De mayor quiero ser perra

Andaba yo, hace un rato, haciendo el tonto con la cámara. Cada vez me gusta más perder el tiempo, o no emplearlo en lo que supuestamente, las mujeres que cada sábado y domingo veo pasar bajo mi ventana, camino de misa, lo emplean -si después de releer cuatro veces la frase anterior, has sido capaz de comprenderme, te mereces ser propuest@ como el próximo académico de la R.A.E.-: hacer las camas, tender la ropa y dejarse la casa "peripuesta" por si vienen las visitas, :
Y esta vez, la tontuna me ha dado por fotografíar lo que veo cuando me levanto por las mañanas. Nada original, desde luego, pero como siempre me estoy quejando de la incomodidad espiritual que supone vivir al lado de la iglesia parroquial, no está de más que deje constancia de hasta qué -¿se acentúa?- punto me persigue la iconografía religiosa:

Y por si no queda claro que tengo a Santa Rita como "veladora" de mis despertares, le he dedicado una foto solamente a ella -no sea que vaya a enfadarse, que acabo de acordarme del dicho Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da, no se quita, y no me gustaría que, ya que me saluda, por no estar yo a la altura, me retirase la palabra-:

¿Y que tiene que ver todo esto con lo de "De mayor quiero ser perra"? Pues todo o nada, según se mire. Concatenación de pensamientos... Mientras hacía las fotos, Zas dormitaba debajo de la ventana, en MI sillón orejero -lo pongo en mayúsculas para que quede constancia de que, aunque parece que es suyo, no, no, es mío, de verdad- y lo he visto tan ¿feliz?, tan relajado, tan perro, que me ha entrado la vena filosófica y me he puesto a pensar qué haría yo si de mayor pudiese ser perra. Posiblemente, dormir como hace ahora él. Y sobre todo, insultar mucho, mucho. A base de ladridos. Crearía una sinfonía de improperios que se introdujese en el cerebro de los bienpensantes y se instalase allí, con tienda de campaña incluida, para ir haciendo mella, para dejarlos completamente vacuos -aunque algunos ya lo son-.
Me gustaría ser perra para que, si alguien se atreviese a insultarme con esa palabra, no pudiese sentirme ofendida.
Me gustaria ser perra para arrastrarme por el suelo y que nadie me pudiese decir que soy una miserable arrastrada de mierda.
Me gustaría ser perra... ¿para qué más? Seguro que hay muchas más cosas. Seguro.
Quiero una metamorfósis ¡ya! -pero que el maestro de ceremonias no sea Kafka, por favor, que sino me jode el invento con tanto padecimiento introspectivo-.













