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De espaldas

Nuevas fotos

...Edito para insertar una foto (25-5-04; 10:36 h.)

Como no podía ser de otra manera cuando a una le regalan un juguetito fotográfico que te permite hacer y deshacer a tu antojo sin necesidad de revelados y copias, este fin de semana pasado he hecho cerca de 60 fotos. Algunas con más acierto que otras y la mayoría, para olvidarlas en alguna parcelación del disco duro.



Abajo, a la izquierda, están algunos de los enlaces: sólo hay que darle a las fotos en miniatura.

Olé, torito, mi torito bravo

...lleva botines y no va descalzo...

La verdad es que bravo, lo que se dice bravo, no era. Pero imponer, imponía. Además, con eso de que estaba rodeado de sus hembras, el peligro era mayor, porque, la verdad, si los machos vacunos se comportan como los Busco a Jacques de dos patas, no hubiera sido nada extraño que en un arrebato de Yo soy vuestro Único Toro, le hubiera dado por salir detrás de mí como si llevara una semana sin comer y hubiera confundido mis redondeces con balas de alfalfa prensada.



Las vaquitas haciendo de modelos accidentales.



Mirando de reojo...



¡A que te como!

Mujeres perfectas



Cada vez estoy más convencida de que, desde el momento en el que, por la circunstancia que sea, una fija más la atención sobre un asunto en particular, la información sobre éste, te llega a las manos como si del mismísimo Maná se tratase. En ocasiones tengo la sensación de que sí que existe una mano divina que intercede para que esto ocurra, aunque si he de ser sincera, hace ya tiempo que una amiga psicóloga me explicó que estas situaciones se daban porque se desarrolla una percepción especial hacia el referente deseado; en definitiva, se está mucho más receptiva, se activan los radares para permanecer alerta.

¿Y a santo de qué viene esta reflexión matutina de café de calcetín -o sea, de máquina-? Pues a que mientras esperaba a que una compañera terminará de atender a un ciudadano para poder explicarle un trámite que ella desconocía, he cogido de encima de su mesa un diario gratuito y le he echado un vistazo. Nunca antes había caido en mis manos ese periódico -de hecho no tenía ni idea de que existía- y la mirada se me ha ido directamente al nombre de una sección que ha resultado ser una columna de opinión: "Carpe Diem". La de hoy habla sobre las revistas de mujeres. Me ha hecho gracia, porque hace días que llevo dándole vueltas al incremento -al menos a mí me lo parece- de anuncios publicitarios sobre este tipo de publicaciones. Intuyo que esto ocurre porque se acerca el verano y por desgracia, con él vienen de la mano toda una serie de reglas adaptadas a la sociedad a fuerza de restringir la autoestima de muchas féminas.

Todavía recuerdo la época en la que estuve enganchada a Dunia -desconozco si se sigue vendiendo-. En casa de mis padres apostaría a que todavía debe de quedar algún ejemplar extra con multitud de recomendaciones para ser la más mejor del mundo mundial del universo supra-universal de todas las galaxias existentes. Cuando comencé a comprarla tenía 14 años y dejé de hacerlo a los 21. Tiempo más que suficiente para que el mensaje que se enviaba a todas las lectoras fuese haciendo su camino en mí: modifiqué la forma de comportarme y, lo más importante, la forma de ver la vida y las cosas que me rodeaban para asemejarme, cuanto más, mejor, a todo aquello que se reflejaba en el papel couché -como si fuera la única Verdad Suprema-. Puede resultar innecesario que diga lo perniciosas que pueden llegar a ser este tipo de plubicaciones -más si caen en manos de una adolescente-, pero tampoco está de más: perfección estética, perfección estética y perfección estética. No existe otra cosa para estas revistas. Bueno, sí: sé la mejor trabajadora, la mejor madre, la mejor amante, la mejor amiga, la mejor compañera, la mejor hija, la más guapa, la más delgada, la más elegante, la mejor cocinera, la más ocurrente, la más divertida, la mejor... la mejor de TODO. No sigo, porque Joaquín Serrano, el autor de la columna que he citado más arriba, lo cuenta mucho mejor que yo:

Me encanta leer, y si no tengo nada mejor, leo cualquier cosa. Con esta excusa le eché mano a unas revistas que compró mi señora sobre cosas de mujeres, no las de malicioso cotilleo, sino de esas que interesan a las chicas enrrolladas. Había reseñas de libros y discos, indicaciones de viajes prometedores y restaurantes deliciosos que están de moda, ¡ah amigo! y ese es el quid, la moda, y aquí empiezo a alucinar, porque dogmatiza sobre lo que tienes que hacer si quieres ser “fashion”: primero, cuerpo perfecto, y siempre joven, culo de mármol, masajes a todas horas y cosméticos a montones.


