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De espaldas

Almagro, mon amour



Me voy de vacaciones. ¿A wonde? No es demasiado complicado averiguarlo, leyendo el título de la entrada, :-)

El año pasado me enamoré de los paisajes de La Mancha, de Almagro, de las horas que preceden a la representación de una obra de teatro, y de las horas posteriores. Fueron dos veces las que intenté ir con anterioridad, y en las dos ocasiones, ni había entradas ni alojamiento. Con mucha anticipación, en abril de 2003, comencé a consultar hospedajes y demás. Por descontado, este año, y después de la experiencia, con más razón: pusieron a la venta las entradas el 13 de mayo a las 8 de la mañana, y a las 9 había espectáculos para los que ya no quedaban localidades.

¿Qué cómo me voy a un pueblo medio perdido en la meseta castellana durante nueve días, sin otra cosa que hacer que ver teatro clásico? Sé que puede parecer aburrido, pero no. No lo es en absoluto. Sería muy complicado explicar qué se siente cuando una se coloca en su asiento, a la espera de que un grupo de personas te cuente una historia que tú sabes que no es cierta pero que ellos van a hacértela creer durante casi dos horas. Quizás, lo mejor de todo, sea el contemplar el espectáculo en vivo y en directo y escuchar los tonos, las dudas, los silencios, en el mismo momento en el que se producen. Amén de que los autores actuales beben de los clásicos, de sus tragedias, de su ironía. Hasta de sus visiones nefastas sobre el concepto de la mujer...

Existen varios escenarios de representación -cinco- y creo que, al igual que el año pasado, esta vez también podré disfrutar de todos -por ahí he leido que el claustro del Museo Nacional del Teatro también va a ser habilitado, pero no existe programación-:

El Corral de Comedias



"Divertimento o la Comedia de los Criados".
Sabádo, 3 de julio.

"Noche de Reyes".
Domingo, 11 de julio.




El Teatro Municipal



"Quijote".
Domingo, 4 de julio.

"El lindo Don Diego"
Viernes, 9 de julio.




El Claustro de los Dominicos



"Hamlet".
Jueves, 8 de julio.




El Patio de Fúcares



"Castrucho".
Miércoles, 7 de julio.

"Mosca".
Sábado, 10 de julio.




Hospital de San Juan



"La celosa de sí misma".
Martes, 6 de julio.





La página oficial del Festival no funciona, pero si os interesa, en este artículo se explica, en líneas generales qué es y qué se va a ver, y en elquijote.com se ofrece la programación por escenarios.

Confecciones Keras



Ayer tiré al contenedor de papel una caja de cartón que tenía 18 años. Era enorme, y llevaba por dentro un refuerzo desmontable para que el material no se pudiese doblar. Casi tan resistente como una caja de madera o de plástico. En una de sus tapas llevaba pegada una etiqueta en la que se veía escrito el nombre de una empresa y la dirección de ésta:

Confecciones Keras, S.L.
C/Juan de Molina nº 20 b


Llevo dos días sumergida en una especie de batalla campal: no, no me estoy pegando con nadie ni nada parecido, pero a veces, los papeles, los utensilios, los muebles, te plantan cara como si, sabiéndose éstos próximos a su desaparición, no quisieran para ellos un final tan triste. En casa tengo, en una habitación, los restos de lo que fue un taller de confección que montó mi padre en el año 1982: dos máquinas de coser y una remalladora de cinco hilos -la caja de la que me deshice era la que la trajó embalada, en 1986-.

Hace mucho tiempo, cuando mi padre era un medio niño, medio hombre, su familia vendió unas tierras y uno de sus tíos -mi abuelo desapareció en el frente de Pozoblanco, en la guerra civil-, metido en su papel de padre adoptivo, les preguntó a sus dos sobrinos qué tipo de regalo desearían si se dedicase a ese menester un piquillo que había sobrado de esa transacción. Mi tío pidió una escopeta y mi padre una máquina de coser. Todavía está en mi casa de Linares: una singer de cabeza negra, con pedales y rueda de hierro fundido, y una caja-funda de madera. Hermosa. O quizás no sea exactamente hermosa, pero su sonido, cuando comienza a escucharse el va y viene constante del pedal, me arranca una sonrisa. A veces la he contemplado, arrobada, como si fuese una obra de arte única.

Trabajaba de aprendiz de la costurera del pueblo -creo que no tenía más de doce o trece años-. Y a los dieciséis se vino a Valencia, a tratar de solventarse la vida. Nada nuevo bajo el sol, un emigrante más en busca de mejor sustento. Aquí consiguió trabajo en una sastrería muy conocida y, entre puntada y puntada dada a las solapas de los abrigos, hacia de chico de los recados. Fue ascendiendo poco a poco, y tras algunos años metido de lleno en hacer trajes a medida por encargo, se pasó al mundo de la confección en serie, en la que los conceptos básicos de la costura son completamente distintos. Por su preparación, siempre fue encargado de cadena y si la empresa en la que trabajaba, abría un nuevo taller en algún pueblo de la provincia, lo enviaban a él para que lo pusiese en funcionamiento y adistrase a las empleadas -la foto que ilustra esta entrada es del taller de Camporrobles (Valencia), allá por el año 1964; es curioso, todas las mujeres llevan el pelo corto, no se salva ni una-.

Llegaron las vacas flacas y a finales de los setenta la empresa cerró y mi padre se encontró con 45 años y desocupado. No había trabajo o, mejor dicho, nadie quería darle empleo a una persona, que por su nivel y preparación, requería un sueldo elevado, acorde a sus conocimientos. Los más jóvenes no sabían tanto, pero su inexperiencia se suplia con el ahorro en el salario y con una asegurada mansedumbre. Con ese panorama, decidió crear su propio taller de confección. Fue dándole vueltas al proyecto durante casi dos años, y hasta llegó a patentar una marca para pantalones vaqueros, FIMACS, -estuvo un tiempo trabajando en una subcontrata para LOIS- de los que vendimos alrededor de cinco o seis mil. Finalmente, en 1982, se decidió y creó una sociedad limitada que se llamó Confecciones Keras. El nombre lo elegí yo: andaba a vueltas con los estudios de griego -3º de BUP- y Keras significa "muchachas" en griego.

