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De espaldas

¿Mande?

Así titula hoy Maruja Torres su columna de opinión en el periódico El País:

"Hay entre los presentes algún maldito presunto terrorista que, durante los presuntos interrogatorios necesarios para la seguridad de los presuntos Estados Unidos, realizados en presuntos países terceros amablemente disponibles, haya sufrido presuntos abusos psicológicos o físicos dignos de ser calificados como presunta tortura según las disposiciones del Departamento de Estado redactadas en agosto de 2002, y firmadas al año siguiente, que otorgan al presidente Bush Jr. plenos poderes en materia de presunto interrogatorio?

Pausa para respirar.

¿Hay entre los presentes algún jodido hijo de puta que haya merecido que su presunto interrogador le someta a tales presuntos abusos por la causa de la seguridad que, finalmente, el resultado haya sido de presunta pérdida de miembro o de presunta muerte, con lo cual sí podríamos hablar de presunta tortura en caso extremo, según las mencionadas disposiciones?

Pausa para pensar."

Texto íntegro del artículo. La frase final es más que un cierre contundente: es un puñetazo dialéctico dirigido al estómago.

Esperanza

No todo está perdido. Si siete diputados socialistas son capaces de romper la disciplina de partido en un asunto como el de la financiación de la Iglesia Católica española, no cabe otra que pensar que, con el tiempo y algo de paciencia, otros muchos se sumarán a este primer paso dado por unos pocos parlamentarios en pos de conseguir que los miembros de la ICAR cumplan lo que en su día pactaron con el gobierno español, esto es, lo firmado en 1976 en la renovación del Acuerdo entre la Sante Sede y el Estado español.

He encontrado un reportaje publicado en mayo de 2005 en la Revista Fusión, en le que se habla sobre la financiación de la Iglesia católica en España, y en el que se explica el porqué la ICAR debería devolver el dinero que, según firmaron en su momento, no les pertenece:

"...Otro aspecto que se rige por este acuerdo está relacionado con los asuntos económicos. "Viene a decir que el Estado tiene que mantener a la Iglesia católica", resume Movellán. Se estableció una fórmula de impuesto religioso a través del IRPF, pero sólo el 32% de los contribuyentes se acordaron de poner la cruz en la casilla. El Estado adelanta el dinero, pero la Iglesia, que siempre recauda menos, no devuelve la diferencia: el Parlamento español se la perdona..."

Básicamente, ése ha sido el motivo por el que el grupo parlamentario Izquierda Verde presentó una enmienda al Proyecto de Ley de los Presupuestos Generales para el año 2006. No he conseguido encontrarla en el Diario de sesiones de ayer, día 15 -se me queda colgada la página-. En el periódico El Mundo explican en qué hubiera consistido la modificación:

"La enmienda presentada en el Congreso proponía establecer un pago a cuenta mensual del Estado a la Iglesia que en ningún caso sobrepase la cantidad recaudada en la asignación tributaria a esta institución, que se escoge en la casilla de la declaración del IRPF."

Por descontado, y como no podía ser de otra manera, la Iglesia ya ha levantado la voz ante tanto despropósito y según palabras -en el mismo artículo de El Mundo- del Portavoz y Secretario General de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, la asignación estatal para su mantenimiento no es una lismona que si el gobierno quiere, se da o no se da:

"no es una concesión graciosa del Gobierno, sino algo acordado que se basa en la asignación libre y voluntaria de los ciudadanos que quieren aportar a la Iglesia detrayendo de su declaración personal de la Renta".

Se olvida este señor de que se les "regala" por decisión ¿divina? mucho más de lo que en realidad sus feligreses deciden aportar, y que ese sobrante económico podría ser susceptible de ser empleado para otros menesteres mucho más loables a los ojos de los contribuyentes que, no estando de acuerdo explícitamente -los que no colocan la famosa crucecita en el lugar en el que les gustaría verla a los que visten alzacuellos-, han de contemplar, atónitos, cómo su dinero va a parar a manos de una organización "religiosa" que vive sustentando una mentira tras otra, alegando que son dogmas de Fe, y por tanto, incuestionables.