Las prendas de ropa, todas de marca y carísimas. El sexo, bueno, no parar, te explican cómo ser deseable, que las mujeres agresivas sexualmente triunfan en la vida, y que el deseo se contagia, cómo dura más el orgasmo, y los sitios del placer, mujer X y punto G, disfruta del vicio.


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Terra Mítica o de cómo se hundió el barco de Zaplana



Era de esperar... Pero resulta tan triste, tan desesperanzador saber que al máximo responsable de esta debacle -por lo que desde el comienzo tuvo de despropósito-, no se le van a pedir responsabilidades judiciales, ni que él, personalmente, va a tener que apechugar con todas las deudas que su afán de protagonismo nos ha acarreado a los valencianos, que poco más se puede decir después de leer la noticia de la declaración de suspensión de pagos del parque temático Terra Mítica.

Un proyecto faraónico levantado, para mayor gloria del que por aquel entonces era el Presidente de la Generalitat Valenciana y con anterioridad alcalde de ese municipio, en una zona de secano, en la que siempre ha habido necesidad de aporte de agua por lo que el turismo ha supuesto para Benidorm, y financiado desde sus comienzos por capital público -luego se fue privatizando hasta su totalidad, sino recuerdo mal- no era ni es una buena forma de entender las necesidades de ocio de los ciudadanos.

Soluciones para todo



Haciendo una limpieza de la carpeta que tengo en el ordenador del curro para tonterías varias y estupideces habituales, me he encontrado con esta simpática foto. Hace casi dos años que me la envío un amigo -Domperignon, como siempre, :-D - y recuerdo que la empleé para gastarles una pequeña broma a los compañeros del departamento de Infracciones Urbanísticas.

A ver si desencajamos un poco la mandíbula, después de leer las noticias de hoy, que es que una está ya un poco harta de ver la expresión, en los titulares de los periódicos, "víctimas de la violencia doméstica". Y sobre todo, a ver si esta predisposición a la carcajada que ahora mismo tengo me hacer ver con buenos ojos lo que esta noche va a suceder en la capital y en los pueblos de alrededor... bueno, para no quedarme corta, en toda la Comunidad Valenciana: petardos y petardos y si gana el Valencia Club de Fútbol, va a ser como para meterse debajo de la cama... ¡Qué horror! Y enfrente de mi casa vive un exjugador de ese equipo que ya cuando se ganó la Liga puso una bandera de parte a parte del balcón que daba absoluto pavor... ¿qué colocará ahora si gana esa copa de no sé qué?

"Feminismos y reacción"

Encontré el capítulo del ensayo Solas de Carmen Alborch, al que hacía referencia en un comentario a la entrada de hoy, "El rey del mundo". Transcribo algunos párrafos que, al menos para mí, esclarecen en gran manera la tergiversación que, por parte de la sociedad en general, se hace hoy en día del movimiento feminista y del espíritu de reivindicación que, más tarde o más temprano, nace en la mayoría de las mujeres:

... Sin embargo, no podemos ni debemos ignorar la realidad, porqqe el llamado triunfo de la mujer puede anestesiar la conciencia de la desigualdad, ya que, como repetimos insistentemente, frente a la igualdad legal existe la desigualdad real. Las mujeres no ocupamos o participamos del núcleo duro del poder, ya sea económico o político, y el acceso a los máximos niveles de responsabilidad sigue estando para ellas lleno de obstáculos, e incluso vedado, de manera que el principio por el cual a igual trabajo corresponde igual salario no se plasma de forma generalizada.

... Por todo ello parece claro que el feminismo, aunque tenga ya una historia, no es sólo historia, y sus objetivos no atañen exclusivamente a las mujeres, sino que su consecución es requisito imprescindible para la construcción de una democracia más plena y verdadera. Es, como diría Victoria Camps, entre otras, una tarea de interés común. A pesar de ello, y aun siendo conscientes de que el poder no se cede o se comparte sin resistencias, y de las nuevas argucias o estrategias que pueden inventar quienes las detentan, a las mujeres nos gustaría poder hablar con posibilidades de éxito y verosimilitud de un nuevo contrato social entre hombres y mujeres que llevara a compartir los derechos y las responsabilidades en las esferas públicas y privadas, a sabiendas también de las dificultades que un pacto así puede tener cuando una de las partes ocupa todavía posiciones de subordinación, lo que la lleva a rechazar y denunciar constantemente todo lo que sea un impedimento para la igualdad. A esto no debe ser en absoluto ajena, desde luego, la acción política, que necesariamente ha de impulsar políticas activas de apoyo a las mujeres con el fin de seguir progresando y evitar retrocesos. Porque en este ámbito nada es neutral ni automático, ni tan siquiera en el seno del llamado Estado del Bienestar.


