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De espaldas

Mi primer cuento

La gota que colma el vaso

Erasé una vez que se era una niña muy niña. Tan niña que miraba con cara de niña. Y eso que todos le decían que parecía una mujer. Tan mujer como su madre, que era la mujer más mujer que ella jamás había conocido.

Nunca jugaba. Y si jugaba, no se lo decía a nadie. Jugaba con ella misma. Como juegan los que se saben tristes de por vida pero no quieren que nadie se entere. Sobre todo, porque una niña que mira con cara de niña ha de saber aceptar que la derrota llega de la mano de la tristeza.

Un día tuvo que esperar durante largo rato a que unos señores que llevaban muchas horas reunidos en la habitación de su abuelo, salieran de allí para que ella pudise entrar a darle las buenas noches. Como temía que si seguía estirándose el volante de la falda, su madre le dijese que eso era algo impropio de una niña con cara de niña, pidió permiso para irse a la cocina, porque pensó que desde allí podría asomarse a la galería que daba al patio de luces y así observar cómo la sra. Mariana tendía la colada.

Cuando estaba a punto de colocarse detrás de la cortina para observar a la oronda mujer -su madre, la mujer más mujer que ella conocía, siempre le recordaba que para mirar a otros era mejor hacerlo tras los visillos- el ruido del agua, cayendo rítmicamente sobre el fregadero, captó su atención. Se acercó y vio cómo, poco a poco, alrededor del anillo con el que se remataba la boca del grifo, se iba acumulando agua, hasta que, en un momento dado y sin previo aviso, ésta decidía liberarse de las ataduras metálicas y se lanzaba al vacio hasta estrellarse contra la piedra de la pileta.

Se quedó más de una hora contemplando el espectáculo. Ella siempre había visto cómo corría el agua. Era una novedad que, justamente en su casa, en la que todo estaba controlado al milímetro, fuese un insípido y líquido elemento el que decidiese tomarse la libertad de ir a su aire y darse su tiempo para recorrer su camino.

Cuando su padre la echó en falta -todos los familiares, los más y los menos, los ricos y hasta los pobres, estaban instalados en un anexo al vestíbulo que antiguamente había sido la habitación de la criada-, le preguntó a la esposa, la mujer más mujer que la niña había conocido, sobre el lugar en el que estaba la niña. Una vez supo dónde encontrarla, se dirigió hacia la cocina. Andaba algo molesto porque la madre había permitido que la niña con cara de niña se escapase del dolor familiar -ese sentimiento que ayuda a creer con fervor en la penitencia como forma de vida- para hacer vete tú a saber qué tontería.

Al encontrarla subida a una silla y apoyando sus codos en la bancada de mármol, alterado, exclamó "esta niña me saca de quicio, esto es la gota que colma el vaso". Se la llevo de allí casi a empellones.

María, que así se llamaba la niña que ya sabía que iba a ser triste de por vida, se quedó perpleja. No por el grito. No por la ira. No por el desprecio. Fue por algo mucho más simple. Su padre había dicho que las gotas colman los vasos y ella había estado durante mucho tiempo viendo cómo el agua caía hacia abajo. No podía ser verdad. El señor que por las noches, cuando la enviaba a dormir, le recordaba que no olvidase dar gracias a Dios en sus oraciones por ser una mujer afortunada que, de mayor, iba a poder casarse con un terrateniente, le había engañado.

Fue la primera mentira. María, desde entonces y hasta su muerte, vivió perpleja.


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Lo que ha originado que me atreviese a burlar el miedo casi enfermizo que padezco a la hora de construir una historia ficticia, estructurada, con principio y fin ha sido la creación de un grupo en Flickr llamado Inventa una historia.

Todo llega, está claro.

Vida (III)

Hay días raros. Muy raros. Días en los que, a pesar de que las noticias que te dan no son buenas, acabas alegrándote porque la fecha prevista no va a ser la definitiva... Sigo con los circunloquios... No es lo mismo un 27 de diciembre que un 10 de enero. No. Estoy contenta. Muy contenta. A pesar de todo. Y por encima de todo. Tanta racionalidad me estaba abrumando... Tanta cortapisa emocional me ha dejado exhausta. Una Navidad más en similares circunstancias habría sido muy desagradable...

Voy a abrir una botella de Ribera del Duero. Que no se diga... Sigo teniendo la cocina patas arriba: la nevera en medio, dificultando enormemente el paso. El microondas enchufado con un alargador de dos metros porque está encima del frigorífico y qué menos que poder calentar la leche. El "Baldosinín" de una parte de los azulejos está todavía por limpiar desde el martes. Casi todo los utensilios de cocinar están encima de la mesa del comedor. No puedo hacer fuego porque la parte superior del extractor está desmontada. Cuatro lavadoras de ropa para planchar. La cama sin hacer. El móvil que le he comprado a mi padre está pendiente de activar. Los dos inalámbricos para que mi madre no tenga que levantarse de la cama o del sillón a contestar el teléfono, por desempaquetar. Las cuentas, sin hacer. La planilla de las horas de convenio que me quedan por hacer, arrinconada en la agenda de Gmail...

