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De espaldas

A días

De mayor quiero ser perra



Andaba yo, hace un rato, haciendo el tonto con la cámara. Cada vez me gusta más perder el tiempo, o no emplearlo en lo que supuestamente, las mujeres que cada sábado y domingo veo pasar bajo mi ventana, camino de misa, lo emplean -si después de releer cuatro veces la frase anterior, has sido capaz de comprenderme, te mereces ser propuest@ como el próximo académico de la R.A.E.-: hacer las camas, tender la ropa y dejarse la casa "peripuesta" por si vienen las visitas, :

Y esta vez, la tontuna me ha dado por fotografíar lo que veo cuando me levanto por las mañanas. Nada original, desde luego, pero como siempre me estoy quejando de la incomodidad espiritual que supone vivir al lado de la iglesia parroquial, no está de más que deje constancia de hasta qué -¿se acentúa?- punto me persigue la iconografía religiosa:



Y por si no queda claro que tengo a Santa Rita como "veladora" de mis despertares, le he dedicado una foto solamente a ella -no sea que vaya a enfadarse, que acabo de acordarme del dicho Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da, no se quita, y no me gustaría que, ya que me saluda, por no estar yo a la altura, me retirase la palabra-:



¿Y que tiene que ver todo esto con lo de "De mayor quiero ser perra"? Pues todo o nada, según se mire. Concatenación de pensamientos... Mientras hacía las fotos, Zas dormitaba debajo de la ventana, en MI sillón orejero -lo pongo en mayúsculas para que quede constancia de que, aunque parece que es suyo, no, no, es mío, de verdad- y lo he visto tan ¿feliz?, tan relajado, tan perro, que me ha entrado la vena filosófica y me he puesto a pensar qué haría yo si de mayor pudiese ser perra. Posiblemente, dormir como hace ahora él. Y sobre todo, insultar mucho, mucho. A base de ladridos. Crearía una sinfonía de improperios que se introdujese en el cerebro de los bienpensantes y se instalase allí, con tienda de campaña incluida, para ir haciendo mella, para dejarlos completamente vacuos -aunque algunos ya lo son-.

Me gustaría ser perra para que, si alguien se atreviese a insultarme con esa palabra, no pudiese sentirme ofendida.

Me gustaria ser perra para arrastrarme por el suelo y que nadie me pudiese decir que soy una miserable arrastrada de mierda.

Me gustaría ser perra... ¿para qué más? Seguro que hay muchas más cosas. Seguro.

Quiero una metamorfósis ¡ya! -pero que el maestro de ceremonias no sea Kafka, por favor, que sino me jode el invento con tanto padecimiento introspectivo-.

Las llaves del cielo



Después de estar semi-encerrada durante casi cuatro horas seguidas con mi jefe en su despacho -sin dobles sentidos, que no tiene un ápice de sexapple- y con la cabeza a rebosar de conceptos sobre telecomunicaciones e informática, he salido pensando que después de esto, iba a ser capaz de aguantar casi cualquier cosa. Me he equivocado. Acabo de desmadrarme y ahora me siento fatal. En menos de media hora me han llamado cinco personas para que "les" recuerde sus contraseñas de correo externo. Ha sido con la última con la que he perdido los papeles.

¿Acaso es tan complicado asumir que el usuario final es el único responsabale de ese tipo de datos?

No sé, quizás yo lo vea desde otro punto de vista...

Ayer, sin ir más lejos, una compañera que trabaja como jardinera me contaba que no puede hacer bien su trabajo porque, en lugar de dedicarse a podar setos, emplea su tiempo en recoger la basura que los ciudadanos arrojan al suelo. Sale a una media, al día, de seis bolsas grandes de desperdicios. Eso sí, las nueve papeleras están siempre vacías. Se pasa la mañana barriendo, cuando en realidad ha de estar pendiente del riego y la poda de las plantas y árboles. Y con el agravante de que, si le recuerda a la gente lo que dice en los paneles informativos sobre cómo contribuir a mantener limpio el lugar, la mayoría de las veces, recibe una respuesta similar a "tu trabajo es el recogerlo, para eso te pago con mis impuestos".

Sé que no es lo mismo, pero sí parecido: si les explicas a los compañeros que lo normal es que las contraseñas las sepan ellos y no yo -o el resto del departamento-, algunos hasta se ofenden. Puedo entender que se olvide, puedo entender que se haya perdido el papel donde la tenían anotada, pero lo que no me gusta es esa relajación... esa dejadez... como diciendo "¡bahhh! ¿para qué me voy a molestar, si arriba me lo pueden decir en cualquier momento?".

Pues eso, que sé que es desproporcinada mi reacción, pero me exaspera.

Me pregunto cómo sería la cosa si en lugar de recordar la contraseña para entrar a su correo, se tratase de guardar las llaves del cielo o un pasaporte a la eternidad...

Aprendizaje de inglés al estilo Bambolinus



No, no soy yo. No llevo barba y no soy tan seria. Pero es que como soy buena alumna, leí por ahí, en una de estas bitácoras mancomunadas, en las que participan los sabios más sabios de este mistério orbitacoril, que es recomendable, para que las anotaciones -ellos les llaman posts- sean más ligeras o menos plomizas/plúmbeas -como más guste al concurrido- incluir una foto o dibujo como parte del contenido. Y como el asunto va de lecciones ¿qué mejor imagen que la de un circunspecto profesor, a punto de comenzar su lección magistral?.

