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De espaldas

De la Realeza y esas cosas

No voy a resistirme, no.

Lo traigo hasta aquí porque creo que tiene muchísima mala leche -para bien- y mucha gracia -para variar, gracias, Domperignon-:

"NUEVO DOGMA DE LA IGLESIA CATOLICA

Reunidos durante el ultimo fin de semana de enero los Obispos Españoles,
consideran como dogma la virginidad de Doña Leticia, ya que, segun
interpretan,los polvos que hasta ahora ha echado no son reales."

Avances tecnológicos

Kit-kat del almuerzo.

Llevo días dándole vueltas a algo que no termino de entender. En esta Santa Casa se compran los ordenadores como si fueran churros -exagero, pero el despilfarro en infraestructura, es a todas luces, desmesurado-. No se detienen en dilucidar si lo que adquieren va a ser realmente utilizado. Desconozco cómo se planifica -y eso que estoy donde estoy; me refiero a los parámetros que se siguen-, en el ámbito informático, una organización de este tipo, pero, a priori, con una simple ojeada, los recursos están infrautilizados, por no decir, arrinconados. Quizás fuese más lógico que los trabajadores no dispusieran de un ordenador personal, sino de una entrada, por acceso remoto -vía telnet, sino recuerdo mal- a un servidor central. Quizás, sólo quizás. O un PC con un paquete de aplicaciones básicas y poco más.

No es la primera vez que los compañeros me llaman para preguntarme por cosas que, de tan evidentes, descolocan. No se trata de reirse de ellos -ni mucho menos-, pero desde luego, chocan cierto tipo de preguntas. Ayer, sin ir más lejos, una compañera me llamó para que le registrará una incidencia -paso previo para darle una solución-. Como la persona que tenía que atenderle no estaba en este edificio, me dijo que "a ver sí tú lo sabes"... -temo esas preguntas, porque, por una parte, cuando a algunos les dices que no tienen otra que reiniciar la máquina, por ejemplo, no se fían; no sé qué tipo de marchamo habría que atribuirle a mis respuestas para que algunos compañeros se creyesen lo que les digo-. En concreto, vino a contarme que estaba intentando reutilizar un cd en el que tenía unas fotografías grabadas y que no podía.

Comprendí que asemejaba un disquette con un cd y que de la misma forma que un disquette puede sobreescribirse, pensaba que un CD también. Me costó Dios y ayuda el hacerle entender que tenía que emplear un dispositivo especial, y que un cd normal no servía. Su grado de confusión -el analfabetismo ofimático es cada vez mayor- llegaba al punto de no diferenciar un simple lector de cd's de una regrabadora.

La culpa, evidentemente, no es de ella, al menos, la mayor parte. La formación siempre corre a cargo del empresario -algo impepinable, pero tan ninguneado que provoca coraje- y lo que no se puede hacer es darle a una persona unas determinadas herramientas para que su trabajo sea más efectivo y no explicarle cómo emplearlas. No es lo mismo usar un CD-R para almacenar información que interesa conservar, que un CD-RW para luego machacar los archivos o actualizarlos.

Se pierde mucho tiempo por culpa del desconocimiento -o el miedo a equivocarse, que de eso también hay mucho-: mis conversaciones con algunos compañeros, a veces, rozan el subrrealismo.

En casa del herrero

... cuchillo de palo. Me he reido hasta hartarme. Hace un rato estábamos hablando del sorteo que se hizo el sábado pasado para la designación de los componentes de las mesas electorales para las próximas elecciones. En junio de 2003 comenzó a trabajar con nosotros el único informático licenciado que existe en el departamento -los demás, salvo mi jefe, que es analista de sistemas, saben lo que saben a base de constancia y por ser autodidactas- porque aprobó la oposición que se convocó para proveer la plaza de programador de sistemas. En materia de administración local está pez, aunque exigen conocimientos al respecto, pero... claro, una cosa es memorizar seis temas y otra muy distinta es encajar todas las piezas de este enorme engranaje. La semana pasada nos oyó comentar sobre el trabajo que hay que hacer el día de las elecciones y nos preguntó al respecto. No sabía que, como trabajador de esta Santísima Casa, se podía optar por trabajar ese día como representante de la administración. Le explicamos de qué iba el asunto y parece ser que como en el sorteo, una de las compañeras que estaba en la lista ha salido de vocal en una mesa, a él lo han colocado en su lugar.

