... cuchillo de palo. Me he reido hasta hartarme. Hace un rato estábamos hablando del sorteo que se hizo el sábado pasado para la designación de los componentes de las mesas electorales para las próximas elecciones. En junio de 2003 comenzó a trabajar con nosotros el único informático licenciado que existe en el departamento -los demás, salvo mi jefe, que es analista de sistemas, saben lo que saben a base de constancia y por ser autodidactas- porque aprobó la oposición que se convocó para proveer la plaza de programador de sistemas. En materia de administración local está pez, aunque exigen conocimientos al respecto, pero... claro, una cosa es memorizar seis temas y otra muy distinta es encajar todas las piezas de este enorme engranaje. La semana pasada nos oyó comentar sobre el trabajo que hay que hacer el día de las elecciones y nos preguntó al respecto. No sabía que, como trabajador de esta Santísima Casa, se podía optar por trabajar ese día como representante de la administración. Le explicamos de qué iba el asunto y parece ser que como en el sorteo, una de las compañeras que estaba en la lista ha salido de vocal en una mesa, a él lo han colocado en su lugar.
Esto nos ha llevado a la típica conversación en la que cuentas lo que te ocurrió en las últimas, o en las del año 2000, que siempre hay anécdotas para recordar: la cabezonería del presidente de la mesa que te ha tocado en suerte, la nula capacidad de algunos interventores, los novios que acudieron a votar recién salidos de la Iglesia, etc. Más de lo mismo, aunque para él todo es nuevo. Ufff, a lo que iba: cuando se ha marchado, he caido en la cuenta de que la jefa de Estadística remitió a todo el personal un correo en el que se informaba de la posibilidad de trabajar el 14 de marzo. En ese momento, le he preguntado a mi compañero más cercano que no entendía cómo era posible que el programador no supiese nada, a lo que me ha respondido que a él también le surgió la misma duda y que se la planteó -al susodicho-. La respuesta es de las de "en casa del herrero, cuchillo de palo": no abre su correo electrónico. ¡Ayssssssss! Es buenísimo. Y lo peor es que no es el único, jajaja. Somos siete en el departamento y, al menos dos más, hacen exactamente lo mismo. Ver para creer.
Addenda 13:15 La última, que me acabo de acordar -es que viene al hilo del refrán-: la semana pasada, uno de mis jefes me insistió en que hiciese varias pruebas con el correo externo de una dependencia que tiene su sede en otros locales. Según él, estaba intentando enviar un correo con un fichero adjunto y el servidor se lo devolvía. Visto que a mí no me daba ningún error, me remitió el fichero por mensajería interna y cuando estaba abriéndolo, comencé a sospechar lo que ocurría: el adjunto pesaba, nada más y nada menos, que 19 MB. Normal que se lo devolviese sin tan siquiera haberle puesto el sello... Si lo llego a hacer yo, me hubiesen dicho de todo menos bonita, seguro...
C'est finit. Mi media hora del almuerzo -esto es lo bueno de no salir a "comerse el bocadillo", que luego haces con la media hora lo que te place- ha llegado a su fin. Voy a acabar el listado con las cuentas de correo, que me lo están reclamando.
Como él siempre lo cuenta mucho mejor que yo, copio el texto del mensaje que me llegó ayer por correo electrónico:
"...El miércoles 11 (23:15, la 2, nueva descarga de Vudú Films -esa empresa con sede en un sótano y uenta bancaria en ningún sitio- en "Documentos TV" -ese programa con sede en un Pirulí y deudas que pagamos todos-.
Esta vez la cosa se titula "Las novias vienen del este" y, lo juro por Bob Dylan, la idea fue de Erquicia.
En cualquier caso, se agradece audiencia.
Salud a todos/as".
Sé que su timidez es perpetua, arraigada hasta el punto de no dar publicidad al trabajo del que debería estar orgullosísimo -no son flores, es completamente cierto-, por lo que voy a hacer copy&paste en algún que otro lugar más -j.a., mil perdones-.
Casi me da un soponcio. Hoy he visto a cuánto asciende la factura por la luz que he consumido en estos dos últimos meses. ¿Con las velas me funcionará igual el ordendor? Estoy por probar...