Regreso de los cerros de Úbeda: tengo un serio problema. Cuando lo cuento, parece que resulta difícil de entender, pero de verdad de la buena, creédme: mis conocimientos de inglés se reducen a unas cuantas palabras y poco más. Durante mi etapa de estudiante, el idioma extranjero que se enseñaba era el francés. Y en el momento en el que hubiese sido interesante ponerme a estudiarlo, me tuve que decantar por el valenciano, porque era/es indispensable para la oposición -si quieres aprobar, claro-.

Cosas tan básicas como dog, sea, boss, boy, girl, children, man, woman, word, rain, etc. las he ido asimilando a base de leerlas y de darles significado por el contexto. Pero eso no es demasiado complicado, porque se ven en los títulos de las películas, se escuchan en las canciones... Lo difícil es cuando tropiezas con palabras que se emplean en ámbitos más especializados como pueda ser éste en el que nos movemos -desconozco si originariamente son técnicas-.

Eso de que te digan "haz un forward" o "loguéate" me deja, literalmente, fuera de juego. Por ejemplo, con lo del trackback: si existe una palabra en castellano que es "referencia" ¿por qué hacerlo más complicado, si lo importante es entender el concepto?. Al final, acabas funcionando a base de deducciones, tipo "si link es enlace, imagino que si me dicen que linkee se refieren a que pulse sobre el hipertexto".

Estos días pasados andaba a vueltas con expresiones como "off topic". Sé que resulta risible, pero su comprensión no fue instantánea: tuve que caer en la cuenta de que si off se emplea para decir apagado, en ese contexto quizás era como el fuera castellano, y con topic tres cuartos de lo mismo...

En favoritos tengo dos o tres páginas de vocabularios/diccionarios y añadiéndole el traductor, me voy defendiendo -aparte del significado de las etiquetas de html y de lo que aprendo en el trabajo... ayer supe que un conmutador es un switch, pa matarme, lo sé-. Pero me cuesta horrores. Hasta he tenido que rendirme a la evidencia: o voy poco a poco, asimilándolo, a base de pequeños conceptos, o pierdo el tren. Y no me gusta la imposición, la verdad. Pero siendo realista, no cabe otra. Puede que tenga prejuicios con respecto a lo de aprender un idioma de manera forzada. No sé. Lo del valenciano es una espinita que llevo clavada en mi corazón -conste que lo hablo y lo escribo bastante mejor que algunos valencianohablantes-.

Good bey!

The End

Update -ésta también la he aprendido a base de razonamientos de niña de seis años-

Me ha faltado añadir que en la Red siempre hay gente enrollada que se presta a dar las pertinentes explicaciones. Porque la lógica no suele servir en esto de los idiomas. Asssias, :-)

Cocinera, cocinera, enciéndeme una candela



Estoy en plena tarea culinaria. En el horno se están haciendo una docena de flanes de café y en el microondas se están asando dos pimientos rojos y están esperando, para lo mismo, dos berenjenas. Cuando acabe con los flanes, pasarán por el horno 12 manzanas.

¿Se nota que mañana tengo invitados a cenar?

Se aceptan aportaciones: en principio, el plato principal consistirá en rape al horno, envuelto en papel de aluminio -el papillote está descartado por no encontrarlo- y condimentado con mostaza de Dijon, diluida con un vasito de leche evaporada. Como acompañamiento, la verdura asada -ya sé que estas cosas se hacen en el día, pero es que no me va a dar tiempo-.

No pensaba poner entrantes, tan sólo dos ensaladas de canónigos con mozzarella, tomatitos cherry y taquitos de magro de cerdo cocido.

El postre... pues si los flanes están buenos -creo que se me ha ido algo la mano con el azúcar-, eso mismo. Sino, siempre estarán las manzanas.

Ea, que no sé por qué me meto en estos lios. Además, no tengo ni un mísero mantel medianamente decente... bueno sí, de estos tan modelnos de algodón 100% -¿por qué se me ocurriría comprar algo así, con lo que cuestan de planchar?- con flequitos...

La comida de Zas

Posiblemente es que me echa mucho de menos cuando estoy en casa. Lo sé. Es que no se puede ser tan amorosa, :-)

Es la única explicación que le encuentro a esto:



Así ha quedado la bota izquierda de uno de los pares de calzado que más a gusto he llevado en toda mi vida. En la foto no se distingue demasiado bien -la máquina me supera, he de aprender todavía-, pero se ha comido la parte superior trasera, la que sujeta el tobillo.

En realidad, tengo la impresión de que se ha propuesto que renueve mi vestuario, incluidos los zapatos. Es inteligente, sí. Porque no entiendo el lenguaje de los perros -todo se andará- y ése es un pequeño escollo para comunicarme plenamente con él, pero estoy convencida de que si pudiese decodificar sus ladridos, mi vida estaría mucho más encauzada, ya que intuyo que más de una vez, por las mañanas, cuando estamos a punto de salir para su paseo, sus exabruptos sonoros han venido a decirme algo así como "¡niña de dios! ¿ande vas con esas pintas? ¿no sabes lo que es una Mujer Cosmopolitan? Dentro de una semana te veo saliendo con el batín y las chanclas".