Aquella aventura duró cinco años. Representó, para nosotros, la ruina económica y el desmoronamiento psicológico de mi padre. Era sastre, sabía mucho, muchísimo de confección, pero no tenía madera de empresario. Los números no salían: la mayoría de los talleres eran ilegales y los precios que cobraban por coser una prenda eran tan bajos que era imposible competir si se querían hacer las cosas bien. Ahora, miro hacia atrás y recuerdo aquella época en la que todos tuvimos que poner de nuestra parte -yo dejé filología en el segundo año para dedicarme en cuerpo y alma al negocio- y me aparece todo como si yo no hubiese estado allí. Se me hace un nudo en la garganta. Y han pasado dieciocho años.

Tengo mucho que agradecerle a esa bofetada de realidad: aprendí muchas cosas, pero sin duda, las más importantes son que aprendí a darle el valor justo a las cosas; que aprendí a ocuparme y no preocuparme y que aprendí a coser, que es, con diferencia, la mejor y más relajante válvula de escape que conozco. Cada vez que corto un pantalón o que comienzo unas cortinas, me asalta la duda de si sabre hacerlo. Cuando lo acabo, el orgullo se nota en mi cara. La sonrisa se me escapa. He sido capaz de hacer algo de lo que antes era un trozo de tela, sin más.

Ayer tiré al contenedor de papel una caja de cartón que tenía 18 años. Era enorme, y llevaba por dentro un refuerzo desmontable para que el material no se pudiese doblar. Casi tan resistente como una caja de madera o de plástico. En una de sus tapas llevaba pegada una etiqueta en la que se veía escrito el nombre de una empresa y la dirección de ésta:
Confecciones Keras, S.L.
C/Juan de Molina nº 20 b


Sí, lo he repetido: ayer tiré una caja de cartón que tenía 18 años. Pero todavía conservo las revistas de patrones de entonces, y los primeros diseños que hice, y las libretas en las que mi padre hizo sus prácticas de patronaje. Anoche guardé la cajita donde se afila el jaboncillo de sastre, y las enormes tijeras de cortar varias capas de tejido. Ordené los conos de hilos por colores, y los coloqué en cajones de plástico transparentes.

Puede que esto sea una ataque de melancolía, seguramente. Puede que todo lo que hay guardado en esa habitación de mi casa acabe desapareciendo dentro de cuatro o cinco años. Es lo que ocurre cuando una se propone tirar todo lo inservible que hay en su vida y que está cogiendo polvo, instalado como está en unas estanterias sentimentales que tienen poco uso. Por este año ya he hecho bastante.



addenda 14:21

Sí que hay mujeres con el pelo largo en la foto: tres, me ha parecido contar. Dos que están en un tercer plano y una que está en la mesa de los hilos y que lo lleva recogido en un copete alto.

El secreto de Mona Lisa



Ayer por la noche estuve en casa de una amiga. Éramos cinco invitados, sin contar a la anfitriona. La conversación, durante la cena, fue bastante fluida: la planificación de las vacaciones, las películas vistas recientemente, las últimas salidas de fin de semana... Y por supuesto, los libros que llevábamos entre manos en ese momento o que teníamos idea de comenzar a leer. Era de esperar que saliese a colación El Código da Vinci y me sorprendió saber que yo era la única que lo había leido -a estas alturas, estoy convencida de que la novela ha estado o está en la mayoría de las mesitas de noche de los hogares españoles-. A la pregunta de si me había gustado, mi respuesta fue contundente: no. Es malo con ganas. Escrito con visión cinematográfica -que en un principio no debería de ser negativo, pero en este caso, se le ve el plumero al autor- y con una nula o casi nula aportación literaria.

Al hilo de mi crítica, una de mis amigas dijo que este libro había desatado la "furia" por la lectura de novelas históricas -que no sé por qué, pues El Código no es una novela histórica ni de lejos- y que algunos autores españoles, desconocidos hasta ahora, se habían subido al carro de este sorprendente éxito literario. Citó dos títulos de novelas publicadas recientemente: La hermandad de la Sábana Santa, de Julia Navarro y El secreto de Mona Lisa, de Dolores García.

Casualidades de la vida, la autora de El secreto de Mona Lisa es compañera de trabajo -y de cafés- de otro de los invitados, y éste salió en defensa de la escritora, porque eso de que la tildasen de oportunista era, según él, sumamente injusto. Nos dijo que se había documentado muchísimo y que la novela estaba agotada en El Corte Inglés y no sé en cuantas librerias más, que llevaba ya tres ediciones y que algo de calidad debía de tener el texto cuando D.García había ido de feria del libro en feria del libro, firmando multitud de ejemplares.

No puedo opinar al respecto porque aún no ha caido en mis manos la novela, pero no deja de sorprenderme cómo somos capaces de convertirnos en adalides de una causa, cuando ésta, por el motivo que sea, nos resulta cercana: da igual que no tengamos una idea hecha sobre la cuestión -en este caso, el compañero de la autora tampoco ha leido "El secreto de Mona Lisa"- o que lo que se está diciendo al respecto de, sea bastante aproximado a la verdad. La cuestión pasa por hacer una defensa a ultranza del producto, por si acaso: es como si la calidad del libro tuviese que ver con la calidad personal de la autora, como si fuesen una sola cosa. Me sorprende, la verdad. Pero lo entiendo. Posiblemente, yo también hubiese reaccionado airadamente, o al menos, me hubiese puesto a la defensiva.

Por cierto, dicen que el cuadro de la Mona Lisa sí que esconde un secreto.

La mirada interior



"La confianza en nuestras capacidades, así como el platónico amor racional a uno mismo, resulta necesario para poder amar a otras personas o para estar sola en las mejores condiciones. Muchas mujeres crecen con la sensación de ser la mitad de una persona, ya que se fomenta en ellas la idea de que no son nada sin un hombre. Y, a raíz de considerarse seres incompletos, buscan en el otro aquello que ellas no poseen: el resto de sí mismas. Hay mujeres que han llegado a descubrir que su obsesión por los hombres egocéntricos se debía a que su propio yo estaba poco desarrollado, y de este modo buscaban una seguridad e identidad de la que se sentían interiormente carentes.

