ver la exposición temporal de Juan Gris que se está exhibiendo en la actualidad -a mí que no me digan, pero el anagrama es horroroso, amén de impronunciable... y yo, con la fijación que tengo con el inglés, lo de "cars" me recordó a "cards", que ya sé que no tiene que ver una cosa con la otra, pero como la libre asociación de ideas funciona así, libremente...- .

Mucha gente -imagino que por lo de la gratuidad al ser domingo-, muchos cuadros y poca información. Con todo, y aprovechando ese brillo de "genia" con el que me había desayunado, la visita fue altamente productiva: después de ir y venir, de acercarme, de alejarme, de taparme un ojo y luego el otro para ver las obras con miradas distintas -no es lo mismo un cuadro contemplado desde una perspectiva izquierdosa que ese mismo cuadro observado desde el flanco derecho ¡dónde va a parar!... ése gesto es uno de los que he incluido, como elemento indispensable para que el proceso analítico sea perfecto, en mi particular método deductivo al más puro estilo Maigret-, se me encendió la bombilla y pude exclamar, cual mujer perdida en busca de su sombra en el instante en el que se da de bruces con ella, un sonoro "¡Acabáramos!".

¿Por qué? Muy sencillo. Porque descubrir que, en realidad, la verdadera vocación de uno de los mejores pintores del siglo XX, no fue la pintura, sino ser guitarrista, no ocurre todos los días*: desconozco cuantos cuadros se muestran en esta exposición, pero encontrar alguno en el que no haya una guitarra, ya sea a trocitos, en planos distintos, en vertical, en horizontal, con sombras, sin sombras, en las manos de un arlequín, apoyada en una silla, etc., es casi un milagro. Además, y ya en plan comentario "de ti para mí" -como diría Sabina-, este hombre seguro que tenía serios problemas de insomnio, porque es imposible pintar tanto en tan pocos años, si no se hace robándole horas al tiempo de descanso -y muchas le tuvo que robar-. Es sorprendente, de verdad. Murió a los cuarenta años, y entre lo que dibujó para periódicos y semanarios y lo que pintó, este señor se cargó de un plumazo el dicho "vísteme despacio que tengo prisa", amén de que su enfermedad supuso un importante lastre para él, porque la estuvo arrastrando durante años hasta que, finalmente, acabó con él.

*[Interpretadlo en tono jocoso, por favor; que es que todavía estoy "griseada" y este escrito es una forma de poner los pies en la tierra.]

Unos cuantos ejemplos de la omnipresente guitarra:


Naturaleza muerta con flores- 1912


(Desconozco el título)


(Desconozco el título)


(Desconozco el título)


(Desconozco el título)


Arlequín con guitarra

Y uno de los que más me gustó:


Tres lámparas

Por cierto, y para el que le interese curiosear, aquí se puede ver una visita virtual de la exposición.

Orgullo familiar



Me permito la licencia de ponerme blandi-blu: por la parte que me toca -lazos familiares; tampoco es necesario dar más explicaciones-, hoy me he desayunado con una magnífica noticia.

Camarera de mi amor



Ejercicio de crecimiento personal -ejem, ejem, ejem-:

Lo reconozco, de cuando en cuando veo películas para quinceañeras bobaliconas -normal, pertenezco a la generación "Grease"-; leo, guiada por la desesperación, novelitas rosa estilo Colección Harlequín, cuando algún futurible marido, despistado él, no ha acudido a nuestra primera cita con el pertinente ramo de rosas rojas en una mano y en la otra, una sortija "un diamante es para siempre" y escucho el "P'a todo el año", de José Alfredo Jiménez, cantado por María Dolores Pradera, los días en los que me siento ajada, rota y desdichada en amores; o sea, tal cual la Zarzamora con tendencia masoquista.*

[*Mensaje para mi terapeuta emocional: espero que valores este ejercicio de nudismo espiritual tal y como se merece; nada de "cada tres palabras, has hilvanado catorce para justificar las anteriores, y eso, señora mía, no deja de ser una negación de TU realidad", que ya estoy harta de quedarme en cueros y enseñar mis vergüenzas tipo consumo no selectivo de pseudo-cultura basura y no recibir ni tan siquiera una palmadita en el hombro, para respaldar y reforzar mi hiper-mega-valentía.