Me da igual. Hoy sí que me da igual. Hoy sí que no me siento culpable. Es tan importante aprender a relativizar...

Me daría de besos, si pudiera. De corazón.

Encuentros

(Pulsad sobre la imagen para verla más grande)

Quién me iba a decir a mí que, después de tanto despotricar contra Flickr por no tener una versión en castellano del servicio que ofrecen, iba a convertirme en una "fliqueadora" adicta... En realidad, no es para tanto. Lo que sí que es cierto es que, a pesar de saber más o menos cómo funciona el mundo de las comunidades sociales, no deja de sorprenderme lo que estoy encontrando en este apartado virtual de la Red: el motor principal que mueve Flickr es la posibilidad que ofrece a sus usuarios de crear grupos en torno a facetas específicas dentro del mundo de la fotografía. Y algunos de estos grupos y lo que en ellos se puede leer me tiene enganchada: comentaristas serios, concienzudos, con criterio; participantes que hacen del halago y del "wowwww" su máxima expresión; puntuadores de todo lo que se contempla y de lo que no se contempla, también; detractores de las nuevas herramientas de edición fotográfica -el HDR es apabullante... hay infinidad de fotos que parecen pinturas de tan irreales que acaban siendo... aunque la aplicación, en un principio, se diseñó para conseguir un hiperrealismo-; aficionados que entienden que todo o casi todo vale y que lo importante es todo el proceso desde que se desea hacer la foto hasta que se expone a la vista pública... En fin, que ando perdida leyendo algunas interesantísimas discusiones en las que el ego, por encima de todo, flota cual aceite sobre el agua. Es increíble... No lo critico; tan solo lo constanto. A nadie le amarga un dulce y ¡qué carajo! si te dicen que tu foto es "nice", pues, oyes, maris, que te vas a dormir un poco más contenta... Quizás todo se reduce a que necesitamos raciones diarias de halagos externos, que para los internos ya está el socorrido "Una, dos y tres, que guapa que soy, que tipo que tengo y que buena que estoy" -obsérvese que la cantinela no dice nada de lo inteligente, sabia y cariñosa que puedo llegar a ser...-.

Los últimos días de la semana pasada han sido algo complicados: una impactante noticia que ocurrió en Linares el jueves pasado y todo lo que de ella se ha derivado ha removido más, si cabe, esta cabecita que a veces duda hasta de quién es su poseedora. No termino de entenderlo; creo que por primera vez en mi vida estoy en la parte contraria, en la que dice "es imposible, la justicia se equivoca". No quiero entrar en detalles. El que quiera saber, con buscar en las noticias de Google, dará con la información. Para paliar un poco este desbarajuste emocional -y ahora viene el porqué he iniciado la anotación hablando de Flickr-, el domingo encontré, en la página de Flickr de un antiguo vecino de Linares, una fotografía que jamás había visto y de la que, para mi absoluta sorpresa, yo formaba parte. Es la que encabeza la anotación. Un salto al pasado. Un enorme y grandioso salto al pasado. Me hizo sonreír y recordar los tiempos en los que no éramos conscientes de cosas como la ocurrida estos días. La melancolía unida de la mano de la puñetera y jodida realidad.

Pasé un buen rato poniéndole nombre a tanto rostro olvidado. Ya no por su ausencia presente, sino por no recordar cómo éramos los chiquillos de la calle. Hay dos personas en esa foto que todavía no sé quiénes son. Barrunto quién es uno de ellos, pero el otro, no lo sé. Mi hermana es la niña que está sentada la segunda de la fila inferior, comenzado por la derecha; con gafas, vestida con un peto con tirantes. Yo soy la que está a su izquierda, con flequillo y coleta. Estuve un rato observándome... no terminaba de aceptar que fuese yo. El mohín de la media sonrisa es lo que me hizo comprender que era indudable. Eso y también el hecho de que las dos llevábamos los mismos pendientes y yo una sortija -seguramente a la fuerza; no me gustaban ni me gustan las cosas de oro-. Por ese detalle supe que la foto es posterior a nuestra comunión, que fue en junio de 1973 -los barrocos aderezos fueron el regalo de una compañera de trabajo de mi madre, sino me confundo-. Puede que sea ese mismo verano. Y por descontado, o era domingo o era uno de los dos días de las fiestas patronales, Santiago o Santa Ana y San Joaquín -muda de vestir bien y complementos al uso-. El aspecto que ofrecemos todos de "Verano azul" al estilo montañés despierta ternura -me pongo blandita, :-D-. El detalle setentero: el radiocassette que lleva el chico de la izquierda -Paco-, que hacía las veces de hermano mayor de casi todos.

¿Quién me iba a decir a mí que en Flicrk iba a encontrarme con semejante regalo?