De ahí que incurramos en el error de enamorarnos de alguien por lo que necesitamos y no por cómo es la otra persona. Así, utilizamos un yo falseado para conseguir que un hombre se enamore de nosotras y, cuando lo conseguimos, seguimos representando el papel, hasta que en un momento determinado nos encontramos solas y deprimidas, agotadas y erosionadas en nuestro propio ser. Se supone que entonces reaccionamos y nos preguntamos: ¿estás dispuesta a condenarte a esto, a continuar con algo que realmente no te conviene?

En "El segundo sexo", Simone de Beauvoir describe a la mujer enamorada como alguien que sólo puede lograr la trascendencia a través de su amor por otro; una mujer que capta realmente su propio valor en el momento de sentir sobre sí la mirada adoradora de un hombre. Incapaz de actuar en un mundo más extenso o de formarse una identidad, esta mujer se ve forzada a adherirse al poder masculino a fin de liberarse de la ansiedad de su propia impotencia. Y como el amor romántico es casi el único camino que una mujer, salvo excepciones, tiene para llegar a la aventura y la trascendencia, éste llega a convertirse en una obsesión.

De esta manera, el amor romántico se convirtió en un fin en sí mismo: con el sacrificio por amor se obtiene la salvación. Basado en la ilusión, su proyección consiste en sobrepasar las propias limitaciones. Los amantes se idealizan mutuamente, ven en el otro cualidades que no tiene, se atraen por la intensidad de sus sentimientos, por la seguridad de sentirse auténticos complementos. Y el erotismo, por su parte, les lleva a la esperanza de una fusión que les traerá la plenitud y el fin de la soledad. Estos sentimientos acompañan las primeras etapas de la mayoría de las relaciones eróticos-amorosas y no tienen por qué destruirse, si se pasa a una etapa siguiente. Sin embargo, las mujeres se han quedado frecuentemente con esta fijación porque no han desarrollado ni delimitado su identidad propia, y se han confundido y atado a sus amantes creando una dependencia que les genera una gran ansiedad. Hemos pasado mucho tiempo centrando nuestra felicidad, nuestro estado de ánimo y nuestra propia valoración en la mirada del otro.

Por todo esto, las feministas cuestionan desde hace tiempo el precio que pagamos por mantener relaciones así, e imaginan otro tipo de amor, un amor ideal que progresivamente incorpore la independencia a la relación."


Fragmento de "La mirada interior", incluido en el capítulo "El mapa emocional y las reglas del juego" del libro "Solas" de Carmen Alborch.

Decálogo del "NO VOLVER A"



.- No volver a decir jamás que no suelo perder los papeles.

.- No volver a creerme poseida por el espíritu de Sara Baras.

.- No volver a decir "vale, la última... si total, de aquí a casa son cinco minutos".

.- No volver a pensar que las correve-y-dile de profesión han desaparecido de la faz del planeta.

.- No volver a olvidarme de reponer en el botiquín las existencias de paracetamol.

.- No volver a organizar una excursión para "el día siguiente de".

.- No volver a decir que en Teruel, en junio, no hace calor.

.- No volver a olvidarme de que tengo más de veinte gorras y sombreros varios.

.- No volver a pensar que cuantos más seamos, mejor.

.- No volver a subir de paquete en un quad, a no ser que sea uno como el de la foto.

.- No volver a descender una montaña a las tres de la tarde.

.- No volver a ascender una ladera en busca de un camino perdido a las tres y media de la tarde.

.- No volver a arrastrarme por el suelo pensando que mis músculos son de goma.

.- No volver a dudar de que las piedras mojadas resbalan.

.- No volver a llevarme un bocata de jamón con tomate para comer sin haber tomado la precaución de llenar la cantimplora.

.- No volver a decir que el agua del río no se puede beber.

.- No volver a fanfarronear pensando que una vez subida una cuesta, ya las has subido todas.

.- No volver a dudar de que los golpes de calor existen y te dan de pleno en la cara cuando menos te lo esperas.

.- No volver a decir que lo mejor del mundo es encontrar lugares dejados de la mano de Dios.

.- No volver a asegurar que el cuerpo lo que necesita es marcha, mucha marcha.

.- No volver a comprometerme en preparar una cena para tropecientos mil cuando existen tres restaurantes de puta madre.

.- No volver a olvidarme de la máxima del casi cuarentón: se sale una noche, pero dos seguidas, imposeibol.

.- No volver a dudar de que lo que ahora siento es algo que se conoce como ensalada de agujetas aderezada con gotitas de resaca verbenera.

El resultado del fin de semana

No es que hayan salido para tirar cohetes, pero algo es algo... Una pequeña muestra de que, al menos, tanto sufrimiento, valió la pena:




Le llaman la Cascada del Arquero -no sé con certeza el porqué; en un libro sobre rutas de la Sierra de Gúdar leí hace poco que era porque al caer el agua desde tanta altura, hace una especie de arco en el que se ve el arcoiris-.





El descanso -de la resaca y de la marcha campestre-.





Rosa silvestre, o lo que es lo mismo, la Rosa agrestis Savi





A punto de cargar las maletas en el coche. No me pude resistir, la calle encajona al paisaje de tal forma...

El resto de las fotos de la cascada del Arquero están en el fotoblog Milésimas de segundo, por aquello de tenerlo todo juntito, :-)

Algunas no se ven muy bien, pero es que la cortina de agua de la cascada limitaba -al menos a mí- las maniobras, amén de que no hay espacio casi para moverse: sales de una revuelta, subes una especie de escalera natural en la roca y te encuentras con ella de sopetón.

Ella es la culpable



Sí, ha sido ella. Bueno... no. En realidad ha sido una como ella. Pero para el caso, es lo mismo. Ella se llama Vipora latasti. En castellano, víbora hocicuda.