...Efectivamente, se ha llegado a afirmar que la liberación de la mujer nos ha quitado aquello en lo que se apoya la felicidad de la mayoría de nosotras: los hombres. Que hemos perdido terreno en lugar de ganarlo y que estamos en un callejón sin salida. El feminismo -se dice- es culpable de la crisis de identidad de las mujeres, obviando, entre otros, el hecho de que las crisis a veces también son necesarias. Pero no es que reivindiquemos nuestra condición a ser tratadas como seres humanos y nos coloquemos en la cima del mundo, como afirman los mensajes que esquematizan el movimiento feminista, sino que buscamos formar parte de él dignamente, intentando superar la discriminación más antigua y más injusta de la historia, la que se basa en la mera pertenencia a un sexo y no aplica un principio básico de la modernidad: el principio de igualdad.

Estos mensajes, que tan extensa y profundamente desvela Susan Faludi, en su obra "Reacción: la guerra no declarada contra la mujer moderna" -ganadora del premio Pulitzer-, tras analizar medios de comunicación, series televisivas y películas que reproducen, lanzan y afianzan unos determinados modelos, conforman una reacción antifeminista que se relaciona con el neoconservadurismo de Estados Unidos y que no se desencadenó precisamente porque las mujeres hubieran conseguido plena igualdad con los hombres, sino porque parecía posible que llegaran a conseguirla. Se trata de un golpe anticipado que las frena mucho antes de que lleguen a la meta. Pero, además, ¿de qué igualdad hablan? Si la pobreza es fundamentalmente femenina, si los salarios de las mujeres son más bajos, si se nos intenta manipular constantemente, si somos víctimas del abuso y la violencia sexual, si las verdaderas instancias del poder permanecen en manos masculinas, si seguimos sin compartir con los hombres lasa responsabilidades públicas y privadas.

Hacer del feminismo un enemigo de la mujer contribuye a los fines del neoconservadurismo cuyo objetivo es propiciar que cierto número de mujeres se vuelva contra su propia causa. Como escribía en 1913 Rebecca West, "no he podido descubrir exactamente qué es el feminismo: lo único que sé es que la gente me llama feminista cada vez que expreso sentimientos que me diferencian de un felpudo". La propuesta del feminismo es muy simple: que no se oblige a las mujeres a elegir entre la felicidad privada y la justicia pública, y que tengan libertad para decidir por sí mismas acerca de su identidad -y no que sea definida por la cultura de la que forman parte y los hombres con los que conviven-.

El rey del mundo

Así titula Maruja Torres su columna del domingo pasado en el suplemento de El País: "El rey del mundo". ¡Cuánta razón tiene esta mujer! Mientras la leía, tuve la impresión de que de una u otra forma ella ha tenido que sentir exactamente la misma impotencia que yo cuando, al hablar sobre la igualdad de la mujer y apuntar ciertas situaciones que todavía son aceptadas por la mayoría de la sociedad como algo bueno y hasta lógico, la gente que participa en el debate te responde que estás extralimitándote y que eres una exagerada. Por supuesto, el remate a esa descalificación carente de argumento, lo colocan añadiendo: "el feminismo está muerto, estás desfasada".

Si reivindicar que existen enormes desigualdades culturales -la paridad, aparte de ser injusta (aunque necesaria) tiene como consecuencia que el resto de medidas se olviden, porque parece que ya está todo hecho-, fruto de una educación sexista es estar desfasada, apaga y vámonos...

Acá dejo los últimos párrafos de la columna:

"

... Por lo demas, escuchábamos y asumíamos con toda naturalidad las letras de los tangos, de los boleros y coplas que nos instruían en la maldad de la Mujer, carne de puta y de traición; en la bondad de la Madre, y la superioridad inapelable del hombre, Rey de la Creación condenado a sufrir algún que otro momento de debilidad por culpa de una de las lagartas contra las que ya le previno su santa madre.

Los malos tratos de entonces no trascendían. La ley franquista amparaba al macho. ¿Mataban ellos a sus mujeres como lo hacen hoy? Había mucho "crimen pasional" en los periódicos, creo recordar. Siempre en una dirección, de ellos a ellas. Si era al revés, se llamaba asesinato. Pues que la mujer sintiera pasiones tampoco estaba bien visto.

Tantos años después, han cambiado las músicas y las letras, pero siguen vigentes ciertos mensajes fundamentales que contribuyen a la construcción del modelo de futuro espécimen masculino frustrado. Los anuncios: coches y todo tipo de artilugios pra quienes triunfan en la vida, mujeres que aparecen junto a los cohes y a los artilugios como si admiraran y amaran para siempre al hombre que los posee.

