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De espaldas

Los desvaríos de Mister Solmanía

¿Si rezo un padrenuestro, yo que ya ni recuerdo cómo se hacen esas cosas, servirá para que los políticos del PP vean la luz de una vez por todas? Es que si es necesario hacer un esfuerzo de esa envergadura, lo hago. Lo que haga falta para que estos prohombres sepan, de una puñetera vez, qué significa ser responsables y consecuentes de sus actos -aunque éstos sean hablados-.

Lo de Zaplana tiene tela: este hombre ha tenido que trabajar como secretario o relaciones públicas de Aramis Fuster o Raphel, seguro. Tanta manifestación con tono de afirmación, es más, con tono dogma de fe, sólo puede haberlo aprendido en un locutorio esotérico.

Las últimas declaraciones que este hombre ha hecho en Telecinco son un cúmulo de desvaríos que merecen ser leídos como el epílogo que Aznar hubiera deseado para sus recientes memorias.

Addenda 13:28

En Escolar ya se está hablando sobre estas declaraciones. Lo de culpar al PSOE de los atentados del 11M vía Rafael Vera es propio de una encajera con matrícula de honor.

La familia de Zas

Sé que va a sonar a guasa, pero es la pura verdad...

Hace un tiempo, por cuestiones personales, tuve que hacerme cargo, al cien por cien, del cuidado de Zas. Hasta entonces, pasaba medio día en casa de mis padres -las siete horas del trabajo- y el resto, conmigo.

Cuando comenzó a quedarse solo en mi casa, acostumbrado como estaba a tener compañía a todas horas, lo pasó mal -o eso parecía, porque lo cierto es que yo no lo veía-. Mientras se adaptaba a su nuevo estado de medio-horfandad, dejó constancia de su enfado a través de puertas rayadas, zapatillas mordisqueadas y alguna que otra prenda de vestir adaptada, a base de desgarros en la tela, al gusto canino.

Una tarde decidí hablar con él -sí, sí, no me he vuelto loca-, porque con las imposiciones no se consigue nada y el diálogo es lo más importante -o sino, que se lo pregunten a Zapatero, que a este paso, seguro que va a comprar una barra de pan y pretende llegar a un consenso con el dependiente sobre cómo quiere que le pague el alimento, si con monedas de cinco céntimos o con dos de cincuenta-. Le expliqué que sus exabruptos perrunos no resultaban de mi agrado, sobre todo, teniendo en cuenta que, de su peculiar forma de manifestarse, derivaba siempre un gasto económico que mermaba mi ya, de por sí, lamentable estado financiero. Me respondió que lo entendía, pero que cuando se sentía solo y desamparado, no era capaz de reprimir su rabia por padecer una desdicha de tamaña magnitud y arramblaba con lo primero que encontraba.

Como vi que el principal problema radicaba en la cantidad de tiempo que pasaba solo, me planteé que quizás la solución era buscarle una familia para que se sintiese más cómodo y acompañado. Pero no una familia humana, no. Porque eso hubiese supuesto darlo en adopción y yo no quería. Se trataba de tener más animales en casa y que así pudiese crear un vínculo estable con seres afines a él. Lo que tenía muy claro es que, teniendo en cuenta las dimensiones de la vivienda, no era cuestión de adquirir otra mascota, con lo que opté por montar una especie de zoológico en un espacio que se prestase para ello. ¿Cuál podría ser? Tras dar un para de vueltas por las habitaciones, opté por el cuarto de baño, que junto con la cocina, eran los que me parecían más apropiados -los azulejos no se pueden rayar ni rascar ni morder- y de estos dos, era el más pequeño.

He aquí el resultado:



Una estrella de mar azul...

Seguramente, Pablo Milanés se hubiera contentado con una así:

Yo no te pido que me bajes una estrella
azul solo te pido que mi espacio llenes con tu luz




Una granja un tanto peculiar, la verdad, :-)



El pulpo es muy molón; colgado casi a la altura del techo, alarga sus tentáculos cuando menos te lo esperas -por eso muchas veces parece que no me haya peinado-.



Las preferidas de Zas: a los pocos días de colocar la primera, lo sorprendí sonriéndole con inusitada insistencia, y pensé que la empatía no sólo era cosa de los humanos. Ahora hay cuatro más.



La ballena está resguardada bajo una estantería, para respetar un poco su intimidad. No le gusta que la observen directamente, y las sombras la semi-ocultan.



Mamá pata y sus patitos cada vez están más a gusto entre sus compañeros, aunque algunos de ellos no les resulten demasiado conocidos...

Zas cada día pasa más tiempo en el baño: los mira, los vuelve a mirar, les ladra, les sonríe... Sé que ahora es un poco más feliz...

... y sé que su ama, a partir de este momento, va a formar parte de esa injusta clasificación popular "ni son todos los que están, ni están todos los que son.".

Declaración de principios

Principalmente, el final siempre es el comienzo de algo -no sé a cuento de qué viene esto, pero acabo de pensarlo y tras cuatro tragos de agua, no me cabe otra que largarlo sin viento fresco-.

Algo siempre es sinónimo de existencia -axioma de tercer grado-.

La existencia me está quitando la vida -tontería de las dos y seis minutos de la tarde, o de las catorce horas y seis minutos del día 5 de mayo del año 2004-.

Rebobinando: estoy mucho peor de lo que pensaba.