Son malas. Muy malas. Rematadamente malas.

Muerden, las muy ladinas. O pican, como más guste -nunca lo sabré con certeza, porque pico, lo que se dice pico, no tienen-.

Y de poco se muere Pulgui -en la foto, es la que está tumbada- porque pisó donde no debía. ¡Pobrecita mía! ¡Qué malos son todos!



Ayer por la mañana volvió a la masía cojeando. Sus amos estaban allí porque andan liados con reformas en la casa y las perras, en la sierra, salvo por la noche, están sueltas. Al mirarle la pata lesionada se dieron cuenta de que llevaba dos picaduras -o una mordedura-. Está muy malita, pero sino pasa nada anómalo, ya está fuera de peligro. Se ve que al no estar demasiado lejos de la masada, la vuelta del animal fue rápida y eso resultó ser una ventaja.

Hace ya tiempo, en los comentarios a una entrada titulada Olé, torito, mi torito bravo conté lo habituales que son los escurzones ("escurçó" en valenciano) en la zona de la Sierra de Gúdar. En realidad, lo son en casi toda la zona este del país. En la ficha que aparece al final de la página de este último enlace, dice que es una especie amenazada. Según tengo entendido, en Aragón existe normativa específica relativa a su protección -no he sido capaz de dar con la información- y si te encuentran in fraganti, matando a una, te inician, en un plis-plas, un expediente sancionador: encima de cornudo, apaleado -bueno, bueno, que ya sé que la solución no es matarlas, pero ¿qué haces si te enfrentas a una? ¿salir corriendo? ¡ayssss, qué difícil es tó!-. A ver si me entero de algo este fin de semana...

La Closa

En el pueblo en el que vivo no existe casco antiguo. O al menos, lo que hay no se aproxima demasiado a la imagen que a la mayoría nos sugiere esa expresión. Es un municipio con historia, pero con una historia de andar por casa, nada relevante. En los años sesenta, el fenómeno de la emigración, triplicó su población -eso creo recordar- y por extensión, los límites del espacio construido se ampliaron. Actualmente, y salvo el núcleo -donde vivo-, en el que se conservan la mayoría de las viviendas "dels llauraors" -de los labradores-, el resto del pueblo se ha convertido en algo muy cercano a una ciudad dormitorio -aunque el ayuntamiento está haciendo verdaderos esfuerzos para que no se llegue a cruzar esa línea-.

Sólo se conservan dos edificios históricos: la Casa del Dau y La Closa. Pertenecen ambos a particulares y han sido restaurados recientemente. Uno, con algo más de estilo, el otro, a mi modo de ver, con un gusto un poco más cercano a la ostentación. Pero en fin,... son aprecicaciones personales.

La Closa forma parte de mis recuerdos: de niña, pasaba todos los días bajo la galería por la que se accedía, en perpendicular, a la calle adonde daba la puerta trasera del colegio de las monjas. En aquel entonces, la casa estaba abandonada a su suerte y en los bajos había instalado un taller mecánico de reparación de vehículos. A medida que fui haciéndome mayor me daba más apuro pasar por allí, porque los chascarrillos a mi costa estaban a la orden del día. Creo recordar que cuando cumplí 16 años, lo adquirió el estanquero y fotógrafo municipal, para rehabilitarlo como vivienda. Y en ello ha estado hasta ahora.

En la actualidad, sigo pasando por allí casi todos los días. Acorto distancias para ir de mi casa a la de mis padres. Esta mañana he sabido que la vivienda contigua a este edificio va a ser derruida para levantar cuatro dúplex. Dicen que, en realidad, la alquería -eso fue en un principio, hace ya muchos siglos- era tan grande que estaba conformada por casi todas las construcciones circundantes, ya que había cabellerizas y las casitas de los trabajadores. Y la única que queda en pie, de todas estas instalaciones anexas a la casa principal, es la que van a derruir. Me ha dado pena.

Cuando he fantaseado con la posibilidad de tener una vivienda en propiedad, siempre he pensado que comprar una de estas casas era una buena idea. Me hubiera gustado saberme durmiendo al lado de La Closa. Melancólica que es una...


















De esta alqueria se cuenta que fue la elegida por el cronista-historiador Ramón Muntaner para escribir su famosa "La Crónica". No se sabe con certeza si es ésta u otra que existió anteriormente en el mismo lugar en el que luego se levantó La Closa. Os dejo un párrafo, en valenciano -creo que se entiende bastante bien, pero si hace falta, lo traduciré-, en el que hablan de este señor y de este pueblo:

El conegut historiador de la confederació catalano-aragonesa, Ramon Muntaner, ciutadà de València, va posseir una alqueria i terres adjacents situades a Xirvella, pel seu casament amb la dona valenciana Na Valençona Castell, el pare de la qual sembla que havia adquirit dites terres i alqueria a l'Ordre de Calatrava.
En aquesta alqueria, Muntaner hi va escriure la seua inmortal obra, anomenada comunament «La Crònica», obra clau de la literatura medieval universal, gràcies a la qual el nom del nostre poble, unit per sempre al del cronista, s'ha fet conegut a tot l'orbe.


Texto extraido de "El nostre poble, Història" escrito por Miquel Blaso i Orti.

Que tengas suertecita



Anoche no podía dormirme. Estuve leyendo hasta tarde porque el sueño no llegaba. Apagué la luz para forzar el descanso. Ni así. A las dos y media de la madrugada ya iba por la mitad de la novela, y eso que la había empezado a las doce. Cansada de agobiarme en la cama y como en alguna ocasión que he tenido problemas con el sueño me han recomendado hacer cosas verdaderamente latosas, me levanté para ver si en la tele emitían algún documental tipo "siesta viendo La 2". Haciendo zaaping, ya medio desesperada, fui a parar a una cadena valenciana en la que a esas horas, ofrecen videos musicales. Y en uno de estos saltos "canalísticos", volvía a ella justo en el momento en el que Enrique Bunbury apareció en mi pantalla, vestido a la usanza de vaquero extraviado en un mundo injusto pero de hombres duros, con una guitarra en la mano y un enorme sombrero del Oeste más Oeste que pueda una imaginar.