Es más, en el reportaje del que he hablado al principio de la revista Triunfo, entrevistan a Álvaro Cuesta, diputado en el Congreso por el Grupo Socialista y uno de los que ayer votó a favor de la enmienda de IV, y éste explica que, ya el año pasado, en octubre de 2004, presentó una enmienda al Proyecto de de Ley de Presupuestos Generales para el 2005, en términos parecidos a la que ayer no se aprobó en el Parlamento, y cuenta lo siguiente:

"-La cantidad que recauda la Iglesia es siempre menor de la que el Estado le adelanta. ¿Por qué la Iglesia no devuelve la diferencia?
-A la Iglesia le están perdonando un promedio, según cada año, entre 30 y 48 millones de euros. Este dinero se le viene perdonando a la Iglesia desde 1996. Como dato comentaré que sólo en los seis últimos ejercicios el Estado ha perdonado la devolución de más de 180 millones de euros. Eso es así gracias a una disposición adicional a los Presupuestos Generales del Estado de 1999, introducida por el PP. Esto se acordó para cinco años. De tal manera que éste era el último año de aplicación de esa disposición.

-A partir de ahora sería ilegal, entonces.
-Efectivamente. A partir de ahora lo que procede es una renegociación directa con la Conferencia Episcopal.

-Usted presentó una enmienda a los Presupuestos Generales del Estado para acabar con lo que considera una sobrefinanciación de la Iglesia católica. ¿Por qué?
-Mi razonamiento es el siguiente. Si se le ha perdonado por encima de los 180 millones de euros, se entiende que ese dinero procede de los contribuyentes, cualquiera que sea su credo ideológico o religioso. Ese es un dinero tanto de católicos como de no católicos, incluso ateos. Por lo tanto, desde mi punto de vista, esa sobrefinanciación que recibe la Iglesia católica vulnera el artículo 16 de la Constitución Española que establece dos principios. Uno, ninguna Iglesia es oficial y dos, libertad religiosa. Vulnera además el principio de igualdad."

O sea, que base legal para pedirle a la ICAR que devuelva al Estado el dinero que este año ha percibido de más, sí que existe: no se estaría vulnerando ningún acuerdo, ya que los cinco años de los que habla Álvaro Cuesta, contando desde 1999, finalizaron en 2004.

Resumiendo: por algo se empieza. Tímidamente, eso sí. Pero si a los avisos, que de cuando en cuando va dejando caer el PSOE, le añadimos la rebeldía de los siete diputados que ayer rompieron la disciplina de partido, la cosa no pinta tan mal...

Lo sé, posiblemente ya estaré jubilada para cuando eso ocurra, :-D

Porque estoy sentada

Que si no fuese así, me habría caido de espaldas -más acorde con el nombre de la bitácora, imposible-.

A primera hora de la mañana he estado buscando información relativa a la manifestación del sábado: sobre una monja y el cartelito que llevaba ésta en el jolgorio festivalero de los sufridos católicos, apostólicos y romanos -¡uysss, que son españoles!- que se están sintiendo perseguidos por los malos malísimos que no pensamos como ellos. San Google me ha facilitado bastantes referencias sobre el asunto en cuestión -ya hablaré más tarde de él- y al entrar en una de ellas, me he tenido que leer tres veces el titular de una noticia que había a la derecha de la página, porque no daba crédito a tan milagroso prodigio:

Niña de 12 años escribe cátedra sobre educación sexual para adolescentes.

He pensado: "¿Una niña escribiendo una cátedra? ¿Será tan precoz como para ser médica o sexóloga a los 12 años de edad?"

