La cara de la que está de espaldas
Y como hoy tengo el ego subido, le he hecho caso a "Ya_os_vale".
Se admiten ramos de rosas rojas, vitores cibernéticos y declaraciones de amor a lo Pretty Woman.
Y como hoy tengo el ego subido, le he hecho caso a "Ya_os_vale".
Se admiten ramos de rosas rojas, vitores cibernéticos y declaraciones de amor a lo Pretty Woman.

Vuelvo y vuelvo y vuelvo. Esto sí que es duro. Sí. Ahora mismo intento poner orden en este caos. En este miedo tan atroz. Ha conseguido paralizarme. Ahora lo sé. Pánico a asumir responsabilidades, pánico al dolor, pánico a sentirme atada. ¿Cuándo se ha operado el cambio? Después de tanto tiempo, después de años y años esperando... A tener valor, a enfrentarme a su fuerza. Creía que lo había conseguido.
No soy capaz de organizarme, de ser efectiva, de tratarla con cariño. Por mi boca salen sapos y culebras. Es como el juego del ratón y el gato: tantos años me he sentido perseguida que ahora soy yo la que quiere cazar. Ahora me aprovecho de su debilidad. ¿Cómo no he sabido darme cuenta de la magnitud que estaba alcanzando esta rabia latente? ¿Cómo no me he percatado de la tiranía? ¿Cómo no me he rebelado? ¿Cómo? Es cierto eso de que siempre se ve la aguja en el ojo ajeno y no te molesta la viga en el tuyo. Completamente cierto.
Esta noche tengo que quedarme con ella. He de pasar la tarde y la noche en el hospital. A estas alturas he descubierto que no he sabido cortar a tiempo. ¡Me he dado tantas disculpas! ¿Cómo corto el cordón umbilical, cuando más atenciones necesita? Me ahogo, es lo único que sé. Le tengo pánico a convertirme en su sombra. No quiero, no quiero, no quiero.
¿Qué me está pasando? ¿Dónde quedan mis buenas intenciones, mis propósitos de darle cariño, de cuidarla, de pasarle todo por alto? Salto como un lobo herido. Me dicen, sin ni tan siquiera atacarme y me revuelvo mordiendo. ¿Cómo soluciono esta situación? ¿Dónde está la culpa, si es que la hay? ¿estoy huyendo de mi cobardía echándole toda la porquería a ella? ¿cómo puedo ser tan jodidamente débil?
Miro la foto y sé que la miseria es algo parecido a mendigar. Muy parecido.
La fotografía es de Carlos Rausa
Porque todo el mundo espera que sea feliz sin preguntarme antes si realmente quiero serlo. Porque todo el mundo me mira de soslayo y me recomienda paciencia. Rabia. Sí. Porque ya estoy cansada de que mi tiempo, el que es mío, el que otros han decidido poseer sin pedirme permiso, me tiranice. Porque la melancolía me abruma y porque no sé cómo digerir esta carencia de días rojos en el calendario.
Ando harta de quejarme y harta de no quejarme. Ando, y ya es mucho. Ando y no sé si el camino de esta mañana es el bueno o lo será el de dentro de tres días. Se oye venir el camión de la basura. Me recuerda a Miguel. Sé que ahora estará subido en un camión igual. Aferrándose a lo que la noche le ofrece para no hundirse en la angustia de saberse solo. Y mientras tanto, sé que ella estará dudando si seguir con él. Pensando que merece otra oportunidad. Y mientras tanto, él empujará otro contenedor con los sobrantes de las miserias menos míseras de las hormiguitas más oscuras que existen. Y mientras tanto, ella volverá a sentirse sola en esa casa que no es la suya. Esperando a que sean las cinco de la madrugada y que suene una puerta al abrirse. Vendrá a verme esta semana. Y no sé qué decirle. La compasión no es una buena consejera. Y el amor que ata y que somete acaba por romper los platos. Ella me abrazará y yo no seré capaz de mirarla sin mentirle con mis ojos. ¿Cómo se hace, para hablar?
