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De espaldas

A días

Abrazos y más abrazos



¿Alguien quiere un abrazo? Es que me estoy especializando en repartirlos como si de caramelos se tratasen, a la salida de un bautizo... Así, sin venir a cuanto. O al menos, a mí me da la impresión de que los estoy desperdiciando.

Me explico: el lunes pasado, en clase de yoga, la profesora, supongo que aras del buen rollito y del “que mega-super-guay es todo esto de la relajación infinita”, dedicó casi toda la clase a que los alumnos nos conociésemos los unos a los otros. Y no tuvo mejor ocurrencia que recomendarnos que nos auto-presentásemos y que de paso, nos abrazásemos, nos besásemos y nos quisiéramos mucho, pero que mucho, mucho, mucho. Y claro, a priori, y en teoría, está genial eso de aprender de gratis cómo relacionarse con extraños, pero en la práctica, hacerlo a base de abrazos, de achuchones y de besitos en las mejillas, no es muy recomendable. Al menos, desde mi punto de vista.

¿Por qué tengo que abrazar a una persona que no conozco de nada y además, en plan no hipócrita –como generalmente se hace-? ¿Es necesario darle achuchones al vecino de la alfombrilla contigua para que el estiramiento del músculo posterior del muslo izquierdo sea más apropiado?

Será que cada vez soy más asocial, o más desagradable o más quisquillosa... Pero es que me repatean ese tipo de situaciones en las que una se ve abocada a colocarse la sonrisa en la boca de manera permanente, máxime, cuando ese comportamiento no entraba dentro de lo previsible. No sé, quizás si hubiese acudido a una terapia de grupo, o me hubiese inscrito en un cursillo de técnicas para mejorar mis relaciones sociales...

En resumen: que no me gustó nada verme rodeada de una treintena de personas, dándose besitos y abrazos entre sí, sin venir a cuento. Que lo de la abrazoterapia está muy bien si los brazos que te rodean son los de alguien a quien estimas –ya sea amigo, familiar o pareja-, pero es una soberana estupidez cuando no te une ningún lazo de afecto con la persona en cuestión. Es más, provoca el efecto contrario al pretendido –al menos en mí-: una acaba sintiendo que le están invadiendo su espacio vital, y eso no mola nada, nada, nada.

"Sopar de dijous"



Anoche comenzó la temporada del Sopar de dijous de la Casa de la Cultura del pueblo en el que resido. Ya he contado en alguna ocasión por aquí que vivo justo enfrente de tan "magno" edificio y si a veces me quejo de los ruidos y de la gente que entra y sale, he de reconocer que es un lujazo tenerla tan cerca de casa: vencer mi sempiterna pereza es fácil porque tan solo he de cruzar la calle para pasar un rato agradable, reunida con los amigos.

¿Qué es el "sopar de dijous"? Lo primero: está en valenciano y significa "cena del jueves". Trata de rescatar el ambiente íntimo de lo que antiguamente eran los cafés teatros y en una pequeña sala situada en la planta baja colocan mesitas con mantelitos de papel, a imitación de los de cuadritos de vichy de toda la vida -increíble pero cierto: dejan fumar hasta poco antes de que comience la actuación-. Un pequeño candil en el centro de cada una de ellas, con una vela encendida y poco más. La entrada cuesta dos euros e incluye el café y las pastas. Los asistentes acuden con un bocata a modo de cena -lo que por aquí se conoce como "cena de sobaquillo", imagino que por lo de llevar el bocadillo bajo el sobaco cuando se va a una comida de este tipo... pufff, qué peste!!!- y con "chorraditas" variadas para picotear: aceitunas, papas, frutos secos, etc. Nosotros -mis amigos y yo- nos hemos vueltos un pelín más sibaritas y ayer cayó una botella de Ribera del Duero y trufas de postre, que añadido a los vasitos de mistela que sirven con el café, fue un magnífico preludio al espectáculo.

Risas, risas y más risas. Tantas, que en varias ocasiones acabé con lágrimas en los ojos por "culpa" de Il gondoliero di Triana, o sea, Marcelo Casas -el de la foto-. De verdad de la buena: es una magnífica forma de irse relajadísima a dormir. Si tenéis posibilidad de acudir a algún local de éstos en los que se celebran espectáculos incluidos en los circuitos de café-teatro, no lo dejéis pasar: vale la pena.

Tormentón desde el trabajo

Con una diferencia de siete horas... Definitivamente, creo que dentro de unos minutos volveré a ducharme, y además, de forma gratuita, :-/




Amanecer desde el trabajo

Poco más que decir...








Manga corta

Constatación: el mundo está loco.

¿O no?

¿Será que la Madre Naturaleza ha sido siempre así?

Esta mañana, a las siete y veinte, iba yo por la calle, paseando a Zas -o paseando con Zas- en manga corta. Calor. Calor. Calor. Calor. Y quizás algo más de calor.

¿Dónde quedan aquellos años, siendo niña, en los que para Todos los Santos se estrenaba la "muda de vestir" completa para el invierno, incluido el abrigo? Faltan sólo once días para eso. Creo que si tuviera que hacerlo ahora, me entraba la "payola" -entrecomillo porque no sé cómo se escribe, en el DRAE no aparece-.

¿Falso pudor?