Y las madres. Veo a algunas en el parque de juegos que tengo cerca de mi casa: "Corazón, no hagas caso de tu hermana; anda, súbete al trampolín". "Nena, deja a tu hermano en paz, ¿no ves que es más pequeño, que es un chico? Anda, dale la pelota, no seas boba". ¿Se prolongan esas actitudes en casa? ¿Se inocula la idea del triunfo futuro al que todo hombre tiene derecho por el simple hecho de existir y de ser el hijo de su madre; la incapaz de perdonarse por fracasar; la futura rabia, desviada hacia quien les abandona?

"Mamá, mira, he quemado el piso con esa zorra y sus hijos dentro. Mamá, ¡soy el rey del mundo!".





Addenda 13:49

Como tiene que ver con el asunto que se trata en la entrada, la amplío, aunque no esté relacionado, estrictamente, con la columna de Maruja Torres: en la Comunidad autónoma valenciana se ha constituido un foro contra la violencia doméstica y curiosamente han excluido a las asociaciones de mujeres para no discriminar a ninguna, ya que, según los "organizadores" son tantas, que a la fuerza, alguna se les debería de pasar por alto.

¡Manda narices! Se necesita ser... mejor me callo...

El peso de la religión



Una va, entra, sale, vuelve, camina, pasea, y de repente, sin una razón aparente, una gira la cabeza y su vista se detiene en una combinación de desidia y deseo, que convierte el ansia por las antigüedades en un sacrilegio digno de una excomunión hereditaria en la época franquista.

La foto es borrosa, pero tengo la sensación de que el olor a rancio, a humedad sometida a cerrojo, se disolvió, de repente, en un vapor ascético.

Mi madre les llama trastos viejos, yo... yo no sé cómo llamar a este cúmulo de cosas inservibles que juegan a emparejarse de manera harto complicada.

Señor amo



La pared es cárcel.

El pasillo inacabado

se aletarga en los días de calor asfixiante.

Como él.

Que murmura.




Tres golpes sobre la imitación de seda.

Dos miradas de rojo que salpica.

Una palabra bajo el llanto del cuchillo.

Como ella.

Que enmudece.




La evidencia no viste hilos de oro.

Una buena noticia

Me acaba de llamar mi hermana para decirme que Carlos está de camino a La Fe.

Carlos tiene ocho años y ya lleva casi uno en dialisis. Nació con un grave problema de insuficiencia renal -estuvo a punto de morir- y se sabía, desde hace tiempo, que iba a necesitar, tarde o temprano, un trasplante.

Les han avisado hace una hora, más o menos. Es una buena noticia. De las mejores que recuerdo si recurro a un vuelo fugaz por mi pasado. Me alegro por él, mucho. Y sobre todo, por Isabel, su madre; que ha tenido una de las vidas más duras que yo conozco y todavía es capaz de sonreir. Sé que la procesión la lleva por dentro y que muchas cosas las deja pendientes para cuando llegue el momento de echar su freno de mano y ver qué está haciendo con su vida. Pero ahora mismo, tiene que ser una de las mujeres más felices del mundo.

Espero saber algo mañana. Cristina se va a quedar con ellos porque Carlos siempre dice que mi hermana es su enfermera particular.

Imposible imaginar, después de la tarde tan complicada que he tenido, que iba a irme a dormir con un grato nudo en el estómago. Sí. ¡Qué cosas!

Malos humos

Estoy atacá. Llevo una mañanita... Un día de estos contaré la odisea que supone comprar unas entradas para un espectáculo, cuando éste genera mucha expectación y existe un elevado número de gente pendiente de que se abra el plazo de venta, amén de que, después de la aventura cibernética, te cobren 1,80 € de gastos de gestión cuando resulta que la que está pagando por la conexión eres tú...

A lo que iba: a las siete y media, cuando estaba paseando con Zas, he podido comprobar hasta qué dónde puede llegar un hombre cabreado porque le hayan aparcado un coche delante del suyo.

El señor en cuestión ha intentado mover el vehículo pero éste tenía puesto el freno de mano y no ha habido forma. Acto seguido, se ha acercado al suyo y ha comenzado a dar bocinazos de manera continuada y carentes de ritmo -hubiese sido de agradecer-. Como el dueño del que estaba mal aparcado no aparecía por allí, se ha dedicado a lanzar improperios cada vez más subidos de tono y no contento con eso, ha iniciado una especie de remodelación de la chapa del coche -imagino que no le habrá gustado el aspecto que tenía- a base de puñetazos en el capó y patadas en los laterales y puertas. Ni que decir tiene que ha modificado la apariencia del vehículo en menos que canta un gallo: lo ha dejado monísimo de la muerte. Por supuesto, entre patada y patada, ha intercalado series de toque de bocina en do mayor.