No sé si quiere que yo le certifique la muerte de su historia de desencuentros. No lo sé.
Esa es mi rabia. Porque me faltan las formas para defender mi espacio. Porque soy brusca, porque me siento herida, porque me roban mi silencio. Porque no encuentro la fuerza para alzar un escudo de 1,60 y mantener el tipo.

Dos dedos
y dos días
se ataron
las manos
viciadas
de azul
para arrancar
los tallos
sin saber
de la sequía
ni conocer
que después
no habría
miel.
Un latido
y un olor
cosieron
margaritas
a mi espalda
para beber
del sudor
de una noche
sin saber
de la desdicha
ni conocer
que después
no habría
incienso.
La Nada
y yo
caminamos
ahora
sin distancias.
* No volver a enamorarme jamás de un hombre que no quiera conocer cómo es la puerta de mi casa y qué hay detrás de ella.
* No mirar más los espejos esperando ver a otra.
* No desayunar amargura junto con el tazón de leche.
* No mostrar las palmas hacia arriba.
* No romper el equilibrio por el miedo a lo desconocido.
* No ser fuerte.
* No ser más fuerte si cabe.
* No ser "super-nada".
* No ser esquiva.
* No ser dependiente. No ser dependiente. No ser dependiente. No ser dependiente.
* No decir mentiras.
Todas esas cosas he de "no hacer".
Ando del revés, para variar. El ánimo en los pies. ¿Cabe alguna otra forma de tenerlo? No lo sé. Tres, dos, uno. Ya. Zas duerme bajo el sol, sentado en el sillón de director. Quisera desconectar. Huir.
Me rio porque no me cabe otra.
Hace un momento que estaba leyendo un post en microsiervos y me ha dado por ver las últimas estupideces que a los de USA se les había ocurrido para generar un poquito más de terror entre sus ciudadanos. Realmente, se han vuelto paranoicos. Es más, estos días que he tenido la ocasión de comprobar cómo funcionan cierto tipo de calmantes-sedantes, diría que están bajo los efectos de alguno muy intenso y que sólo ven alucinaciones, porque de verdad, entre lo del avión nº 223 y lo que acabo de leer en esta noticia tengo la impresión de que lo que estos tipos están haciendo es una malísima interpretación de una peli tipo "Aterriza como puedas".

Estoy leyendo "El último templario" de Edward Burman. Editado por el Círculo de Lectores, traducido por Pablo Di Masso y con una introducción de José Ramón Juliá Viñamanta, Profesor de Historia Medieval de la Universidad de Barcelona.
Leí la introducción, aunque no suelo hacerlo, porque en muchas ocasiones, los datos que aparecen en estos prólogos, te tiran por tierra parte de la novela. En esta ocasión, me arriesgué porque la anterior que leí sobre los templarios me pareció un soberano fraude y no quería que me volviese a ocurrir lo mismo. Me dejó bastante tranquila, porque las referencias eran amplísimas y la alabanza hacia el escritor no era excesivamente desmesurada -cosa que por otra parte, si se analiza bien, es casi de cajón. ¿Cómo va a un prólogo a tirar por tierra el fundamento por el que está escrito, o sea, la novela?-.
Primer tropezón: no sé si es debido a que el traductor no distingue entre la perífrasis de obligación "deber"+ infintivo y la de probabilidad "deber de" + infinitivo. Me da que no. Vamos, que las confunde. No señalé, en su momento, las primeras zancadillas verbales con las que me di de bruces, pero todo se andará, porque no he terminado el libro.
Segundo tropezón: imagino que atribuible al traductor, también, porque si es cosa del autor, es para recomendarle que cambie de corrector de textos. Repeticiones del tipo "corpulento cuerpo" se prodigan de una forma que resulta hasta molesta. He de buscar más ejemplos; ahora mismo hablo de cabeza.