Me impactó sobremarena la letra de la canción que estaba interpretando -lo de interpretar es un decir...-: "que tengas suertecita". Y de ahí no lo sacaba nadie. Vamos, que estuvo, sin exagerar un ápice, más de minuto y medio dándole a la guitarra y repitiendo, cual anunciante por altavoces de ofertas de Carrefour, su frase talismán "que tengas suertecita...".

No entiendo de música, nada en absoluto. Por tanto, lo que aquí pueda decir sólo está basado en lo que me gusta o me disgusta. Lo cierto es que me chocó bastante la parquedad de la letra de la canción. Tuve la sensación de estar presenciando cómo se trasladaba la idea del minimalismo a una composición musical. Porque, desde luego, minimalista era... o casi. Porque hoy he encontrado una referencia en la que habla del último disco de E. Bunbury, El viaje a ninguna parte y en el que se dice de él cosas del siguiente tenor:

Un disco doble con gran importancia en sus letras.

Al final de esa página aparece la de "Que tengas suertecita" y al menos, algo más de contenido del que yo escuché ayer, sí parece tener -quizás es que comencé a verlo cuando ya llevaba la mitad de la canción cantada-. Pero no mucho más. Si buscan, y con esto me refiero al marqueting, darle un aire de reflexividad y asentamiento espiritual al autor, lanzando al mercado, como primera canción, ésta de la que hablo, andan algo errados. Que no digo yo que el resto de las letras sea de un profundo cercano a San Juan de la Cruz, pero desde luego, lo de "que tengas suertecita" no deja de ser algo muy parecido a "la barbacoa, la barbacoa, la barbacoa, la barbacoa", del tan injustamente denostado Gorgie Dan.

Sé que comparar al rey de las canciones del verano con el ex-vocalista y creador de Los hombres del silencio puede parecer un sacrilegio de los gordos, pero que muy gordo. Quizás lo sea. Pero el no saber me convierte en temeraria -¿te suena de algo, Kiri? ;-D - y ya imbuida en ese oficio, sigo adelante.

Sólo una vez lo vi actuar, en un concierto, cuando Los Héroes estaban en pleno apogeo. En mi vida he visto volar más botellas de güiscacho en un escenario -también es cierto que no he asistido a muchos y la mayoría eran de artistas algo más calmados-. Me gustó ese aire de malditismo, de niño malo, de perdido queriendo encontrarse. Pero con el tiempo, su personaje -de él, en realidad no puedo hablar- se ha convertido en una imitación continuada de gurús musicales, de figuras que han tenido peso específico en la historia musical reciente. Y quizás sea eso lo que no me llega, que lo veo, lo escucho y percibo algo falso, una sobreactuación.

De todas formas, el "que tengas suertecita es pegadizo, muy pegadizo.

Tirantes y cinturones



Esta mañana, de camino al trabajo, iba escuchando la radio en el coche y en el programa La Jungla de Alfonso Arús, han emitido unas declaraciones que hizo ayer, tras, por lo que se deduce después de saber la noticia, una profunda e intensísima confrontación de datos, el gurú-adalid de la prensa aristrocrática -del Hola al BOE y tiro porque me toca-, o sea, Jaime Peñafiel referidas al rey Don Juan Carlos I. Se me ha escapado una sonora carcajada. A este hombre deberían de contratarlo como humorista fijo en algún programa de la cadena pública, de verdad.

Se ve que el periodista está contrariado porque el Jefe de Estado combina, a la hora de llevar los pantalones, el cinturón y los tirantes. Y claro, no tiene demasiada lógica, porque habitualmente, si estos dos utensilios se destinan para lo mismo, con usar uno, suficiente.

Convencido de que esta extravagancia debía de significar algo importante o de que es un síntoma inequívoco de que la personalidad Real tiene lados oscuros, el cronista monárquico decidió consultar sobre este extremo a un profesional especializado en el comportamiento humano, o sea, un psiquiatra. ¿Y a qué psiquiatra eligió tratándose de tan magno personaje? Pues a uno con renombre, con mucho renombre, para que no se pudiese decir que el que había opinado sobre los desvarios reales era un "mindundi": Enrique Rojas.

Por muchos esfuerzos que he hecho, no consigo imaginarme la cara que tuvo que poner el Sr. Rojas al escuchar una interpelación de semejante envergadura: "¿Qué cree usted que significa que su Majestad el Rey emplee tirantes y cinturón a la vez para llevar los pantalones?" -la redacción de la pregunta entrecomillada es mía-. Tiene enjundia el asunto, sin duda.

Ante una cuestión tan trascendental, la respuesta del psiquiatra vino a colocar las cosas en su sitio para luego, volver a desordenarlas, que es como mejor están si uno aspira a no terminar majareta después de observar el modus operandi de ciertos individuos -o sea, que el Borbón no está del revés ni mucho menos-: dijo que se podría interpretar como un refuerzo personal a alguna debilidad de carácter atribuible a algún despiste o con otras palabras, a una manía como otra cualquiera.

En resumen, que el rey simultanea cinturón y tirantes de la misma forma que Kiko Legard llevaba un calcetín de cada color y no sé que presentador famoso lucía en su muñeca izquierda dos relojes de pulsera...

Me consuela saber que no soy la única que se pregunta cosas peregrinas e intrascendentes. Estoy salvada.




Addenda 10:42

Por cierto, la histórica investigación se dio a conocer en el programa matutino que presenta Mª Teresa Campos en Telecinco, titulado Día a día.

Impresión



Eso es, una impresión... Meras pinceladas que no dan una forma perfeccionada pero sí dibujan una silueta que se intuye, que se vislumbra.

Soy incapaz de moldear la sensación, pero el hecho de que no sepa qué lugar darle en mi espacio no le resta fuerza.

A veces, sólo a veces, tengo la impresión de ser la única que ha estado, en ocasiones, en el borde de un pequeño abismo.

¿Para qué sirve tanta protección si se deja de sentir? Miedo y pavor, y aún así, cada vez soy más consciente de que la bondad y la maldad sirven para limitar.