Pdta. para los que pululan por estos lares: que es muy de cuando en cuando; de verdad de la buena, :-P]


De entre todas las pelis de niñas monas, románticas y buenas-buenísimas de la muerte que he visto a lo largo de mi vida, El Bar Coyote es mi preferida. Tanto es así, que tengo grabada la banda sonora en dos o tres cintas, para poder escucharla en el coche; en casa, cuando estoy en el pueblo; y con los walkman, antes de tener el discman.

Argumento: aventuras y desventuras de cinco camareras -en concreto, de una de ellas; el resto, son relleno- estilo Cosmopolitan que trabajan en un bar de copas de NY, atestado de maromos hambrientos de carne femenina y unas cuantas treinteañeras, deseosas de ribazear con cervatillos de músculos la-fibra-soy-yo. Cuatro canciones pegadizas, dos o tres bailes la-noche-es-para-vivirla-y-las-botas-camperas-no-dan-calor, de coreografía y ejecución perfecta, escenificados encima de la barra -se ve que en los USA les mola mucho eso de darle un empleo alternativo a las cosas, por aquello de ser los más originales del mundo mundial-, y una básica historia de amor/desamor, fracaso/superación, muy al estilo de en-América-todo-es-posible.

Llevo dos fines de semana intentando emular a estas mozas tan peripuestas, pero he de reconocer que, aunque mis compañeras y yo hemos hecho casi lo imposible por ser la versión española de Bar Coyote, la pretensión se ha quedado en una burda y nefasta caricatura: de ahí que me haya atrevido a modificar la fotografía que ilustra la anotación, para adaptarla a lo que en realidad supone atender la barra de un bar de pueblo durante los días que se celebran las fiestas patronales. Mucho padre de familia salido -de casa y de sí mismo-; mucho soltero con pocas o nulas dotes de conversación -tres larios con cola y cuatro pipirigallos-; y excesivo, manifiesto y evidente deseo de ahogar las penas en alcohol de casi la mayor parte de los visitantes.

Toda una experiencia, sí. Ahora entiendo cuando se dice, cual tópico-típico de primer grado, que los camareros son como los antiguos confesores: saben y conocen de la vida y costumbres de sus clientes más asiduos. Alguno seguro que matizaría diciendo que "es que tienen mucha psicología" y aunque la expresión sea de las de rompe y rasga, en este caso, algo de verdad hay.

Por cierto, me cantaron el "Camarera, camarera, tú eres la camarera de mi amor; sí señor". Ya he cubierto mi cupo de ternura y mimos a domicilio para dos o tres meses. Lo sé, no puedo quejarme, :-D

La ley del mínimo esfuerzo



Cuando ayer leí en el periódico Levante que en las puertas del campo de fútbol Mestalla se mercadeaba, el viernes pasado por la noche, con las preguntas de varios exámenes para el acceso al grado superior de Formación Profesional, porque éstas se habían filtrado, no me sorprendí demasiado, la verdad.

¿Quién no ha copiado o ha empleado alguna que otra chuleta para salir del paso en un examen que no ha terminado de preparar como tocaba? Aquí serviría lo de "quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra" -aunque soy consciente de que existe gente que nunca ha recurrido a estos subterfugios para pasar una prueba, pero son los menos-.

Cuando estaba estudiando COU, en un par de ocasiones, los que teníamos como optativa la asignatura de griego, llenamos la pizarra de supuestos análisis sintácticos y traducciones que en realidad eran meras transcripciones -empleando el alfabeto griego... pero lo que en realidad se leía eran frases en castellano- de los epígrafes de cada uno de los temas que iban para el examen de Historia Contemporánea, que era la materia que teníamos a continuación. La cosa funcionó a la perfección, porque no eran datos concretos, sino ideas generales, y no fue necesario memorizar tanto. Se estropeó -eso creo- cuando alguno de los compañeros que tenían Historia del Arte como opcional, le fue con el cuento al profesor. En el siguiente examen, entró y borró directamente la pizarra, sin más explicaciones.