¡Las cosas que pasan en latinoamérica! Casi está por demás decir que seguro que si hubiésemos podido entrevistar a alguno de los niños o niñas que acudieron a la mani del sábado 12, habríamos encontrado muchos catedráticos doctos-doctísimos en materia sexual... vamos, estoy convencida de que, caso de haberlo hecho, a estas alturas de la semana, habríamos tenido material suficiente para impartir un seminario sobre el método anticonceptivo más famoso del mundo: el de la aspirina-.

No tiene desperdicio, de verdad de la buena -ya sabéis que la mala sólo la empleo cuando me sale la vena de roja recalcitrante con rabo de diablesa-. Disfrutadlo... y pensad, de paso, que así les funcionan las neuronas a los tiernos infantes que tienen la desgracia de caer en las garras de los gestores de un colegio concertado -aunque sus padres deseen llevarlos a otros más lejanos a su domicilio pero públicos-.

Demoledor

La viñeta de El Roto, hoy, en el País.

De lo que se entera una

Hace un ratillo me ha telefoneado mi padre. Una de esas llamadas en las que acostumbra a preguntarme por algo que no sabe a ciencia cierta, o por algún motivo, le ha hecho dudar. Hace ya tiempo que me adjudicó el papel de "enciclopedia con patas": justo desde el día en el que vio cómo funcionaba San Google, estando de visita aquí, en casa. Me hace gracia, la verdad: expresiones que desconoce; personajes que no termina de situar; políticos de los que quiere averiguar su trayectoria hasta el momento actual... Cosas como cual es el puerto marítimo con más tráfico o el campo de fútbol con mayor aforo. Hoy la duda era familiar. Quería saber en que año nació Nicanor Villalta., un torero de la primera mitad del siglo XX. ¿A santo de qué? Sencillo: por lo que me ha explicado, llevaba todo el día discutiendo con mi madre -de los típicos enfrentamientos tipo "no, que no fue aquel año, que no te acuerdas", "pero ¿qué dices? que me acuerdo perfectamente, que se lo he oido contar a mi padre muchas veces... no lo sabré yo, que me tocaba a mí por familia"- porque ella le decía que mi abuelo había sido quinto de Nicanor Villalta y mi padre se lo negaba. Ahí es nada... jajaja. Mi padre llevándole la contraria a mi madre en algo que tiene que ver con su propia familia, :-D

Siempre he oido hablar de este señor en mi casa. No en balde, era primo hermano de mi abuelo materno. Nunca tuvimos, que yo sepa, relación con él: creo que se fue a México a finales de los años 30 y que se retiró a punto de comenzar la década de los 50 -tampoco es que lo sepa con certeza... mi abuela era la que contaba estas cosas, y hace ya muchos años que ella se fue-. Por lo que sé, de jóvenes se llevaban muy bien, pero mi abuelo pasó casi cinco años en la guerra de Marruecos -las cosas da la vida: bajo el mando de Franco- y a su vuelta, Nicanor Villata ya no vivía en Cretas (Teruel) porque había triunfado en los ruedos españoles y a partir de entonces, supieron el uno del otro a través de familiares y conocidos.

Buscando información sobre el año de nacimiento, he descubierto un dato curioso. El torero conoció a Hemingway o Hemingway conoció a Nicanor Villata -lo mismo da que da lo mismo- y fue tal la impresión que le causó su "arte" -es que no lo entenderé nunca... llamarle arte a esa tortura programada al milímetro- que le puso su nombre de pila al primer hijo que tuvo el escritor:


"Finalmente "John Hadley Nicanor Hemingway nació a su debido tiempo (tal vez, después de todo, lo de Villalta hubiera sido ir demasiado lejos)." Recordemos la pasión que Hemingway tenía por los toros y los toreros, como el gran Nicanor Villalta, nombre con el que bautizaría a su primer hijo."

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"Ya en su primera visita a Pamplona Hemingway quedó profundamente impresionado por los encierros y el toreo. En concreto, en aquel verano del 23 se maravillaría ante el arte de Nicanor Villalta, un torero que aquel año triunfó en el coso pamplonés y en cuyo honor el primer hijo de Hemingway recibiría el nombre de John Hadley Nicanor Hemingway."