Ensalada de bits con fibra óptica



Eso es lo que voy a comer hoy. Seguro.

Me superan estos días, de verdad. Y el caso es que me gustan. Me explico: es horroroso el estar mano sobre mano a expensas de que tu jefe te diga "¡ahora!", porque luego vienen las prisas y el ir de cráneo y la falta de previsión y bla bla bla, pero, pero... al menos me siento útil y eficaz, que ya es bastante, la verdad.

El primer tropezón: mi compañero de sistemas mandó ayer un correo electrónico a un grupo de usuarios diciéndoles, textualmente,

"Por motivos técnicos, y con vistas a migrar el conjunto de cuentas de usuarios al nuevo sistema informático basado en Win2000, mañana os encontrareis la contraseña cambiada, y será igual que el nombre de usuario de cada uno de vosotros; y ya no entrareis en el dominio *******, sino que lo hareis en el dominio ********.

Ejemplo: El usuario ****** tendrá inicialmente el password ******. En el primer login el sistema os obligará a cambiarla. En cuanto al cambio de dominio, no teneis que haceer nada, se hace automáticamente.

Disculpad las molestias, cualquier duda o problema que tengais, podeis llamar al ****"


Sencillo ¿verdad? Pues no. Porque la gente no sabe lo que es el dominio, y no tiene ni idea de lo que es un login ni un password -algunos sí, pero son los menos-. La extensión telefónica que facilitaba el correo era la mía, claro. Tendré que recordarle a mi compa que cuando vuelva a enviar un correo similar se lo dé a leer a alguien ajeno al departamento, para ver si lo entiende, :-(

Segundo tropezón -o de cómo hacer una ensalada de cables-: por cuestiones de funcionamiento administrativo, hemos hecho un pequeño repaso a casi todo lo que se gestiona desde aquí. Creo que tengo material suficiente como para recrear una película de ficción en la que los personajes hablen entre sí en un idioma multidisciplinar. Como por ejemplo:

Rund: hola, Clip of Pan. Me ha dicho Twin que el radioenlace no da señal. Creo que voy a pasar a través del terminal telefónico que enlaza con la centralita de la sala de máquinas. El SAI estaba pitando pero creo que el sistema de incendios no se ha activado. Claro, es que el grupo electrógeno no se disparó la última vez.

Clip of Pan: Lo sé; ya probé con unos conmutadores, pero el enrutador no enviaba los datos y el firewall hizo caso omiso a la entrada que registró el concentrador de túneles.

Rund: Es una lástima, porque el NetServer está infrautilizado y desde que instalaron los clústers, el almacenamiento en fibra y la controladora de discos no rinden lo estipulado. Quizás, si pudiésemos darle un repaso a la biblioteca robótica, con el conmutador de KVM, podríamos diagnosticar si el servidor de importación es eficiente.

Clip of Pan: sabes perfectamente que no sólo depende de nosotros y del centro de cálculo, sino que hemos de tener en cuenta el software de aplicación que está diseñando Vort Cat. Además, los dispositivos de fichaje dependen directamente del programa de control de presencia, por lo que, si no funcionan, poco podremos hacer."


Sé que no tiene ningún sentido, lo sé. Pero mi cabeza, ahora mismo, ya no sabe lo que es un punto de red ni un VPN. Por no decir que no sé ni lo que es un proveedor de servicios de internet.

Espero que la ensalada no sea demasiado pesada para mi estómago. Ando a vueltas con un virus maligno que me lleva de cabeza -y no me sirve el Panda para aplacarlo-. No sería justo que, ahora que comienza el descanso, el atracón de información me provocase un empacho. El lunes o el martes daré señales de vida, que me queda solo una horita de estar por aquí y esta tarde me "enrutaré" hacia los Terueles, a ver si se me despejan las ideas con el frío, :-)

Soy una mujer 10



Lo he conseguido. He rebasado el aprobado, para pasar, rauda y veloz, directamente al SOBRESALIENTE.

Enumero mis logros de esta tarde:

* Me he hecho la comida.
* He puesto dos lavadoras.
* He comido.
* He barrido el patio interior y he recortado todas las plantas -la maldita lluvia se las ha cargado casi todas-
* He barrido toda la casa, sacando absolutamente todas las cajas que hay debajo de las camas.
* He limpiado las persianas de las dos ventanas que más abro.
* He limpiado los cristales de esas ventanas.
* He pasado la mopa a toda la casa.
* He fregado media docena de platos hondos, media docena de platos de postre, media docena de cuencos, dos sartenes, dos cazos y cubertería variada.
* He quitado el polvo de toda la casa.
* He fregado el suelo de la cocina y del pasillo.
* He separado toda la basura del cubo de reciclaje en tres bolsas.
* En este momento se están haciendo en el horno una docena de manzanas asadas.

Sinceramente, creo que esta tarde me he graduado con matrícula de honor, o en su defecto, merezco la entrega de un diploma con bonete incluido:



Sé que el aspecto físico es importantísimo, por lo que dentro de un rato me subiré a mi bicicleta estática y estaré pedaleando los 30 minutos de rigor. Luego, a la ducha, a cenar y como no hay mujer 10 que no se preocupe por su faceta cultural, a las 10 me iré camino del Club para ver otro preestreno.