Pasados los años, me sonrío recordando los nervios que pasamos durante los minutos previos, cuando no nos poníamos de acuerdo en cómo darle verosimilitud a la chuleta pizarril... quizás soy benevolente si digo que aquello no pasó de ser una chiquillada, porque lo único que hacíamos era dejarnos pistas a la vista por si fallaba la memoria, pero si antes no habías estudiado el temario, las pistas no servían de nada.

Este asunto me parece distinto. Y ya no me provoca tanta gracia. De hecho, hasta lo miro con tristeza. Resulta obvio que algo está fallando cuando se llegan a estos extremos de ponerse en un punto fijo y cobrar por unas preguntas que, supuestamente, nadie que no fuese personal afín a las pruebas selectivas, debería conocer. Ya sé, ya... es algo que siempre se ha hecho -me refiero lo de intentar conseguir las preguntas de un examen y luego comerciar con ellas-, pero que se sepa y que la administración no ponga remedio, es un tanto lamentable.

Fraga, de profesión, saltador en el tiempo



Acabo de leer la columna de opinión que hoy publica Juan José Millás en Levante -desconozco si sale en más periódicos- y rauda y veloz he ido a comprobar si era cierto lo que en ella cuenta: sí -no es que dude de su palabra, pero es que me ha parecido tan absolutamente descarado...-. Fraga se equivocó de profesión. En lugar de político debería de haber sido saltador de tiempos -y digo bien, de tiempos-. Vamos, algo parecido a un atleta que corre en la modalidad de fondo, 3.000 m obstáculos, porque lo de él, está claro que no es la velocidad. Hago un copia y pega. Se titula "Imposturas",

Si ustedes entran en la página web del PP y buscan la biografía de Fraga Iribarne, comprobarán que nació en Villalba, Lugo, que estudió Derecho, Ciencias Políticas y Económicas, que ingresó en el Cuerpo de Letrados de las Cortes Españolas en 1945 y en la carrera diplomática en 1947. Desde ahí, desde el año 1947, la biografía da un salto mortal hasta 1973. El hombre se ha quitado 30 años de encima, precisamente los más innobles. Quizá no esté tan orgulloso como creíamos hasta ahora de haber sido el mayordomo de Franco. De otro modo, no lo ocultaría con ese descaro. Ahora bien, se ha quitado mejor las arrugas de la foto que los años de la biografía. Pero es que para las arrugas hay unos programas de ordenador formidables. Para los años, en cambio, la única solución en echarle caradura.

En el párrafo anterior hemos utilizado un par de veces la palabra biografía a sabiendas de que cometíamos un error: las personas como Fraga sólo tienen currículum. Y díganme, ¿quién no ha falsificado su currículum para conseguir un trabajo? ¿Quién no ha tenido la tentación de atribuirse estudios de los que carecía? Roldán puso en el suyo que era licenciado. Y no lo hizo por maldad, sino para acceder al puesto de Director General de la Guardia Civil, para el que había mucha competencia. El mismo Enric Marco, al que tanto censuramos estos días, mintió sobre sus sufrimientos en los campos de concentración para presidir una asociación de víctimas del nazismo. Todo el mundo quiere ser algo que no le permite su currículum. Fraga quiere ser demócrata y por eso se ha quitado de encima treinta años de colaboración con Franco. Es muy de respetar.

Quizá lo censurable sea el modo en que lo ha hecho. Eliminar treinta años de un plumazo produce en el lector ingenuo un asombro legítimo, además de dejar el currículum reducido a un epitafio. Si Fraga se quedara mudo y le diéramos un papel y un lápiz, como al pianista misterioso, escribiría un decreto en vez de dibujar un instrumento musical. Y es que al final, por más esfuerzos que uno haga, la biografía asoma por de debajo o por encima del currículum. La de Fraga es impresentable.