Para terminar la historia de los encuentros -por eso el título es en plural; han sido dos-, anoche, colocando de nuevo los botes y cacharros en la despensa de la cocina -el puente no ha sido de relax: limpieza general con pintura de techos, alacena y baldosinín incluido-, abrí la caja de cuerda en la que guardo algunos libros antiguos de recetas y me encontré con dos fotografías que daba por perdidas desde hace más de una década: son del verano del 84, junto a mi primer novio. Novio de los que se iban a la mili y esas cosas que por aquel entonces todavía pasaban. Siempre había sido el patito feo de la pandilla y creo que aquellos meses, cada vez que salía a la calle, me pellizcaba para sentir que era cierto que el chico más guapo de los del grupo se había fijado en mí.

Tengo la sensación de haber recuperado, de golpe, dos trozos de mi vida que ya casi no recordaba. Al menos, no era capaz de sobrepasar la neblina en la que se convierte el detalle insignificante cuando otros más actuales se han puesto delante. Vuelven a mí las caras y los momentos... No quiero caer en la melancolía, ni en añorar tiempos que no viví en su momento como gratos -por multitud de razones-. Pero ojalá todos los encuentros con estos cachitos del ayer fueran tan tiernos, :-D

Tal cual -y añado: porque yo lo valgo-:


La foto en blanco y negro es de José Gonzalvo

Las alas de la vida

Días de limpieza. Compras para la casa, bricolaje y radio; mucha radio. Me gusta escuchar cómo otros hablan para contarme cosas mientras, por ejemplo, pinto de blanco las baldas de granito de la alacena de la cocina. Hace un rato, en la emisión local para Valencia de la Cadena Ser -no recuerdo cómo se llama el programa- han entrevistado al director de un documental que actualmente se está proyectando en unos cines de la ciudad -películas en VO y casi siempre, fuera del circuito comercial al uso-. No le estaba prestando demasiada atención, la verdad. Sobre todo, porque el saber qué se contaba en la película, me ha producido cierto rechazo. Ha sido una de las respuestas de Toni Canet -el director- la que ha hecho que dejará las copas que llevaba en la mano y me sentara al lado de la radio a escuchar con atención.

El documental recoge trozos de la vida de un médico que sabe que padece una enfermedad degenerativa mortal. La idea de grabar su forma de afrontar este muro insalvable salió de él, Carlos Cristos. En principio, el rodaje iba llegar hasta el final, pero, tras dos o tres recaídas de las que se pensaba que el enfermo no iba a salir, el documental ha visto la luz sin esperar a esa muerte anunciada.

La respuesta que ha llamado mi atención estaba relacionada con ese final inconcluso. Le han preguntado al director si tenía la intención de grabar la muerte del enfermo, cuando ésta llegase, o si pensaba que era mejor dejarlo todo tal cual estaba. Ha dicho que iba a intentarlo, sobre todo, por estar al lado de Carlos Cristos en sus últimos momentos, por acompañarlo en el tránsito entre la vida y la muerte, pero ha reconocido que no sabía si iba a ser capaz... Esa aceptación, esa duda sobre su futuro comportamiento con respecto a algo que ya se sabe... Humano, sin más. La fuerza y la entereza salen, casi siempre, cuando menos lo esperas; en los momentos más difíciles, cuando la debilidad te ronda y el miedo a lo desconocido te abruma, pero ser consciente de que puede que esto no sea así, creo que es la única forma de no cargar con culpabilidades posteriores, completamente estúpidas e innecesarias.

El documental se titula Las alas de la vida

Me cuesta entender que una persona tenga el arrojo suficiente como para dejar que otros entren en su vida con una cámara, a sabiendas de que la situación que se está viviendo es la más dificíl de toda su existencia...

Cuatro preguntas

1) Si 5 arañas cazan 5 moscas en 5 minutos ¿Cuántas arañas cazarán 100 moscas en 100 minutos?

2) Juan se entera de que ha aprobado las oposiciones. Enseguida se lo cuenta a sus 4 hermanos y cada uno de éstos se lo cuenta a otras 4 personas, y así sucesivamente ¿Cuántas personas conocen la noticia después de la tercera vez?

3)El primo de Felipe compró una finca. En urbanizarla se gastó 27.975 €. Más tarde la vendió por 99.254 €, perdiendo 9.000 € en la venta ¿A qué precio compró la finca?

4)A cuánto asciende la suma de los primeros cien números naturales (1+2+3+4+5...+97+98+99+100)*

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¿A santo de qué? A santo de que, después de ver cómo me fue el día de ayer, que dediqué a hacer compras para realizar reparaciones caseras y avíos varios, estoy por comprarme 10 cuadernillos Rubio... No sé ni contar las esquinas que hay en el piso... y no cuento la de las 8 de la noche porque me da demasiada vergüenza. Ni las tablas de multiplicar, :-(

Las preguntas son de un reciente examen para unas oposiciones a subalterno en el ayuntamiento donde trabaja una amiga mía. Sinceramente, yo habría suspendido con un -20. Treinta preguntas para 40 minutos.

*Existe una fórmula, que conste. Cuando me lo explicaron, insistieron en que era algo básico, que se daba en la antigua EGB... Yo no lo recuerdo. Será que ese día no fui a clase.