Sé que no se entiende, pero es que no me entiendo ni yo misma.

El cuadro se titula "Impresión de un amanecer" de Claude Monet -de ahí el movimiento impresionista-.

La clausura



Se me cayó un fonema.

Hace media hora que lo busco.

¡Ilusa!

Creí que lo hallaría agazapado

entre las rendijas de la persiana.



Viene el aire a dar las buenas noches.

Se va la certeza de que los días no mueren.



Descubro en el escritorio

una voz que no conozco.

Me recuerda que no es decente

defender a un perdedor.



Callada y callada y callada.

Sin molestar, por si acaso.

Colgado el cartel de "silencio, por favor".



Perdí la oportunidad de apoyarme

en un recodo de mi nuca.

Sólo queda dormir en el jergón.



Mis labios enmudeciron hace ya una semana.

Por méritos propios.


Poniente

Es insoportable. O casi insoportable, porque si realmente lo fuera, no podría estar escribiendo ahora mismo. Hablo del poniente. Para ser exacta, del viento de poniente. No sé si ocurre en otras ciudades, imagino que sí, pero es tan agobiante... Sales a la calle y es como si de repente el aire te diese una bofetada en la cara: caliente, muy caliente. Y lo curioso es que el viento no se percibe, quiero decir, es tan suave que no se ve su efecto en los árboles, por ejemplo.

Acabo de llegar de hacer una gestión en un departamento que está situado en otro edificio. Por la calle me he cruzado con una compañera que me ha dicho "¡qué basca hace!". Sí, realmente provoca malagana. Mucha.

¿Mujeres malas?



Llevo tiempo dándole vueltas a una serie de comportamientos sociales que a priori y sin profundizar demasiado, parecen inocuos pero que si una se detiene un poco a la hora de analizarlos, no tarda demasiado en darse cuenta de la elevada carga machista que éstos acarrean y de lo perniciosos que pueden llegar a ser si se parte de la base de que una gota no hace un torrente pero sí que puede llenar un vaso de agua -y ya se sabe que cuando el vaso se derrama, la racionalidad se ofusca-. Y en ésas estaba -en darle vueltas- cuando ayer, recordando frases dirigidas a mujeres con clara intención peyorativa, me vino una a la cabeza que, de primeras parece un elogio, pero que, a mi modo de ver, no lo es:

"Detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer".

Se nos alaba -supuestamente- pero se nos coloca en el sitio que se desea para nosotras, o sea, en segunda fila. Es como si te estuvieran diciendo: "no te quejes, mujer, si en realidad siempre habéis sido relegadas de la esfera pública, pero en el fondo, muy en el fondo, estos pobrecitos hombres no hubieran sido lo que fueron sin que una de vosotras no hubiese intervenido". De ahí pasé a pensar en que, independientemente de que la frase sea un micromachismo mal disimulado, tipo palmadita en la espalda para el perdedor, la imagen que provocaba o las referencias que acudían a mi mente al pronunciarla siempre eran de prohombres que tuvieron un nombre propio en la Historia. Eso conllevaba que sus mujeres, por extensión, fuesen también magníficas personas.

Pero... ¿qué ocurría, entonces, con las esposas o amantes de los dictadores? ¿Eran o fueron, por oposición a la mentada afirmación, malas mujeres?

Averigué que Juan Gasparini, en el año 2002, publicó un libro titulado "Mujeres de dictadores" en el que hacía un repaso por la vida de algunos de los tiranos más tristemente conocidos y de las féminas con las que éstos se habían relacionado: a priori, el ¿ensayo? es muy interesante, pero si he de atenerme a lo leido en las reseñas, el autor cae en el mismo error de planteamiento que se le podría atribuir a los que pronuncian la frase que ha originado esta reflexión: cuenta la historia de ellas a través de la historia de ellos, y no al revés. Intuyo que posiblemente sea difícil conseguir información pormenorizada de la vida de cada una de estas mujeres, pero bueno... a lo que iba: ¿Fueron malas estas mujeres? ¿Sería ese el calificativo exacto para valorarlas? ¿Cómo es posible que amaran a hombres que eran capaces de firmar sentencias de muerte hoy y mañana también? -sé que con esto presupongo que las mujeres son menos violentas, pero no pretendo convertirlo en una afirmación taxativa-.

En el caso de Carmen Polo es más que evidente que muy buena, lo que se dice muy buena, no era. Eso sí, piadosa lo era un rato. Y de misa diaria, por supuesto. Paul Preston no la deja muy bien parada en su libro Palomas de guerra y tampoco, por lo que se deduce, en "El misterio de la mujer de El Pardo", biografía novelada de la esposa del dictador, escrita por Assumpta Roura -por cierto, el título es de un pretencioso que tira para atrás-.




Addenda 11:23
Los enlaces que voy a poner a continuación los tenía "reservados" para incluirlos en una entrada que tengo pendiente, en la que pretendía hablar sobre el hembrismo y su relación con el machismo, pero como me parece que la información que ofrecen es interesante para esta anotación, los traigo hasta aquí y el que desee, que los lea. Antes, resalto un trozo de uno de ellos, que habla sobre los procesos de socialización hombre-mujer:

En el caso de América Latina, Ignacio Martín-Baró ha definido cuatro características de la socialización que recibe el varón, cualitativamente diferentes, incluso opuestas, a la de las mujeres:

"… (a) fuerte tendencia y gran valoración de la actividad genital (el macho es "muy gallo"); (b) frecuente tendencia hacia la agresividad corporal (el macho "las puede"); (c) una sistemática actitud de "valeverguismo" o indiferencia frente a todo aquello que no se relaciona claramente con la imagen de "macho" (al macho "le vale v." todo lo que no se relaciona con faldas o con violencia); (d) el "guadalupismo", es decir, una hipersensibilidad respecto a la figura idealizada de la madre y todo los que se relacione con ella.