Tercer tropezón: en la narración en sí. En un momento dado, al principio de la historia, un templario es sometido a un interrogatorio por parte de la Inquisición. Transcribo:
"... Le habían acostado sobre el armazón de madera y amarrado con las piernas sujetas fuertemente por debajo de las rodillas, de modo que le era imposible moverlas. La porción inferior de la estructura de madera terminaba a mitad de la pierna, de modo que sus pies se extendían fuera del soporte. A una señal de uno de los frailes, dos guardias, movieron la estructura hasta colocarla en ángulo recto con la chimenea. Una pantalla protegía del fuego las plantas de los pies desnudos del prisionero... Estaban untando los pies desnudos del prisionero con manteca de cerdo... A una señal de los dominicos, apartaron la pantalla protectora. Una quietud sobrecogedora se apoderó de la mazmorra... Todos, inquisodores, guardias y prisioneros, como si estuvieran sujetos a un tácito consentimiento, aguardaron a que se produjeran los primeros gritos de dolor... Y entonces sucedió. Al proncipio fue un sonido extraño, como un chillido pavoroso que parecía aumentar y ascender hacia la bóveda de la mazmorra. El grito de espanto no parecía real...Precisamente en ese instante un nuevo alarido resonó en la mazmorra cuando los pies desnudos del prisionero fueron hundidos en las brasas."
Hasta ahí nada extraño ni fuera de lo que se sabe que ocurría en aquella época con los métodos que se aplicaban para que los prisioneros confesasen. Lo sorprendente viene a continuación, porque, después de que el inquisidor se percata de que por ese camino no va a conseguir nada, reacciona bruscamente y decide trasladar al templario de lugar:
"... Se puso de pie abruptamente a fin de ocultar su incomodidad, deseando dar la impresión de haber tomado una importante decisión. Aquel no era el sitio idóneo para la tare quue tenía encomendda. Se volvió hacia los guardias.
-Ponedle nuevamente los grilletes y llevadle al despacho del gobernador."
Bien... lo trasladan, imagino que en volandas, porque al pobre hombre le habían casi carbonizado las plantas de los pies, media hora antes, como mucho. La cuestión es que el interrogador tampoco queda contento con lo que en este despacho consigue y decide que si acuden a la capilla, el templario se econtrará más cómodo ante su Dios, a la hora de hablar con soltura -el preceptor, Pietro de Ocre, es el preso-:
"-Preceptor, tal vez os gustaría beneficiarios de la oportunidad de rezar en privado.
...Pietro marchaba delante, y se arrodilló silenciosamente frente al altar."
Pues no. El tal Pietro de Ocre andaba solito, sin necesidad de que lo llevasen de un sitio a otro. ¡Qué cosas! ¡Un milagro y el autor de la novela no se detiene a contárnoslo como es menester!
Ea, lo dejo aquí. Es una pequeña muestra...
Addenda 13:00 h.
Releyendo lo que he transcrito de la novela, he caido en la cuenta de que a Edward Burman le gusta sobremanera lo de "los pies desnudos del prisionero". No quiero ser demasiado mala... en realidad, este tormento ocupa casi dos páginas, por lo que tampoco es que se repita tanto, pero una vez que ya ha informado al lector de que los pies estaban desnudos ¿a qué tanta reiteración si la situación no se modifica? Ufff, en la vida escribiré una novela, lo sé, :-(
Una atrayente novela. Su autor, Tomás Eloy Martínez, es un escritor argentino. Según reza en la portada, con este texto ganó el premio Alfaguara de Novela 2002. No sé si esto es un buen augurio, la verdad. Tal y como están de desprestigiados los certámenes literarios en este país, recomendar algo que ha sido sometido a las entendederas de ciertos críticos, no parece que sea, a priori, muy acertado -por desgracia, de todos los Planetas que llevo leídos, no se salva ninguno-. Pero existen excepciones, como "Bariloche" de Andrés Neuman, finalista del Premio Herralde de Novela -también argentino, aunque afincado desde niño en Granada- y ésta misma.