Esta tarde creo que me voy a lavar el cerebro con champú de aguacate y a sacudirme las pulgas con el palmito de cintas. Después, me pondré una mascarilla de pepino en las estribaciones de los sentimientos, para ver si con una dosis elevada de astringente se me van las añoranzas a darse un paseo por los cerros de Úbeda -¡cuánta mentira aglutinada en dos días!-.

La declaración la tengo pendiente: me acaban de pasar el PADRE. A ver si este año sigo teniendo suerte y me devuelven lo suficiente como para pagarle las vacunas a Zas.

Que digo yo que ser zapatero remendón es una profesión que tiende a desaparecer...

Addenda 14:26

Cada vez tengo más claro que algunos publicistas necesitan con más urgencia que yo la mascarilla de pepinos en su sistema neuronal.

Por cierto, la página de donde está sacada la ficha de Dyc está muy bien.

Castañuelas de mi vida



Llevo un ratillo escuchando jotas aragonesas. No me he vuelto majara, aunque a este paso, seguramente algo trastornada acabaré, porque anda que no son malos ni ná... Estoy grabando dos cd's para que el padre de un amigo pueda escucharlos mientras va conduciendo. Sé que podría quitar el volumen, pero soy así de masoca, :-( He querido recordar viejos tiempos.

La verdad es que de niña quería ser cantaora de jotas, o sea que no sé que hago yo aquí, ahora mismo, desvinculándome del deseo infantil, como si me diese vergüenza. También hubiera querido ser gimnasta -de rítmica-, bailarina de claqué y especialista en natación sincronizada -que en aquellos años se llamaba "eso que hace Esther Williams"-. Pero bueno, nada de eso pudo ser. Aunque en unas cosas puse más empeño que en otras -y más apoyo por parte de mis padres, que todo hay que decirlo-: pronto se supo que no tenía ni voz ni oido para hacer gorgoritos en plan "moza templá", con lo que con cuatro años, ya frustrada mi faceta pseudo-operística, el director de la rondalla del Centro Aragonés decidió que lo mío era darle a los salticos en el aire y al meneo de las enaguas. Y allá que me vi inmersa en clases de "punta, talón, punta; punta, talón, punta". No di mucho de sí, la verdad. Nunca llegué a bailar en público ni nada "paicido". Lo cierto es que la gracia y la donosura estaban todavía en la fase "pause" -no cabe duda alguna de que ahora, en estos momentos, estoy en fase "on"- y pronto fui postergada a un ¿injusto? segundo plano: acompañamiento de la rondalla, a base de darle a las castañuelas de forma casi desaforada.

Dicen que hay cosas que nunca se olvidan, como montar en bicicleta, por ejemplo. No sé si tocar las castañuelas será una de ellas. El caso es que hace media hora, cuando ha sonado una jota de baile y he escuchado el sonido de fondo, he comenzado a mover las manos como si las llevase colodas entre los dedos. Alguna vez me he servido de un llavero, poniendo el aro en el que se sujetan las llaves en en dedo anular, para hacer algo de ruido y algo sí que suena, lo que no sé es si para bien, :-)

Estaría bueno que a estas alturas de la vida me diese a mí por recuperar mi faceta de folclórica al estilo aragonés... Sí, al menos le pagaría con la misma o similar moneda al cura párroco que tengo por vecino, cada vez que le da por soltar las campanas al vuelo -a casi todas horas-. Mientras decido dónde comprar las apropiadas, me repasaré la lección, porque tengo la impresión de que no es tan fácil como montar en bicicleta...

Addenda 21:51

¡Qué cacho malos que son, por favor! ¡Y qué letras! Ese patrioterismo de bandurria me supera... tengo un conflicto de intereses, de verdad. ¡Arggggg! La Virgen del Pilar tié que estar hartica de tanto amor filial.

Por si alguien quiere curiosear sobre folklore y demás zarandajas de antaño, Arafolk es una buena referencia.

Al menos ha sonado el Bolero de Caspe, algo es algo, :-)

Las cuñas publicitarias



Cuando me levanto, lo primero que suelo hacer es encender la radio. Me gusta escuchar los resúmenes de la prensa y el parte metereológico, algunas noticias curiosas y hasta los anuncios, que siempre me han parecido bastante más cercanos -quizás más de andar por casa o menos sofisticados- que los que salen en la prensa escrita o en la televisión.

Llevo días escuchando uno al que no le pillaba la gracia. Vamos, que no entendía dónde radicaba la originalidad que supuestamente tenía que hacerme sonreir o quedarme, de una u otra forma con la referencia. Hoy se me ha encendido la bombilla: se trata de una empresa de transportes internacionales, que desde hace poco tiempo, ha decidido probar con el mercado nacional. El contenido del anuncio dice, más o menos: "Facturas a Tarifa, Grifos a Venta de Baños, sombrillas a La Solana, sopletes a El Hierro...".

El "problema" que tenía para entenderlo era que me quedaba con la primera referencia que hacen a un municipio español, y no conseguía ver la relación que éste tenía con "facturas" -o sea, con el envío que pudiesen hacer hacia allí-, porque para mí Tarifa me sugería mar, viento y windsurf. Al quedarme bloqueada, lo dejaba estar -cuando si hubiese seguido analizando el resto de la enumeración, lo hubiese comprendido-. Ha sido hoy cuando he caido en la cuenta de que la relación que existía entre los envios y los municipios era el significado que, fuera de lo que es el topónimo, tienen esas palabras: tarifa de precio, por ejemplo...