Esto nos ha llevado a la típica conversación en la que cuentas lo que te ocurrió en las últimas, o en las del año 2000, que siempre hay anécdotas para recordar: la cabezonería del presidente de la mesa que te ha tocado en suerte, la nula capacidad de algunos interventores, los novios que acudieron a votar recién salidos de la Iglesia, etc. Más de lo mismo, aunque para él todo es nuevo. Ufff, a lo que iba: cuando se ha marchado, he caido en la cuenta de que la jefa de Estadística remitió a todo el personal un correo en el que se informaba de la posibilidad de trabajar el 14 de marzo. En ese momento, le he preguntado a mi compañero más cercano que no entendía cómo era posible que el programador no supiese nada, a lo que me ha respondido que a él también le surgió la misma duda y que se la planteó -al susodicho-. La respuesta es de las de "en casa del herrero, cuchillo de palo": no abre su correo electrónico. ¡Ayssssssss! Es buenísimo. Y lo peor es que no es el único, jajaja. Somos siete en el departamento y, al menos dos más, hacen exactamente lo mismo. Ver para creer.

Addenda 13:15
La última, que me acabo de acordar -es que viene al hilo del refrán-: la semana pasada, uno de mis jefes me insistió en que hiciese varias pruebas con el correo externo de una dependencia que tiene su sede en otros locales. Según él, estaba intentando enviar un correo con un fichero adjunto y el servidor se lo devolvía. Visto que a mí no me daba ningún error, me remitió el fichero por mensajería interna y cuando estaba abriéndolo, comencé a sospechar lo que ocurría: el adjunto pesaba, nada más y nada menos, que 19 MB. Normal que se lo devolviese sin tan siquiera haberle puesto el sello... Si lo llego a hacer yo, me hubiesen dicho de todo menos bonita, seguro...

C'est finit. Mi media hora del almuerzo -esto es lo bueno de no salir a "comerse el bocadillo", que luego haces con la media hora lo que te place- ha llegado a su fin. Voy a acabar el listado con las cuentas de correo, que me lo están reclamando.

Planta 4ª

planta 4ª

La vi el sábado por la tarde. En el auditorio-teatro de Xiri. Pantalla grande por dos euros. Vale la pena, como siempre. No hacen películas de relumbrón, porque este tipo de proyecciones están dirigidas al público más pequeño -y a sus padres, claro- y son cosas del tipo "La maldición de la perla negra" -me lo pasé pipa- y similares. Pero me recuerda un poco a los fines de semana de hace casi treinta años...

A lo que iba, la película de Mercero. Me decepcionó. Es muy difícil no caer en el sentimentalismo barato hablando de algo tan duro como el cáncer y además, sufrido éste por niños/adolescentes, y resulta loable que la intencionalidad de esta cinta sea ésa -lo que suele ocurrir con la teoría, que no pasa de ahí-: no caer en el sentimentalismo. Pero poco más.

En realidad no se ceba en el pasteleo melodramático, pero es tan evidente que el director ha querido huir del amarillismo morboso que se ha pasado cuatro pueblos con las situaciones cómicas que recrea para hacer la historia más cercana. El sentido del humor empieza por uno mismo, pero estos niños no saben reirse. Lo hacen francamente mal, como el caso de Juan José Ballesta. Hacía tiempo que no veía cuán evidente era la importancia de un buen director a la hora de valorar la calidad del trabajo de un actor: parece mentira que sea el mismo niño que se dio a conocer con la magnífica película El Bola. En aquella ocasión, Achero Mañas exprimía, sin forzar la cuerda, toda la esencia y naturalidad de este aprendiz de actor. En ésta, Mercero se ha cargado la espontaneidad y le ha insuflado dosis de chulería, estupidez y dramatismo a destiempo hasta decir basta.