Sin destriparla... Una historia en la que se mezcla la corrupción política argentina, la ambición de poder del protagonista, una relación de pareja que desde un principio es un sometimiento continuo... No es excesivamente fluida, sobre todo, porque recorre constantemente al flash-back y cuesta confrontar los datos, amén de que ya conoces el final de la historia antes de acabar la narración. Pero creo que esa circunstancia es uno de los motivos principales de la atracción que genera: sabes qué ha pasado, pero necesitas averiguar el cómo.
A destacar: los capítulos que dedica a la corrupción periodística y a cómo el Presidente de Argentina intenta evadir su responsabilidad penal y cómo pone en evidencia la falta de rigor, por ser suave, de la Iglesia más rancia.
En contra: es previsible y todo el entramado que el director del periódico elabora para castigar a su amante peca de irreal, al igual que la historia de amor que nace en la selva, pero aún con todo, creo que está conseguida.
Dejo una crítica que se centra, sobre todo, en los enfrentamientos que esta novela ha generado entre los especialistas -ja-, porque un sector de ellos, la tacha de creación consumista... y otra en la que, quizás, le echan demasiadas flores.
Traslado el contenido de la entrada que dejé, sobre esta película, en Maru-maya, ayer, 2 de enero:
Me gustó mucho. Si os sirve de algo, es como si fuese un espejo. Como si te colocasen delante de pequeñas historias extraidas, de una u otra forma, aunque sólo sea en ciertos detalles, de tu vida.
Te queda un "no sé qué" en el cuerpo tras verla...
La idea no es nueva, ni mucho menos. Tipo "Vidas cruzadas" o la más cercana y reciente "En la ciudad", de Cesc Gay -española-, no cuenta una historia determinada, sino varias que no lo son en sí; rescata momentos en los que se produce una catarsis personal en la vida de las protagonistas. La elección del reparto está logradísima: Glenn Close, es una mujer fría y distante. Calista Flockard evidencia su desesperanza a través de su aspecto enfermizo y casi anoréxico, Holly Hunter mantiene un aire contenido, inexpresivo, duro, de eficiencia absoluta...
Os dejo un enlace que habla sobre ella.
¡Ah! leyendo una de las críticas que aparecen en labutaca.net he sabido que Rodrigo García es uno de los hijos de Gabriel García Márquez y que la peli se desarrolla en la misma ciudad que Magnolia, una de mis películas preferidas. Dos buenas coincidencias.
Algunas curiosidades:
* Se presentó dentro de la sección Un certain regard del Festival de Cine de Cannes, donde consiguió el premio al mejor director.
* La película se rodó en un mes y su presupuesto ascendió a dos millones de dólares gracias a que las estrellas del filme tan sólo cobraron el salario mínimo establecido por el Sindicato de actores.
* Cameron Diaz, que en la peli interpreta a una ciega, sale leyendo "Cien años de soledad". Una manera de homenajear a su padre.
Para volver al hospital a las 7 de la tarde. Dos visitas al día. Es duro. Sobre todo, por la separación. Porque una empieza a pensar cómo se tiene que sentir, rodeada de tubos y sola, y te llega el alma a los pies. Si es que llega. Toda operación es un riesgo y más con su edad. Lo sé. Soy plenamente consciente de ello. No está grave, pero sigue allí, sin pasarla a planta. Ya va para cuatro días. No, son cuatro días.
Apática, decaída y sin ganas de llamar a la puerta de nadie. Una recoge lo que antes ha sembrado, pero hoy por hoy, no estoy tan segura de la veracidad de una afirmación de ese calibre. Ni una mísera llamada, ni un mensaje. Y no una, sino dos. Dos de ellas. Quizás sea que no me perdonan la independencia. Quizás sea que simplemente sean conocidas. Será eso.