Una tontería como otra cualquiera, lo sé. Pero me he sentido extremadamente tonta cuando he sido consciente de que no había comprendido el juego de palabras, o de que simplemente, si hubiese seguido con la enumeración, el asunto hubiese sido bien sencillo, :-(

Y en este caso, el anuncio ¿lo he oido o lo he escuchado? Uffff

Se me va la olla, lo sé -de tanto escribirlo, acabaré aceptándolo, jajaja-.

Clases de conocimiento corporal

No sé si existen, pero sino es el caso, deberían de incluirse como asignatura curricular -sí, sí, no me he vuelto loca-. Vivimos inmersos en la ¿moda? del culto al cuerpo, pero no digo nada nuevo si afirmo que tanta fijación, en lugar de beneficiarnos, ha acabado perjudicándonos. A fin de cuentas, vamos a vivir toda la vida dentro del mismo cascarón y denostarlo y fustigarlo es una de las cosas más estúpidas que podemos hacer -tono sermón de domingo, que conste-.

A lo que iba: que cada vez estoy más convencida de que nos han enseñado a rechazar todo aquello que tiene que ver con el estar a gusto con lo que somos, en pos de conseguir, siempre, algo mejor. "Tú te mereces más", como si no fuese bastante tener dos piernas, dos brazos y dos manos... Y como trasfondo, la puñetera manía de competir por todo y a todas horas. Que no, que ya está bien, que no quiero sometimientos de ese tipo, que ya hay bastantes circunstancias que nos obligan de una u otra forma a hacer o decir lo que realmente no deseamos, como para encima, andar nosotros aprentándonos, más si cabe, el gaznate.

¿A santo de que viene esta ralladura de tarro sabatina? Tiene fácil explicación: hace dos meses me compré un libro sobre estiramientos y sino fuera por su tamaño -parece talmente un libro de texto de escuela-, creo que lo llevaría a todas horas conmigo, como parte de la "vitualla" bolseril. Hoy, mientras desayunaba, he releido una de las notas introductorias, y una cosa me ha llevado a la otra.

Transcribo el texto -no es nada del otro mundo, pero bueno...-:

Por qué practicar estiramientos

Puesto que practicar estiramientos relaja la mente y prepara el cuerpo para el ejercicio, debería hacerse diariamente. Realizar estiramientos con regularidad produce los siguientes resultados:

*Reduce la tensión muscular y relaja el cuerpo.

*Ayuda a mejorar la coordinación, facilitando el movimiento.

*Aumenta la movilidad.

*Contribuye a prevenir lesiones como tirones musculares. (Un músculo estirado, fuerte y flexible, resiste el estrés mejor que un músculo tenso, fuerte y rígido.)

*Facilita la práctica de actividades intensas como correr, esquiar, jugar al tenis, nadar o andar en bicicleta porque prepara el cuerpo para la actividad; es una manera de indicar a los músculos que están a punto de ser utilizados.

*Ayuda a mantener el grado de flexibilidad que tenía el músculo al empezar a practicar estiramientos, por lo que los músculos no se vuelven más y más rígios a medida que pasa el tiempo.

*Desarrolla la conciencia corporal; mientras se estiran diferentes músculos, uno se concentra en ellos y llega a conocer mejor su cuerpo.

*Evita el control de la mente sobre el cuerpo, de forma que este último se mueve "por su interés" en lugar de para competir o por ego.

*Produce bienestar.


Extraído de Estirándose de Bob Anderson, editorial RBA.

De todos los puntos, me quedo con los tres últimos, y sobre todo, con el que se refiere al control de la mente sobre el cuerpo. Creo que es vital para sentirse satisfecha con lo que se es.

Casi me da un patatús de la impresión

Hasta me he semi-recuperado de mi complejo de palo de escoba...

Situación: silloncejo con el respaldo en la zona media -en realidad es la butaca de la playa, con la funda acolchada para hacerla más cómoda-; piernas estiradas apoyadas encima del diván; almohadilla eléctrica en el cuello para ver si el palo se relaja un poco y pilla algo más de curvatura; mando de la tele en la mano; seis y pico de la tarde; telecinco con A tu lado; Antena3 con Sabor a ti; La Primera con una telenovela y La 2 con un programa para niños. Entre salto y salto de cadena, Antena3 está dedicando su apartado de testimonios de la vida misma mismamente misma y propia de los mismos que andan por la calle, a las madres, que como el domingo es el día de las susodichas ¿para qué vamos a ser originales, si total, para llorar hace falta poco? y claro, como la cosa tiene su aquél, pues dejo descansar el mando y me quedo viendo lo que siente una madre que tuvo a su hija muy joven y lo uqe la hija joven siente por la madre que ya no es tan joven. Entra una llamada de estas de "pensado y hecho, yo también tengo una historia que contar": una señora que dice que acaba de cumplir los 60 años. Antes se presenta y me digo "mira, como mi madrina". Y después de decir su nombre, la mujer sigue contando cómo su madre murió a los dos días de nacer ella, y cómo la crío un ama de leche -a estas alturas de la película, aquí la menda ya tenía el teléfono en la mano para llamar a mi madre porque la madrina de una no sale todos los días en la tele, aunque sólo sea por unos altavoces-.