Vida (II)


Esta vez será la última. Hace unas semanas, cuando lo supe, quise darle la vuelta al calcetín y me dije que, contra todo sentido, lo celebraría. Con cava. La ocasión lo merece. Casi veintinueve años. El 31 de diciembre de 1977. Hace mucho tiempo ya. Se me hace un nudo en la garganta. Menuda estupidez... Se cerrará la puerta cinco días antes de que suenen las doce campanadas.

Hoy he vuelto a tumbarme en el sofá. A dejarme llevar por la apatía. Miro a través de la ventana: estoy en el estudio y los cristales desnudos me recuerdan que tenía que haber comprado la tela para hacer los visillos. Se ve la luz verde de la cruz de la farmacia: se enciende y se apaga, se enciende y se apaga. Se ve y ellos, los transeúntes, me ven también.

Los metí en la lavadora una tarde del verano pasado y cuando fuí a sacarlos, estaban rotos. El sol se había comido la tela. Hablo de los visillos. Las telas se pueden comer. Pero sólo puede hacerlo el sol. Poco a poco, la fuerza de sus rayos debilita las fibras. Hasta que cualquier mínimo roce hace que se rasguen. Hablo otra vez de los visillos. Bueno, las ratas también roen los tejidos... y las polillas.

Tengo toda la semana por delante. Más días de permiso. He escrito una lista: para saltármela, como siempre. No es ninguna novedad. Asuntos poco interesantes. ¿Una agenda aburrida es sinónimo de mediocridad? ¡Ah, no! Que mediocres sólo son los que no tienen nada que decir. Y yo hablo mucho. Miento: escribo mucho. Huyendo del miedo a verme en la cara de la señora que va a mi paso, en paralelo, por la acera. Es igual que yo. Es más. Tiene mi edad. La conozco. Íbamos al mismo curso, de niñas. Distinto colegio, pero mismo curso. Era amiga de la hija de la vecina de mis padres. Va en chándal. Como yo, me digo. No, niña, no. Como tú, no. Ella no va conjuntada. Su chaqueta no es de línea deportiva. La tuya sí. Hasta llevas una mochila con los mismos colores que las zapatillas. ¡Cómo eres, mujer! Jamás seréis iguales. Dónde va a parar...

Pasará rápido. Lo sé. Cuatro, seis semanas. Y ya. Solucionado. Caerá la losa, de repente. Creo que estoy viviendo en una fantasía catastrofista... Fantasía catastrofista... Me han dicho que dicen que se llama así. Imaginar que tendrás miedo y tener miedo porque imaginas que tendrás miedo. Miedo al cuadrado.

Enigmática. Sí. Soy consciente. El pudor. Va y viene. Es preferible. Me sorprende esta tristura, esta tontería que me deja laxa, emotiva en exceso. La fuerza se va. La he dejado guardada en algún rincón de esta casa que no es mía. Como no lo es casi nada en esta vida.

Lo voy a celebrar. Aunque resulte macabro. Trescientas cuarenta y siete veces y esta será la última. Ya es la última.

Camisón rosa

"Sujeto con chinchetas encima de la fregadera de Girardi hay un cuadro de Jesucristo elevándose hacia el Cielo con un camisón rosa. ¡Qué repugnantes pueden ser los seres humanos! Desprecio a los judíos por su mezquindad, su fariseísmo, el sentido increíblemente grotesco que estos trogloditas que son mis padres y parientes tienen de su superioridad, pero cuando se trata de vulgaridad y ramplonería, de creencias que avergonzarían a un gorila, es imposible superar a los ’goyim’*. ¿Qué clase de infames y estúpidos ’schmuck’* son estas gentes para adorar a alguien que, en primer lugar, nunca existió y, en segundo, si existió, con el aspecto que tiene ese cuadro, fue sin duda La Violeta de Palestina. Con un peinado de paje, con un cutis de Palmolive... ¡y llevando una bata que aún hoy me doy cuenta que debe de ser de Fredericks, de Hollywood!"

*goyim: gentiles
schmuck: estúpido

Fragmento del capítulo "Ansia de sexo" de la novela de Philip Roth "El lamento de Portnoy"

Si no la habéis leido, tenedla en cuenta para el futuro. Eso sí, no los la llevéis de aquí para allá para matar ratos perdidos entre una cosa y la otra, porque se os pueden subir los colores en más de una ocasión.

Quizás sea exagerado decir que es imprescindible para entender lo que supone ser educado en un mundo creado por y para la religión, pero ayuda mucho a comprender lo que se llega a pensar de otros por desconocer otras formas de ver la vida.

Otra más de coles

¡Camarero, por favor! Otra ración de coles de Bruselas con revuelto de ajitos y cebolla tierna...

El mundo al revés: entrecomillan la palabra "rídiculo" -digo yo que será para resaltar algo... ¿el qué? ni idea- y no "cole" que sería lo lógico y deseable...