Abres una bitácora. Bien. Confiando, como siempre. Le pasas la dirección sólo a determinada gente a la que aprecias porque lo que enseñas no es otra cosa que una colección de miserias ordenadas con mejor o peor gusto. Hasta ahí, nada nuevo. Incluyes en el diario cibernético de abordo cosas que hiciste tiempo atrás y de las que, humildemente, te sientes orgullosa, aunque a los ojos de los expertos de la cosa poética, no dejen de ser meros y burdos intentos de hilvanar palabras. Hasta ahí, tampoco nada nuevo.
Por primera vez, hoy, he dejado, en un comentario que he realizado en otra bitácora, la dirección de esta página. Por primera vez, porque hubo un intento hace algunos días que no resultó; no puse bien el enlace. Hace un rato he entrado a seguir leyendo los comentarios de esta tarde, sobre el debate generado que me ha hecho participar esta mañana, y entre los que no había leido, hay una participante que me sonaba de haberla visto en la bitácora de El Pez. Pulso sobre su apodo y me lleva a su bitácora. Mi sorpresa ha sido mayúscula. La entrada del día 30 de diciembre se titula "Ventanas", y en la que aparecen una serie de fotografías -de ventanas, evidentemente- comentadas, pero en texto libre. Qué curioso... es que es muy curioso, pero que muy curioso, pero que muy, muy, muy curioso. El mundo es un pañuelo, claro; y las causalidades tienen esas cosas.
Me queda el consuelo de que la telepatía cibernética parece ser que funciona, :-(
Acabo de encontrar un enlace sobre esta peli que tiene muy buena pinta. Nunca me acuerdo de este portal de cine cuando quiero buscar algo. He de incluirlo en la lista de enlaces.
Otra cosa que he de hacer es generar una nueva clasificación de temas: en concreto, para los comentarios de las pelis y teatro. Ya pensaré algo sobre el nombre y demás.
Sigo sin encontrar el enlace en el que explicaba el porqué del título "Elephant" y dónde se sitúa la acción. Luego me pondré. Ahora no tengo tiempo.

El humo me envuelve.
Definitivamente, fumo demasiado.
Me falta el aire y el gris de la ceniza es un paliativo gratificante.
Por todas partes voy dejando secuelas en forma de colillas.
Anoche escribí la historia de mi vida.
La que recuerdo.
Hay parte de ella que se evaporó al respirarla sin darme cuenta.
No tengo hijos.
Aunque mi niño me dé la mano todas las tardes a la puerta de la escuela.
Me contó un día que no le gustaba la lluvia.
Porque hacía ruído.
Porque las nuebes no se veían.
Sus seis años han restado veintinueve abriles a los míos.
Sabe que no es bueno matar.
Pero él mata jugando.
Y al momento, sus muñecos reviven porque poseen poderes especiales.
Ayer le dije que me prestase su imaginación.
No me entendió.
Me pidió que le subiera el volumen a la música.
Quise que cantásemos al unísono pero él sabe de inglés y no no.
Me guiñó un ojo cuando lo dejé en casa de su abuela.
Sé que me quiere.
Nos une el hecho de que yo soy la que le ata los cordones de los zapatos.
Y eso es importante.
Muy importante.
Si reviso cuántos lazos más me ligan a esta vida,
me doy cuanta de que tengo amnesia selectiva.
Imposible averiguar si es una seleción natural
o es un acto reflejo ante el dolor de mis pulmones.
Porque mi patología no se manifiesta en el corazón.
Se extiende más allá de la caja de resonancia
que hace eco sesenta veces por minuto.
Llega hasta mis brazos y no consigue ampararme.
Me rodea por la espalda y no me adormece a perpetuidad.
En cambio, me regala dosis de realidad sin ser merecedora de ellas.