Pues eso, que eso de que en dos minutos, si llega, tu madrina cuente en la tele lo mucho que quiso a su madrasta, lo inmensa suerte que tuvo su padre al volver a casarse y que su mujer la quisiese tanto a ella, me ha dejado el cuerpo un poco más raro de lo que ya lo tengo hoy: de repente, me han venido a la cabeza imágenes de su padre, de la que luego fue su madre, de cuando yo era niña y me llevaban a verlos a su casa de la huerta... ¡qué cosas, y yo contándolo aquí! ¡Es que ya no sé qué es el pudor ni ná de ná! ¡He perdio la vergüensaaa, pol Dios y todos los Santos -incluido San Alejandro Magno-!

Discusiones bizantinas

No miento, de verdad. No puedo hacerlo porque ahora mismo tendría que estar con los dedos cruzados a mi espalda -si fuese el caso y quisiese conseguir el perdón celestial- y dándole a las teclas, es imposible hacer las dos cosas a la vez: llevo toda la mañana con un ruido de fondo algo molesto.

Me explico: la fotocopista y el ordenanza están discutiendo, sin llegar a los gritos, pero cada vez más acalorados, sobre la importancia de que un nombre lleve el "San" o el "Santo" delante, a la hora de considerar qué santificación es más relevante...

Álex no ceja en su empeño: "mi santo es San Alejandro Magno, y lo hicieron santo, sí, pero el santo -refiriéndose al nombre eclesiástico, supongo- es San Alejandro Magno".

Amparito persiste en que santo y san son la misma cosa. Y cada vez que se lo dice, Álex se repliega, y agarrándose a la carpeta en la que lleva los documentos que está encargado de repartir, insiste: "mi santo es San Alejandro Magno".

Se supone que la fotocopista debería de tener la capacidad suficiente para darse cuenta de que el otro no razona con la misma celeridad o que incluso no es capaz de ver el matiz que diferencia san de santo, ya que Álex tiene el síndrome de Down, pero tengo la impresión de que esta mujer no da para más.

Lo curioso -tampoco es que sea muy curioso, pero bueno...- del asunto es que Alejandro Magnono está santificado, claro. Me sorprende que Amparito sea capaz de estar toda la mañana insistiendo en la diferencia entre el adjetivo y su apócope, y no haya caido en la cuenta de que este señor vivió en el siglo IV antes de Cristo... ¡qué cosas!

Engranaje

"No vemos más que lo que estamos acostumbrados a ver."


François Mauriac, escritor francés (1885 - 1970)

Y yo añado: no sentimos más que lo que estamos acostumbrados a sentir.



Sin novedad. Por el este llega y por el oeste marcha.

Los avatares de la tristeza



¿Es un estadío? ¿Es una forma de vida?

Las mañanas se enlazan con las noches y entre tanto, una puede reir, si quiere. O puede agazaparse y proteger su estómago de los miedos ajenos. De los propios nunca seremos capaces de protegernos. Esos nos acechan y nos hacen burla.

Si quiere, una puede reir; o no. Porque puede seguir llorando sin que una sola gota de agua salada se desprenda de la pupila.

Una puede reir, sí. O puede agachar la cabeza y lamentar la desgracia que se come cada día en el primer plato del almuerzo.



Sí, estoy convencida de que se puede reir.

No entiendo el porqué de tanta melancolía.

Me sobrepasa.

La introspección debería dosificarse, como los medicamentos.

El gremio de peluqueros está cabreadísimo



Y además, con toda la razón. Hasta ahora, si un@ necesitaba darle un cambio a su imagen o simplemente recortarse las puntas de flequillo porque ya no veía nada de nada, se iba a su peluquero, se sentaba en su sillón, se dejaba acariciar el cuero cabelludo -bueno, esto dependende más bien de la elegancia y las manos del trabajador en cuestión- y después de unos cuantos tijeretazos dados con cierta habilidad y maestría, se salía de la peluquería con la sensación de que te habían tomado el pelo con la suficiente gracia y soltura como para no sentirte ni molesto ni estafado -porque vayas precios...-

Pero se les ha acabado el chollo a los pobres. Ya no van a poder tomarnos el pelo, al menos, la exclusividad ya no va a ser para ellos -es lo que tienen los monopolios...-; porque resulta que una artista británica, Sam Tayloor-Wood, ha tenido la brillante, magnífica, extraordinaria idea de rodar una película en la que el único hecho que acontece es una siesta. Eso sí, es la siesta de Beckham , lo que convierte a la intrépida y arriesgada cinta, en un prodigio del arte, que hasta ahora, no tiene parangón.

¿¿¿¿¿¿¿¿Estamos todos locos??????????

No me gusta mentar cierta frase, porque es leerla o decirla y automáticamente, enlazarla con un desagradable tipejo del anterior gobierno popular, que se hizo más famoso de lo que era al pronunciarla, pero... ¡MANDA HUEVOS! 'ojones!!!

Para mí, que esta mujer es una peluquera frustrada. ¿Habrá visto la obra de teatro Art?

Cansancio



¿Cuándo llegará?



Plomo



¿Ida y vuelta? Ida, las vueltas siempre son utopías.

El año del diluvio

Me decepcionó. Pasa por encima de la historia, sobrevuela. No se implica: los personajes están encorsetados y existen lapsus en la narración que hace que la evolución de los sentimientos no se entienda, como si todo fuese excesivamente precipitado.