La noticia:

Los obispos tildan de ’ridículo’que un colegio público suspenda los actos navideños por considerarse laico.


Ridículo, desde luego, sí que es; pero no me refiero a la decisión del colegio zaragozano, no: hablo del ridículo permanente de estos licenciados en periodismo -algunos de ellos con muchos años de profesión a sus espaldas- que firman acuerdos con la Fundéu para fomentar el uso correcto del castellano a través de las páginas de 20minutos y luego, en el momento de ponerlo en práctica, dejan constancia día sí y día también de que padecen amnesia selectiva.

¡Ay! Caso perdido, lo sé. Pero me lo paso tan bien... :-D

Un milagro

Sí, lo es. Tuve que volverme para comprobar que lo que había visto era cierto. Había mucha gente: fue este domingo. Mañana soleada, agradable, con mucha gente paseando por la avenida, parándose en los puestos del mercadillo; padres y niños a la espera de que la actuación al aire libre de los payasos comenzara... Y él estaba allí, sentado en uno de los bancos; ajeno al ajetreo, abstraido. Alcancé a ver que el libro era de una biblioteca pública. Mientras le hacía la foto, me di cuenta de que no estaba allí por casualidad: delante de él había un puesto de ropa. Era uno de los vendedores. Posiblemente, hijo o hermano de alguno de los adultos. Me sorprendió su concentración. Me hubiera quedado allí, mirándolo, por el puro placer de ver a alguien que es capaz de olvidarse de lo que le rodea -sobre todo, cuando había muchísimo ruido de fondo- y zambullirse en otro mundo que un escritor creó para que él, más tarde, pudiese imaginarlo a su gusto y manera. Pero el mero hecho de que me detuviese para captar el momento, ya hizo que varias personas se me quedasen mirando para averiguar qué estaba fotografiando. No quise que se sintiese observado.

No es muy normal encontrarse a un adolescente leyendo -no aparentaba más de 14 años-, sentado en el banco de un paseo, una mañana de domingo. Quizás si hubiese llevado entre manos un artilugio del tipo Nintendo o similares, ni me habría percatado del detalle. Ahora que, bien pensado, a la mayoría de los inmigrantes todavía no les está permitido gozar de ciertos privilegios...

Grandioso

Tom Stone

Lo acabo de descubrir. Estaba viendo los retratos de bichito en flickr y al pulsar sobre el nombre del autor de uno de los comentarios, he ido a parar aquí.

Con algunas fotografías he tenido que apartar la mirada, como si realmente tuviera delante a sus protagonistas y no supiera muy bien qué decirles. Es más, puede que ni tan siquiera fuese capaz de acercarme a ellos. Aunque me pese reconocerlo...

La vida. Hermosa para unos y para otros, miseria y desolación. O no. Quizás hayan podido elegir. Una quimera, tal vez...

Visión 'vietnamizadora'

(Para ver la imagen en tamaño original, pulsad sobre ella)

Hace ya algunas semanas asistí, junto con una gran parte de mis compañeros, a unas charlas que nos dieron siete licenciados en tres o cuatro cosas cada uno y con tantos másteres juntos que, sumando el coste de todos ellos, seguro que se cubría una hipoteca y media de un piso de 40 metros cuadrados. Instruidos, muy instruidos. Pero mucho.

Nos querían contar cosas sobre la modernización de la Administración, ya que, parece ser, el funcionamiento de las instituciones públicas está obsoleto y huele mucho a rancio -es lo que tiene sujetarse a las normas, que la vanguardia se ve de lejos-.

La imagen que ilustra esta anotación es un extracto de las frases que, por una u otra causa, más me llamaron la atención:

Desde la vacua "No hablamos de Recursos Humanos sino de gestión de personas" -cágate, lorito...- hasta la expresión inglesa "Brand merchandising", que todavía no sé qué significa exactamente. Entre medias, un sinfín de eufemismos de los que quitan el sentido y mucha palabra que, de tanto usarla, ha devenido en muletilla y ha perdido la esencia de sustantivo con enjundia -"ciudadanía", por ejemplo-. Cosas como "Carta de servicios" -"sí, mire... queremos un bacalao con verduritas salteadas y un chuletón con salsa de trufa y aromas de brandy añejo"-, "back-office" y "front-office" -¿mande?-, "Comité estratégico de calidad" o la horterada mayor del Reino por aclamación popular -sólo opino yo, pero da igual- "Servicios de excelencia" -la chorrada es cosa de la UE, y para más inri, expide certificados con ese título tan rimbombante-.

¡Ah! y al vocablo "legislatura" lo tuvieron que sacar en parihuelas de la sala el viernes por la noche, cuando ya hacía media hora que había acabado el último sermón admonitorio: de tantos puñetazos que, durante esos días, le dieron los charlatanes de alto copete, el pobre perdió el conocimiento y ya no se sabe si volverá a recobrarlo alguna vez.