Quizás han sido los acontecimientos, quizás. O simplemente que, cada vez más, me descolocan ciertos comportamientos generales ante situaciones desagradables. No lo sé. Puede que sea una mezcla de las dos cosas.

Es complejo el asunto: hablo del pudor, del recato, de la modestia con la que todos o casi todos impregnamos parte de nuestros actos.

¿Nos viene dado? ¿Es adquirido? ¿Coarta hasta el punto de eludir responsabilidades? ¿Por qué se habla de "un falso pudor" cuando en realidad, en la mayoría de las ocasiones, éste sí que es cierto, sí que se siente? ¿No sería más bien un pudor mal entendido, mal expresado?

Hay asuntos sobre los que se evita hablar: la muerte, por ejemplo. Yo misma, en esta bitácora, me he justificado a posteriori por hablar de la muerte de un amigo, y de hecho, lo que más necesito contar de lo que he sentido durante estos días y que todavía me ronda por la cabeza, no lo he mencionado. ¿Falso pudor? ¿Miedo a dar una imagen vulgar, poco espiritual, poco correcta? No lo sé.

Anoche, entrevistaron a Carlos Ruíz Zafón en un nuevo programa de La 2, "Estravagario", dedicado a los libros -el título se corresponde con una obra de Pablo Neruda- y me quedé sorprendida, por una parte, por el aplomo que tiene hablando, y por otra, y es la importante, por lo mucho que insistió en lo malo que es leer con una ristra de prejuicios cargados de la espalda.

Creo que tiene razón, mucha razón. Pero sólo a la hora de leer, sino en el día a día. Que se nos quedan muchas cosas en el tintero porque no somos capaces de superar una vergüenza mal entendida. Y para mí que eso no ha de ser demasiado bueno. Al menos, para el estómago...

Caido del cielo

Hay días en los que una está bien. Hay días en los que una está regular, pero regular del regulín-regulán de toda la vida, de ese de sí pero no, psssss, puede ser, tal vez o con sí, con sa. Hay días en los que una está mal. Hay días en los que una está rematadamente mal -existe diferencia, aunque no lo parezca-. Y hay días en los que se está de todo a la vez, o sino a la vez, se está de todo a ratos, y es entonces cuando una tiene la sensación de que vive montada en un caballito de tiovivo, o en el cochecito de una montaña rusa. Hoy no es uno de esos días, que conste. Pero quizás los efectos de vivir veinticuatro horas en una casi taquicardia constante, duren más de cuarenta y ocho. Seguramente será eso por lo que estoy medio atontada, embobada, aletargada. Y seguramente será por eso por lo que, al mirar cómo sobresalía un periódico en el taburete donde coloco la prensa, he ido a recolocarlo, porque cuando estoy insoportable, no llevo muy bien que las cosas se vean demasiado -para mí que va a ser que de pequeña me acomplejé por no tener claro qué significaba la tridimensionalidad y me molesta todo aquello que oculte algo... ufff, esta última parrafada es de manual de primeros auxilios-. En lugar de dejarlo perfectamente encajado en el montón restante, para que no sobresaliese, me ha dado por ver por qué en su momento no lo doblé por la portada/contraportada y me he dado de frente con un artículo de Jorge Bucay, titulado "La imposibilidad de vivir a su aire". Entonces ha sido cuando he concluido que, ciertamente, tengo una habilidad especial para que ciertas lecturas caigan en mis manos cuando más avida estoy de ellas -aunque yo no lo sepa-. Reproduzco el texto:

"Lo que pasa es que muchas veces tu estado de ánimo no depende de lo que tú hagas, digas o seas. Muchísimas veces no puedes más que reaccionar ante el medio y toda tu vida es como el parche de un giganteco tambor donde todos los otros se empeñan en tocar su peores melodías... Eso pensaba Marta tratando de deshacerse de su propia imagen de neurótica malhumorada. Se sonrió recordando aquel cartel que alguna vez vio colgado detrás del mostrador de una pequeña tienda en una pequeña ciudad gallega:
HACE UN MARAVILLOSO DÍA
nO FALTARÁ QUIEN VENGA A ARRUINARLO
Ojalá fuera tan sencillo poder vivir "a tu aire" sin ser víctima de los humores, las maldades y las incompetencias a tu alrededor. Ojalá fuera posible vivir sin depender de lo que los demás opinan, mandan o critican de lo que el vecino dice, hace o piensa.
Como caa día, abrió su navegador y entró en la página de palabrasalacarta.com.
Y en el portal de ingreso escribió
NO DEPENDER
...Pendiente tiene muchas acepciones. Significa: que cuelga suspendido desde arriba, sin base, en el aire, y también significa incompleto, inconcluso, sin resolver. Si es masculino designa un adorno, una alhaja que se lleva colgando como decoración. Si es femenimo define una inclinación, una cuesta hacia abajo presumiblemente empinada y peligrosa.
Con todos estos significados y derivaciones no es raro que la palabra dependencia evoque en nosotros estas imágenes que usamos como definición:
Dependiente es aquel que se cuelga de otro, que vive como suspendido en el aire, sin base, como si fuera un adorno que otro lleva de aquí para allá. Es alguien que está cuesta abajo, sintiéndose permanentemente incompleto, eternamente sin resolución.
Esta dependencia puede llegar a ser una verdadera adicción a la mirada o a la presencia de otro, una nueva patología; la psicología empieza a llamar codependencia (adicción a otra persona que queda semiescondida detrás de una falsa sobrevaloración amorosa y una conducta dependiente que se incrusta en la personalidad bajo la justificación de un "no podría vivir sin ti").
La interdependencia (yo dependo de ti y tú dependes de mí) no parece una gran solución, sino más bien un premio consuelo y la ansiada Independencia, sería la salida obvia si no furea porque está basada en una mentira: nadie puede ser independiente. Para serlo totalmente habría que poder prescindir de los demás en forma permanente, y es obvio uqe necesitamos de los otros, irremediablemente, de muchas y diferentes maneras.
¿Entonces, qué?
Entonces, inventemos una nueva palabra: Autodependencia.
Una palabra que defina a aquellos que sabemos que necesitamos de los otros pero no los responsabilizamos de nuestra vida, de nuestro éxito ni de nuestro estado anímico. Aquellos que renegamos de que alguien tenga el poder de hacernos enojar, de hacernos llorar o de hacernos felices. Aquellos finalmente que nos sabemos responsables últimos y principales de nuestras propias vidas.
Es verdad que no soy autosuficiente, y tampoco tú lo eres, pero será nuestro compromiso pedir sin exigir y aceptar que si el otro no puede, no tiene o no quiere darnos lo que le pedimos; siempre conservaremos la libertad de ir a buscar en otro lado, de renunciar a ello o de intentar hacerlo por nosotros mismo, asumiendo, en todo caso, que la responsabilidad sobre el resultado final siempre pecaerá en uno mismo"