Quiero un novio millonario, o 6 aciertos en la primitiva, que eso de pedir que te toque tiene trampa: si una no se espabila, le pides, a ese ente inorgánico que pulula por los mundos universales, que te conceda el deseo de que te toque la Primi, y el cabronazo es tan retorcido que te concede el favor, pero sólo te tocan tres, o el reintegro, a lo sumo. Pues eso, que cómo está la luz... de cara, digo... a lo mejor no es que esté cara, a lo mejor -no, a lo peor- es que necesito más luces en mi vida e Iberdrola me stá avisando de manera subliminal, para que no me sienta ofendida. Será eso, que me faltan luces.
Quiero ser un arbolito de Navidad en febrero. Para llamar la atención. Para que el ayuntamiento de mi pueblo me ocnceda una subvención para el adorno callejero porque a mí me ha dado hoy por ser más fraternal que el resto del año.
Hoy siento mucho más mi pie izquierdo. Es curioso esto de sentir una parte del cuerpo como si sólo existiera esa zona en particular. Soy toda pie izquierdo, podría decir. La primera vez que me pasó, o que fui consciente de la existencia de esa sensación, fue cuando tuve el accidente de tráfico hace casi dos años: me dolía la mandíbula izquierda, me dolía el hombro izquierdo, me dolía el brazo izquierdo. Puede resultar chocante, pero la falta de sensaciones en la zona derecha era la que me hacía calibrar que algo me pasaba. Ufff, fue como si de repente fuese consciente de que tenía dos partes en mi cuerpo: el izquierdo y el derecho. Uno me daba constantes muestras de que estaba ahí, y el otro era como si no existiera. ¿Incongruente? quizás lo sea, porque he tenido 37 años para darme cuenta de algo así... no sé si soy capaz de explicarlo... es como cuando te dicen que te relajes y que pienses en una parte de tu cuerpo, por ejemplo, en tus pulmones, o en tus rodillas, para que las sientas. ¡Es tan difícil conseguir algo así! Separar una parte de ti, como si tú no fueses toda una...
Hoy he tenido un día de películas. Desde que volví a ver, este domingo pasado, Cinema Paradiso, voy mentalmente, enlazando de película en película. Por eso he encabezado esta anotación con el título de una película magnífica de finales de los 80, principios de los 90. A sus protagonistas, Daniel Day-Lewis y Brenda Fricker, les dieron el oscar a la mejor interpretación, respectivamente, masculina y femenina.
Es curioso, no me gusta releer libros, y lo mismo me pasaba, hasta hace poco, con las películas. Pero, de un tiempo a esta parte, he cambiado de parecer con respecto al cine: he descubierto que soy capaz de sumergirme con la misma intensidad en la historia que me están contando, aunque ya conozca cómo se van a desarrollar los acontecimientos. Un día de estos haré una lista. Estoy por comenzar a coleccionarlas... ¡ja! yo, que nunca he coleccionado nada.
Addenda 21:34 Acabo de recordar la tierna y magnífica historia de "El cartero de Pablo Neruda" -no encuentro ninguna página que hable expresamente de la película; lo dejo para otro rato-. Neruda nunca ha sido blanco de mi devoción, la verdad, y ahora con más razón, cuando sé que era un misógino de tomo y lomo, pero lo que se cuenta en esta peli de su persona no es determinante. Creo que es una mera excusa... Tengo que hacer un articulillo con lo que hubo detrás de este rodaje -en concreto, con su protagonista- y contar también la triste historia que hay detrás de Una historia verdadera.
Ese dice la canción que suena en la radio. Otra más "ven, te invito a mi casa".
Estoy cansada de disputas intrascendentes, con gente que ni me va ni me viene. Cínica hablaba el sábado -creo recordar- en su bitácora de las decepciones y de cómo nos han educado para gustar a los demás y, por desgracia, como esa educación no ha convertido en nuestras propias tiranas. Somos capaces de hacer casi cualquier cosa a nuestro alcance para no decepcionar a los que tenemos alrededor, y algo menos, pero importante también, con respecto a los que ni nos vienen ni nos van.
Estoy hasta el pirri de conceptos como la buena educación, el respeto y la ecuanimidad. No soy jueza, si hubiese deseado serlo, posiblemente hubiese encaminado mi vida hacia ese ámbito profesional. Sólo sé que un psicópata de la red está sembrando el malestar en un sitio en el que me encontraba a gusto.