Me siento orgullosa, muy, pero que muy orgullosa. Seguramente, cuando vuelva de mi paseo con Zas, colocaré tres o cuatro anuncios en las páginas más "in" de contactos -vamos, en éstas que son como el Orkut pero más de andar por casa- porque ahora, estoy convencida, no habrá hombre que se me resista.

De naranjos, Porcelanosa y antiguos festeos



El sábado por la tarde me subí a un tren. En realidad, a dos. El primero, un cercanías o rodalies, como les llaman por aquí. El otro era para hacer un trayecto un poco más largo.

A medida que salía de Valencia pude ver qué poca huerta queda: los campos de alcachofas, de ajos tiernos, de lechugas, de col lombarda... Las viviendas -que no las barracas-, engrandecidas a medida que las familias aumentaban... Me gusta mucho la imagen de ese tejido agrícola. Manchas de verde con puntitos de casas como cajas de zapatos, alargadas, de dos alturas, salpicando aquí y allá las extensiones de regadío.

Y los naranjos. Verde y verde y verde. Aún quedan. Sí. Las fauces glotonas de Rita Barberá no llegan hasta tan lejos: quedan fuera de su demarcación territorial. Ella sólo es culpable de arrancar las patatas y sembrar pilares de edificios en la capital del Reino. Nada más lejos de la barbarie.

Mientras el tren avanzaba vi, a lo lejos, los rojos intensos de las tierras arcillosas con las que elaboran las baldosas, los azulejos, el moderno gres. Y vi también a la Sra. de Ferrero Rocher -en realidad no la vi, tan solo tuve que imaginarla- saludándome desde el portentoso letrero que da cabida a ese nombre comercial que mal emplea la delicadeza de la porcelana para identificar en una sola palabra uno de los mayores deseos del español medio de los 80-90: reformar su vivienda para poseer un suelo refulgente y cristalino. Seguía habiendo naranjos. Me acompañaron durante casi todo el viaje. Como hilillos, pasando casi desapercibidos, los caminos rurales que bordean las plantaciones, rompían de cuando en cuando la sábana verde. Y entonces caí en la cuenta de que en algunos cruces, destacaban, por encima del nivel de los frutales, los triángulos de los ceda el paso. A partir de ese momento, me fijé y había más señales de tráfico; bastantes más de las que, a priori, cabe imaginar en un puzzle agrícola. El paisaje cambia, pensé. Nada nuevo, por otra parte. A pesar de esa aceptación tácita y casi desganada de un tópico de tal envergadura, acabé dándole vueltas a cómo sería aquella zona cuando no se necesitaban esas señales para andar con los carros, entre los caminos.

Me imaginé a los llauros -llauradors, labradores- con sus carretas, haciendo uno de aquellos caminos, un domingo por la mañana para llegar hasta el pueblo más cercano para festear con la novia. Serían paseos concurridos, seguro. Mujeres esperando a sus hombres, recatadas, arregladas para ir a misa. Acompañadas de la madre y con derecho a llevar a su hombre al lado. Entonces me percaté de que, aunque las señales habían salpicado de rojo, blanco y gris algunas intersecciones y habían modificado el aspecto de la huerta, las palabras seguían vigentes. Algunas al menos: festear. O será que me hago mayor y permanece en mi vocabulario particular como una reliquia a conservar.

La fotografía es de la Sierra de Calderona, que está situada cerca de Sagunto, justo antes de llegar. Desde mi antiguo puesto de trabajo en esta misma planta, la tenía como vista general: eso sí, a 20 kilómetros de distancia.

Cercanías

O cercanía. De las dos cosas. Por desgracia. Debería de haber sido, solamente, cercanía. La palabra cercanías tiene, desde el pasado 11 de marzo, una carga sumamente dolorosa. Se le ha sumado un significado, como si la adicción fuese un proceso aséptico, matemático. Pero no, no ha sido así. Ahora, al escucharla, al leerla, la mente enlazará automáticamente con las imágenes de dos vagones de tren reventados. Y con cuerpos y vidas destrozadas.

Una de las cosas que con más insistencia he oido repetir durante estos días ha sido que no se ha de olvidar, pero no para alimentar el rencor, sino por respeto a las víctimas. No olvidarlas, a ellas. Y sí, es cierto. Sus familias no lo harán, por descontado; ni sus amigos. Pero nosotros... Es imposible mantener en la memoria el recuerdo de algo que te ha causado desazón, dolor, inestabilidad emocional. Quizás, sólo quizás, la única forma de hacerlo sea la de mostrarnos la parte más "amable" de esta desgracia -entrecomillo porque no soy capaz de encontrar una palabra más acertada-. Acercarnos a las víctimas, darnos una visión de lo que fueron hasta hace seis días.

En el diario 20 minutos, que en su versión en papel se reparte de forma gratuita en lugares públicos de Madrid, están publicando una serie -¡ufff, ni tan siquiera eso de serie me gusta!- de mini-reportajes sobre la vida de cada una de las víctimas. A priori, lo primero que se piensa es que es más de lo mismo: más morbo, más contacto con el amarillismo. Pero no. Esta vez es diferente.

La persona que se ha encargado del proyecto tiene una sensibilidad especial, muy especial. Y ya en las tres primeras entregas ha dejado claro por dónde van a ir las cosas, tanto en "El tren de todos (las historias personales de las víctimas), como en "El santuario del quinto piso" así como en la última publicada, "Las lágrimas de la gata Truchi".