Mi escala de colores se ha olvidado de cómo es el blanco.
Y lo que pinto con ella se modela a trazós de un negro azabache.
El color difuso y muerto por naturaleza.
Febrero-marzo 2002
Día de correprisas. De hospital. Bien. Todo bien. 48 horas en la Unidad de Reanimación. Ha venido mi primo desde Barcelona, junto con uno de mis sobrinos. Estábamos esperando -qué putas horas las de ese tipo de esperas- y de repente estaban a nuestro lado los dos. ¿Se puede querer a alguien a quién has visto, como mucho, veinte veces en tu vida? Es complicado, porque dicen que el roce hace el cariño. De hecho, casi diría que existe un desconocimiento bastante importante con respecto al otro... pero aun con todo... puede que ser un aprecio "impuesto". Pero es. Han venido en avión y se marchaban en tren. Mi madre se ha echado a llorar cuando los ha visto. Mucha emoción y una sensación de negación de la fatalidad... y no es que la muerte esté cerca, pero la enfermedad es dolor... Cuántos "peros"...
En en transcurso de las cuatro horas, ha sido difícil mantener la conversación, entre otras cosas, porque estaba Borja, que a sus 16 años, es un casi-niño introvertido y poco hablador. Ha habido un momento en el que me han hecho reir. Es curioso: estábamos hablando de los anuncios televisivos. En concreto, de los que utilizan niños para vender su producto. Asunto controvertido, porque dirimir cuál es la frontera entre el aprovechamiento y el divertimento para ellos es harto complicado. A lo que iba: he citado el de Canal Plus -creo que es ése- en el que sale una niña, en pijama, al salón, mientras Papa Noel se lleva el paquete con el decodificador porque se ha equivocado. Les he dicho que me hacía muchísima gracia la soltura de la niña y su apariencia, y que pensaba que los publicistas buscaban eso, provocar la sonrisa y la aceptación tácita de la gracia de la criatura. Mi primo ha soltado una carcajada y me ha dicho, textualmente: "Salo, siempre que veo ese anuncio, te veo a ti cuando eras pequeña. Esa niña es clavada a ti". En esas que mi padre se ha quedado pensando y ha dicho "pues vaya... es verdad". Cuando les he preguntado que en qué se parecía, si en el físico o en el desparpajo y los dos han respondido al unísono: "en las dos cosas". Es una tontería, pero no deja de resultarme curioso que, en cierta forma, me haya ido a fijar en una niña que a otros les recuerda a mí...
El título de esta entrada viene a colación de la última parte de la de ayer. Matizando: por la peli de "Hable con ella". He estado leyendo críticas sobre la cinta. La mayoría de ellas la ponen por las nubes, para qué vamos a engañarnos. He encontrado algunas en las que tampoco le echan demasiadas flores y una en la que su autora no le concede ni el beneficio de la buena intencionalidad. Al menos, cuando he leído la opinión de esta escritora, me he sentido menos "rara", por decirlo de alguna forma. Seguiré indagando. Cuando lo tenga claro, veré cómo me planteo una disección personalizada. Me apetece.
Adendda 21:41
He encontrado otra crítica que va por los mismos derroteros que la anterior, aunque ésta no tiene la marcada vertiente feminista de la otra.

Son las once de la noche. Pasadas. La tele está funcionando, pero sin voz. Había comenzado a ver algo por lo que decidí no pagar: "Saltimbanco" de El Circo del Sol. No sé si hice bien. Me pareció una barbaridad eso de que una entrada costase 60 . Son tantas cosas a las que una quiere acudir... A veces tengo la sensación de que me pierdo algo importante con cada decisión que tomo. Aunque sea una nimiedad.