La historia hace aguas por todas partes: cuatro niños, que luego acaban siendo tres, porque el cuarto protagonista es sustituido por otro que no es pelón -los pelones es el mote que reciben los cuatro enfermos en el centro médico; les han aplicado quimioterapia y de ahí su aspecto-, que están en una planta de un hospital, en concreto, la de traumatologia. Todos ellos tienen cáncer de hueso. En resumidas cuentas, tratan de mostrarnos lo duro que resulta para un niño el estar en un lugar como ése y lo que hacen para olvidarse de sus circunstancias personales. Esa es la pretensión, claro. El resultado no es más que una concatenación de situaciones más o menos graciosas que vienen provocadas por las "golferías" de los adolescentes en sus correrías nocturnas. Algunas de ellas son increíbles, sobre todo, para la gente que conoce cómo funciona un gran hospital -la de la entrada a la sección de Rayos X es absurda, y la que hacen al laboratorio... ésa no tiene nombre... en un hospital de esa envergadura, el laboratorio está abierto las 24 horas del día-.

Y el cameo de Estopa... eso es más de lo mismo: asegurarse que la película va a ser vista por el elevadísimo número de seguidores de este grupo que canta como si realmente sus neuronas fuesen el deshecho de tejido que les da nombre.

Intrascendente, insustancial, previsible. Deja la sensación de esas cosas que suceden y que cuando pasan, siempre piensas que podían haber sido mucbo mejores. El especialista de La Butaca le perdona los numerosos defectos y cae rendido ante la historia, pero a mí me da la impresión de que se deja llevar por lo que le hubiera gustado ver y no por lo visto realmente. La historia podría haber dado mucho juego, pero no pasa de ser una recopilación de anécdotas y trastadas de adolescentes, que se salpican, de cuando en cuando, con preguntas del tipo "¿por qué ellos sí y nosotros no?".

Un último apunte: si bien Juan José Ballesta resulta poco creíble en algunas escenas -de verdad que en dos de ellas hasta me impresionó la vacuidad de los gestos y la poca credibilidad de lo expresado-, sería desproporcionado decir que no lo hace bien: salvo cuatro o cinco tropiezos, el papel lo borda. Pero claro... es un papel estereotipado y carente de hondura. No hace falta decir que de eso él no tiene la culpa. Luis Ángel Priego (Izan) y Gorka Moreno (Dani) están a la altura, que ya es mucho. La mirada de Izan salva algunas secuencias tipo Garci, todo un logro.

Duele

La bofetada.

Andas y tropiezas, y vuelves otro día y otro.

Duele.

mano difusa

El vacío se convierte en desprecio.

Ni tan siquiera tres palabras. Nada.

Este puto mundo es un circo. Unos se visten con trajes confeccionados por la Sra. Tristeza y otros se pegan por copiarle los modelos.

No puedo con tanta profundidad. Me ahogo. El abismo se acerca demasiado. Y no tengo un coche a mano para abocarme por él.

Sólo yo puedo levantarme. Lo sé. Pero hoy estoy fuera de juego. Sólo he necesitado media hora para saber que la mentira se acomoda en el disfraz de la complicidad.

fuera de combate

Para desterrados



exilio


Nada hay allí que toques con tu mano,

ni pan, ni "buenas noches", ni esa silla

donde se apaga y luego donde brilla

lo que está cerca y a la vez lejano.

Nada hay allí: sobre un septiembre oscuro

otro septiembre luminoso cruza.

Ni hay sal, ni "como estás": sólo la intrusa

muerte extranjera y un extraño muro.