Desde hace ya bastante tiempo y no sé por qué extraña razón -intuyo que con la intención de que las discusiones de los munícipes en el pleno de la corporación de turno tenga visos de grandes gestas- al periodo de cuatro años entre elección y elección de representantes para el gobierno local, en lugar de llamarle "mandato", que sería lo correcto, se le denomina "legislatura", palabra que no se ajusta a razón, ya que las entidades municipales no tienen potestad legislativa, esto es, no pueden ni elaborar ni aprobar leyes -circunstancia reservada sólo a las AALL de las CCAA (¡me dejé llevar por las siglas, :-D va, traduzco: Asambleas legislativas de las Comunidades autónomas) y a las Cortes Generales del Estado español-, aunque sí reglamentos.

Puede que visto desde fuera resulte ridículo fijarse en cosas así, pero que los especialistas en la materia hagan tan mal uso de los términos que son propios de su ámbito profesional, deja mucho que desear. Y el mal, por desgracia, ya no tiene solución: más de un millón de referencias en Google. Ahí es nada...

¿Por qué titular la anotación con una expresión tan... tan... tan...? ¿tonta? ¿pedante? ¿rebuscada?

Porque cuando salió de la boca del orador que impartió la penúltima conferencia, la vida -mi vida- ya no volvió a ser igual -aunque la clausura de las jornadas, para qué negarlo, fue todavía más apoteósica-: trataba de explicarnos que la Administración arrastraba desde antiguo un enorme problema de eficacia, que se evidenciaba en detalles del tipo "es que yo no sé de lo que usted me está preguntando; eso lo lleva el compañero de la mesa de la esquina". Este tipo de comportamientos son los que, según este señor, se corresponden con una "visión vietnamizadora" del funcionario... Una perla, la verdad. Visión vietnamizadora... tiene sustancia, mucha sustancia.

El final de la fiesta -cuatro días de martirio vespertino son un castigo demasiado duro para unas mentes tan poco instruidas... nos hemos ganado el cielo-: a punto ya de alcanzar un orgasmo masturbatorio del tipo "Yo soy El Mesías", el responsable de darle el cerrojazo a las soporíferas disertaciones, tuvo a bien explicarnos que a los funcionarios -no sé yo si a los interinos a perpetuidad también nos incluirá- se nos podía aplicar la clasificación con la que se cataloga a los diversos tipos de clientes que existen en el mercado comercial -que nadie se me asuste-:

(Para ver mejor la tabla, pulsad sobre la imagen)

El ilustre teórico creador de tan simpática relación es Philip Kotler, un experto mundial en cómo manipular y atontar a la clientela.

¿Hace falta que haga una declaración expresa de qué tipo de trabajadora soy?

Madre del amor hermoso... ¡qué ganas de hacernos perder el tiempo!, ¡qué ganas de desnudar a un santo para vestir a otro!, ¡qué ganas de aplicar conceptos propios de la empresa privada!, ¡qué ganas de ser políticamente correctos!, ¡qué ganas de marear la perdiz por no querer llamar a las cosas por su nombre!,¡... qué tontos,Dios mío, pero qué tontos!

Vida

Acabo de llegar de pasear a Zas. En la esquina de la plaza de la iglesia, aparcado encima de la acera, un coche de novios adornado con flores blancas. En la puerta del templo, un coche fúnebre con la puerta trasera levantada, esperando a que termine el funeral del fallecido que ha de trasladar hasta el cementerio.

Hace un rato, en la avenida, un chico me ha preguntado dónde estaba la Casa de la Cultura. No se le entendía muy bien, era extranjero. Quería saber si ya había empezado lo de los payasos. Mientras hablaba conmigo, me ha señalado el coche aparcado a dos o tres metros de nosotros: una niña reía a carcajadas porque su madre le estaba haciendo cosquillas. Un señor con bigote, sentando en un banco, nos miraba con cara de pocos amigos. Quizás no le ha gustado demasiado que un negro preguntase por un acto cultural.

Ayer supe que la mujer del señor Miguel se ha muerto de un infarto. Mi padre no ha ido al entierro. Dice que ya no soporta ver la muerte tan de cerca. Sobre todo, porque el señor Miguel también se está muriendo; pero no deprisa, o de golpe, que asusta menos. Lentamente, con dolor.

Mi madre me contó ayer que los que han comprado el piso de la puerta 5 son muy oscuros. Tanto, que ella asegura que si se los tropezase al girar una esquina, saldría corriendo del susto. No sé cómo explicarle que no es muy normal que diga que todos tienen derecho a vivir -¿?- y que luego me intente convencer de que lo que para ella es distinto, de por sí, ha de ser malo. Bueno, sí: le dije que dicen que los pensadores dicen que otros más pensadores todavía decían que lo que nos ocurre a muchos es que tenemos miedo a lo desconocido. Quizás es que tenga miedo a salir a la galería, de noche; mirar hacia arriba y encontrarse cómo unos pantalones se tienden solos...