He estado tentada de decirle algo, pero ante tamaña exhibición de malos humos, he pensado que lo mejor era darme un punto en la boca y piernecitas para que os quiero.

Sé que fastidia mucho que un vehículo mal aparcado te cierre el paso, sobre todo, si el tuyo sí que está bien estacionado. Sé que cuando uno se va a trabajar por las mañanas va con prisas y un contratiempo de ese tipo te puede partir el día antes de haberlo casi comenzado. Sé que la desfachatez del otro conductor es incuestionable, porque si al menos lo hubiese dejado sin el freno de mano, con un empujón para desplazarlo, el problema se hubiese solventado. Sé... muchas cosas, pero creo que la reacción del conductor ofendido ha sido desmedida. Si lo que pretendía era incordiar o molestar al dueño del vehículo mal estacionado, con llamar a la policía, arreglado - a esas horas acuden rápido, me refiero a la PM y a la grúa-; además hubiese matado dos pájaros de un tiro: por una parte, una multa y la retirada del vehículo y por otra, él hubiese podido irse porque el camino se habría quedado libre.

Ya digo que no sé en qué términos se habrá resuelto el incidente, pero el vandalismo está penado...

La ablación a la vuelta de la esquina

Llevamos ya varios días viendo y leyendo sobre las torturas que los soldados -americanos en su mayoría- que invadieron Irak el año pasado han aplicado a los presos iraquíes en una cárcel, que en el pasado cercano de Sadam, ya era siniestra. Hoy nos hemos desayunado con la noticia de que a uno de los rehenes civiles norteamericanos que los grupos extremistas de este país tenían secuestrados, lo degollaron y decapitaron mientras se rodaba un vídeo en el que él estaba hablándole a un hipotético público sobre su familia. Como justificación a esta atrocidad, los terroristas han afirmado que esta ejecución responde al "ojo por ojo, diente por diente", en relación a las torturas mencionadas más arriba.

No creo que una se pueda inmunizar ante tanta barbarie, es imposible. Aunque la lejanía consigue que la vivencia de estos despropósitos se sienta de otra manera... parece irreal, por decirlo de alguna forma. La información acaba convirtiéndose en una nebulosa en la que se confunden las fuentes, lo informado, lo real y lo que se ha intentado manipular. Y no alcanzo a vivir esa repugnancia e indignación con la intensidad con la que podría hacerlo si eso mismo estuviese ocurriendo aquí, a cuatro quilómetros de mi casa. Puede parecer una crueldad, o que ando escasa de compasión o de sentimientos o de conmiseración... no sé, creo que es un mecanismo de defensa: ante tanta incongruencia, sólo cabe ponerse el escudo y distanciarse. Pero... pero... existen situaciones de vejación humana que no nos son tan ajenas, que no resultan tan lejanas. Están aquí, al ladito de casa, y resulta sorprendente ver la pasividad con que estas situaciones se dejan pasar de largo: me estoy refiriendo a la práctica de la ablación del clítoris. Parece que sea algo que aquí, en España, no ocurra... de hecho, la ablación no se realiza en territorio español, desde luego; pero la circunstancia de que las niñas a las que se les realiza sean residentes en este país, es motivo suficiente como para que se les intente proteger y se persiga, penalmente, a los responsables de su educación.

Ya no se trata de velos ni de no practicar deporte en la escuela por no emplear la indumentaria requerida, no. Se trata de mutilar a unas niñas por el mero hecho de que son mujeres con unos órganos sexuales, que aparte de ser reproductores, pueden producirles placer. Y eso es mucho más importante que cualquier otra cuestión, tiene prioridad absoluta sobre el cómo y cuándo se ha de integrar el inmigrante en las escuelas españolas.

Fugitivo

Hay un paraguas marrón apoyado en el cristal.

Y un cartel que dice que no vuelves hoy.


Llueve.

Sin piedad.

Con rabia.


La recta busca un ángulo obtuso.

Quiere coserse a sí misma

y un plano la convierte en un nombre estúpido

que nunca tendrá un paralelo.


Llueve.

Con piedad.

Sin rabia.


Hay una chaqueta azul encima de la mesa.

Y un sobre abierto que sólo contiene desamor.





Addenda 12 de mayo, 14:44
He retirado la fotografía con la que encabezaba esta entrada porque en este caso, en la página de procedencia, sí que se especifica que es necesario el consentimiento previo del autor para poder emplearla.