Las relaciones interpersonales son más de lo mismo, y la historia paralela de los maquis, es burda: el lider casi no tiene contacto con la protagonista, y sin embargo... no, no me encajan las piezas. El mero hecho de ver cómo acababan con ellos, cuando uno ha resultado ser su fiel acompañante en las idas y venidas al caserón del "señorito", como si de un perrito faldero se tratase, hubiese sido el momento perfecto para que se produjese una catarsis, una evolución y sin embargo, ella no se rebela contra ese abuso de poder.

Y la ruptura final del tiempo, para acercarla a un pasado relativamente próximo, sobra. Si se pretendía contar cómo se sintió la monja durante todos esos años con respecto a su secreto mejor guardado, situarla en su propia muerte es un recurso demasiado mañido.

Fanny Ardant tampoco es que haya hecho el papel de su vida, desde luego: inconsistente, y abusando de las miradas lánguidas y la medio sonrisa de labios abultados. Dario Grandinetti es, más o menos, como un objeto inanimado: casi no se expresa con el rostro. Parece, por lo que cuentan las criadas, que es un hombe que ha arrastrado pasiones por su carácter temperamental, porque nunca se le ha negado nada, y si eso es verdad, el señorito ha tenido que sufrir un ataque de paralis facial y antes de rodar, seguramente, se habrá tomado unas cuantas tisanas de valeriana: pánfilo a más no poder. Me ha decepcionado.

En fin, que esperaba más. Se deja ver, que ya es importante. La factura es correcta, eso sí. Hay escuela. Desde luego, te hace pensar en cuántas historias, desgarradoras las más, permanecen silenciadas por el paso del tiempo... Lo de los maquis fue tan brutal...

Más datos sobre la pelicula

Parecidos razonables



Cada mañana paso por delante de una empresa de instalaciones eléctricas, que está situada en la planta baja de una antigua casa de las que por aquí se construían a principios del siglo pasado. Muchas de ellas, en la actualidad, están deshabitadas y se han tirado los tabiques que separaban las habitaciones para conseguir un espacio diáfano, ya sea para alquilarlo, por plazas, como garaje, o para que, como es este caso, se instalen pequeños negocios.

Hasta hace bien poco, la puerta solía estar cerrada a esas horas, pero con la llegada del buen tiempo, el dueño del negocio, comenzó a dejarla abierta de par en par. El primer día que me di cuenta, al mirar hacia dentro de la planta baja -me puede la fascinación que tengo por las casas viejas, por los azulejos con los que alicataban las paredes desde el suelo hasta la mitad...- observé que habían construido un establo. Me sorprendí, porque hace ya tiempo que por aquí no se ven animales de carga, salvo los que poseen los aficionados al tiro y arrastre, por lo que pensé que, posiblemente, el electricista era uno de éstos. Una semana más tarde, en el establo había un caballo, y , esa misma tarde -de vuelta a mi casa-, un pony. A este último es al que, a partir de entonces, he visto más veces. Y esa asiduidad es la que ha hecho que me familiarizase con su "rostro": algo había en él que me resultaba chocante.

Hoy, de sopetón, he sabido en qué consistía esa particularidad que me ha tenido, de alguna manera, desorientada. El hombre estaba, cuando he pasado por delante, a la entrada del negocio, en actitud relajada, con las manos cruzadas a la espalda. En segundo plano, justo detrás de él, el pony agitaba su cabeza mientras emitía un relincho. Puede que parezca una exageración, pero la verdad es que, si es cierto eso que afirman sobre que los animales acaban pareciéndose a sus amos -bueno, lo dicen de los perros...-, éste es un caso evidente: cara alargada, estructura osea muy marcada, flequillo rubio pajizo, cayéndole en greñas enmarañadas sobre los ojos, dientes grandes y enorme sonrisa con asomo de encías incluidas.

¡Uysss! Ahora que caigo, también ha podido ser al revés: que la metamorfosis la haya sufrido el amo y no la mascota... :-P

Se me va la olla, lo sé. ¡Qué le vamos a hacer!

Maratón de cine

[Para que luego digan que no hay oferta cultural en este país...]



Ayer, mientras esperábamos que comenzase la obra de teatro La teua vida en 65 minuts, tuve la oportunidad de echarle un vistazo al tríptico de la programación para esta semana del Club Diario Levante -obsérvese lo mucho que se preocupan por actualizar la sección en internet, que yo recibí por correo la actividad para esta semana que comienza, el jueves pasado ya repartían los folletos en el Club y en la página no se hace ni mención (abrir la sección de Club Diario en el menú de la izquierda-.

Inciso: la obra de teatro fue una decepción. Estos chicos de Albena Teatre han tenido la ¿fortuna? de caer en gracia, y salvo honrosas excepciones, sus espectáculos son un cúmulo de estereotipos que carecen de profundidad, cosa que parece que agradece el público, porque agotan siempre las entradas a sus representaciones. Eso sí, la carcajada fácil está asegurada; pero poco más. Teatro de entretenimiento -que no está mal, desde luego- pero no es para lanzar las campanas al vuelo.

Retomo, que lo mío es andar más por los cerros de Úbeda que ir directa al grano:

Tres películas en una semana. ¡Se han vuelto locos! Que digo yo que será que vienen épocas de estrenos y son tantas y tantas las cintas de calidad que tienen copada la agenda y no tienen más remedio que proyectarlas en tandas de tres.

Para el martes, El año del diluvio de Jaime Chávarri, con Fanny Ardant y el maravilloso, grandioso e inconmensurable Dario Grandinetti.