Publicado en una sección titulada "Palabras.net" en el diario El País, el 9 de agosto de 2004

Reconozco que me parece un tanto utópico, pero al menos se debería de intentar... Creo que lo peor que te puede decir la persona a la que amas es eso de "cariño, no puedo vivir sin ti". Al menos para mí, esa frase me caería como un puñetero jarro de agua fría. Me consuela saber que existe más gente que piensa como yo... Algo es algo.

Sublime



Es la única palabra que conozco que puede describirla. Nunca he sido seguidora acérrima de artista alguno, pero he de reconocer que existen tres o cuatro cantantes -curiosamente, casi todos tienen una voz rasgada, rota- que me llegan muy adentro.

Edith Piaf tuvo una vida negra, oscura. Y así interpretaba sus canciones, dejando que pareciese que el sonido que emitía cada vez que abría la boca, fuese a resultar el último de su existencia.

Creo que no hace falta que diga más. Ahora suena a través de mis auriculares. He intentado subir dos ficheros de mp3 para dejarlos aquí, pero tengo la impresión de que algo estoy haciendo algo mal...

Buenas costumbres

Primer día de piscina. Prueba superada. Sólo han sido 800 metros, pero todo se andará... o nadará, mejor dicho.

Están sonando las campanas de la iglesia. Sé que tocan para celebrar que Bambolia ha sido capaz de vencer la pereza que habitualmente guía su vida. ¿Cómo puedo ser tan vaga? Pero es que soy más vaga que los vagos fundadores de El rincón del vago, que ya es decir...

Eso sí, me he chantajeado a mí misma mismamente y sino hubiese sido mismamente creo que hubiese dado igual. En realidad, lo que he hecho ha sido elaborar un par de tretas para forzarme y no poder eludir mi compromiso. Este tipo de sistema ya me está dando resultado: una de las principales cuestiones que más sopese cuando estaba decidiendo si me quedaba con Zas o lo entregaba en adopción -me lo encontré abandonado- fue la de ser consciente de que, me apeteciese o no, todos los días iba a tener que sacarlo a pasear al menos tres veces. Y eso, que para algunos es uno de los handicaps más importantes, para mí fue algo positivo, porque así andaba -con ganas o sin ellas- y además, salía a la calle -es que soy de las que una vez metida en casita, no me mueve ni Carmelo Gómez acompañado de una petición formal de casamiento-.

Retomando... Mis dos trampillas con las que no voy a tener más remedio que ir a la piscina: me he sacado el bono de baño libre anual -muy barato, 99,50 €- y me he comprometido con una amiga para llevar en mi coche su bolsa con su toalla y demás y así ella puede acudir directamente desde el trabajo sin necesidad de perder casi tres cuartos de hora en el trayecto. Primero, la pasta es la pasta... puedo ser vaga, pero si ya hay dinero gastado de por medio, me entra la vena del puño cerrau y creo que cuando me dan esos ataquitos, salen ganando estos últimos en el pulso contra la pereza. Segundo, mi amiga lleva muy mal, pero que muy mal eso de que la dejen tiradilla, y más con excusas baratas tipo "es que se está tan bien en el sofá". Por la cuenta que me trae, ya procuraré yo no tener que llamarla nunca para decirle "mira, que es que no puedo ir".

A todo esto ¿y qué necesidad tengo yo de ir a la piscina? Ufffff

Voy a colocarme frente al espejo del pasillo: necesito un tratamiento de choque. No hay nada mejor para darse cuenta de que una está enclenque, que mirar cómo se bambolean los flanines que se tienen por piernas, :-P

Cruzo los dedos

Parece que sí, parece que sí, parece que sí...

He mandado los virus al hospital del osito blanco llamado Panda.

Los he desinfectado y he restaurado los ficheros que estaban malitos.