Nadie en el bus te mira o te saluda,

ni sabes tú si el término del viaje

será aquella estación y aquel paisaje

que abre tu cuerpo en dos y lo desnuda.

Nada hay allí: si escuchas unos pasos

que suben, "¿quién será?", por la escalera,

piensas en un llegar de cordillera

y en tu natal país y en otros brazos.

Nadie en la carta que recibes: dejas

la carta en el bolsillo, y de improviso

sientes que ya no estás, y un indeciso

terror de ya no ser cuando te alejas.

Nadie te vio partir, ni sabe dónde

tu mano se te muere en otra tierra.

Nada hay allí, ni nadie te responde

mientras tu puerta se cerró y se cierra.



Incluído en el poemario Fénix de Madrugada, de Miguel Arteche.

Dejo aquí un enlace a su biografía, por si le interesa a alguien.

En la hora desnuda



desnuda


En la hora desnuda
sólo eso
un segundo de luz y paraíso


de aquellos que la amaron
sabe los rostros mudos y su temblor de ala
todos
juntos
abran el cofre y vea ella
esos diamantes escondidos


libres
al fin del cepo las palabras
que mansamente caigan esos copos
de nieve


sin red
en un segundo blanco
sobre el regazo de su mirada cobijados


de par en par
las dos puertas abiertas


sólo
un paso
decir adiós así


que el saco no se cierre
sin librarle a la voz de sus cadenas


tacto
y aire


encuentre allí esa voz
sus zapatos perdidos


al fin cerrado el círculo del mundo


en la hora desnuda
sólo
eso
un segundo de luz
y paraíso


Poema de Esperanza Ortega, incluído en "Las ínsulas extrañas"

Los que se han ido para siempre



estación de tren




Ahora que nuestros amigos se han ido para siempre,

ahora nos preguntamos si de verdad los conocimos.

Y en el sueño los vemos en otras islas

que surgen sobre el amanecer.

Y para invocarlos

derramamos sobre el mar el negro vino:

pero oímos sólo silencio,

nada más que silencio,

mientras cae sobre el mar el vino negro

y no cesa,

y no cesa,

y no cesa nunca

de

caer.




Incluido en el poemario "Fénix de Madrugada" de Miguel Arteche

Comparativas y etiquetas varias

Esta mañana me ha llegado por correo electrónico -gracias, Domperignon- una comparativa entre los italianos y el resto de europeos en relación con la forma de actuar que tienen cada uno de estos grupos ante ciertas situaciones de la vida. En principio, no me gustan demasiado estas simplifaciones, porque son más de lo mismo: tópicos y etiquetas. Pero... me ha hecho gracia el planteamiento de quien me ha remitido el enlace. Más o menos venía a decir que, aunque habla de italianos, los españoles también tenemos mucho de ese comportamiento tan poco "civilizado". Y, la verdad, cuando lo he vuelto a ver -hace tiempo que lo recibí por otra vía, pero no sé ni dónde está- he pensado que, aunque no me agraden los estereotipos basados en la nacionalidad, tiene mucho de cierto, :-(

Aquí lo dejo para el que quiera reirse un rato -el sentido del humor empieza por uno mismo... claro, cuando es el de al lado-.

El final

"... El agua puede ser más vieja que la luz, los diamantes romperse en sangre de cabra caliente, las cimas de las montañas despedir fuego frío, los bosques aparecer en medio del océano, y puede suceder que a un cangrejo lo atrape la sombra del dorso de una mano, que el viento quede aprisionado en un trozo de cabo anudado. Y puede ser que el amor a veces tenga lugar sin dolor ni infelicidad."

No sé si los milagros existen. Seguramente no. Pero lo que sí que existe es una especie de conversor de sentimientos que desdramatiza casi cualquier catástrofe personal: el tiempo.

El texto entrecomillado es el final de la novela Atando cabos de E.Annie Proulx.