El miércoles, Intermission, de la que se dice que es "la película más descarada y gamberra desde Café Irlandés y Trainspotting. A mí estas comparaciones no me gustan demasiado, porque condicionan, pero bueno... -dos magníficas pelis, por cierto-.

El jueves, la más esperada, quizás, por ser la única película irakí rodada en 15 años: Zamán, el hombre de los juncos. Añado los dos párrafos que se incluyen en el folleto sobre esta película:

Un año después del conflicto se puede conocer la realidad del a sociedad irakí, tal como era antes al 20 de marzo del 2003 de la mano del director Amer Alwan. El fil rodado en el Irak de Saddam, nos acerca a una sociedad víctima de un régimen y desconocedora de la situación que le esperaba con el estallido de la guerra.
La película sufrió la censura del dictador en un clima donde reinaba la solidaridad entre los ciudadanos preocupados por sus problemas.
.

Si al final de la semana tengo peliculitis aguda, no me extrañará nada. Porque eso sí, iré a ver las tres, que con lo caro que está el cine, no se pueden desaprovechar estas oportunidades... ¡Acabáramos!

De mayor quiero ser perra



Andaba yo, hace un rato, haciendo el tonto con la cámara. Cada vez me gusta más perder el tiempo, o no emplearlo en lo que supuestamente, las mujeres que cada sábado y domingo veo pasar bajo mi ventana, camino de misa, lo emplean -si después de releer cuatro veces la frase anterior, has sido capaz de comprenderme, te mereces ser propuest@ como el próximo académico de la R.A.E.-: hacer las camas, tender la ropa y dejarse la casa "peripuesta" por si vienen las visitas, :

Y esta vez, la tontuna me ha dado por fotografíar lo que veo cuando me levanto por las mañanas. Nada original, desde luego, pero como siempre me estoy quejando de la incomodidad espiritual que supone vivir al lado de la iglesia parroquial, no está de más que deje constancia de hasta qué -¿se acentúa?- punto me persigue la iconografía religiosa:



Y por si no queda claro que tengo a Santa Rita como "veladora" de mis despertares, le he dedicado una foto solamente a ella -no sea que vaya a enfadarse, que acabo de acordarme del dicho Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da, no se quita, y no me gustaría que, ya que me saluda, por no estar yo a la altura, me retirase la palabra-:



¿Y que tiene que ver todo esto con lo de "De mayor quiero ser perra"? Pues todo o nada, según se mire. Concatenación de pensamientos... Mientras hacía las fotos, Zas dormitaba debajo de la ventana, en MI sillón orejero -lo pongo en mayúsculas para que quede constancia de que, aunque parece que es suyo, no, no, es mío, de verdad- y lo he visto tan ¿feliz?, tan relajado, tan perro, que me ha entrado la vena filosófica y me he puesto a pensar qué haría yo si de mayor pudiese ser perra. Posiblemente, dormir como hace ahora él. Y sobre todo, insultar mucho, mucho. A base de ladridos. Crearía una sinfonía de improperios que se introdujese en el cerebro de los bienpensantes y se instalase allí, con tienda de campaña incluida, para ir haciendo mella, para dejarlos completamente vacuos -aunque algunos ya lo son-.

Me gustaría ser perra para que, si alguien se atreviese a insultarme con esa palabra, no pudiese sentirme ofendida.

Me gustaria ser perra para arrastrarme por el suelo y que nadie me pudiese decir que soy una miserable arrastrada de mierda.

Me gustaría ser perra... ¿para qué más? Seguro que hay muchas más cosas. Seguro.

Quiero una metamorfósis ¡ya! -pero que el maestro de ceremonias no sea Kafka, por favor, que sino me jode el invento con tanto padecimiento introspectivo-.

Walimai

Leyendo una entrada de Ana en la bitácora Alas y Balas, he recordado lo mucho que me impactó un cuento de Isabel Allende, incluido en el libro Cuentos de Eva Luna. Lo traigo hasta aquí, aunque sólo sea un trozo, porque es largo. Merece la pena, aunque es bastante duro:

...Me llevaron a trabajar con los caucheros, donde había muchos hombres de otras tribus, a quienes habían vestido con pantalones y obligaban a trabajar, sin considerar para nada sus deseos. El caucho requiere mucha dedicación y no había suficiente gente por esos lados, por eso debían traernos a la fuerza. Ése fue un período sin libertad y no quiero hablar de ello. Me quedé solo para ver si aprendía algo, pero desde el principio supe que iba a regresar donde los míos. Nadie puede retener por mucho tiempo a un guerrero contra su voluntad.


Se trabajaba de sol a sol, algunos sangrando a los árboles para quitarles gota a gota la vida, otros cocinando el líquido recogido para espesarlo y convertirlo en grandes bolas. El aire libre estaba enfermo con el olor de la goma quemada y el aire en los dormitorios comunes lo estaba con el sudor de los hombres. En ese lugar nunca pude respirar a fondo. Nos daban de comer maíz, plátano y el extraño contenido de unas latas, que jamás probé porque nada bueno para los humanos puede crecer en unos tarros. En un extremo del cmapamento habían instalado una choza grande donde mantenían a las mujeres. Después de dos semanas trabajando con el caucho, el capataz me entregó un trozo de papel y me mandó con ellas. También me dio una taza de licor, que yo volqué en el suelo, porque he visto cómo esa agua destruye la prudencia. Hice la fila, con todos los demás. Yo era el último y cuando me tocó entrar en la choza, el sol ya se había puesto y comenzaba la noche, con su estrépito de sapos y loros.