No soy parcial, lo sé. Su autor es una de las personas a las que más aprecio tengo y su bitácora encabeza la lista de mis preferidas. Sé de su trayectoria, sé de sus sentimientos y sé cómo afronta su trabajo. Por eso, porque sé quién es y cómo siente lo que hace, sé que va a tratar este doloroso asunto con la suficiente cercanía como para que olvidemos los aspectos macabros de esta masacre y nos quedemos con la impresión de que hasta unas milésimas de segundo antes de los atentados, estas personas eran exactamente iguales a nosotros.

Gracias, j.a.

Crónica de un día de elecciones



¿Por dónde empiezo? Quizás por lo más elemental: explicar qué hacía yo metida en las elecciones sin haber sido designada como miembro de una mesa, en el sorteo que se celebra tres semanas antes.

Tengo la impresión de que mucha gente desconoce la envergadura o magnitud de la maquinaria que se pone en marcha cuando un proceso electoral se avecina -teniendo claro que éste sea previsible; otra historia es cuando las elecciones se realizan anticipadamente-. Tampoco es que sea algo de vital importancia o que uno no pueda vivir sin saberlo, :-) Pero el engranaje para que todo funcione bien ha de ser perfecto -y aún así, siempre existen problemas-. Por decirlo de alguna forma, mi trabajo y el de mis compañeros, viene a ser la última pieza de la cadena.

En todas las elecciones existe una figura -qué técnico resulta- administrativa a la que se le llama representante de la Administración. El personal que realiza este trabajo lo hace de manera voluntaria -no confundir con gratuita-. Su labor consiste en recavar los datos de los números de votantes en determinadas franjas horarias y transmitirlos posteriormente a la Delegación del Gobierno y más tarde al ayuntamiento correspondiente. Acabada la votación, se han de transmitir los resultados, vía telefónica, a los dos organismos anteriores.

(Sigo más tarde, que andamos con estadísticas)

Addenda 16-3-04, 14:45 h.

En realidad, lo que pretende la administración estatal, aparte de tener los datos de votantes para las estadísticas, es que los miembros de las mesas no se sientan demasiado perdidos y vean en la figura del representante alguien a quién poder preguntar dudas o solicitar ayuda.

Cuando se sabe ya quiénes van a ser los presidentes de cada mesa, el ayuntamiento del municipio en cuestión, los convoca para explicarles, en varias reuniones, cómo realizar su trabajo ese día y las responsabilidades que asumen. Salvo para personas que estén vinculadas con el mundo jurídico, para el resto, suele resultar complicado, o cuando menos dificultoso, el verse inmerso en un proceso de este tipo.

El representante de la administración es un enlace entre la mesa y la Delegación del Gobierno correspondiente.

Concreto las funciones: acudir a la sede del colegio electoral designado a las 7,45 de la mañana. A las 8 están citados el resto de los convocados, es decir, los titulares y los suplentes. Lo más importante y en lo que más se insiste siempre es en que la mesa se constituya sin incidencias. Si no ocurre nada anormal, la persona designada como presidente comprobará las acreditaciones/citaciones, y se procederá a constituir la Mesa y a redactar el acta.

Entonces es cuando el RA se pone en contacto por primera vez con la Delegación del Gobierno correspondiente. Con anterioridad, a cada uno de nosotros se nos ha asignado un número de identificación y se nos ha facilitado el teléfono al que hemos de llamar -que no es el mismo para todos, claro-. Como pauta, se fijan las 8:30 como la hora señalada para que la Mesa esté constituida. Posteriormente, se llama al ayuntamiento para que éstos también tengan constancia de que no ha existido problemas.

El RA ha de personarse después en el ayuntamiento y entregar una copia del Acta de Constitución de la Mesa y la administración le traslada los cheques para pagar a los miembros de la mesa: estas elecciones, sino recuerdo mal, se pagaba a razón de 52,50 € por persona. Lógicamente, :-) , luego se han de entregar y acusar recibo.

Me quedo aquí, de momento. No estoy muy inspirada y parece un dietario en lugar de una explicación más o menos amena, :-( A ver si mañana se me aclaran las ideas...

Chabacanos

Creo que van a acabar declarándome persona non grata en estas tierras. Lo sé.

Ayer finalizó, a las doce de la noche, el duelo por las víctimas de los atentados del 11M en Madrid. O sea que, a partir de ese momento, los falleros-folloneros prosiguieron con los actos previstos para las fiestas josefinas. Y de hecho, lo hicieron: cuando volvía para mi casa, a las doce y pico, vi a lo lejos el primer castillo de la semana fallera. Hasta ahí, bien.

Pero hay cosas de mal gusto, como la que ahora mismo me ha hecho comenzar esta anotación: una banda de música dentro del edificio municipal, tocando el típico chunta-chunta festivalero. Van acompañando a la Fallera Mayor de la población y a su Corte de Honor (claro, y a la Infantil, porque las jovencitas-homenaje-a-Barbie-versión-casposa-pero-con-aires-de-Maria-Antonietta también tienen una facción entrecuzada con "Menudas estrellas").

Sé que están en fiestas, y que la vida no se ha de detener por cosas así, y que eso sería claudicar y bla bla bla. Pero también sé lo que es el buen gusto y la discreción: no es muy lógico que después de que el país entero haya estado tres días de luto nacional -con lo que todo eso implica-, un grupo determinado de personas, para festejar sus celebraciones, se levanten de la cama poniendo a todo trapo a King África.