"Al síndrome descrito por la tipología del macho corresponde el síndrome de la hembra. Se podría caracterizar el "hembrismo" por los siguientes rasgos: (a) la subordinación instrumental frente al macho: la realización de la mujer sólo es concebida mediante el servicio al hombre y la procreación y educación de sus hijos; (b) la exigencia de la virginidad y enclaustramiento; mientras es soltera, la mujer debe reservarse intacta para un hombre, y una vez casada, debe permanecer dedicada integralmente a su hogar. Frente a la genitalidad machista, la mujer debe llegar virgen al matrimonio, ya que compete a su marido llegar con experiencia sexual y así moldear a su esposa en ese aspecto; (c) el cultivo de la sensibilidad y de la afectividad; puesto que la hembra es de inteligencia inferior, a ella no le compete enfrentar y resolver los problemas objetivos, sino cultivar la emotividad y el sentido de las realidades subjetivas; (d) el conservadurismo y la religiosidad: a la hembra le compete conservar vivas en la familia las tradiciones culturales y espirituales, y así mantener religada la familia con los parientes (vivos y difuntos) así como con Dios"


Extraído de "¿Biología o sociedad? Los procesos de socialización de los individuos".

Definición y clasificación de los micromachismos.

Al borde de tu cuerpo



Por un momento, sus fuerzas languidecen y duda entre levantarse y afrontar el frío de esa madrugada de invierno o volver a la duermevela de la que quizá no haya llegado a salir. Como cuando uno se despierta, mira el reloj y descubre que todavía tiene tiempo para arrebujarse entre las sábanas, colocar la almohada, hacerse un ovillo y no ser por un rato más. Pero el reloj en esta ocasión es la respiración regular y profunda del hombre que, acostado a su lado, le marca el ritmo al tiempo. Las muchas horas recién devoradas. No podría volver a dormirse. Ahora no hay tiempo, no queda tiempo, o el tiempo no existe para ella. Tiene que salir de allí, es inminente escapar de la escena que comienza a esbozarse. Sin embargo, sigue fijada al borde de la cama, rígida, aterida, incapaz de moverse, sabiendo que todavía no ha dado el primer paso, que aún no se ha ido del dormitorio, que la proximidad de él la retiene aún desde el sueño, que quizá no deba precipitarse a la intemperie, queu aún lleva puestos los ojos con los que ha visto el mundo.


Inicio del capítulo III de "El hueco de tu cuerpo" de Paula Izquierdo

¿Censura o caciquismo judicial?

Acabo de enterarme, vía Pablo Santiago que al director de una revista granadina titulada "El batracio amarillo", lo han condenado a una sanción dineraria, a satisfacer las costas del proceso judicial y a un año de prisión porque en cuatro ocasiones -eso me ha parecido leer- ironizó, a través de viñetas y otros elementos gráficos, sobre las andanzas un tanto extrañas del por el entonces alcalde de Motril, Luis Manuel Rubiales López. Extraigo un trozo del artículo:

"

Las razones que han motivado la pena de un año de cárcel para A.J. Martín Merlo y las multas asociadas fueron: una historieta más una sopa de letras satírica en las que se caricaturizaba a un alcalde rapaz, a lo que habría que sumar un pasatiempo sardónico y un epigrama elaborados con el mismo objetivo (denunciar la supuesta corrupción), todo ello publicado en el núm. 38 de la revista El Batracio Amarillo. Por estos cuatro actos de humorismo gráfico y escrito fue condenado A. Martín Merlo a multa e indemnización como autor de un delito de calumnias y de otro de injurias. Se interpuso recurso de apelación y el día 1 de abril de 2004 fue dictada sentencia por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Granada en virtud de la cual se desestimaban ambos recursos. En consecuencia, el dibujante que firma "Gato" está obligado a cumplir un año de prisión y a la pena de multa de 1.800 euros más otra indemnización de 6.000 euros; a lo que hay que sumar las costas procesales.
"

Leer la noticia al completo.

No lo entiendo, de verdad.

Involución



Tengo la impresión de que es un proceso que observo cada vez con más frecuencia. Anoche, cenando con un amigo, me relató cómo había vivido un tío suyo hasta que al llegar a los cincuenta, tal pareciera que le hubiesen dado la vuelta como a un calcetín. De joven, aventurero, provocador, carerra tras carrera delante de los grises... y ahora es tan conservador que algunos han llegado a pensar que les está tomando el pelo.

Yo también conozco a una persona así: una mujer, familia muy cercana. De niña vivió la guerra civil, huyó por las carreteras, unos ratos andando, otros, encima de los colchones que se transportaban en el carro tirado por las mujeres adultas que habían podido escapar. Era hija de republicanos. De un republicano y de una mujer con la mente muy abierta pero que no participaba de la política públicamente, como sí hacía su marido.

Llegaron las mujeres y los niños, huyendo de los bombardeos, a una ciudad lejana a la tierra que los vio nacer y allí se instalaron. El hombre vivió, durante mucho tiempo, escondido en las alcantarillas, hasta bastante después de finalizar la contienda. Su hija, mientras,iba y venía a la cárcel a llevar alimentos y cartas y a recoger la ropa sucia de los compañeros/amigos de su padre que tuvieron la desgracia de caer presos. Su hija, que había nacido en el 32 y que por aquellas fechas rondaría ocho o nueve años, cuando llegaba al recinto carcelario coincidiendo con la salida del sol, veía cómo se abría la puerta grande del edificio para dar paso a los camiones cargados de hombres. Contó, en una tertulia familiar, que en todas las ocasiones en las que estuvo allí tan temprano, conocía a alguno de los que iban de camino al paredón. La niña siguió llevándole la comida a los pocos que iban quedando; la niña siguió visitando las alcantarillas de la ciudad para hacer de enlace con su padre; la niña, si era necesario, salía en la noche, como ocurrió una madrugada, para avisar a Reche porque un paisano metido a guardia civil les había avisado de que ese amanecer lo iban a tomar preso. La mujer-niña contó que esa noche pensó que la vida de Reche dependía de ella y que la podían prender en cualquier momento. Llegó a tiempo. Reché murió hace dos años, a sus 91, atropellado por un vehículo, mientras hacia su andadura diaria en bicicleta.