Si a alguien le da por ejercer de escéptico y decir aquello de "si no lo veo, no lo creo", en este enlace se encuentra la información sobre el salto triple mortal con pirueta en espiral realizado por el sr. Fraga entre 1947 y 1973. Total, veintiséis añitos de ná... ahora entiendo el porqué aparece tan joven -es un decir- en el cartel de la campaña publicitaria como candidato a ser el próximo presidente de la comunidad autónoma gallega. Además, si tenemos en cuenta que, según la imagen que ilustra la anotación, su salud es de una fortaleza envidiable, es normal que se conserve cual efebo de la Grecia clásica -la foto la hice este año, en la exposición del Ninot-.

Mi casa



El sábado pasado, con mis poderes hiper-mega-super-mágicos, le instalé a mi Ford Fiesta de veintidós añitos cuatro reactores laterales y un alerón trasero en posición de cohete ultrasónico a punto de despegar, y una vez en el aire, me dediqué a hacer fotografías de todo lo que me dio la real gana. Claro, antes tuve que activar el piloto automático y conectar el manos libres, :-D, que una tiene sus trucos, pero necesita de la tecnología para que todo sea más sencillo. *

El resultado: la foto que ilustra la anotación. La estrellita amarilla marca mi casa -a ver, todos a una, con el dedo índice señalando hacia el cielo "mi caaaaaaaasaaaaaa"-, y la roja, la iglesia parroquial. ¿Por qué señalo la casa del Santo Padre y no, por ejemplo, la Casa de la Cultura que está enfrente? Pues porque ésta última no me da disgustos, más bien alegrías, y la primera lo único que consigue es que cada día odie más a los católicos, apostólicos y romanos practicantes.

Lo sé, siempre digo lo mismo y me repito más que el ajo, pero es que después de las fallas y la semana santa, el buen tiempo ha traido de la mano el inicio de las bodas los sábados por la tarde, las comuniones el domingo por la mañana y los bautizos, por la tarde. Si a eso se le suma que el fin de semana pasado festejaron a la Virgen de los Desamparados y que llevan no sé cuantos días con los de las cruces de mayo, una acaba preguntándose si estos señores alguna vez se han planteado qué significa lo de respetar el descanso ajeno, y más concretamente, el mío.

*La foto la saqué del SIGPAG, el sistema de identificación de parcelas agrícolas, del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Es una chorradilla, pero no deja de resultar curioso ver desde arriba lo que estás acostumbrado a contemplar casi a ras de suelo.

No lo soporto

Salto de un enlace a otro, y leo. Lo intento, que conste. Que sirva mi perseverancia como descargo. Al menos, que se sepa que deseo dejarme llevar, con todas mis fuerzas, por los efluvios primaverales, amorosos, tiernos, sentimentales, que a estas alturas del año, inundan los renglones de multitud de bitácoras. Insisto, lo intento. Pero no lo consigo.

Cada vez estoy más convencida: carezco de la sensibilidad suficiente como para emocionarme ante la imagen de una gota de rocío que, exhausta, se detuvo en el borde del pétalo de la rosa que saluda al amanecer; no se me paraliza el corazón cuando leo como otro corazón, esta vez roto, se entretiente en clavarse alfileres en los recodos más inesperados de su músculo amoroso. Y es una lástima esta ausencia de empatía; sé que me pierdo un candoroso baño de romanticismo y un hermosísimo paseo entre melocotoneros en flor.

Lo único que me contenta es recordar lo que mi abuela materna me decía de niña -de una manera un tanto bruta, hay que reconocerlo-: "Salo, no hay nada mejor para desenamorarse que ver a tu galán cagando y con el moco colgando". Pues eso, que será que como me medio educó una mujer que era el pragmatismo personificado, nunca sé reaccionar a estas eclosiones orgiásticas de maravillosos sentimientos fraternales, en plan aldea global. Y mira que lo siento, porque a tenor de lo leido por ahí, tiene que ser tan místico y espíritual sumergirse en el maremagnum "dulce de algodón", que ni Santa Teresita de Jesús hubiese podido reprimirse.

Necesito un Red Bull, porfaplis.