Impaciente



Parezco una cría... lo sé. No hago otra cosa que entrar en la página que me interesa para ver si la han actualizado. Acabo de entrar y he visto que sí, pero no se ve bien. ¡Una programación quiero! Argggg, ¡qué horror!

Van casi todos los enlaces, pero justamente el que lleva a la programación, no.

Parece mentira... es tan difícil de explicar... bué, da igual; sé que no ando bien de la cocotera.

¿Acabaré loca?



Creo que a este paso, sí. Esto no es normal, y si lo es, ahora mismo le pido a mi jefe que recalifique mi puesto de trabajo y que me ascienda, por lo menos, dos categorías más.

Primera pregunta: "Oye, mira... es que necesito escribir en apaisado y no sé como". Deduzco que se refiere a un documento word, claro. Que digo yo que nivel de conocimientos de word se necesita para saber colocar la página en horizontal o vertical... seguramente será el de especialista avanzado.

Segunda pregunta: "Oye... que quiero guardar unos documentos de word en un cd pero no encuentro la opción para hacerlo". Le inquiero: "pero... ¿tu PC tiene grabadora?". Me dice que no sabe qué es eso. Compruebo, en la BD que, efectivamente, no tiene grabadora. Le explico que los cd's no funcionan como el dispositivo de los disquettes, que lee y guarda a la vez. "¡Ah! pues vaya tontería... ¿entonces para que ponen lo del lector sino sirve para nada?".

¡Qué injusta es la vida, de verdad!.

El efecto placebo



Desde el jueves pasado hasta ayer por la tarde me he quedado a dormir en casa de un familiar -es una tía abuela- para atenderla porque la persona que habitualmente está con ella se encontraba de viaje por el fallecimiento de un amigo íntimo. A ratitos venía a casa, pero casi todo el tiempo he estado allí.

Mi primera sopresa llegó cuando el jueves se empeñó en decirme que el Efferalgan que la médica le había recetado no le hacía nada de nada -el principio activo es paracetamol, suministrado en sobres de 1000 mg.-, que prefería tomarse Termalgín -también es paracetamol, pero las dosis son menores: 500 mg. por pastilla-, que le hacía mucho más efecto.

La médica la visitó el viernes por la mañana y le cambió el Effleralgan por otro analgésico idéntico, salvo por el nombre comercial: hasta la misma dosis. Según me explicó mi tía más tarde, la médica le insistió en que este era nuevo y que seguro que notaría la diferencia.

Después de comprarlo en la farmacia, y ya preparada para quedarme la noche del viernes allí, me entretuve en comparar los prospectos de uno y otro: lo mismo, con la única diferencia de que el primero es una pastilla efervescente y el segundo es un sobre para diluir con agua -o sea, que no hace burbujitas-. Hasta la cantidad en la dosis es la misma en ambos casos: 1000 mg. Ningún añadido de extractos de vitaminas ni mezclas con antiinflamatorios; nada de nada.

Al ratito de estar con ella, mientras yo le daba a la aguja, sujetando los pliegues de una cortina que llevo entre manos ya ni se sabe cuanto tiempo, la noté algo nerviosa: no paraba de suspirar. Me conozco los síntomas: ansiedad pura y dura. Le recomendé que bebiera agua y que intentase respirar a través del estómago... pero me di cuenta de que eran consejos caidos en saco roco. Me pidió que le hiciese una tila y hacia la cocina que me fui para preparar la tisana.

Tuve un pequeño problemilla con el que no contaba: no quedaba tila. ¿Y ahora qué hago yo?, me dije. Sencillo: callarme y preparar otra cosa, y sobre todo, confiar en que no reconociese el sabor. Calenté el agua y mientras tanto preparé dos bolsitas de manzanilla, a los que les quité el cartoncito en el que se indica qué tipo de hierba contiene el preparado. Se lo serví y me senté a seguir con la costura, que entre puntada y puntada, la relajación se va colando por la frente y acaba instalándose en la nuca agarrotada.

A la hora y media le pregunté sobre su ansiedad y me respondió que era increíble lo que podía hacer una tacita de tila... "para que luego digan que las plantas no son beneficiosas y que eso son cosas de curanderos".

Llegó el momento de irse a dormir, y tras tomarse las doce pastillas reservadas para el horario nocturno, le tocó el turno al analgésico nuevo. Me levanté dos o tres veces, de madrugada, para ver cómo dormía y estaba completamente "grogui". Se despertó a las nueve y media de la mañana, cuando habitualmente, a las siete de la mañana, y siempre según ella, no puede dormir más.