Acotación al margen -no sé de qué margen, pero seguro que alguno ha de haber-:
Hoy he hecho la compra del mes, por primera vez, a través de internet. Forzada por las circunstancias -mi esguince de tobillo-. Hasta dentro de una semana, al menos, no podré salir a la calle por mi cuenta, con lo que he decidido probar. Me ha sorprendido lo cómodo que resulta. Vamos... que porque a mí me da igual y no voy agobiada por el tiempo, pero si fuese una persona estresada, lo tendría clarísimo. Por siete euros, te hacen la compra y te la traen a casa: lo indispensable y lo que pesa. Bien. Es una muy buena opción.
Addenda 17:03 Infumable lo que he escrito ahí arriba, :-( Niña, que estás del revés. Bueno, más del revés que sueles estar normalmente... y eso ya es mucho, mucho, mucho...
Blancas, marrones, verdes, rojas, amarillas... Explicaciones para todos y para todo. En cualquier momento. Duerme la negación para que la aceptación me coja de la mano. Eso, conmigo. Con los demás... El absurdo siempre debería estar ahí. Acompañándonos, cobijándonos, haciendo que nuestra vida fuese algo más inesperado y menos previsible. Me gustaría inventar el despropósito del absurdo, que tiene que ser algo así como la repera.
Y es que no se puede pedir peras al olmo. Ya lo decía mi abuela. A propósito de peras y de olmos...El miércoles por la noche, en un paseo por la gran oferta televisiva de este país -ja, ja y ja- vi, por casualidad, en la emisora que hace la vez de La 2, pero en la Comunidad valenciana, o sea, Punt Dos, en su magnífico programa Medi Ambient un reportaje sobre la desaparición de los olmos en España por culpa de la grafiosis. Muy interesante y, por otra parte, bastante triste. Entrevistaron a tres especialistas en botánica -desconozco el nombre exacto de la profesión/carrera universitaria- que trabajan para la Diputación de Valencia, en un programa de recuperación de árboles monumentales y que han recogido en un libro -sino recuerdo mal a estas alturas ya está presentado, porque creo que era a finales de semana en el Jardín Botánico de Valencia- los cerca de 300 ejemplares que así -monumentales- están considerados en España. Y hablando de Punt Dos, casi increíble la proeza del programa Fahrenheit -del que no he encontrado ninguna referencia; ahora que seguramente es que no he sabido filtrar bien la búsqueda-, los viernes por la noche: hablar de literatura de manera original, divertida y atrayente es hoy -si tomamos como referencia el soporífero programa de Sánchez Dragó- casi un milagro. Lástima que esté grabado en valenciano. .. Creo que si estuviera en castellano o existiese una versión en ese idioma, tendría una muy aceptable acogida en otras televisiones.
Seguro. De ésta, me voy a dedicar a adivinadora-echadora de cartas... Vamos, que no es muy normal, que me tiene algo mosqueada el asuntillo de marras.
Hago croquis rápido: cinco de la tarde, urgencias en un hospital de Valencia para mi madre. Nada problemático, pero su rodilla está dando que hablar más de lo esperado. A las siete ya estábamos de vuelta. La dejo en su casa. Me vengo de camino a la mía. A diez metros de la puerta del portal, un coche aparcado encima de la acera. Decido no bajarme porque justo en este tramo, pasan con una soltura de volante un tanto alarmante. El espacio que queda entre el vehículo y la pared es el suficiente para que pase una persona, pero no mucho más. Es de noche, importantísimo. En ese punto no hay farola cercana. De repente, sin venir a cuento, me veo de bruces en el suelo. No sé el porqué me he caido ni qué ha sido lo que ha provocado el incidente. Dos minutos en el suelo sin que la gente me viese porque era casi imposible. Pasa una amiga, por pura casualidad. Se ha parado porque ha visto un bulto moverse -ja-... Me ayuda a levantarme y nos damos cuenta de que he tropezado con una de esas maderas -sin pintar de amarillo fosfi- que ponen delante de un bajo cuando el propietario pretende meter el coche para aparcarlo dentro. De ahí al centro de salud, y del centro de salud, a las urgencias del hospital -de otro distinto al de la media tarde-. Final de la historia: esguince de tobillo y contusiones varias. ¿Aturdida?. Es que... de verdad, que me dejo el curro y me monto un gabinete de intuiciones a dos mil quinien la hora -bueno, ahora a 15 euros-. Flipante...