¡Al paredón, ya!

Zapatero, protector de etarras, radical de mierda, maricón, ríndete."


"Zapatero, protector de etarras, radical de mierda, maricón, ríndete."


No lo digo yo, no. Aunque parezca mentira, el responsable de esta frase es Juan José Millás.

He de reconocer que estoy siendo algo perversa... Está tan sacado de contexto que, leido así, sin más, tal pareciera que semejante colección de lindezas dialécticas sólo pueden haber salido de la cabeza de un Jiménez Losantos cualquiera.

El artículo de opinión se titula "El etarra encubierto", y es un magnífico resumen de los últimos acontecimientos acaecidos en este nuestro país -mi prosa cada vez se parece más a la verborrea del sr. Cuesta, el comedido presidente de la comunidad de vecinos de la serie "Aquí no hay quien viva"-.

En la última parte de la columna hace referencia al "olvido" que sufrió hace unos días -y digo sufrir porque ha de ser muy triste no recordar un idioma que hablan millones de sumisos fieles...- Benedicto XVI cuando habló, alternando idiomas, con unos periodistas. El pobre hombre tuvo que sentirse muy mal al quedarse en blanco -por efecto reflejo de sus atavíos, seguro- y no saber pronunciar palabra alguna en español... *

Hoy, en su primera audiencia pública, ha demostrado que, en estos últimos días, ha comido ingentes cantidades de rabos de pasa, que dicen que son mano de santo para eso de la desmemoria: ¡ha hablado en español!. Corrámonos de gusto, porfaplis, que algo así merece muchos orgamos sostenidos en Do Mayor.

*Lease con un elevado grado de ironía.

Cúrame mucho, por favor

¿Me meterán en la cárcel por traer hasta aquí el texto de un artículo de opinión


¿Me meterán en la cárcel por traer hasta aquí el texto de un artículo de opinión de Juan José Millás, en lugar de poner sólo el enlace a la página en cuestión? Por si acaso y visto que lo del derecho de cita parece ser que ya no cuela, no diré dónde he leido las opiniones de este escritor sobre las cualidades curativas del ya desaparecido Juan Pablo II... Se titula "Hipocondría y Santidad":

A Juan Pablo II le han registrado la biografía y le han encontrado varios milagros, todos relacionados con curaciones imposibles. Milagro y curación son casi sinónimos. La gente va a Fátima o a Lourdes para que le arreglen el aparato locomotor, el digestivo o el nervioso. No se sabe de nadie a quien le haya tocado la lotería por intercesión de un santo. En algunas iglesias hay todavía una zona reservada a los exvotos, donde los creyentes depositan piernas o cabezas de cera para dejar constancia de la parte del cuerpo de la que han sido curadas. Sorprende la insistencia de la tradición milagrera en lo meramente corporal. No conocemos ningún caso de que un tonto, tras ser tocado por un santo, se haya vuelto listo. La religión nos dice por un lado que la parte más importante de nosotros es la espiritual, pero sólo realiza portentos con la orgánica.
Un compañero de colegio escribía en la primera página de los libros de texto el siguiente poemilla: «Virgen santa, Virgen Pura, haz que apruebe esta asignatura». Lo curioso es que sólo aprobaba la gimnasia, donde no había libro. Pero se curó inexplicablemente de un estrabismo que según los médicos únicamente podía remediar la cirugía. Un día se levantó de la cama y tenía los ojos bien. En su casa, que eran muy religiosos, lo atribuyeron a la intervención de Santa Lucía. Cuando un santo atraviesa una ciudad, los cojos andan, los ciegos ven, los muertos resucitan. Tal es la leyenda, muchas veces cumplida. Pero no se ha dado el caso de que los políticos corruptos dimitan, los salarios aumenten, la empresas de trabajo temporal desaparezcan.

A Juan Pablo II lo van a canonizar enseguida por haber curado tumores, parálisis, dispepsias. Podrían hurgar un poco más en su biografía, a ver si le encuentran milagros relacionados con la mente, el alma, el intelecto. Ya está bien de trabajar en exclusiva para los hipocondríacos. Hay personas con necesidades de otro tipo a quienes los santos tienen completamente olvidadas. La salud es importante, pero no es todo. Están también el dinero y el amor. El mundo necesita, como nunca, milagros económicos y afectivos. A ver si llegan.