Anoche vi la peli "Hable con ella" y todavía no entiendo lo de los oscars. Me debí perder algo. Algo muy importante. No le veo la peculiaridad o la magnificencia -da igual- por ningún sitio. Es bastante previsible. El final es demasiado acelerado. Se viene encima. Creo recordar que me pasó lo mismo con Tacones lejanos. Y la sublimación del asunto de los toros... ¡por Dios! patética. Y el reconocimiento "aparente" de la valía de la mujer, colocando a una de torera... joder, ya le vale, al Almodóvar. Para eso, prefiero quedarme en la desigualdad en la que vivimos hoy en día. Si el equilibrio entre los dos sexos se ha de conseguir a base de vestir a una mujer con el traje de luces, apaga y vámonos. Eso sí, el manchego no es tonto y sabe rodearse de excelentes actores. Dario Grandinetti está que se sale. Por cierto, he de ver "Palabras encadenadas" que me han dicho que en esa cinta borda su papel. Y es que es un gran actor. La he ido posponiendo porque la vi, hace ya tres años, en teatro, en Madrid. No me trae buenos recuerdos, pero no por la calidad de la obra -Carlos Sobera y Angels Ganyols- que era bastante buena, sino por las circunstancias que me rodearon ese fin de semana. Pero bueno, esa historia es agua pasada. Retomando... Javier Cámara también está a la altura, y Leonor "como se escriba"... uffff, de vértigo. Pero el resto, predecible. Muy predecible. No sé si eso es malo, pero a mí me desinfló.
Es de esas películas que no vi en el cine y que, cada vez que he ido al video club, he dejado para otro día. No sé por qué. Bueno, quizás sí. El título no me gusta. Forzado, sí. Quizás sea eso.
Pendiente
* Buscar en el foro de Linares toda la información sobre la peli de André Malraux e hilvanar la historia.
* Comentario sobre "Los amigos del crimen perfecto" -malo a más no poder; bueno, un poco menos-
* Referencia a "Se quieren", la obra de teatro interpretada por Amparo Larrañaga e Iñaki Miramón -en esta ocasión, sin paliativos: mala-.
* Ir pasando los monográficos a archivos normales.
* Comentario sobre "Elephant". Ya dejé una referencia en maru-maya. He de buscarla. Creo que está con el apodo de "Bambi". En la crítica que hacen sobre ella en www.miradas.net existe un error en cuanto a la localización del desarrollo de la historia: está basada en la matanza del instituto de Columbine, pero no es ahí dónde se desarrolla, sino en uno de otra localidad. Hablo de memoria.

Ahí debería de estar.
Lo que desearía pero que no puede ser. La rabia me está nublando la razón. Lo sé. Sé que salto a la primera de cambio y que estoy haciendo con ella lo que tantas veces le recriminé, en silencio, cuando la veía, como una fiera, encolerizada, dirigirse a su madre. Sacando todos sus demonios. Como si la debilidad fuese un cesto que es capaz de recoger todas las miserias humanas.
Addenda, 12:57 h.
He reposado. Mejor dicho: las ideas han reposado. Mucho mejor dicho: los sentimientos han reposado. La calma ha venido de la mano de la rutina. Escapo de ella pero ella es la única que sabe darme la tranquilidad de una vía muerta. Suena mal, pero no. Es mejor un impás que subir a la montaña rusa y caer en picado. Otra vez la montaña rusa. La goma elástica acaba perdiendo sus facultades. Se cuartea, a medida que pasan los años.
Vuelve a estar en el hospital y me siento una traidora. El enfrentamiento es contínuo: ahora que he decidido que mi tiempo es mío, me llueven los cortes de suministro. Me llegan tarjetas invitándome a "compartirlo" porque ha empezado un baile que durará toda una noche. O más de una. Tal vez, incontables noches. Me revuelvo.
Addenda, 16:26 h.