He instalado todos los "parches en el ojo" de los agujeros del XP.

He hecho un intento de actualización del antivirus antes mencionado que me ha dicho que no hay tu tía -me da que eso de que quiera imitar a Jhony Deep no se me da bien-.

Me falta desfragmentar este cacharro para quue vaya más rápido, porque parecía una tortuga.

Y parece que sí, parece que sí, parece que sí...

Ya no hay ventanas de internet que se abren a su libre albedrío, ni ventanas emergentes de windows tipo pop-ups que alternan entre todas las otras ventanitas que anteriormente me mostraban sus intimidades con un descaro inigualable, ni teclado que escribe como si el Kukux-klan fuera su mentor, todo a base de kas y de más kas, ni mensajitos diciéndome que me van a cerrar la puerta en menos de un minuto porque un tal Lass ha dedicido dejar de trabajar inesperadamente.

Cruzo los dedos, nuevamente, por si acaso.

Resumen vacacional

Dicen que más vale una imagen que mil palabras -¿es así?, es que no me acuerdo muy bien-. De la certeza de tal afirmación puedo dar fe, al menos por esta vez: por mucho que explique, las impresiones se diluyen y se entremezclan -a veces, ésa es una de las mejores formas de recordar: cuando todo se vislumbra pero no se percibe con claridad- y es mejor hacer un discreto mutis por el foro, sin más.

Allá va:




Migas ruleras -de Murcia; al menos, eso creo-.





A punto de volar la cometa





El vuelo





Los chicut@s esperando a que se hiciese la comida.








Éramos treinta adultos y seis niños. Por eso se hicieron dos paellas.





De subida a la masía de una amiga.





El descanso del guardián.





El descanso del ama.





Macro-bomba piscinil.





Sobremesa y siestuca en la Fuente del Tajo.


Llegué, sana y salva *



Pues eso, que sé que no soy nada original; que sé que a todos os ha pasado lo mismo -y al que no, todo llegará; tranquis-; que sé que se habla en exceso del mal del retorno o como quiera que se llame -me lo acabo de inventar-; que sé que decir que en Valencia hace un calor pegagoso e insoportable es un topicazo del veinte... sé todo eso y poco más, la verdad; que tampoco se hizo Roma en cuatro horas -o días- y no se trata de volverme listísima de la muerte cuando nunca lo he sido: de mayor quiero ser boxeadora profesional y medir mis fuerzas contra un saco de arena -contrincantes virtuales todos los que haga falta, reales, de carne y hueso, ninguno, que no me gusta eso de pegar porque sí- porque necesito, de alguna forma, descargar toda la mala leche que acabo de acumular en las dos horas que llevo en el trabajo y eso de dar golpecicos digo yo que seguramente será de un relajante del "copón" -halaaaaa, qué bien hablá me he vuelto-.

Ná nuevo: el corte de luz del fin de semana, provocado por la tormenta, sumado a dos caídas del servidor y rematado con un compañero sorpresa en la mesa contigua a la mía... Se fue el que tomó el teléfono al asalto y ahora me colocan a alguien parecido al "yo no lo quiero, pero de aquí no se pué mover que es amigo de...". ¿Para qué me quejaría, si a veces lo malo conocido es mejor que lo bueno por conocer? Cachis en tó lo que se menea!!!

Avance informativo: castigaré a to quisqui con mis afotos hiper-mega-chulas. Antes, los amigos, con decir que tenían prisa, se ahorraban el ver los reportajes fotográfico-vacacionales del resto del mundo mundial; pero ahora, con estos inventos tan modernos, la cosa cambia. Tengo la impresión de que va a ser algo parecido a un tormento al más puro estilo inquisitorial, :-P

*Lo de sana y salva es un decir: por esas cosas de la vida -¿temeraria, quizás?- estuve en un tris de perderme por la serranía serrana -exagerá que soy-. Pero se quedo en un pequeño tusto y en tres horas adicionales de caminata. Ya lo contaré, que ando liada.

Turnomatic



Pues eso, que después de muchos intentos, aquí estoy, de cara a un ordenador prestado por una red llamada "internet rural", y que es la repera.

Teruel existe, y desde luego están haciendo esfuerzos para no quedarse atrás: han habilitado una sala con dos ordenadores y conexión a internet gratuita. Dispone de escáner, de impresora y hasta de cámara web. Genial. O fatal, según se mire. Porque parece ser que no hay parte buena sin una mala detrás: las peleas por estar en esta sala, este verano, han sido memorables. Niñas y niños a partir de los ocho años, enfrentandos en la calle, haciendo cola, como si se tratase de la compra diaria del pan... Por supuesto, cuando los ánimos se caldearon, los padres y madres de los respectivos, también llegaron a los gritos: que si tu hijo lleva tres horas y la mía es de aquí y tiene más derecho; que si el mío es más pequeño y necesita más tiempo para aprender; que si todos los veraneantes hacéis lo mismo, que tú cuando eras pequeña ya eras una abusona; que tu hija lo único que hace es chatear con tíos de 20 años y dice que ella tiene 18 y yo no quiero que la mía haga como la tuya... Lo que no sé es cómo no ha salido en la prensa, porque esto ha sido digno de un análisis sociológico. Endelugo, yo no tengo demasiadas ganas de darle al coco, por lo que sólo hago un esbozo de lo que está suponiendo. En resumen y como solución, el ayuntamiento ha elaborado una especie de protocolo, que ha colocado en la puerta de la sala y una lista numerada en la que te inscribes para hacer uso de un ordenador durante una hora -de ahí lo de la fotico del turnomatic-. Por descontado, la única hora libre, si no quieres programarte con antelación, es la actual, de las 14 a 15 horas, porque los niños no les pueden decir a sus papis "voy a comer más tarde, que tengo cosas que hacer". Si se desea conectar a otras horas, has de apuntarte con tres o cuatro días de antelación... Patético, la verdad, porque esto está funcionando ininterrumpidamente desde las 11 de la mañana hasta las 10 de la noche.