Recomiendo encarecidamente leer el texto que incorpora la imagen que ilustra la entrada: lo de "una vida de puta" tiene doble sentido... a saber... desde luego, si la que sufrió la agresión era de verdad una puta, casi con seguridad que actualmente habría sido excomulgada... Esas cosas no se hacen en la iglesia regida por Ratzinger.

Eloísa se subió a la parra


ignorancia ajena no es sano ni recomendable, lo sé; pero la ineptitud de la que hablo
Hace un mes y pico escribí sobre la ignorancia y el vestuario con el que algunas personas la adornan para que ésta no resulte tan rídicula a ojos de terceros -reirse de la ignorancia ajena no es sano ni recomendable, lo sé; pero la ineptitud de la que hablo no se ciñe estrictamente a la falta de conocimientos-.

Eloísa se subió a la parra y la han hecho caer de golpe, sin tener ni tan siquiera la consideración de colocarle un almohadón de plumas de ganso en el suelo, para amortiguar la dureza del impacto. Y es que cuando una persona desprecia al resto de los mortales -mejor dicho, al resto de las mortales- por razones tan pueriles como que unas se vistan en Zara y la otra en Armani, es normal que las mediocres -el calificativo es mío... no es demasiado difícil deducir, en base a tan singulares apreciaciones, qué pensará esta señora de las que pisamos las moquetas de los grandes almacenes- acaben dándole un portazo en las mísmisimas narices, por pretenciosa, estúpida y cursi.

Por mucho que se diga, lo de "el tiempo coloca a cada uno en su sitio", no suele ser verdad. Al menos, esa es mi impresión. Siempre he pensado que es una frase-trampa, como una especie de pan y circo para contentar al que sabe que nunca probará el caviar. Sin embargo, y visto lo visto, parece que la realidad le haya dado la mano a la sabiduría popular y entre ambas hayan firmado un pacto de conveniencia, con tal de demostrar al mundo que, en ocasiones, la justicia divina existe.

Más le habría valido a la sra. Bercero continuar en el anonimato mediático y no salir de su Exín Castillos particular, o dicho de otra forma, y en contraposición al título de esta entrada, mantenerse en el lugar otorgado por el dramaturgo Jardiel POncela a otra famosa Eloisa -y ésta por méritos propios- :Eloísa está debajo de un almendro. Poco o nada que ver entre una cosa y la otra. Ya digo, un mero juego de palabras basado en la la coincidencia del nombre propio. Aunque si bien lo pienso, existe un pequeño nexo de unión entre la obra de teatro y la coleccionista: la excentricidad de ambas.

Lo sé: resulta un tanto rocambolesco traer a colación, a estas alturas de la reflexión, a un autor como Enrique Jardiel Poncela, pero es lo que tiene la asociación de ideas, que de una cosa se pasa a la otra y comienzas hablando de la ignorancia supina de una autoproclamada Divina y acabas aplaudiendo las ácidas genialidades de un escritor del siglo pasado. Un mero ejercicio de compensación neuronal.

Como anédota: buscando información sobre el autor de Los ladrones somos gente honrada, he dado con una página en la que hablan a la par de Jardiel Poncela y de Miguel Mihura. Eso me ha hecho recordar que, recientemente, leí una noticia en la que la heredera del segundo, se quejaba de que los estamentos culturales de este país habían pasado por alto el centenario del nacimiento del escritor y arguía como justificación para este olvido, una supuesta querencia personal del dramaturgo por la ideología de derechas.

Un tanto chocante ¿no? Sobre todo, teniendo en cuenta que otros sí que soplaron las velas de cumpleaños de Jardiel Poncela.

Se me olvidó que te olvidé



Yo te recuerdo cariño,
mucho fuiste para mi,
siempre te llamé mi encanto,
siempre te llamé mi vida,
hoy tu nombre se me olvida.