Estas chicas tan monas-monas podían haber venido igual de visita a saludar a los políticos que les subvencionan las gracietas sin necesidad del acompañamiento musical. Un poquito de seriedad, a veces, no viene mal.

Solidarios



La radio, una vez más, me acompaña: los taxistas de Madrid han decidido no cobrar las carreras de la gente que solicite un servicio hasta Ifema, el lugar en el que han instalado la morgue macabra.

Los hoteles cercanos a este parque ferial han ofrecido habitaciones gratuitas para los familiares de las víctimas.

Los trenes y autobuses, esta tarde, serán gratuitos para que la gente pueda acudir a las numerosas manifestaciones.

Y poco más. ¿Qué más se puede hacer cuando los cadáveres son bolsas negras, alineadas casi hasta confundirlos con una enorme y oscura mancha?

No sé si es bueno callar, por respeto a las víctimas. No lo sé. Comenzaron los análisis políticos. Ayer por la tarde ya se estaban moviendo fichas.

Necesito terapia urgentemente



De verdad, no creo que pueda soportarlo. La rabia aumenta medio gramo al segundo; la impotencia, se duplica cada media hora, y el odio, el odio va a acabar metiéndose hasta en los rincones más inexpugnables de mi mapa celular. El próximo niño, padre o abuelo gracioso, que tire un petardo cuando yo pase por su lado, corre un serio y gravísimo peligro: a no ser que me haya dejado la emotividad en casa -extremo éste harto difícil- descansando, posiblemente acabaré agarrando por el cuello a uno de estos especímenes made in la Valencia de las flores, de la luz y del color que, desde finales de febrero, se creen que la calle es SOLAMENTE suya y que el ruido es sinónimo de alegría, jolgorio y festival continuo.

No contentos con amargarle al prójimo un simple y sencillo paseo, convierten la indispensable necesidad de desplazamiento en una odisea tipo "¿dónde está la trampa?", vamos, sin darle más vueltas y en cristiano: que hasta para comprar el pan te joden la oreja y te ponen los ovarios en la garganta cada vez que, cuando menos te lo esperas, explota un petardo.

Para más rizar el rizo, cargada con dos bolsas de envases y otra de papel para vaciarlas en los contenedores de reciclaje, he tenido que hacer un recorrido turístico por parte de la población. ¿Por qué? Pues porque los señores falleros de la falla de mi calle han decidido montar hoy, 6 de marzo, a todavía diez días del inicio de las Fallas, una carpa en la plaza. ¿Y para qué es esta carpa, siendo como es que ellos tienen un hermosísimo local -casal fallero se llama- donde se reúnen semanalmente? Pues para dar por saco a los vecinos, por ejemplo. Bueno, no. Es para tener más espacio y que puedan explayarse más a su gusto, y así de paso, contribuir a que la zona de aparcamiento se reduzca en un 60% y de rebote, que el tráfico por esas calles se corte. ¡Ahhhh! y como no podía ser de otra forma ¿qué han hecho con todo aquello que les molestaba para poder montar el catafalco ferial? Quitarlo, por supuesto. ¿Y dónde lo han trasladado? ¡Ahhhhh! Se dará una generosa recompensa a quién pueda decirme dónde santas narices han llevado esos contenoderes, porque ni la Policía Municipal ha sabido darme razón... Me ha tocado andar 20 minutos cargada porque ¡ohhhhh, casualidades! los que estaban más cercanos a la plaza, también habían desaparecido por arte de birli-birloque...

Me releo y parezco una vieja amargada... :-( y no me gusta. Pero me supera esa imposición, esa forma de avasallar, esa idea de que SU forma de divertirse es la ÚNICA y con eso está todo arreglado.

Dieciséis años más tarde




En abril hará dieciséis años que alguien nos hizo esta foto. Acabábamos de llegar a Linares. Era jueves por la tarde. Después de un trayecto un tanto ajetreado -se rompió la correa del alternador del coche y casi fue una odisea poner los pies en esas calles asfaltadas-, estábamos contentas: era el primer viaje que hacia Noemí, la niña del abrigo rojo moteado en verde, a esas tierras. Tenía cuatro años.

Durante esos días hice muchas fotos, sobre todo de ella. Quizás con la idea, un poco rocambolesca y bastante peregrina, de pretender que su niñez no nos dejase nunca. Fue en vano, claro. Lo que hacemos a sabiendas de que es imposible tiene su mérito: no deja de ser una locura. Puede que por eso la quiera a ella más; porque me despertó el lado alocado que había permanecido tanto tiempo oculto bajo un exceso de responsabilidad. No sé tampoco "más que qué", la verdad. Sólo sé que la quiero más.

El jueves por la noche me dijo su madre, Ruth, que Noemí va a ser madre. Espero poder hacer un viaje similar, durante una semana santa, dentro de cinco años. Y seguir haciendo fotografías.

Estoy impresionada.

¡Vivan los calcetines!