De una a dos semanas en reposo con la pata en alto... ¡Manda ******!
Lo reconozco: soy envidiosa. Hace unos días, creo que fue el lunes, hablaba de lo importante que es nacer con estrella. Hoy, después de escribir la entrada titulada Aturdida he llegado a la conclusión de que, con independencia de la cuna, una puede, al menos, hacer un intento por paliar la falta de padrinos y de fortuna. Después de tan tremendísima e importante reflexión, he salido a la calle y me he ido a una tienda llamada Moneries -una especie de bazar repleto de cosas de diseño, mezcla de chic, fashion y friqui- con la pretensión de adquirir cualquier cosa que tuviese la forma de una estrella. He tenido suerte, como podéis ver en la foto. Y suerte por duplicado, ya que lo que he comprado han sido unos pendientes. En cuanto he llegado a casa me los he colocado. Ahora voy a salir a pasear a Zas. Espero que a mi vuelta pueda contar aquí lo que se siente cuando una persona está protegida por la magnificencia de un cuerpo celestial.
Estoy empezando a ser feliz, lo noto. ¡Qué poco se necesita a veces!
Con esa sensación de que algo inoportuno se avecina, sin ser capaz de identificar de dónde viene esa premonición y qué origina en realidad ese miedo escondido en el gesto, intermitente, repetitivo, de pasar los dedos de la mano izquierda por la frente.
El círculo se estrecha y no me gusta verme dentro de él. Prefiero ser espectadora. Sé que no puedo elegir. He de ser radio, eje, cuerda. Y he de permanecer en el área que las circunstancias han delimitado por y para mí. No hay vuelta de hoja.
¿Tremendismo? En absoluto. Mera constatación. Planteamiento científico. Eso es lo que me gustaría. Que este tipo de sensaciones se pudieran diseccionar como si de una autopsia se tratase: un 55% de ansiedad por el lado izquierdo, un 5% de angustia, un 23% de pánico y un 17% de negación de la realidad. Terapia recomendada: tomense los artículos nº 15, 22 y siguientes del capítulo tercero del título octavo del Decálogo "Ajustes necesarios para conseguir un comportamiento automatizado".
Lo tengo claro. No hay nada mejor que nacer con estrella.
No lo entiendo, de verdad que no lo entiendo. No es normal que una persona se comporte de manera tan descarada sabiendo que nuestra situación pende de un hilo. La única explicación que me queda es pensar que se encuentra en permanente estado de gracia. Sigue y sigue y sigue... dándole a la tecla. Con su ventanita abierta, como si en este departamento no supiéramos qué significa eso. Es que no me cabe en la cabeza...
Reconsiderar. De eso se trata. Después de haber ido aplazando la toma de decisiones durante una larga temporada, porque no se puede tener la cabeza en más de un sitio a la vez, llegó el momento de afrontar ciertas cuestiones que no me gustan demasiado, pero que son necesarias. Y sí, niña, son necesarias. O sea que, reacciona: ¡Ya!
Este fin de semana ha sido poco productivo: horas y horas de cama. Aunque sí que he llegado a conclusiones. De repente me he dado cuenta de que, de una u otra forma, estoy intentando manipular a F. Y eso no me ha gustado nada en absoluto. O sea que, retomo mis bártulos y me refugio otra vez en el día a día. Que cada cual viva como le dé la gana. Mi elección no ha de ser, por necesidad, la mejor. Es la que a mí me sirve, pero no tiene el porqué servirle a los demás.
No me gusta que me digan que soy una feminista radical. Es más, creo que me quedo corta. Que mis planteamientos no son, ni de lejos, radicales; más bien, tímidos y poco ambiciosos. Que todavía no he terminado de ratificarme y de darme un lugar en mi vida, el que realmente me merezco. ¿Qué me dirán, entonces, cuando llegue ese momento? Pasado el acoplamiento inicial, el día a día te obliga, de alguna manera, a hacer valer tus derechos o por el contrario, dejar pasar la circunstancia propicia, y que la comodidad acabe anulándote como persona. Me fastidia enormemente. Ya he pasado por la dependencia, y no quiero más de eso. Nunca más. No. La soberbia emerge cuando menos lo esperas y sin darte cuenta, acabas haciendo de todo por mantener una historia que no es más que un sometimiento cruel. Nunca más.