He discutido, a primera hora de la mañana, con el dueño de un bar que han abierto hace poco enfrente de Mercadona. Una amiga y yo fuimos hace una semana a tomar una cerveza. Sólo llevábamos ocho euros porque veníamos de comprar las entradas de la XIII Mostra de Pallasos y las habíamos pagado en metálico. Estando allí, pensamos en tapear y ahorrarnos la cena, porque para poco después teníamos pensado acudir a la presentación de una nueva asociación sobre la risa. En la puerta del local estaba la típica pegatina que se coloca para informar a los clientes de que se puede pagar con tarjeta. Aún así, le pregunté al camarero si esto era tal cual, y me lo confirmó. Después, a la hora de irnos, el dueño nos dijo que la máquina de la tarjeta sólo admitía pagos por encima de 20 euros -dato que no se podía leer en ningún cartel que fuera visible-. Le he pagado lo que le dejamos a deber. No sé si es que me he vuelto muy quisquillosa pero le he pedido la hoja de reclamaciones. Un tipo que no sabe tratar a sus clientes no merece demasiadas consideraciones.

Hace tres semanas me contaron que al marido de una amiga le quedan dos meses de vida. Este verano se quejaba de dolor de espalda y tras varias pruebas le diagnosticaron cáncer de hueso y de faringe. Tienen un niño de dos años. Él, treinta y cinco.

Hoy es sábado. Estoy sola. Día programado: comprar, lavar, tender, limpiar... La pila de la cocina está a rebosar: no me quedan platos limpios y para el desayuno de mañana he pensado que quizás me compre una taza que vi hace dos días en la tienda de la calle de al lado. Es amarilla y naranja y tiene una sola palabra escrita en su abombada tripa: "Bésame". De paso puede que me vuelva a casa con un lote de vajilla y cubertería de los de usar y tirar.

Las estupideces nunca deberían convertirse en un problema. Y sentirse culpable por posponer los deberes autoimpuestos es una soberana majadería.

Tengo por delante varias horas de sol. Me convertiré en placa de acumulación energética.

A destajo

¿No existe ningún premio periodístico tipo Oscar al amarillismo o, no sé, un Goya al titular más pésimo?

En el cementerio general de Valencia hace tiempo que existen problemas de espacio. No es algo que salga habitualmente en los periódicos, y por tanto, está bien que los chicos de la edición digital de 20 minutos Valencia estén pendientes de cómo evoluciona esta situación. Pero lo que está mal, pero que muy mal, es que lo cuenten de la forma en la que lo hacen, como si estuvieran hablando de ladrillos que hay que colocar para hacer una pared:

Los fines de semana hay colas para enterrar en Valencia

El cementerio general se queda sin tumbas de uno.

Lo de hoy, con el empleo de la locución advervial "a destajo" para reflejar las prisas que tienen los responsables políticos valencianos por solucionar el problema, es... ¿patético? ¿irrespetuoso? ¿ridículo?

Pretender acercarse al lector con un tratamiento de las noticias tan chabacano es un error. Pero, claro, no deja de ser una opinión...

De espaldas

El vicio de vivir sale muy caro.

Se siente y se olvida.

Se llora y se llora.

Se ríe una vez cada cien años.

Por eso muchos no ríen nunca.

No les da tiempo.

Viven noventa y nueve

y cuando van a cumplir el siglo,

Se les queda congelada la sonrisa.

Pelotazos

Llevamos ya unos cuantos meses en los que se habla, sobre todo y por encima de todo, de la cultura del pelotazo, y más concretamente, del pelotazo urbanístico.

En el DRAE sólo aparecen tres acepciones para esa palabra, y ninguna de los tres hace referencia al sentido con el que, ya desde hace bastante tiempo, se está empleando: hacerse rico de golpe, sin esfuerzo, sin dar un palo al agua y rozando los límites de la legalidad -por lo que se está viendo, en la mayoría de las ocasiones no es que se roce, es que se salta por encima de ella, con pértiga incluida-. Especular sobre el porqué esta palabra ha acabado teniendo este significado, al menos a mí, se me queda demasiado grande. Lo dejaré, por tanto, como una duda pendiente de resolver.

Lo que no dejo pasar de largo es el motivo que ha dado pie a esta anotación:

La noticia:

El Ayuntamiento, abierto a un pelotazo del Levante.

Que digo yo que una no sabe muy bien si es que el consistorio valenciano se ha abierto de piernas -en el caso de que la postura le resultase cómoda al "ente corpóreo" municipal- para recibir a todo el equipo de jugadores del Levante UD o, quizás, que la puerta del ayuntamiento estaba atrancada y gracias a un potente y certero disparo de un delantero centro, con ansias de ganarse una sonrisa de la mujer de rojo, los funcionarios locales han podido entrar hoy a trabajar.

Piano multiusos

A ver ¿para qué puede servir un piano, aparte de su uso habitual?

Un, dos, tres, responda otra vez... Tic, tac, tic, tac...

Va, que no se diga que yo no paticipo en el juego:

Para esconder el botín del tesoro

¿Qué cosas, no? ¿Qué se supone que es lo más normal que puede hacer un alcalde cuando unas monjitas bienintencionadas le dan un donativo al ayuntamiento? Por puritita lógica: guardarlo debajo de la tapa del piano, que ya sabemos que los interventores, tesoreros y secretarios muncipales son malévolos por naturaleza y hay que apartarlos de las tentaciones divinas...