Se me olvidó que te olvidé,
se me olvidó que te dejé,
lejos muy lejos de mi vida,
se me olvidó que ya no estás,
que ya ni me recordarás,
y me volvió a sangrar la herida.


Se me olvidó que te olvidé,
y como nunca te encontré,
entre las sombras a escondidas,
y la verdad no se porqué,
se me olvidó que te olvidé,
a mi que nada se me olvida.


Letra de Lolita de la Colina

Principales versiones:
Los abuelos de la Nada (1982)
Bebo Valdés & Dieguito "El Cigala" (2003)

Inacabadas



Esta mañana, mientras estaba esperando que el semáforo se pusiese verde para los vehículos, una adolescente pasó por delante de mí, llevando bajo el brazo un par de carpetas y una novela. Extrañamente, me dio tiempo a leer el título -iba a media carrerilla-: "Rojo y negro" de Sthendal.

No tengo ni idea de si era o es una lectura elegida libremente o por contra, obligada por los planes escolares. Creo recordar que cuando yo la leí no fue por imposición. Y digo la leí y lo digo mal: no la terminé de leer. Fui incapaz. Cuando estaba llegando al final, la maldad de Sorel me superó y no quisé saber más de la novela. No me ha pasado con demasiados libros. Intuyo que eso ocurre sólo cuando una se mete tanto en la historia que acaba por formar parte de ella.

Recuerdo que me ocurrió casi lo mismo con "Mientras la ciudad duerme", de Frank Yerbi. En esta ocasión, el desenlace se preveía tan trágico que, después de estar robándole horas de sueño a mis noches, la dejé inacabada, a falta de diez páginas.

Hay más... iré haciendo memoria.

Esfuerzos



Hace un par de semanas me encontré, por la calle, delante del portal de mi casa, con Julia, una amiga a la que no veía desde hacía dos o tres meses. Estuvimos mucho rato hablando. Una conversación de las que se llevan mejor si se está delante de una cerveza, cobijada por el ambiente de un cálido bar.

Me contó que su hija está interna en un colegio desde el comienzo del curso escolar. Me quedé un poco sorprendida, porque siempre he pensado que separar a un niño de sus padres para que éste estudie, a no ser que sea estrictamente necesario, es una crueldad injustificada -cuando hablo de necesidad me refiero a, por ejemplo, lo que ocurre en los pequeños pueblos de montaña, en los que para acabar la educación obligatoria los estudiantes han de acudir a otras poblaciones porque en las suyas no existen medios-. Julia, al ver mi cara de asombro, se echó a reír. Me dijo que no había sido la única que se había quedado perpleja al saber la noticia, pero que ya se estaba acostumbrando a la primera reacción de la gente; que en cierta forma era algo comprensible, sobre todo, si no conocían el porqué de esa decisión.

Ángela es una niña de doce años. Practica el kárate desde los cuatro. Siempre he pensado que la dulzura se le escapa por los ojos. Curioso, sí. Porque los estereotipos fallan. Hace ya tiempo que compite y los resultados han sido tan buenos que este verano pasado, un organismo de la administración autonómica en colaboración con la estatal, le ofreció la posibilidad de acogerse a una beca para fomentar aún más sus, al parecer, magníficas facultades para este deporte. La decisión era difícil porque el aceptarla suponía el estar interna en un centro especializado y entrenar un mínimo de cuatro horas diarias. Por lo que Julia me contó, Ángela lo tenía muy claro: aceptó la beca sin dudarlo.

Son muchas las preguntas que me surgen cuando pienso en la situación de Ángela, pero quizás la principal sea si es saludable que una casi adolescente crezca rodeada por la presión de ser la mejor y le dedique tanto tiempo y esfuerzo a algo que la va a llevar a enfrentarse a otros con el único fin de ganarles.

Lo que sí que veo como algo positivo es el hecho de que ella aprenda a valorar que las cosas deseadas se consiguen a través del esfuerzo personal, y no por chantajear a los padres y resto de familiares. Pero no sé... sigo sin equilibrar la balanza, :-/