Con el mundo mundial del que habla Manolito Gafotas Y como no podía ser de otra forma, añadiendo un enlace me he cargado toda la entrada, :-( A ver si luego recuerdo de qué iba y lo arreglo.
Estoy malita. ¡Pobrecita de mí! Muuuu malita. No puedo comer... ná de ná. Mi estómago dice que se ha ido de vacaciones: "Closed". Empiezan a sonar las campanas. Las diez en punto. Llevo en pie desde las nueve, pero me voy a la cama. No he dormido casi. He tenido que llamar a mi padre para que viniese a pasear a Zas. El pobrecico no tiene la culpa de que su ama lleve la mala suerte encima, :-( Joooooooooooooo, no es justo... si al menos me hubiese puesto mala entre semana... pero ahora... y encima el dia es gris, lluvioso. No voy a poder disfrutar de estar tumbada y ver cómo entran los rayos de sol en mi habitación... ¡qué gusto da eso!
Enfinssssssss, que será un virus de esos que dice la gente "que andan sueltos por ahí" -como si a los virus los atásemos a la pata de la cama o los metiésemos en una celda para cumplir condena por perjudicarnos...-. ¡Qué poco románticas son algunas enfermedades! No sé, la dama de las Camelias era muy tierna y tal... es que no se puede ser tan prosaica, niña.
Esta mañana he acompañado a mi madre a la traumatóloga. Están controlándole la evolución de la operación porque, a pesar de tener bastante movilidad en la rodilla, existen ciertas anomalías que, parece ser, no caben dentro de lo previsible. Tampoco es alarmante, pero bueno...
La médica es una chica joven. No creo que pase de los treinta. Cuando hemos llegado a la consulta, nos la hemos encontrado en la recepción hablando con la secretaria. "´¿Qué tal, Manuela? te veo muy bien, andas mucho mejor.". Yo no la conocía -es mi hermana la que, generalmente va de acompañante, por eso de que es enfermera y se entera de lo que le están contando- y ese recibimiento me ha hecho sonreir. Me ha dado buenas vibraciones. Son ya demasiados médicos en poco tiempo y en la mayoría de las ocasiones, éstos se comportan como si el enfermo se tuviese que disculpar por ser atendido.Automáticamente, he pensado que las nuevas generaciones de profesionales habían asimilado la importancia de la cercanía con respecto al paciente -unas nociones sobre empatía nunca vienen mal-. Me he equivocado.
Una vez dentro del despacho, mi madre ha tenido que sentarse en la camilla para ser reconocida. Para esto, necesitaba desnudarse de cintura para abajo. La doctora la ha ayudado a subirse a un pequeño taburete y a sentarse. Una vez colocada, se ha metido las manos en los bolsillos de la bata y se me ha quedado mirando. Ha debido percatarse de que yo andaba un tanto perdida, porque seguidamente me ha dicho "Por favor, quítale los zapatos". Evidentemente, han sido los zapatos y la ropa necesaria. Durante el tiempo que he empleado en ayudar a mi madre, ella ha permanecido de pie, con las manos en los bolsillos, limitándose a mirar.
Sobra decir que me he quedado perpleja -entonces... ¿para qué lo digo?, ¡bah! da igual-. Desconozco si es habitual este comportamiento, pero no he podido evitar el pensar qué hubiese hecho ella si su paciente no hubiese llevado un acompañante. ¿Habría llamado a la enfermera para que hiciese esa faena? ¿Es ese comportamiento una forma de delimitar su territorio para dejar claro que en la "relación contractual" que se establece entre el facultativo y el paciente es ella la que ostenta el poder?
Quizás lo que más me ha molestado ha sido su nula cooperación, su pasividad. No hubiese sido lo mismo si después de haberse dirigido a mí para que desnudase a mi madre, ella se hubiese acercado a nosotras para ayudar, al menos, a sujetarla.
La ranciedad en una persona tan joven me ha descolocado. Seré una ilusa.
Los odio. Los odio. Los odio. Los odio. Los odio. Los odio. Los odio. Los odio. Los odio. Los odio.
No puedo con ellos. De verdad. Me hacen la vida imposible. Voy a acabar con visitas diarias al psicólogo.
Al que se atreva a decirme que vivir en la plaza del pueblo mola mazo porque es muy céntrico y tal y tal, Pascual, creo que le tiro al degüello. Lo llevo fatal.