Cuando nos sentamos a tomarnos el desayuno, se me quedó mirando, me sonrió y me dijo: "Lo que hace un medicamento, ya ves, ya no sé cuando fue la última vez que dormí hasta tan tarde; no me he enterado de nada en toda la noche; estos sobrecitos van a ser mi salvación". Ni que decir tiene que ya no insistí en que era el mismo principio activo, en que no existía ninguna diferencia entre uno y otro. Entendí, entonces, a la médica. Cuando supe que le había cambiado el analgésico por otro exactamente igual y que ella misma le había dicho que iba a notar la diferencia, me enfadé. LLegué incluso a pensar que mentirle a una anciana no resultaba ético, y menos viniendo de la facultativa responsable de su salud. Pero en la mañana del sábado me percaté de que había echado mano de su capacidad de persuasión y había confiado, a su vez, en el poder de autosugestión de su enferma.

En resumidas cuentas, que tengo la sensación de que muchos medicamentos sobrarían si fuésemos capaces de entender que el dolor y el malestar no sólo depende de una patología física.

Y que es completamente cierto eso que dicen "le han dado gato por liebre y ni se ha enterado".

Retazos

...En casa, mientras hacía una cosa y otra, ha sonado el teléfono varias veces. Una vez era mi madre, que se pasa el día sentada en su butaca mirando la pantalla de la televisión y se aburre y se deprime porque ya no puede salir sola a la calle, y le gustaría que yo fuera a visitarla y a distraerla. Cuando he colgado el teléfono es cuando le he hablado de verdad y le he dicho todo lo que nunca le diré porque, conforme el tiempo avanza, mis propias razones y argumentos se van debilitando, y ya no me siento con derecho a hacerle reproches a mi madre, a decirle que hubiera podido organizar su vida de otro modo, y tratarme y considerarme de otro modo, de manera que sé que nunca conseguiré hablar con ella de verdad, porque ya no hay verdades entre nosotras sino una red de necesidades, de apegos, de recuerdos.


...Lo que veo con toda claridad es la tarde en que me cité con él en el bar de enfrente de la oficina, y sé lo nerviosa que me sentía al salir de casa y mentir, diciendo que había trabajo atrasado y que no me podía tomar la tarde libre. Me tiembla la voz cuando miento, me tiemblan las manos y hasta las piernas, y si alguien me mirara fijamente estaría dispuesta a confesar toda la verdad, pero, asombrosamente, nadie se da cuenta y así yo miento de vez e ncuando sin que nada se derrumbe.


Extraidos los dos párrafos del cuento "La necesidad de marcharse de todos los sitios", incluido en "Gente que vino a mi boda" de Soledad Puértolas

Cuadernos de caligrafía



- Sin tinta -

El límite siempre está por llegar.

Una margarita muere cuando es arrancada de la planta.

La deshojas y aparece un hermoso cadáver.

Desnudo.

¡Extraño tributo a la belleza!


- Borrones -

Cambio tras cambio.

Sin contraprestaciones.

El suspiro vacía mis pulmones

y mi tiempo se llena de esperas.

Interminable.

Busco con ansia una afirmación sin subordinadas.

Nada de condicionales.


Sé que amo.

Solté los tornillos de los portones

que permanecían firmemente cerrados.

Sólo para mí eran esas prohibiciones.

Encontré las herramientas

con las que debilitar a los profesionales.


Llamé a voces a mi sombra.

Ha resultado ser más fuerte que su propia dueña.

Permanece.

Al mirar hacia mis pies la encontré arrebujada entre mis zapatos.

Tuvo que ser ella la que, con un golpe seco,

cortase el nudo con el que el rey de Frigia

me sometía esclavizada a un carro del que yo quería escapar.


Sé que conozco.

Adopté como hijos naturales los nombres viejos de las cosas.

Mi vocabulario es reducido.

Por eso he de recurrir a los gestos pausados de mi alma.

Tengo una caligrafía casi perfecta.

De tanto repetir "mi mamá me mima, mi mamá me ama".


Soy recurrente.

Tropiezo contra los mismos obstáculos,

una y otra vez.



He comprado un par de lápices.




Addenda 9 de mayo, 10:55 h.
Acabo de hacer algunas modificaciones al poema: alguna que otra cacofonía y expresiones que le hacían perder fuerza. El original lo escribí hace tres años y ayer lo rescaté de Atramentum -a ver si consigo traerme poco a poco todo lo que allí me publicaron- y antes de mostrarlo aquí, también le di unos retoques. De ahí el escribir sin tinta y los borrones, :-)

"Tú y el ruido"

No es tristeza, no es malditismo, no es noche oscura: es, sencillamente, sentimiento.