En lugar de disfrutar de la montaña, del río, del frontón, de poder estar en la calle sin controlar los coches, se pasan las tardes aquí, chateando en terra y en el messenger.

Mis vacaciones: una mezcla de pecado en forma de gula y penitencia en forma de caminatas de cinco o seis horas y un sorpresivo y emocionante aprendizaje como conductora de todoterreno en pistas de esas que no sabes ni cómo se hicieron. Estoy haciendo muchas fotos: casi todas de flores y algún que otro bichico.

Por ahí abajo he dicho ya que hasta el seis no me incorporo a trabajar, o sea, que cuando pueda y me dejen estos mozos tan integrados con la Red, me daré una vuelta para ver cómo se conserva mi casa, :-)

¿Una cervecita con una ración de relajación made in Teruel/Sierra de Gúdar?

Marea blanca



Anoche repusieron en La 2, en el programa Documentos TV -obsérvese, seleccionando la opción de "esta semana", lo actualizadísima que tienen la página estos chicos de la televisión pública española; de hecho, para buscar información sobre el de ayer, hay que entrar en "proyectos"... que digo yo que si todo lo planean igual de bien, a este paso, para consultar la programación habrá que pedir hora a Aramis Fuster-, el documental titulado Marea Blanca.

Lo vi por tercera vez. Me sigue impresionando la historia que se cuenta. Y cómo se cuenta; porque quizás, los motivos por los que, ese pequeño esbozo de lo que pasó en la década de los 80 en un pueblo costero de Galicia, me siguen tocando en lo más profundo, sean la sensibilidad y el respeto con los que están narrados los hechos. Y sobre todo, la carencia de juicios de valor con respecto a los jóvenes que, desgraciadamente, fueron protagonistas de aquellos días.

Sé que se me puede tachar de subjetiva y que cuando le tienes cariño a algo o a alguien, miras todo lo que le rodea con otros ojos, pero creo que no es el caso: el guión y la dirección es responsabilidad -la mitad, para ser exacta- de bichito -aunque en la revista de prensa de RTVE su nombre de pila está confundido y el ombliguista de Erquicia, ayer, se reiteró en el mismo error-. Ya hablé de él después del 11M, porque fue el encargado de ¿dignificar? -¿quién dice qué se necesita para que una vida sea más o menos digna?- a los asesinados a través de una serie de biografías, publicadas en el diario gratuito 20 minutos.

La tragedia se veía en los rostros de los pocos, de esos diez de la foto que encabeza la entrada, que todavía están vivos. El aire de estar fuera de este mundo, la forma de hablar, la mirada perdida, la certeza de que los mismos que en su día los señalaban con el dedo por ser drogadictos, siguen hoy saludando con una sonrisa en los labios a los capos de la droga que no están encarcelados... El que fue alcalde en aquella época dijo que la única solución posible era la legalización. Por contra, uno de los protagonistas, milagrosamente "salvado" de las garras de esa espiral destructiva, apuntaba hacia la postura opuesta: imposible legalizar, entre otras cosas, porque la banca tiene -según él-, con ese entramado de ilegalidades, la solución perfecta para manejar su dinero negro.

Una carcajada se me quedó grabada: la única chica que aparece en el documental, perteneciente a la generación perdida -así llaman los propios protagonistas al resto de sus amigos-, cuenta una anécdota ocurrida el día en el que el clan de los charlines inauguró su macro-casa en Vilanova de Arousa. Uno de los hijos del Patriarca, Melchor Charlín, estrenaba también una moto, y yendo pasado de copas, se empeñó en subirse a ella. Cuando ya se había montado, aceleró y de repente, "desapareció", tras provocar un gran estruendo: se había caido a la piscina, que en aquel momento estaba vacía. El comentario de la narradora, entre carcajadas, fue "no estaba acostumbrado a tener piscina". Creo que esa frase resume, de forma contundente, una buena parte de los motivos por los que aquellos jóvenes se deslumbraron tan rápidamente...

Zas, de profesión telefonista



No sé cómo funcionará esto de las preferencias profesionales en los perros. Me refiero a que si ellos también, como mamíferos que son, se decantan, a lo largo de la época de crecimiento, por una zona espacial o por otra o por esas cosas que dicen que luego nos sirven a los humanos para saber a qué nos gustaría dedicarnos, laboralmente hablando, siendo adultos -amén de que nunca o casi nunca se trabaja en lo que se desea-. Y como no sé, pues ando despistada... aun con todo, tengo la impresión de que este fin de semana pasado, Zas, ha dado claras muestras de que pretende dirigir su faceta profesional hacia el ámbito de la telefonía.