Me acaban de dar un susto de muerte, y eso que debería de estar acostumbrada, pero aún con todo, son imprevisibles. Hoy es fiesta en Valencia capital: San Vicent Ferrer -al menos eso creo, y si no es ése, el otro, San Vicente Mártir-. El resto de las poblaciones que están alrededor de la capi no han tenido esa suerte -ésta en la que vivo, por ejemplo-. Pero... pero... pero... como siguen habiendo idiotas que se acuerdan de la Iglesia sólo en los días así, pues ná... que a las siete de la tarde esta calle parecía un hervidero: ¡hala, tooooos a pasarse revista mutuamente bajo el beneplácito del cura párroco! ¡engaaaaaaaaaaa, que luego la Puri os dirá que por qué no fuiestéis a festejar al Santo más valenciano del mundo mundial! Como colofón a toda fiesta que se precie en estas p**** tierras, si no se tira traca, es como si no hubiese pasado nada. Y claro, han salido todos de misa y ¡hala! tira de traca para que los vecinos tengan constancia de que son todos muy cumplidores y han ido a mostrar sus dentaduras "Profidén" en el escaparate parroquial. ¿Quién ha pegado un salto por el que casi se va de bruces al suelo? ¿Ellos? Noooooooooooooooooo, ¡qué va! Ellos estaban en el jolgorio festivalero pro-Rita Barberá Forever -o sease, tan hortero como la de la Copa de América con olor a paella europea-. ¿Alguién más cercano a la celebración de tan magnífico e importante evento? Sí. Todos los vecinos. ¿Y quién hay entre todos los vecinos que está planteándose el poner trampas caza-zorros en los bajos de los bancos de la Iglesia? YO. YO. Y Yo.
Traca para las bodas, cuando llegan y cuando se van. Traca para los bautizos, cuando llegan y cuando se van. Traca para las celebraciones religiosas, cuando se van. ¿Quién da más? Faltan los entierros. Y además, las jodidas campanas que a las nueve de la mañana, sea sábado, domingo o lunes, están dando por saco al personal. Y luego a las diez. Que digo yo que cuanta gente en este pueblo va a misa... que no es normal, que este cura debería preocuparse por la salud mental de sus vecinos más próximos y concentrar los servicios eclesiásticos en uno por la mañana y otro por la tarde, digo yo...
Esta tarde, cuando he llegado del trabajo, justo he aparcado en la plazoleta donde está la iglesia. Eran las cuatro de la tarde. Una mujer se me ha acercado, cuando ya estaba camino de mi casa, y me ha preguntado si yo sabía si hoy, a las 4.30, había un entierro. Le he tenido que mirar con una cara cuando le he dicho que no tenía ni idea, que la mujer me ha respondido, de manera airada, diciéndome "oye, oye, perdona ¡eh!". ¡Joder! Encima gacetillera local, leñe. Es lo último. Entiendo que la mujer tuviese dudas y que ella no tenía la culpa de que yo esté hasta el pirri de estos beatos... pero digo yo que lo último que me faltaba era ponerme en la higuera que hay frente a la puerta de la iglesia en plan "Informadora eclesiástica".
Hace cosa de una semana descubrí una bitácora en la que su autor, Javier Armentia -director del planetario de Pamplona y conocido en la Red con el nombre de El Pez- cuenta historias a través de fotografías. Ahora sé que a esta modalidad de diario personal se le llama "fotolog".
En una de sus entradas recientes relata una visita a una exposición en el Pamplonetario, en la que se muestra una serie de fotografías sobre orquídeas salvajes. Entonces recordé que la bambolía -nombre con el que los habitantes de la zona de Valdelinares-Linares de Mora denominan a una flor que ve la luz en el deshielo- también es una orquídea, y que hace años le hice fotos a un ramillete que mi padre trajo a casa en una de sus muchas visitas a El Cuarto el Prao -una zona de altiplano, con escasísima vegetación, en el término municipal de Valdelinares. Rescato una de esas fotografías para dejarla aquí:
La plancha me llama. Me he refugiado en esta habitación. Con la excusa de que tan sólo quedan 40 minutos para las 2 de la tarde. ¿Cómo monto toda la parafernalia si dentro de nada tendré que hacer la comida? -no me lo trago ni yo, pero mi subsconciente se queda más tranquilo-.