Extraigo un trozo de la noticia, porque no tiene desperdicio:

"...Aparte de este proceso, Luis Fernando Cartagena cuenta ya con una condena de cuatro años de cárcel por malversación y falsedad. La Audiencia de Alicante, cuya sentencia ratificó el Tribunal Supremo en marzo de 2004, condenó a Cartagena por apropiarse de la donación (49.000 euros) de una congregación de religiosas al Ayuntamiento de Orihuela.

Debajo del piano

Cartagena, entonces alcalde de la localidad, no registró en las arcas municipales el donativo y lo guardó debajo de la tapa del piano de la alcaldía. En 1998, a raíz de la escisión del grupo municipal popular, un concejal denunció los hechos. En la vista oral, el ex alto cargo del PP declaró que destinó el dinero a obras de rehabilitación en el casco histórico del municipio, "para limpiar la zona de gitanos", puntualizó. Para probar su argumento, aportó una serie de facturas de las obras supuestamente realizadas por el empresario local Ángel Fenoll. El tribunal concluyó que las facturas eran falsas. Fenoll, que ya había sido condenado por comprar votos para el PP, fue castigado a dos años de cárcel."

¿Sonará diferente el instrumento musical cuando se utiliza como caja de seguridad? ¿Se les ocurriría a los investigadores mirar debajo de la alfombra del despacho del ex-consejero de Zaplana? :-D

¿Qué decir ante tan poca vergüenza?

Y el tipo aún se atreve a pedir el indulto... Para reirse, está claro. Porque para llorar siempre habrá tiempo.

Rosada a media mañana

Ampliación

A una tela de araña se le suma el rocío y un poco de umbría y el resultado es lo que se puede ver arriba -la araña imagino que se iría por el agujero, que pobrecita... eso de sentirse encerrada en su propia casa ha de ser angustioso-.

De las novatadas

Nuevos universitarios de Valencia se licencian con nota en novatadas.

No. No voy a meterme con el titular, aunque parezca extraño. Lo destacable es la noticia: tiene narices el enfoque que le da al asunto la redactora de la información.

¡Qué chachi-piruli! ¡Qué hiper-mega-guays! ¡Qué total! Nos reimos de los que llegan, aprovechándonos de una supuesta supremacía moral, adquirida por una mera circunstancia tempora, y todos tan felices, oiga usté. Y como se le ocurra negarse a hacer el monigote en plena calle, en el Barrio del Carmen, será castigado por los siglos de los siglos, amén Jesús.

Ojo, que lo que dice una tal Andrea Vicente tiene sustancia:

«las novatadas tienen el fin de integrar a los nuevos colegiales y que pierdan la vergüenza»

Sinceramente, creo que cada cual tiene derecho a perder la vergüenza como le plazca; es más, tiene derecho a no perderla, a ser tímido o tímida de por vida, ¡qué leches!. ¿Cómo se explica que la integración en el grupo estudiantil de los recién llegados se base por parte de los veteranos, en ejercer una autoridad inexistente, con la que se pretende ridiculizar en lugar de acoger?

¡Qué simpáticos estos chicos! Pero qué requetesimpáticos...

Cuenta atrás

Isabel Preysler y George Clooney, pareja de anuncio.

Isabel Preysler cumple 55 años.

Sí, lo sé: la última noticia ya tiene unos cuantos meses... pero es que viendo la portada del Hola de esta semana he tenido que cerciorarme de la edad de la ex-reina de los cuartos de baño.

Me viene a la cabeza el argumento de una obra de teatro que vi hace muchos años en la televisión -creo que en Estudio 1- en la que los protagonistas, en lugar de envejecer, retrocedían en edad y llegaban a ser jóvenes infantes, sin responsabilidades ni carga alguna. Seguro que Isabel Preysler se la perdió; porque de haberla visto, tendría claro que permanecer eternamente joven a los ojos de los demás es, además de aburrido, ridículo.

Espíritu joven, dicen...

Menú para la cena

De hoy y de casi toda la semana que queda, :-D

A saber:

.- Solomillo de ternera con rebollones* rehogados con ajitos.

.- Huevos revueltos con níscalos y pimientos rojos.

.- Crema de rovellones con tropezones de pan tostado.

.- Pastel de Lactarius deliciosus y patatas con aroma de romero.


.- Arroz caldoso con pollo, rebollones, borraja y coliflor.


Se aceptan aportaciones, que de lo escrito arriba, la mayoría se corresponde con una carta típica de "cocina figurativa de autora" -o sea, que me lo he inventado- :-D

*Los diferentes nombres con los que se conoce a esta seta.

¡Ah! La cesta llena: una mañana de domingo da mucho de sí; sobre todo, si el coche se deja a la entrada de la carretera y se anda un poco. Es increíble cómo algunas personas van al monte a por setas, :-(