Hace un momento, mientras esperaba que la máquina del café me diera mi ración diaria de agua con sabor a algo similar a la cafeína, he llevado a cabo un gesto que, pese a ser sumamente normal, me ha encendido la bombilla de 40W que tengo por cerebro, y ha puesto en funcionamiento el mecanismo de la memoria -obsérvese el circunloquio prosístico para no decir casi nada y ocupar tres líneas- y he recordado cuando de niña vestía el uniforme escolar: mis calcetines estaban a la altura del tobillo y como me molestaban, los he subido hasta justo debajo del punto donde acaba la rodilla.

No voy vestida tipo jovencita-americana-con-minifalda-escocesa, no. Vamos, que no me imaginéis de esta guisa, porque lo mío es hacer el payaso pero de otra forma:



Soy bastante más clásica que todo eso: llevo pantalones, pero como hace un día de perros, lluvioso y desapacible -pobres perros ¿qué culpan tendrán?-, me he puesto botines de cordones y calcetines gruesos para que no me cale la humedad. Éstos son de los que cubren media pierna, pero claro, cuando te venden estas prendas no te dan certificado de garantía y cuando el elástico deja de ser elástico, no puedes reclamarle al fabricante y si quieres seguir empleándolos, los calcetines pasan más tiempo en los tobillos que en el sitio para el que originariamente fueron creados.

A lo que iba: el gesto de colocarlos en su sitio me ha hecho recordar mi infancia, y más concretamente, a las estrictas normas que las monjas nos imponían a la hora de llevar el uniforme del colegio. Los calcetines JAMÁS debían estar caidos: su lugar natural era permanecer debajo de la rodilla y era primordial que las pantorrillas permaneciesen ocultas -imagino que porque tienen una enorme carga erótica ¡ja!-. Cuando íbamos a entrar en clase, ya fuera a primera hora de la mañana, ya fuera después del recreo, ya por la trde, nos colocaban en fila india y repasaban nuestra indumentaria para que pareciésemos muñecas peponas en un escaparate de una tienda de juguetes.

Recuerdo que el problema de los calcetines arrugados a la altura de los tobillos era de difícil solución -máxime porque la familia de una no era demasiado pudiente y no dejaba el 20% del presupuesto mensual para comprar los susodichos- y que, una tarde, mi abuela, cansada de que llegásemos a casa con una nota en la que se le recomendaba a mi madre -ojo, a mi madre solamente, que mi padre estaba para ser el cabeza de familia- que fuese más cuidadosa a la hora de vigilar nuestra forma de vestir, decidió que había llegado la hora de darle solución a tanto despropósito monjil.

Ni corta ni perezosa, puso en práctica algo que ella llevaba haciendo desde que tenía uso de razón para sujetar sus medias: cortó varias tiras de cinta elástica -sí, sí, de aquella blanca, de más o menos un centimetro de ancho y que se usaba para renovar las gomas rotas de las braguitas- y en cosa de media hora, nos hizo un par de minúsculas ligas de andar por casa, que una vez colocadas a la altura del final de la rodilla, se ocultaban de la vista ajena con el dobladillo del calcetín.

Fin de la historia.

Pdta. Todo este inmenso despliegue insustancial ha venido a cuento de que, una vez que he llegado a mi mesa de trabajo, me he colocado, a la altura de donde empieza la pantorrilla, dos elásticos de los típicos de oficina.

Salvada por la campana: he superado el tiempo del kit-kat en cinco minutos.

A reirse

Creo que soy de las pocas personas a las que no les molesta que sea lunes. Nunca me ha influido, para mal, el cambio entre el descanso del fin de semana y la rutina -porque siempre se vive de manera más organizada- de los restantes cinco días. O sea, que no me levanto de mal humor ni pongo cara de perro-lobo-feroz a aquellos que osan sonreirme a primera hora de la mañana de un lunes. Hoy me ha pasado algo curioso, o al menos poco habitual, o siendo más exacta, algo que, sino me falla la memoria, como mucho me ha ocurrido dos o tres veces en la vida: me he despertado y no sabía si era lunes, martes, sábado o domingo. No sabía si tenía que ir a trabajar. Claro, eso ha sido antes de que sonase el despertador, porque ha sido escucharlo y tener claro que lo siguiente era desperezarme y preparar el desayuno.

Independientemente de que mi humor no se estropee por eso de calzar un día llamado lunes, tampoco está de más el buscar añadidos para que la toma de conciencia laboral sea un poco más gratificante. Hace unos días, en Microsiervos, leí una entrada en la se hablaba de los chistes cortos y se intentaban dar explicaciones al porqué de su efectividad. Particularmente, nunca me han gustado demasiado los chascarrillos, porque, en muchas ocasiones, son soeces y tienden a burlarse y ningunear a los más desfavorecidos de la sociedad. Puede que sea una postura políticamente correcta y que sea una reacción cercana a la que ha puesto tan de moda el uso de los eufemismos, pero creo que eso de que el fin justifica los medios no es de apliación en estos casos: hay que reirse de todo, pero hay que saber hacerlo y tener un mínimo de dignidad. Por eso me gustan los chistes cortos, porque en ellos abundan grandes dosis de ingenio: basan su eficacia en el empleo de las múltiples signficaciones y en la identificación de concepto-icono representativo. En los comentarios dejados en la anotación de Alvy hay algunos realmente geniales, y un par que me arrancaron carcajadas cuando los leí. Una buena forma de empezar un lunes, sin duda. Sobre todo, porque aunque a mí no me influye, estoy empezando a sufrir los síntomas del "lunatis perniciosus" por aquello de la empatía y tal, :-)

Mascarilla, ¡YA!