Vengo de la calle. He salido a comprar perchas -tendré que decidirme a mirar lo del armario nuevo- en una tienda que está casi a la otra punta del pueblo. Tienen que ser ésas y no otras, porque si son un pelín más anchas, no puedo cerrar las puertas -del armario; ufff, qué mal llevo lo de los antecedentes-. He caido en la tentación del pijerio de imitación: necesitaba unas zapatillas para ir por casa -¿cómo se llama realmente ese tipo de calzado? me pasa lo mismo que con el trapo de la cocina: unos lo llaman secamanos, otros, simplemente, trapo, y en casa siempre se ha dicho "trapo de la cocina", o el otro, la bayeta que siempre está humedecida; a ésa mi familia le llama "trapo del banco", ¡ah! y lo más descabellado del todo: al mocho-fregona, le decimos "escobón"- y al final mis pies van a pasearse con un modelo de borreguillo afelpado color rojo, con una enorme flor verde limón en el empeine. El modelo se llama Aghata.
En el camino de vuelta, iba por una acera bastante estrecha. En un momento dado, he decidido bajarme de ella y cruzar a la de enfrente, pero una vez puestos los pies en la calzada, al darme cuenta de que en la parte contraria no daba el sol, he vuelto sobre mis pasos. A todo esto, como siempre, completamente en la inopia. Sumergida en un juego de palabras con el título de la novela de García Márquez El amor en los tiempos del cólera. No recuerdo exactamente desde cuándo, pero de unos meses hacia acá, sin venir a cuento, aparece, flotando entre mis desvaríos, el títulito de marras: como un flash, se cuela, se esconde. Me fui a otra parte; retomo el hilo de la historia: mi baile callejero ha sido contemplado por una abuelita que venía hacia mí en el momento en el que mis suelas han pisado el asfalto. La verdad, no he reparado en ella. Pero no ha sido un despiste de ida y vuelta, porque la mujer sí que se ha fijado en mi gesto y en mi posterior titubeo. No le ha tenido que gustar, porque sin venir a cuento, ha comenzado a gritarme. Al principio, no sabía que se dirigía a mí, y cuando, después de girarme a izquierda y derecha, para ver quién era el objeto de su ira, he comprobado que la única persona cercana a ella era yo, me la he quedado mirando como diciendo "¿mande?". Mi perplejidad ha debido enfurecerla más y ha comenzado a lanzarme improperios -al menos eso debían de ser, porque no se le entendía nada- como si de una ametralladora verbal se tratase. La gente ha empezado a pararse, porque claro, una abuelita en medio de la calle gritando es algo que, cuando menos, inspira solidaridad o compasión. Pasado el estupor inicial, he conseguido entender qué me estaba echando en cara: no le ha gustado que me bajase de la acera. Ha pensado que, como en la acera no había espacio suficiente para que pasásemos las dos a la vez y una debía pararse para cederle el paso a la otra, yo no he sido lo suficientemente educada y no he tenido la paciencia necesaria para esperarme a que ella hiciese su camino. En fin, que me he oido lo de "¡qué tiempos estos!", "¡a dónde vamos a llegar!" y tres o cuatro expresiones más de ese tenor.
Prometo que la próxima vez que me baje de una acera miraré al frente por si acaso un niño con muletas, una mujer embarazada o un anciano con bastón me vienen de cara y se sienten menospreciados ante mi retirada táctica.
Por de pronto, un pijama. Aunque eso no ha sido de noche. He llegado del trabajo y me he encontrado con que Zas , ha decidido, por su cuenta, renovarme parte de mi viejo ropero nocturno. O mejor dicho, forzarme a que lo renueve.
Antes de salir, había colgado el pijama en la percha para que no lo paseará por la casa, porque cuando no estoy le da por coger mis cosas y darles una vuelta por todo lo pisable y lo no pisable -entiéndase la mesa del comedor, la de estudiar...-, se ve que con ánimo de que no se aburran -mis cosas- y de que vayan conociendo mundo de manera independiente. Digo yo que habrá pensado que lo que yo pretendía era que hiciese ejercicio para que se mantenga en forma, y muy obediente él ante una intuición de ese calibre, ha debido saltar y encaramarse en la pared hasta alcanzarlo y poder tirar de él. Me lo he encontrado en el suelo, rasgado. Haciendo una reconstrucción de los hechos tipo CSI Las Vegas, he llegado a la conclusión de que al estirar para hacerse con él, el tejido del pantalón se ha roto.