¿Y por qué digo esto? Pues porque el viernes por la noche dejó constancia de ello. No es la primera vez que se acerca al aparato telefónico e intenta establecer una relación amistosa con el auricular, aunque en ocasiones he tenido la impresión de que no perseguía una especie de têtê a têtê con la pieza en cuestión, sino más bien cambiar su aspecto o darle un aire nuevo, un look más acorde con el desconstructivismo al que Zas es tan acérrimo, a base de clavar sus colmillos en el plástico/pvc -que no lo sé- con que está elaborado el aparato.

Situación: Yo, en Linares de Mora (Teruel); el resto de mi familia, en Valencia. Sábado, 12:30 AM. Suena el teléfono. Contesto. Es mi madre.

-Dime mamá.

-Oye ¿qué te ha pasado esta noche?.

-A mí, nada.
[Horror... ¿qué coño habré hecho esta madrugada cuando he llegado a casa que no me acuerdo? ¿tanto había bebido? joder con las vecinas, qué cotillas... han perdido el culo llamando a Valencia para soplarle a mi madre que soy una golfa, perdida, que monta espectáculos a la puerta de casa].
¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

-¿Que qué ha pasado? Que el perro nos ha llamado por teléfono a las cuatro y media de la noche y no hacía otra cosa que llorar como un descosido.

-¿Que el perro os ha llamado por teléfono? Mamá, es imposible...

-¿Imposible? En esta vida hay pocas cosas que no sean posibles, hija, y más si pasan por la noche. ¿A qué hora has llegado a casa? Además, el móvil desconectado.

-Mamá, sabes perfectamente que aquí en Teruel no hay cobertura. Y tampoco me llevo el móvil a la verbena, mujer. He llegado... pues he llegado...
[Joder, que no me acuerdo. Eran las siete y media pasadas, creo].
Aún no era de día.

-¿Y no has visto el auricular descolgado?

-Pues no... Bueno sí. Lo colgué, pero pensé que Zas le había pegado un manotazo.[Cada día me preocupa más no recordar lo que hago; como siga así he de hacérmelo mirar en el médico... ¿será que mi memoria se ha ido de vacaciones?]

-Pues no sólo le pegó un manotazo sino que le dio a la tecla de rellamada y aquí nos ha tenido a tu padre y a mí como locos pensando que te había pasado algo... y por supuesto, el susto de que el teléfono haya sonado a las tantas... con lo que ya sabes que eso significa generalmente... y ponte en nuestra situación... contestando y sin que nadie nos responda, viendo que es el número de casa en Linares y escuchando como el perro aullaba.

-Ya, ya, mamá, lo entiendo, pero es que... [joder, cuando pille al puto perro la que le va a caer encima...] imagínate, ya sabes, aquí empezaron las fiestas patronales anoche, y salí. Zas está acostumbrado a estar solo.

-¿Y por qué, después de colgar el teléfono, que ya nos hemos dado cuenta nosotros de que había línea, no has contestado cuando te hemos llamado para cerciorarnos de que estaba todo bien? que mira que desde las ocho hasta las doce y media...

-Mamá, que ya sabes desde que los rumanos que trabajan la piedra alquilaron la casa que da enfrente de mi ventana, si quiero dormir algo por la mañana me he de poner tapones, que ya me sé de carrerilla todas las melodías típicas de ese país [todo me pasa a mí ¿qué he hecho yo para merecer esto?¿Cuánto va a durar este tercer grado? Como ahora me diga que ha llamado a las vecinas para que le dijesen si me había pasado algo... ufff, y mi tía Festiva tiene llave de la casa... menos mal que la mía la dejé puesta en la cerradura y así no se puede abrir desde la calle... menuda pillada sino.]

-Pues algo tendrás que hacer, hija, porque otro susto así nos mata, que te lo digo yo, que no estamos ya para estos trotes y si no puedes salir, pues no salgas, oye, que no te va a pasar nada. Lo principal es que el perro no vuelva a hacer algo así....

¡SOCORRO, tengo 38 años, de verdad!!!!!





Addenda 13:18 h.

La otra foto que le hice el sábado, para que quedase constancia de que el perro sabe poner cara de no haber roto un plato...

Almagro, mon amour



Me voy de vacaciones. ¿A wonde? No es demasiado complicado averiguarlo, leyendo el título de la entrada, :-)

El año pasado me enamoré de los paisajes de La Mancha, de Almagro, de las horas que preceden a la representación de una obra de teatro, y de las horas posteriores. Fueron dos veces las que intenté ir con anterioridad, y en las dos ocasiones, ni había entradas ni alojamiento. Con mucha anticipación, en abril de 2003, comencé a consultar hospedajes y demás. Por descontado, este año, y después de la experiencia, con más razón: pusieron a la venta las entradas el 13 de mayo a las 8 de la mañana, y a las 9 había espectáculos para los que ya no quedaban localidades.

¿Qué cómo me voy a un pueblo medio perdido en la meseta castellana durante nueve días, sin otra cosa que hacer que ver teatro clásico? Sé que puede parecer aburrido, pero no. No lo es en absoluto. Sería muy complicado explicar qué se siente cuando una se coloca en su asiento, a la espera de que un grupo de personas te cuente una historia que tú sabes que no es cierta pero que ellos van a hacértela creer durante casi dos horas. Quizás, lo mejor de todo, sea el contemplar el espectáculo en vivo y en directo y escuchar los tonos, las dudas, los silencios, en el mismo momento en el que se producen. Amén de que los autores actuales beben de los clásicos, de sus tragedias, de su ironía. Hasta de sus visiones nefastas sobre el concepto de la mujer...