Lo traigo hasta aquí porque me ha gustado mucho. Mientras, suena, a diez metros de aquí, la fotocopiadora, como si fuese una locomotora que no sabe dónde está el final. No hay espacios para que el ruido se empaquete. Una lástima...

"Me gusta mi jefe"



(Aclaro que la de la foto no soy yo. )

Todavía estoy perpleja. Una de mis compañeras, hace un rato, me ha llamado para que acudiera a la máquina del café, y así poder tomarlo juntas y allá que me he ido. Entre sorbo y sorbo -al tercero ya no queda- me ha dicho que está sintiendo una atracción un tanto preocupante por su jefe. Me he quedado patidifusa, pero no se lo he hecho ver, porque tampoco es cuestión de fastidiarla más si cabe. El individuo en cuestión es lo más cercano que he conocido en mi vida a un tirano en toda regla, con lo que no soy capaz de encajar las piezas: no consigo ver dónde o en qué radica el atractivo de este hombre.

Hace cosa de dos semanas, otro compañero -éste de mi departamento- que lleva aquí casi un año, me preguntó, algo extrañado, que cuántas parejas había trabajando con nosotros. Cuando empecé a enumárselas, se quedó perplejo. Me explicó que en las empresas en las que él había estado antes -privadas- nunca había visto relaciones de pareja entre los empleados, y mucho menos, entre trabajadores de distintas categorías -como es el caso aquí-. No sé realmente si es algo bueno o contraproducente...

Recuerdo que una persona a la que conocí hace varios años, que tenía un elevado cargo en la empresa en la que trabajaba y en la que pasaba casi doce horas diarias -o más-, no paraba de repetir una típica frase "donde tengas la olla no metas la polla", porque entre sus subordinados -y también entre los altos cargos, pero con menor asiduidad-, eran frecuentes los escarceos amorosos, y de alguna manera, las desavencias posteriores repercutían en su labor. Dicen que para una frase tópica o refrán, siempre existe una contraria que viene a desmentir la afirmación de la primera, y en alguna ocasión le recordé aquello de "nunca digas de esta agua no he de beber". Pasados un par de años supe que estaba viviendo con una mujer a la que él mismo había entrevistado para su departamento, y que comenzó allí como becaria. Creo que ahora son muy felices, :-) Intuyo que algunos vasos del líquido elemento se tuvo que tomar, :-P

No sé qué pensará hacer mi compañera al respecto. Puede que no pase de una simple atracción, pero se acerca el día de Santa Rita -el 22 de mayo- y la comida en la que se reúnen todos los funcionarios da para mucho... -el descontrol después de los cafés con la barra libre y el baile tipo verbenilla es una prueba de fuego-.

A mí me daría algo de miedo, la verdad. Entre otras cosas, porque si la historia no funciona y existe distanciamiento y dificultad en la relación posterior, es muy complicado estar viéndose cada dos por tres: aquí la movilidad en los puestos es reducida. Si tienes mucha suerte, puedes irte a un edificio de servicios descentralizados, pero es harto improbable. Con todo, ya pasé por ahí y menos mal que el chico en cuestión trabajaba en otro edificio y los horarios no coincidían casi nunca...

He encontrado un artículo en el que una pareja habla de los beneficios que se alcanzan trabajando juntos y siendo pareja a la vez, y un reportaje en el que tres parejas analizan los pros y los contras de compartir el empleo. Sé que existen estudios/estadísticas encaminadas a analizar las profesiones en las que se da esta circunstancia con más frecuencia, pero ando escasa de tiempo. A ver si luego tengo un ratillo y me pongo a buscar, :-)

Addenda 13:16

He encontrado un interesante artículo sobre la cuestión, titulado "Romances en la oficina". Dejo el párrafo introductorio:

"Romances en la oficina
Por Roisin Woolnough

En Estados Unidos y Gran Bretaña, las oficinas de personal de las empresas están cada vez más preocupadas por los noviazgos en el ámbito laboral. Incluso, hasta redactan contratos que prohíben los "affaires" de oficina

(Clarin) - La mitad de los británicos conocen a sus futuras parejas en el trabajo, cosa que no entusiasma para nada a los departamentos de recursos humanos de muchas empresas, a cuyos jefes no les gustan nada los romances de oficina. Según una encuesta del servicio de empleo online del estudio legal Fox Williams, de Gran Bretaña, una de cada cinco compañías ya siguen políticas de comportamiento formales o informales en caso de que sus empleados se enamoren en el trabajo, mientras que otro 20 por ciento está considerando implementar medidas en la materia, incluida la posibilidad de exigir a los recién ingresados que firmen un contrato en el que aceptan ciertas pautas de comportamiento al respecto."

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