Anoto otro desperfecto: me decidí a comprarme un teléfono inalámbrico porque el que tenía -fijo- lo había metamorfoseado la dentadura de Zas. El "sin cable" está en casa de mis padres para que mi madre pueda hablar comodamente desde su butaca hasta que se recupere y por si acaso necesita algo urgente en los ratillos en los que se queda sola en casa. Como no era cuestión de quedarme sin piticlín-piticlín, me traje el de mis padres, uno de esos que es horroroso, empezando por su nombre "Domo". Alguien ha debido de llamar -no encuentro otra explicación- y el canino destroza-cosas le ha debido de dar un zarpazo al auricular. Acto seguido -digo yo, todo es un suponer- habrá pretendido hablar como lo hacemos el resto de los mortales y ante la impotencia de verse incomprendido, habrá decidido mordisquear los cantos de la parte del altavoz para que el interlocutor supiese que él, al menos, se maneja de vicio con los plásticos duros.
Se me va la olla, lo sé.
Noche perdida porque estoy pero no estoy. Esto de andar de mi casa a casa de mis padres y ve a comprar, y luego a ver si les hace falta algo, y luego llegar aquí y asomarte a la habitación donde está la plancha y desear ser rica-riquísima para tener asistenta, me está matando.
Lo dejo. Voy a ver si me hago un vasico de leche con unas tostadicas. Y luego, seguriré con "Solas" de C.Alborch. Ando sacándole punta... aunque tiene cosas bastante acertadas.
Hace unos días le envié a un amigo la dirección de esta bitácora, a sabiendas de que, posiblemente, su reacción iba a ser la de un niño ante el juguete de otro el día de Reyes: "yo también quiero". Me gusta la gente que se guía, en las cosas intrascendentes, por el primer impulso. Y eso es lo que hizo Cataplom, dejarse llevar por el "yo también quiero". Abrió una bitácora y tiene tres o cuatro entradas, englobadas en un apartado llamado "Badalleras". La palabreja se las trae, la verdad. Por lo menos, a la hora de pronunciarla. Llevo toda la vida oyéndola y me sigue costando decirla de un tirón. Es curioso, porque esta dificultad, en lugar de provocarme cierta ojeriza con respecto al palabro, me hace sonreír. Badallar significa bostezar en catalán. En algunas zonas de Teruel aunque creo que es extensivo al resto de Aragón, sobre todo en las zonas limítrofes con la CAV y con Cataluña- se emplea, de manera coloquial, para transmitir la idea de aburrimiento. Tiene su lógica, porque si el bostezo se produce como una respuesta corporal ante situaciones de tedio según la RAE, bostezar: Hacer involuntariamente, abriendo mucho la boca, inspiración lenta y profunda y luego espiración, también prolongada y generalmente ruidosa. Es indicio de tedio, debilidad, etc., y más ordinariamente de sueño-,es normal que se asimile la causa con el efecto. He encontrado una página de un pueblo de Castellón, Chóvar, en la que existe un diccionario en el que se recoge la expresión "dar badalleras".
Definitivamente, me gusta la palabreja. Y eso que siempre me viene a la cabeza primero como si derivase de "ballar" bailar-. Imagino que restos de mi, nunca declarada formalmente, dislexia.
Como siempre, para no variar y no romper la costumbre, me acabo de enterar por el periódico de que el día 27 de enero, a las 8 de la tarde, presentarán el Polígono Virtual de Mas del Jutge. ¡Manda narices! Cuando ha venido mi jefe, le he enseñado la noticia y después de leerla, me ha dicho "vale, pues nada, que gracias, así lo tengo en cuenta". O sea, que no sabia nada de nada. Flipo, de verdad. ¿Cómo piensan presentarlo, a través de diapositivas? Joer... Además, es que lo han vendido -cito de Mini Diario- "Este innovador proyeto, único en Europa..." Luego, la gente llama a centralita para pedir información, les remiten al servicio de Informática y aquí no sabemos ni dónde tenemos la mano derecha... Me cabreo, de verdad.
Ayer le dieron el alta a mi madre en el hospi. Hice de buena hija y me gané doscientos cincuenta puntos más para viajar al balneario "desestresante" de enfrentamientos generacionales y disputas familiares. No sé lo que durará esta buena racha. Espero que mucho.