Las novias vienen del Este

Como él siempre lo cuenta mucho mejor que yo, copio el texto del mensaje que me llegó ayer por correo electrónico:

"...El miércoles 11 (23:15, la 2, nueva descarga de Vudú Films -esa empresa con sede en un sótano y uenta bancaria en ningún sitio- en "Documentos TV" -ese programa con sede en un Pirulí y deudas que pagamos todos-.

Esta vez la cosa se titula "Las novias vienen del este" y, lo juro por Bob Dylan, la idea fue de Erquicia.

En cualquier caso, se agradece audiencia.

Salud a todos/as".

Sé que su timidez es perpetua, arraigada hasta el punto de no dar publicidad al trabajo del que debería estar orgullosísimo -no son flores, es completamente cierto-, por lo que voy a hacer copy&paste en algún que otro lugar más -j.a., mil perdones-.

Inicio


Dos sillas y una mesa.

Tibias, como el sueño que cae sobre una tarde de junio.



El engaño

vino de tu cintura a la mía.





Mordaza y siega

por la pendiente de la madrugada.





Las doce sonarán

para romper tu mañana.

Y para mí

pedirán misericordia.



La factura de la luz

Casi me da un soponcio. Hoy he visto a cuánto asciende la factura por la luz que he consumido en estos dos últimos meses. ¿Con las velas me funcionará igual el ordendor? Estoy por probar...

Quiero un novio millonario, o 6 aciertos en la primitiva, que eso de pedir que te toque tiene trampa: si una no se espabila, le pides, a ese ente inorgánico que pulula por los mundos universales, que te conceda el deseo de que te toque la Primi, y el cabronazo es tan retorcido que te concede el favor, pero sólo te tocan tres, o el reintegro, a lo sumo. Pues eso, que cómo está la luz... de cara, digo... a lo mejor no es que esté cara, a lo mejor -no, a lo peor- es que necesito más luces en mi vida e Iberdrola me stá avisando de manera subliminal, para que no me sienta ofendida. Será eso, que me faltan luces.

Quiero ser un arbolito de Navidad en febrero. Para llamar la atención. Para que el ayuntamiento de mi pueblo me ocnceda una subvención para el adorno callejero porque a mí me ha dado hoy por ser más fraternal que el resto del año.

Sólo te tengo a ti

La encontré. Sí. Me ha costado, pero al final, di con ella. En realidad, lo que he encontrado ha sido el título de una película. No conseguía acordarme, para variar. Hace unos días, en los comentarios a la entrada titulada Ráfagas, la puse como un ejemplo de la diferencia que puede llegar a existir entre una misma situación contada por dos personas diferentes.

Me he dado cuenta, a medida que iba buscando, de la cantidad de cine francés que he visto en los últimos tres años... He ido guardando todas las referencias, para ver si un día de estos escribo sobre la visión tan ¿austera? que algunos directores franceses tienen de la vida. No deja de sorprenderme... También es cierto que la percepción puede que sea sesgada -en cuanto a la visión austera-. Me explico: las películas que veo son las que se proyectan en el Club Levante, y es su director el que selecciona, con lo que yo ya voy con el menú elegido, por decirlo de alguna forma. Casi siempre es cine alternativo o poco comercial. Todavía recuerdo la semana en la que, contra toda costumbre, pasaron tres películas seguidas: el martes,Dogville, el miércoles, Good by, Lenin!, y el jueves, Elephant. Ahí es nada...

A lo que iba, que me voy de una cosa a la otra. La película que ha motivado este buceo sabatino en Google es Sólo te tengo a ti. No deja de sorprenderme el hecho de que, en las dos críticas que hay sobre ella en la referencia de la web La Butaca, una sea muy elogiosa y la otra la deje casi por los suelos, cebándose sobremanera, en el papel de la protagonista, interpretado por Audrey Tatou -le celebérrima Amèlie-. Personalmente, no me parece que sea para eso. Vamos, que no. Es cierto que su forma de actuar recuerda algo a la inocencia de la película que la ha hecho famosa, pero no deja de ser anecdótico. Su cara es el estereotipo de la dulzura y la felicidad absolutas, pero en esta película hay trampa, y la trampa de una cara bonita puede llegar a ser perversa.