Pudimos preguntarle, hace ya años, cuando todavía vivía la madre de esta niña que luego se hizo mujer, el porqué era ella la que iba y venía a lugares tan poco aptos para una cría. A eso nos contestó la madre: un niño pasaba desapercibido, de un niño no se esperaba maldad, un niño, si era prendido, se desmoronaba enseguida y los secuaces de los ganadores los preferían, por eso tampoco los agobiaban.

Esa niña se fue haciendo mayor y consiguió, a base de agachar la cabeza y de aceptar como normas las imposiciones de los ganadores, arreglar los papeles de sus padres, que hasta aquel entonces estaban falsificados: su madre vivió durante casi diez años siendo otra mujer. Su carnet de identidad perteneció a una mujer asesinada durante la guerra civil.

Esa niña que se había hecho mayor quisó trabajar cuando casi ninguna mujer trabajaba, porque todas acababan casándose. Y se preparó unas oposiciones y trabajó en una empresa pública con personal mayoritariamente masculino. Como no le gustó el trato que le daban sus compañeros, se preparó otras para una empresa pública en la que casi todos los trabajadores eran mujeres. Estuvo en activo sólo 25 años. Le diagnosticaron una enfermedad que le imposibilitaba para trabajar, con lo que le concedieron una incapacidad laboral total y absoluta para todo tipo de trabajos. Hasta que esto ocurrió, salió, entró, se relacionó con la gente, se casó y tuvo familia...en definitiva, fue una mujer activa, luchadora, nada convencional.

Y ahora, esa niña que se había hecho mayor, se ha hecho más mayor. Mucho más mayor. Y ahora, tener una conversación con esa mujer, ya anciana, que fue niña hace tantísimos años, es un ejercicio práctico de la lógica del caos: escucharla, cuando habla de las mujeres, de la liberación sexual, da miedo. Y causa sorpresa. Y acaba provocando tristeza, mucha, quizás demasiada. Cuando te refiere que eso de que dos hombres puedan besarse libremente por la calle, debería de estar prohibido, no puedes dejar de pensar que a esta mujer, por desgracia, la vida le pasó factura. Y qué dura factura.

No sé si realmente será una regresión, pero sí una involución. ¿Cuánto tuvo que sufrir para que, cincuenta años después, sea capaz de pensar como una adalid del reaccionarismo más duro rechazando de plano todo lo que fue desde que vio la luz por primera vez?

Lágrima



Hace media hora he estado viendo el álbum de fotos de una compañera de trabajo. Tiene dos hijas, las dos adptadas en Bolivia. Las instantáneas son de cuando estuvo allí para recoger a la segunda, a la más pequeña.

Vivieron durante casi un mes en la misma residencia en la que la niña estaba recogida y convivieron durante ese tiempo con el resto de las menores.

No he podido evitar el nudo en la garganta y el que se me escapase una lágrima: esos ojos, llenos de miedo y esperanza a la vez... una de ellas aparece en la mayoría de las fotografías, cogiéndose del brazo de mi compañera. Me ha contado que le preguntaba todos los días si se la iba a llevar con ella. Tiene que ser jodidamente difícil hacer algo así y luego marcharse, sabiendo que casi todas van a seguir solas durante mucho tiempo.

¿Sensiblería? No lo sé. Quizás, impresión. Mucha.

Houdini al desnudo



En realidad, en la foto no enseña casi nada. Aunque desnudo sí que está, o casi completamente desnudo. El taparrabos, cubre tan sólo el 15 ó 20% de su cuerpo -como mucho-, con lo que... puedo aventurar que este señor se dedicó a esto del exhibicionismo sin que nadie se escandalizara, solapando sus verdaderas intenciones con la perfecta excusa de que sus casi desnudos integrales lo eran por afán de limpieza y transparencia en su trabajo. ¡Ufffff, pero cómo desvarío a estas horas de la mañana! Que no, que no, que no estoy acusando al mago Houdini de pervertido sexual... es que me ha chocado su excasa vestimenta, siendo que vivió en una época un tanto moralista. He exagerado un pelín, :-) Bueno, un pelín, no, un pelón enorme, :-P

¿Y por qué me ha dado hoy con desayunarme con este señor que desaparecía, en escena, cuando le daba la gana y al que mucha gente adoró por el aura de misterio inexplicable que giraba en torno a sus espectáculos? Pues porque he leido en la prensa que un museo estadounidense muestra, por primera vez y paso por paso, en qué consistía el truco de la metamorfosis.

Lo que no termino de entender es el porqué del enfado de los que hoy en día se dedican al ilusionismo. ¿Acaso se creerán que somos tan ilusos que pensamos que de verdad tienen poderes?




Addenda 10:42

He encontrado un dibujo en el que se explica el truco paso a paso. Por cierto, que la noticia ya la publicó el pasado 4 de junio, BBCmundo.com.

Peaso tormentón que está cayendo

Santa Barbará bendita que en el cielo estás escrita con papel y agua bendita,... porque el día de Santa Cruz dije mil veces Jesús, Jesús, Jesús...

¡Mamáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! Me da miedooooooo!!!!!!!!!!!!!

¡Qué truenos! ¡Qué relampagos y qué de to! ¡Ayyyyyyyyyy! Acaba de hacer un trisssss... Voy a apagar este cacharro y a desenchufar la antena de la tele.

Lo de arriba es una medio canción que nos enseñó mi abuela paterna para cuando había tormentas. En Teruel, en verano, son muy frecuentes. En la zona de montaña, claro. En cuestión de un cuarto de hora pasa de soleado a unas nubes de tormenta de las que asustan. Pues eso, que como a mi hermana y a mí nos daban miedo los truenos, nos hacían recitar esa oracioncilla y contar las veces que decíamos Jesús. Con eso, supuestamente, desviaban nuestra atención.

Por lo que acabo de leer, es una mezcla de dos "conjuros" contra las tormentas.

Y ahora mismo estoy buscando si la palabra "retrete" tiene otro significado porque no me casa demasiado que en una oración contra las tormentas se mande a Dios al excusado.