Existen varios escenarios de representación -cinco- y creo que, al igual que el año pasado, esta vez también podré disfrutar de todos -por ahí he leido que el claustro del Museo Nacional del Teatro también va a ser habilitado, pero no existe programación-:

El Corral de Comedias



"Divertimento o la Comedia de los Criados".
Sabádo, 3 de julio.

"Noche de Reyes".
Domingo, 11 de julio.




El Teatro Municipal



"Quijote".
Domingo, 4 de julio.

"El lindo Don Diego"
Viernes, 9 de julio.




El Claustro de los Dominicos



"Hamlet".
Jueves, 8 de julio.




El Patio de Fúcares



"Castrucho".
Miércoles, 7 de julio.

"Mosca".
Sábado, 10 de julio.




Hospital de San Juan



"La celosa de sí misma".
Martes, 6 de julio.





La página oficial del Festival no funciona, pero si os interesa, en este artículo se explica, en líneas generales qué es y qué se va a ver, y en elquijote.com se ofrece la programación por escenarios.

El secreto de Mona Lisa



Ayer por la noche estuve en casa de una amiga. Éramos cinco invitados, sin contar a la anfitriona. La conversación, durante la cena, fue bastante fluida: la planificación de las vacaciones, las películas vistas recientemente, las últimas salidas de fin de semana... Y por supuesto, los libros que llevábamos entre manos en ese momento o que teníamos idea de comenzar a leer. Era de esperar que saliese a colación El Código da Vinci y me sorprendió saber que yo era la única que lo había leido -a estas alturas, estoy convencida de que la novela ha estado o está en la mayoría de las mesitas de noche de los hogares españoles-. A la pregunta de si me había gustado, mi respuesta fue contundente: no. Es malo con ganas. Escrito con visión cinematográfica -que en un principio no debería de ser negativo, pero en este caso, se le ve el plumero al autor- y con una nula o casi nula aportación literaria.

Al hilo de mi crítica, una de mis amigas dijo que este libro había desatado la "furia" por la lectura de novelas históricas -que no sé por qué, pues El Código no es una novela histórica ni de lejos- y que algunos autores españoles, desconocidos hasta ahora, se habían subido al carro de este sorprendente éxito literario. Citó dos títulos de novelas publicadas recientemente: La hermandad de la Sábana Santa, de Julia Navarro y El secreto de Mona Lisa, de Dolores García.

Casualidades de la vida, la autora de El secreto de Mona Lisa es compañera de trabajo -y de cafés- de otro de los invitados, y éste salió en defensa de la escritora, porque eso de que la tildasen de oportunista era, según él, sumamente injusto. Nos dijo que se había documentado muchísimo y que la novela estaba agotada en El Corte Inglés y no sé en cuantas librerias más, que llevaba ya tres ediciones y que algo de calidad debía de tener el texto cuando D.García había ido de feria del libro en feria del libro, firmando multitud de ejemplares.

No puedo opinar al respecto porque aún no ha caido en mis manos la novela, pero no deja de sorprenderme cómo somos capaces de convertirnos en adalides de una causa, cuando ésta, por el motivo que sea, nos resulta cercana: da igual que no tengamos una idea hecha sobre la cuestión -en este caso, el compañero de la autora tampoco ha leido "El secreto de Mona Lisa"- o que lo que se está diciendo al respecto de, sea bastante aproximado a la verdad. La cuestión pasa por hacer una defensa a ultranza del producto, por si acaso: es como si la calidad del libro tuviese que ver con la calidad personal de la autora, como si fuesen una sola cosa. Me sorprende, la verdad. Pero lo entiendo. Posiblemente, yo también hubiese reaccionado airadamente, o al menos, me hubiese puesto a la defensiva.

Por cierto, dicen que el cuadro de la Mona Lisa sí que esconde un secreto.

Decálogo del "NO VOLVER A"



.- No volver a decir jamás que no suelo perder los papeles.

.- No volver a creerme poseida por el espíritu de Sara Baras.

.- No volver a decir "vale, la última... si total, de aquí a casa son cinco minutos".

.- No volver a pensar que las correve-y-dile de profesión han desaparecido de la faz del planeta.

.- No volver a olvidarme de reponer en el botiquín las existencias de paracetamol.

.- No volver a organizar una excursión para "el día siguiente de".

.- No volver a decir que en Teruel, en junio, no hace calor.

.- No volver a olvidarme de que tengo más de veinte gorras y sombreros varios.

.- No volver a pensar que cuantos más seamos, mejor.

.- No volver a subir de paquete en un quad, a no ser que sea uno como el de la foto.

.- No volver a descender una montaña a las tres de la tarde.

.- No volver a ascender una ladera en busca de un camino perdido a las tres y media de la tarde.

.- No volver a arrastrarme por el suelo pensando que mis músculos son de goma.

.- No volver a dudar de que las piedras mojadas resbalan.

.- No volver a llevarme un bocata de jamón con tomate para comer sin haber tomado la precaución de llenar la cantimplora.