Tonterías, lo sé. Pero me ha resultado curioso. En casa, por descontado, no sabían nada. Y por cierto, mi padre llevaba razón: mi abuelo nació en 1901 y Nicanor Villalta en 1897. No quiero ni pensar lo que habrá refunfuñado mi madre, :-D

¿Arte?

A veces pienso que es mejor no pensar. O que otro lo haga por mí y tan sólo tener que acatar órdenes o adoptar posturas ideológicas siguiendo las pautas del que me lo ha dado todo masticado. Es una buena forma de no desgastar la dentadura mental -si es que alguna vez ha existido algo parecido-. Me evitaría el verme acosada, casi a cada instante, por dudas existenciales de primerísimo orden -y es redundancia, ya sé; porque si son existenciales son lo más de lo más; el desasosiego espiritual hecho forma humana-.

En estos momentos estoy en una de esas situaciones: toda yo soy una duda. De arriba abajo y de izquierda a derecha. Del frente a la espalda. O de la fachada a la parte trasera, como más guste.

Noticia: Una artista tailandesa presenta una obra con 10 cadáveres en la Trienal de Turín.

Pregunta: ¿Artista? ¿Obra?

Respuesta: El mundo se ha vuelto loco. Necesito una sesión de Barrio Sésamo. Estoy por pedirme hora en algún confesionario virtual, que seguro que si refiero todos mis pecados, rezo cuatro avemarías y diez padrenuestros, mi alma cándida y pura ya no necesitará respuestas para tanta incongruencia junta.

Resalto sólo un párrafo de la noticia:

"Araya ha contado que no se trata de una obra polémica, sino una forma de tratar el tema de la muerte. Ha asegurado que habla con los muertos, porque los vivos no le hacen caso."

No me extraña que los vivos no le hagan caso, de verdad -de la mala, de la que tiene mala leche y es corrosiva-. Hasta las narices de tanta performance hiper-mega-alternativa... ¿Hasta las narices? Eso es poco. Hasta los mísmisimos ovarios.

Papá, de mayor quiero ser Reina

"¡Qué lo sepas! Y no me digas que no, que como me enfade te monto una revolución feminista en menos que canta un gallo.
Que lo de mayo del 68 no fue nada si lo comparas con la multitud de mujeres -españolas y no españolas- que se van a ver reflejadas en mi persona y van a sentir que mi liberación es la suya... Sé que si lanzo la proclama de "Españolas, a luchar por mi Corona, que lo que es mío también es vuestro", saldrán todas a las calles, cacerolas en mano, para reclamar lo que, por nacimiento y decreto divino, me pertenece; o sea, que cuidadín con no hacerme caso, mucho cuidadín..."*

Como no podía ser de otra manera, la prensa nacional se ha volcado en tan magno evento matutino: la heredera del heredero ha abandonado esta mañana el hospital en brazos de su cálida y cariñosísima madre.

Y ahora que le hemos visto la cara a la que reinará, si los rojos -de mierda- secesionistas no proclaman antes una república o un estado federado, dentro de unos cuarenta o cincuenta años -como muy pronto-**... a ver, bamboleros de pro ¿a quién se parece la niña?

*Monólogo imaginado y escrito en circuito cerrado. El contenido del mismo es ficción pura y dura, chutada en vena a través de jeringuilla con aguja hipoalergénica, para que la fabuladora con ínfulas de tertuliana de radio local, se sienta más mujer, si cabe, tipo "sonrisa botox por llevar compresa con alas".

**Por descontado, lo de los rojos secionistas de mierda es sarcasmo concentrado. ¡Ah! Y las fotos con las comparaciones es de 20 minutos

¿Ochocientos mil locos?

Pregunto. No afirmo. Y vuelvo a preguntar, ¿ochocientos mil locos?.

Sinceramente, no lo sé. Quisiera pensar que no. Pero tiendo a pensar que sí. Un dilema en el que no existe el término medio ¿o sí?