He buscado más cosillas sobre la peli, y he encontrado algunas curiosidades y una entrevista a la directora, Laetitia Colombani.

Al lado de la ventana


La muñeca está dormida.

La luz me mira. Y tú no hablas.

El rosario se ha quedado sin cuentas.



Ayer fue viernes.

Hoy es viernes.

Mañana será viernes.




Las hojas se enamoraron.

Hace ya siete horas y veinte minutos.

Contemplan la tierra. Ausentes.




Este año

no tengo calendario.


De puntillas

<font size=3><i>De puntillas</i></font>

















Queda una mano

alzada sobre la cabeza.

Abierta.


Llega la palabra con fecha de caducidad.

Está en las últimas.

Agotada.

Casi muerta.


Rescata un nombre.

Para jugar a las adivinanzas.

Con dardos

es fácil.

Si aciertas,

el grito te da la certeza.


Mira tus pies.

Esquivos.

Traidores.

Pisaron donde no debían

y no se arrepienten.


¿Cómo alcanzar

la altura de tu gesto

sin ponerme de puntillas?


Los dedos

no me sostienen.



Ráfagas

Soy temeraria. Lo sé. Debajo de esta tranquilidad. Debajo de esta pereza que domina mi vida y que cada día que pasa acepto con más agrado. Pero las apariencias engañan y una vez más he comprobado que soy mi peor enemiga.

Es increíble cómo ciertas cosas en la vida no terminan nunca de pasar. No hay forma de borrarlas. Aunque aparentemente sean insignificantes. La medida del dolor no conoce de horas y de minutos. Ni de años pasados. Ni seis, ni ocho, ni diez. Da igual.

Aprendí no hace demasiado tiempo que era una temeridad exponerse a algo que se sabe que va a provocarte un nudo en el estómago. Y aún sabiéndolo, sigo.

Al principio –siempre hay un principio del que partir- me repetía, de manera casi constante, que había valido la pena, que los buenos recuerdos siempre estarían ahí. Ahora dudo hasta de eso. Ahora me gustaría que una ráfaga de aire, muchas ráfagas de aire, se llevasen de golpe todas las historias que atesoraba como algo hermoso. Porque ahora sé que la mentira les dio forma.

Nunca había tenido la posibilidad de contrastar datos. Llevo seis meses haciéndolo, y hoy por hoy, soy consciente de que no existe una historia igual. Pero ni tan siquiera para la persona que está compartiendo contigo esa relación. La sorpresa te descoloca al principio, cuando, tras muchas referencias hechas hacia un tiempo muy lejano pasado en común, la otra parte no las recuerda de la misma forma. Esa circunstancia te encamina hacia una clara conclusión: la intensidad de los sentimientos nunca es igual, y en la mayoría de las ocasiones, ni tan siquiera similar.

Puede que partiendo de esa deducción, acabe aceptando que es normal que el sentimiento de aprecio que sigo teniendo hacia algunas de las personas que han sido más importantes en mi vida, no es mutuo.

No hay más ciego que el que no quiere ver y yo lo llevo siendo desde hace demasiado tiempo...