Ella era de la tribu de los Ila, los de corazón dulce, de donde vienen las muchachas más delicadas. Algunos hombres viajan durante meses para acercarse a los Ila, les llevan regalos y cazan para ellos, en la esperanza de conseguir una de sus mujeres. Yo la reconocí a pesar de su aspecto de lagarto, porque mi madre también era una Ila. Estaba desnuda sobre un petate, atada por el tobillo con una cadena fija en el suelo, aletargada, como si hubiera aspirado por la nariz el "yopo" de la acacia, tenía el olor de los perros enfermos y estaba mojada por el rocío de todos los hombres que estuvieron con ella antes que yo. Era del tamaño de un niño de pocos años, sus huesos sonaban como piedrecitas en el río. Las mujeres Ila se quitan todos los vellos del cuerpo, hasta las pestañas, se adornan las orejas con plumas y flores, se atraviesan palos pulidos en las mejillas y la nariz, se pintan dibujos en todo el cuerpo con los colores rojo del onoto, morado de la palmera y negro del carbón. Pero ella ya no tenía nada de eso. Dejé mi machete en el suelo y la saludé como hermana, imitando algunos cantos de pájaros y el ruido de los ríos. Ella no respondió. Le golpeé con fuerza el pecho, para ver si su espíritu resonaba entre las costillas, pero no hubo eco, su alma estaba muy débil y no podía contestarme. En cuclillas a su lado le di de beber un poco de agua y la hablé en la lengua de mi madre. Ella abrió los ojos y miró largamente. Comprendí.


Antes que nada me lavé sin malgastar el agua limpia. Me eché un buen sorbo a la boca y lo lancé en chorros finos contra mis manos, que froté bien y luego empapé para limpiarme la cara. Hice lo mismo con ella, para quitarle el rocío de los hombres. Me saqué los pantalones que me había dado el capataz. De la cuerda que me rodeaba la cintura colgaban mis palos para hacer fuego, algunas puntas de flechas, mi rollo de tabaco, mi cuchillo de madera con un diente de rata en la punta y una bolsa de cuero bien firme, donde tenía un poco de curare. Puse un poco de esa pasta en la punta de mi cuchillo, me incliné sobre la mujer y con el instrumento envenenado le abrí un corte en le cuello. La vida es un regalo de los dioses. El cazador mata para alimentar a su familia, él procura no probar la carne de su presa y prefiere la que otro cazador le ofrece. A veces, por desgracia, un hombre mata a otro en la guerra, pero jamás puede hacer daño a una mujer o a un niño. Ella me miró con grandes ojos, amarillos como la miel, y me parece que intentó sonreír agradecida. Por ella yo había violado el primer tabú de los Hijos de la Luna y tendría que pagar mi vergüenza con muchos trabajos de expiación. Acerqué mi oreja a su boca y ella murmuró su nombre. Lo repeti dos veces en mi mente para estar bien seguro pero sin pronunciarlo en alta voz, porque no se debe mentar a los muertos para no perturbar su paz, y ella ya lo estaba, aunque todavía palpitara su corazón. Pronto vi que se le paralizaban los músculos del vientre, del pecho y de los miembros, perdió el aliento, cambió de color, se le escapó un suspiro y su cuerpo se murió sin luchar, como mueren las criaturas pequeñas...

Una casa a cuestas

[El traje está perdido.
Era gris y paseaba.
Una sombra sobre dos pasos.]

Reiterado el clip clap.

Suelo inerte que recibe el agua
sin que los charcos ahoguen
los débiles tobillos
del niño que nunca tocó el lomo de un caballo.

Tintinea la voz rota.

La caja de cartón cobija
sin miseria aparente
una fortuna acaudillada
por un bandolero que nunca robó palabras.

Claqué de madrugada.

Una cama inventa noches
sin el inhóspito
abandono del ladrido que habita
en este basurero que nunca fue cotidiano.

Tambores de hojalata.

[Amanece sin el aliento
del pedigüeño. Cuchillas para el día.]

Me miro en el espejo del café.
El azúcar corrompe la sobriedad de la mañana.
Es imposible vivir en blanco.
Ni tan siquiera el pan se resiste.
El trigo se deshace sobre una alfombra de bambú.

Un mapa se quedó abierto
encima de la mesa:
la ruta de los caracoles no sirvió para encontrarte.

Addenda 20:25

Esta mañana me acordé de este poema: el caracol con su casa a cuestas. Quieras o no quieras. O mejor dicho, queriendo, siempre queriendo. Ciertas negativas no caben cuando se trata de tu propia casa.

El traje anda solo. No ha habido variación. Su inquilino se escapó hace muchos años, quizás infinitos, al país de una mujer que ya no tenía nombre, aunque en algún tiempo lo tuvo. Alguien me dijo una vez que se hacía llamar Alicia.

El perdedor me ha tocado en el codo y al girarme he abandonado mi infancia. Sí. Desde hace una hora y media soy un cuarto de quilo más adulta.

No hay camas que inventen fábulas ni tambores de hojalata. Nunca los tuvo. Como mucho, sólo aprendió a lanzar la peonza de madera.

Esta tarde no había alfombra de bambú. Las migas han caido directamente al suelo, sin paliativos. El golpe me tiene perpleja.