Qué malas son las pelis de Antena 3. No vuelvo a dejar la tele encendida en esa cadena. Jamás de los jamases. No la estoy viendo, tan solo oyendo -ya, ya, sé que es estúpido hacerlo, pero hace ruido, y de cuando en cuando, el ruido se agradece y no desconcentra demasiado- y me está provocando un sarpullido emocional. Sí. Existen. Es algo parecido a la vergüenza ajena. Lo dicho: no vuelvo a dejar la tele en ese canal. Al final, acabaré aficionándome a la música. Lo estoy viendo.
Por fin me ha dado tiempo: hasta ahora no había podido leer todos los comentarios al artículo en el que ElPez, habla sobre el programa televisivo "Planeta Encantado", que emiten en La Primera, los domingos por la noche. Lo dirige el famoso J.J. Benítez.
Nunca he leido nada de este señor. Me dan yu-yu estos libros que la gente te recomienda como si fuesen el Santa Santorum de la literatura. Quizás es que no me fie del criterio de la mayoría. No sé. Lo cierto es que, de por sí, me provocan un rechazo que, la verdad, tampoco me he preocupado en solventar. Una, al final, acaba aceptando que no es más mala o menos buena por el mero hecho de tener filias o fobias, según se mire. Y este es el caso de la fobia: todo lo que huele a best-seller me provoca dentera. Puede que sea un postura "intelectualmente" correcta. No lo sé. A estas alturas de la película, y después de haber defendido la validez, como escritora, de Corín Tellado, soy capaz casi de cualquier cosa. Pero me estoy desviando... A lo que iba: qué fácil es percatarse de cómo, los que carecen de argumentos válidos, se parapetan en la futilidad de la imaginación y de la ensoñación para justificar sus comportamientos.
Las manifestaciones reiteradas sobre algo que no posee más certeza que la que le otorga el sujeto -por tanto, subjetiva y por extensión emotiva-, como único argumento en un enfrentamiento discursivo, no son más que un claro ejemplo de hasta dónde somos capaces de llegar cuando no somos capaces de aceptar que nuestra verdad no es la universal. O sea, obcecación.
Me ha hecho gracia leer los comentarios de un tal José, porque me ha recordado a mí, cuando, en algunos momentos, a sabiendas de mi debilidad frente al contrario, no cesaba de repetir, de manera machacona, como un disco rallado, lo que sabía que, por mi falta de empatía, me podían rebatir de manera válida. Quizás, con la esperanza de que mi bloqueo mental fuese suficiente para frenar algo que, a priori, me desagradaba.
Es cierto eso que dicen de que no hay más ciego que el que no quiere ver. Pero qué difícil es darse cuenta de que no quieres ver...
-El impás-
El lápiz captó cielos sombríos.
Sin novedad. La apariencia de la tranquilidad cruje.
Se instaló hace tiempo en el suelo encerado.
El color ató su mentira a una garganta.
Cotidiano. La simbiosis ya no es metáfora.
Escondió la cuna su colección de mariposas.
No hay retorno.
-Un día-
Quiebra el regazo
una ese insonora.
Existe.
Un pulso para el día 13.
Como si la noche alquilase vendavales.
Sopla.
Siega el trigo
la sed de la injusticia.
La casualidad es que sea martes.
-Cuatro certezas-
- I -
Escribiré arenas movedizas
-sé que el molino ahogará las aguas-.
- II -
Miraré el balcón al mediodía
-sé que el cristal estallará un segundo antes-.
- III -
Maldeciré la sospecha del verdugo
-sé que anudará la cuerda floja a mi destino-
- IV -
Vomitaré besos de Judas cada noche
-sé que el puñal se hundirá en mi epitafio-
-Amapolas-
El rojo acaba con todo.
Color muerto de muerte violenta.
De olvido forzado por un matiz diferente.
Surge el día sin más temblor que un frío café negro.
Es lo que queda en la despensa. Símbolos. Arroz de boda rota.
Un paso gime. Gris con gris uniformado. Querencia al aire, sin permiso.
Golpea la puerta, desvencijada, en el quicio de un rostro marginal. Se desvanece.