Mi pie izquierdo

Hoy siento mucho más mi pie izquierdo. Es curioso esto de sentir una parte del cuerpo como si sólo existiera esa zona en particular. Soy toda pie izquierdo, podría decir. La primera vez que me pasó, o que fui consciente de la existencia de esa sensación, fue cuando tuve el accidente de tráfico hace casi dos años: me dolía la mandíbula izquierda, me dolía el hombro izquierdo, me dolía el brazo izquierdo. Puede resultar chocante, pero la falta de sensaciones en la zona derecha era la que me hacía calibrar que algo me pasaba. Ufff, fue como si de repente fuese consciente de que tenía dos partes en mi cuerpo: el izquierdo y el derecho. Uno me daba constantes muestras de que estaba ahí, y el otro era como si no existiera. ¿Incongruente? quizás lo sea, porque he tenido 37 años para darme cuenta de algo así... no sé si soy capaz de explicarlo... es como cuando te dicen que te relajes y que pienses en una parte de tu cuerpo, por ejemplo, en tus pulmones, o en tus rodillas, para que las sientas. ¡Es tan difícil conseguir algo así! Separar una parte de ti, como si tú no fueses toda una...

Hoy he tenido un día de películas. Desde que volví a ver, este domingo pasado, Cinema Paradiso, voy mentalmente, enlazando de película en película. Por eso he encabezado esta anotación con el título de una película magnífica de finales de los 80, principios de los 90. A sus protagonistas, Daniel Day-Lewis y Brenda Fricker, les dieron el oscar a la mejor interpretación, respectivamente, masculina y femenina.

Es curioso, no me gusta releer libros, y lo mismo me pasaba, hasta hace poco, con las películas. Pero, de un tiempo a esta parte, he cambiado de parecer con respecto al cine: he descubierto que soy capaz de sumergirme con la misma intensidad en la historia que me están contando, aunque ya conozca cómo se van a desarrollar los acontecimientos. Un día de estos haré una lista. Estoy por comenzar a coleccionarlas... ¡ja! yo, que nunca he coleccionado nada.

Addenda 21:34
Acabo de recordar la tierna y magnífica historia de "El cartero de Pablo Neruda" -no encuentro ninguna página que hable expresamente de la película; lo dejo para otro rato-. Neruda nunca ha sido blanco de mi devoción, la verdad, y ahora con más razón, cuando sé que era un misógino de tomo y lomo, pero lo que se cuenta en esta peli de su persona no es determinante. Creo que es una mera excusa... Tengo que hacer un articulillo con lo que hubo detrás de este rodaje -en concreto, con su protagonista- y contar también la triste historia que hay detrás de Una historia verdadera.

Te invito a mi casa

Ese dice la canción que suena en la radio. Otra más "ven, te invito a mi casa".


Estoy cansada de disputas intrascendentes, con gente que ni me va ni me viene. Cínica hablaba el sábado -creo recordar- en su bitácora de las decepciones y de cómo nos han educado para gustar a los demás y, por desgracia, como esa educación no ha convertido en nuestras propias tiranas. Somos capaces de hacer casi cualquier cosa a nuestro alcance para no decepcionar a los que tenemos alrededor, y algo menos, pero importante también, con respecto a los que ni nos vienen ni nos van.

Estoy hasta el pirri de conceptos como la buena educación, el respeto y la ecuanimidad. No soy jueza, si hubiese deseado serlo, posiblemente hubiese encaminado mi vida hacia ese ámbito profesional. Sólo sé que un psicópata de la red está sembrando el malestar en un sitio en el que me encontraba a gusto.

Mi primera vez

Acotación al margen -no sé de qué margen, pero seguro que alguno ha de haber-:

Hoy he hecho la compra del mes, por primera vez, a través de internet. Forzada por las circunstancias -mi esguince de tobillo-. Hasta dentro de una semana, al menos, no podré salir a la calle por mi cuenta, con lo que he decidido probar. Me ha sorprendido lo cómodo que resulta. Vamos... que porque a mí me da igual y no voy agobiada por el tiempo, pero si fuese una persona estresada, lo tendría clarísimo. Por siete euros, te hacen la compra y te la traen a casa: lo indispensable y lo que pesa. Bien. Es una muy buena opción.

Addenda 17:03
Infumable lo que he escrito ahí arriba, :-( Niña, que estás del revés. Bueno, más del revés que sueles estar normalmente... y eso ya es mucho, mucho, mucho...