.- No volver a decir que el agua del río no se puede beber.

.- No volver a fanfarronear pensando que una vez subida una cuesta, ya las has subido todas.

.- No volver a dudar de que los golpes de calor existen y te dan de pleno en la cara cuando menos te lo esperas.

.- No volver a decir que lo mejor del mundo es encontrar lugares dejados de la mano de Dios.

.- No volver a asegurar que el cuerpo lo que necesita es marcha, mucha marcha.

.- No volver a comprometerme en preparar una cena para tropecientos mil cuando existen tres restaurantes de puta madre.

.- No volver a olvidarme de la máxima del casi cuarentón: se sale una noche, pero dos seguidas, imposeibol.

.- No volver a dudar de que lo que ahora siento es algo que se conoce como ensalada de agujetas aderezada con gotitas de resaca verbenera.

Que tengas suertecita



Anoche no podía dormirme. Estuve leyendo hasta tarde porque el sueño no llegaba. Apagué la luz para forzar el descanso. Ni así. A las dos y media de la madrugada ya iba por la mitad de la novela, y eso que la había empezado a las doce. Cansada de agobiarme en la cama y como en alguna ocasión que he tenido problemas con el sueño me han recomendado hacer cosas verdaderamente latosas, me levanté para ver si en la tele emitían algún documental tipo "siesta viendo La 2". Haciendo zaaping, ya medio desesperada, fui a parar a una cadena valenciana en la que a esas horas, ofrecen videos musicales. Y en uno de estos saltos "canalísticos", volvía a ella justo en el momento en el que Enrique Bunbury apareció en mi pantalla, vestido a la usanza de vaquero extraviado en un mundo injusto pero de hombres duros, con una guitarra en la mano y un enorme sombrero del Oeste más Oeste que pueda una imaginar.

Me impactó sobremarena la letra de la canción que estaba interpretando -lo de interpretar es un decir...-: "que tengas suertecita". Y de ahí no lo sacaba nadie. Vamos, que estuvo, sin exagerar un ápice, más de minuto y medio dándole a la guitarra y repitiendo, cual anunciante por altavoces de ofertas de Carrefour, su frase talismán "que tengas suertecita...".

No entiendo de música, nada en absoluto. Por tanto, lo que aquí pueda decir sólo está basado en lo que me gusta o me disgusta. Lo cierto es que me chocó bastante la parquedad de la letra de la canción. Tuve la sensación de estar presenciando cómo se trasladaba la idea del minimalismo a una composición musical. Porque, desde luego, minimalista era... o casi. Porque hoy he encontrado una referencia en la que habla del último disco de E. Bunbury, El viaje a ninguna parte y en el que se dice de él cosas del siguiente tenor:

Un disco doble con gran importancia en sus letras.

Al final de esa página aparece la de "Que tengas suertecita" y al menos, algo más de contenido del que yo escuché ayer, sí parece tener -quizás es que comencé a verlo cuando ya llevaba la mitad de la canción cantada-. Pero no mucho más. Si buscan, y con esto me refiero al marqueting, darle un aire de reflexividad y asentamiento espiritual al autor, lanzando al mercado, como primera canción, ésta de la que hablo, andan algo errados. Que no digo yo que el resto de las letras sea de un profundo cercano a San Juan de la Cruz, pero desde luego, lo de "que tengas suertecita" no deja de ser algo muy parecido a "la barbacoa, la barbacoa, la barbacoa, la barbacoa", del tan injustamente denostado Gorgie Dan.

Sé que comparar al rey de las canciones del verano con el ex-vocalista y creador de Los hombres del silencio puede parecer un sacrilegio de los gordos, pero que muy gordo. Quizás lo sea. Pero el no saber me convierte en temeraria -¿te suena de algo, Kiri? ;-D - y ya imbuida en ese oficio, sigo adelante.

Sólo una vez lo vi actuar, en un concierto, cuando Los Héroes estaban en pleno apogeo. En mi vida he visto volar más botellas de güiscacho en un escenario -también es cierto que no he asistido a muchos y la mayoría eran de artistas algo más calmados-. Me gustó ese aire de malditismo, de niño malo, de perdido queriendo encontrarse. Pero con el tiempo, su personaje -de él, en realidad no puedo hablar- se ha convertido en una imitación continuada de gurús musicales, de figuras que han tenido peso específico en la historia musical reciente. Y quizás sea eso lo que no me llega, que lo veo, lo escucho y percibo algo falso, una sobreactuación.

De todas formas, el "que tengas suertecita es pegadizo, muy pegadizo.

Poniente

Es insoportable. O casi insoportable, porque si realmente lo fuera, no podría estar escribiendo ahora mismo. Hablo del poniente. Para ser exacta, del viento de poniente. No sé si ocurre en otras ciudades, imagino que sí, pero es tan agobiante... Sales a la calle y es como si de repente el aire te diese una bofetada en la cara: caliente, muy caliente. Y lo curioso es que el viento no se percibe, quiero decir, es tan suave que no se ve su efecto en los árboles, por ejemplo.

Acabo de llegar de hacer una gestión en un departamento que está situado en otro edificio. Por la calle me he cruzado con una compañera que me ha dicho "¡qué basca hace!". Sí, realmente provoca malagana. Mucha.