Tengo un serio problema. Serio, serio. Vamos, muy serio. Creo que extremadamente serio.

Necesito algo parecido a esto:



La compañera del despacho contiguo, cuando vuelve de almorzar -ya sé que el almuerzo, en realidad, es la comida; pero por estos lares, a lo que se toma como tentempie entre el desayuno y la comida se le dice almuerzo-, pasa primero por el cuarto de baño, que está a unos 10 metros de mi lugar de trabajo. Intuyo que se debe volcar media botella de colonia -todo sea que se trate de perfume-, porque el halo que va dejando a medida que se acerca a mí es insufrible. Tengo la nariz abotargada... no lo soporto.

El olor permanece, y flota, y se recrea... y las nauseas me tientan y me remueven el estómago... :-( Lo peor de todo es que no es un hecho aislado, lo repite día tras día, como el que sacude un cojín antes de sentarse en su sillón preferido.

Debería existir una ley que prohibiese este tipo de agresiones a la dignidad olfativa... Es un insulto a la naturaleza.

El mejor chiste del día

Cuando lo he leido pensaba que era una broma. O una leyenda urbana para desprestigiar, más si cabe, al PP. Pero no, no era una leyenda urbana. Es verdad.

La barbaridad, esta vez, ha sido vomitada por Javier Arenas -el sonrisa Profidén- y debería incluirse -obligación, que conste- en la antología del disparate nacional -y sino existe el mencionada libro, no estaría de más el escribirlo para la ocasión-. Ha venido a decir que Urdaci y su equipo se merecen un monumento por la imparcialidad que han venido demostrando en su labor informativa a través de los medios públicos.

La noticia completa, aquí.

Se necesita tener caradura, morro, jeta, poca vergüenza, etc, etc, etc, para afirmar algo así de un hombre que ha sido condenado por manipular información. Además, con el agravante de que esa información concernía a la puesta en práctica de uno de los derechos más importantes que existen en una democracia: el derecho a la huelga.

¿Fue este tipejo el que dijo eso de "manda huevos", o fue Cascos?

De la Realeza y esas cosas

No voy a resistirme, no.

Lo traigo hasta aquí porque creo que tiene muchísima mala leche -para bien- y mucha gracia -para variar, gracias, Domperignon-:

"NUEVO DOGMA DE LA IGLESIA CATOLICA

Reunidos durante el ultimo fin de semana de enero los Obispos Españoles,
consideran como dogma la virginidad de Doña Leticia, ya que, segun
interpretan,los polvos que hasta ahora ha echado no son reales."

Avances tecnológicos

Kit-kat del almuerzo.

Llevo días dándole vueltas a algo que no termino de entender. En esta Santa Casa se compran los ordenadores como si fueran churros -exagero, pero el despilfarro en infraestructura, es a todas luces, desmesurado-. No se detienen en dilucidar si lo que adquieren va a ser realmente utilizado. Desconozco cómo se planifica -y eso que estoy donde estoy; me refiero a los parámetros que se siguen-, en el ámbito informático, una organización de este tipo, pero, a priori, con una simple ojeada, los recursos están infrautilizados, por no decir, arrinconados. Quizás fuese más lógico que los trabajadores no dispusieran de un ordenador personal, sino de una entrada, por acceso remoto -vía telnet, sino recuerdo mal- a un servidor central. Quizás, sólo quizás. O un PC con un paquete de aplicaciones básicas y poco más.

No es la primera vez que los compañeros me llaman para preguntarme por cosas que, de tan evidentes, descolocan. No se trata de reirse de ellos -ni mucho menos-, pero desde luego, chocan cierto tipo de preguntas. Ayer, sin ir más lejos, una compañera me llamó para que le registrará una incidencia -paso previo para darle una solución-. Como la persona que tenía que atenderle no estaba en este edificio, me dijo que "a ver sí tú lo sabes"... -temo esas preguntas, porque, por una parte, cuando a algunos les dices que no tienen otra que reiniciar la máquina, por ejemplo, no se fían; no sé qué tipo de marchamo habría que atribuirle a mis respuestas para que algunos compañeros se creyesen lo que les digo-. En concreto, vino a contarme que estaba intentando reutilizar un cd en el que tenía unas fotografías grabadas y que no podía.

Comprendí que asemejaba un disquette con un cd y que de la misma forma que un disquette puede sobreescribirse, pensaba que un CD también. Me costó Dios y ayuda el hacerle entender que tenía que emplear un dispositivo especial, y que un cd normal no servía. Su grado de confusión -el analfabetismo ofimático es cada vez mayor- llegaba al punto de no diferenciar un simple lector de cd's de una regrabadora.

La culpa, evidentemente, no es de ella, al menos, la mayor parte. La formación siempre corre a cargo del empresario -algo impepinable, pero tan ninguneado que provoca coraje- y lo que no se puede hacer es darle a una persona unas determinadas herramientas para que su trabajo sea más efectivo y no explicarle cómo emplearlas. No es lo mismo usar un CD-R para almacenar información que interesa conservar, que un CD-RW para luego machacar los archivos o actualizarlos.

Se pierde mucho tiempo por culpa del desconocimiento -o el miedo a equivocarse, que de eso también hay mucho-: mis conversaciones con algunos compañeros, a veces, rozan el subrrealismo.