Nos ha vencido la maraña de silencios y el peso de las palabras abortadas.

He guardado el mapa en el cajón. Ya no sirve tenerlo desplegado encima de la mesa. He encontrado las muletas al lado de la escoba. Mi abuela siempre me dijo aquello de que "hay que guardar para cuando no hay". Por eso las arrinconé. Hoy es el día en el que no queda. ¿De qué? De nada.

Los héroes nunca quisieron enseñarnos cómo se erguía la cabeza para fijar la vista en el rostro de los otros. Él anda hacia adentro y yo camino hacia el filo. Nunca supe de equilibrios. La debilidad me debilita. Ella se queda mirándose en su espejo de dolor-vestido. Los domingos se cambia de muda para lucir su vestido-dolor, que tiene más categoría. También confunde el norte con el sur: no sabe cómo llegar hasta esa caja de cartón que cobija las miserias y, aunque no sé da cuenta, su desnudo traspasa el caparazón de la casa a cuestas.

Las llaves del cielo



Después de estar semi-encerrada durante casi cuatro horas seguidas con mi jefe en su despacho -sin dobles sentidos, que no tiene un ápice de sexapple- y con la cabeza a rebosar de conceptos sobre telecomunicaciones e informática, he salido pensando que después de esto, iba a ser capaz de aguantar casi cualquier cosa. Me he equivocado. Acabo de desmadrarme y ahora me siento fatal. En menos de media hora me han llamado cinco personas para que "les" recuerde sus contraseñas de correo externo. Ha sido con la última con la que he perdido los papeles.

¿Acaso es tan complicado asumir que el usuario final es el único responsabale de ese tipo de datos?

No sé, quizás yo lo vea desde otro punto de vista...

Ayer, sin ir más lejos, una compañera que trabaja como jardinera me contaba que no puede hacer bien su trabajo porque, en lugar de dedicarse a podar setos, emplea su tiempo en recoger la basura que los ciudadanos arrojan al suelo. Sale a una media, al día, de seis bolsas grandes de desperdicios. Eso sí, las nueve papeleras están siempre vacías. Se pasa la mañana barriendo, cuando en realidad ha de estar pendiente del riego y la poda de las plantas y árboles. Y con el agravante de que, si le recuerda a la gente lo que dice en los paneles informativos sobre cómo contribuir a mantener limpio el lugar, la mayoría de las veces, recibe una respuesta similar a "tu trabajo es el recogerlo, para eso te pago con mis impuestos".

Sé que no es lo mismo, pero sí parecido: si les explicas a los compañeros que lo normal es que las contraseñas las sepan ellos y no yo -o el resto del departamento-, algunos hasta se ofenden. Puedo entender que se olvide, puedo entender que se haya perdido el papel donde la tenían anotada, pero lo que no me gusta es esa relajación... esa dejadez... como diciendo "¡bahhh! ¿para qué me voy a molestar, si arriba me lo pueden decir en cualquier momento?".

Pues eso, que sé que es desproporcinada mi reacción, pero me exaspera.

Me pregunto cómo sería la cosa si en lugar de recordar la contraseña para entrar a su correo, se tratase de guardar las llaves del cielo o un pasaporte a la eternidad...

El increíble voto de los estudiantes



Creo que ahora mismo sería incapaz de razonar sobre lo que acabo de leer en la prensa valenciana: ayer, una representación de estudiantes de segundo y tercero de ESO, acudieron a las Cortes Valencianas para aprobar diversas propuestas, dentro del ámbito de una campaña de Educación para la Solidaridad, que dio sus primeros pasos en la Comunidad Valenciana en el año 2000, y que es una iniciativa de ámbito mundial con la pretensión de fomentar el derecho a la educación de calidad y sin discriminaciones en todo el mundo.

La verdad es que es una buena manera de concienciar a los que, dentro de unos años, estarán inmersos en un mundo parcialmente distinto al que conocen ahora. Pero, visto lo que ocurrió en el parlamento valenciano, estos chicos no tienen muy claro lo que son los derechos humanos: llegado el momento de votar sobre una propuesta relativa a la integración de los inmigrantes en las escuelas, estos diputados por un día dieron muestras de andar, cuando menos, algo despistados, por no decir, algo faltos de entendimiento con respecto a conceptos como la igualdad, la libertad, etc. Los resultados: 32 votos en contra, 30 a favor y 38 abstenciones. Ahí es nada...

El artículo está redactado en valenciano, pero creo que se entiende perfectamente. De todas formas, viene a decir más o menos lo que arriba he explicado, aunque insiste en que de los diez colegios que acudían, siete eran privados concertados (religiosos para más señas). ¿Tendrá algo que ver?

Por cierto, la edad de los escolares: entre 14 y 15 años... o sea que ya no son unos niños.

Me entristece sobremanera, de verdad, :-(

Addenda 13:28

He encontrado una noticia sobre el mismo tipo de acto, pero en esta ocasión, celebrado en la comunidad autónoma de Castilla-León. Aquí parece ser que están algo más concienciados, aunque por lo que se cuenta, todo lo debatido tenía relación con "buenos deseos" de nuestras fronteras hacia afuera.

Lo que está claro es que las intenciones de la campaña son encomiables. Otra cosa es que se consiga algo: si ya con el mero debate, se tropieza de esta forma, ni pensar en qué puede ocurrir a la hora de avanzar con respecto a lo aprobado, :-(