Hace ya mucho tiempo que huyo de las grandes aglomeraciones. Me supera la algarabía, el ruido, el grito innecesario, la pérdida de nervios, los niños que arguyendo que son niños, se comportan como si estuviesen solos en el mundo... Son demasiadas cosas en contra como para enumerarlas detalladamente. Quizás la más importante sea el exceso de gente por todas partes, hasta en el rincón más insospechado: mirando, acechando, cuestionando tu rostro serio y silencioso entre tanto exceso de carcajada fabricada a golpe de mercadotecnia.

Por eso me cuesta entender que una persona en su sano juicio -y sé que puedo pecar de prejuiciosa- sea capaz de elegir un centro comercial para pasar un día de domingo. Insito: me cuesta, de verdad de la buena -la verdad de la mala la reservo para cuando voy de rojilla recalcitrante, de ésas que sólo sueltan escupitajos verbales por su boca-. Y claro, cuando una lee en la prensa regional que 800.000 valencianos pasaron su día de asueto por excelencia, en las instalaciones de los muchos centros comerciales que están desperdigados por las tres provincias, acaba preguntándose si, en esta comunidad autónoma, tenemos los psicólogos suficientes como para atender los efectos colaterales que esta adicción por los centros comerciales provoca en tantos y tantos desubicados sociales.

Lo mire por donde lo mire, estoy convencida de que se me escapa algún detalle importante para comprenderlo: una familia con dos hijos, que se acerque a un centro comercial antes de la hora de la comida y que decida permanecer allí hasta bien entrada la tarde, necesita bastante dinero para salir del lugar sin haber muerto antes en el intento. Comida basura y mucho gasto innecesario: las zapatillas Nike para el niño, el vaquero marca Diesel, para la niña-adolescente -ojo con el precio... para caerse de espaldas-, etc., etc., etc. Y si el centro comercial tiene salas de cine, el desfalco monetario adquiere tintes cercanos a una novela de Dickens: entre las palomitas, la chispeante y refrescante bebida de cola y la entrada para la proyección de la película, las cabezas no-pensantes de familia se dejan allí una cantidad similar a lo que les pueden costar los libros del colegio del menor de sus hijos. Eso sí, antes de pagar estos últimos, se quejarán y se quejarán y se quejarán porque no es justo que los productos educativos sean tan caros, y por contra, a la hora de desembolsar los billetes para hacerse la foto de "la familia unidad, jamás será vencida... sobre todo si es en un centro comercial", no dirán ni pio, pero ni pio, pio que te pio.

La melancolía no es una buena solución, lo sé. Y mirar hacia atrás, porque una no acepta lo que tiene delante, tampoco. Pero es que no puedo evitarlo: mis domingos eran mucho más emocionantes. Mi padre nos llevaba, a mi hermana y a mí, al aeropuerto de Manises, a ver a mi padrino -trabajaba allí como bombero-. En el piso superior de la terminal, justo a pie de pista, había una enorme terraza con mesas y sillas de hierro, pintadas de blanco. Nos pedía una Mirinda a cada una y nos sentábamos los tres para ver cómo aterrizaban los aviones, como salían los pasajeros, cómo sonaban los motores... Hacíamos apuestas sobre el lugar desde el que habían partido y cuando alguno despegaba, después de contemplar la maniobra con los puños apretados, haciendo fuerza, ideábamos una ruta con escalas, sin hacer demasiado caso a la imposibilidad geográfica que pudieran tener esos caminos turísitcos que imaginábamos. Las pocas veces que pudo acompañarnos mi madre -trabajaba de telefonista y libraba muy pocos domingos-, la fiesta era completa: conocía los nombres de todos los aeropuertos europeos y de muchas ciudades que nosotras no habíamos oido nombrar nunca -estuvo una larga temporada en internacional- y entonces, con sus aportaciones, nuestros trayectos parecían mucho más reales, más próximos, más cercanos.

Lo más curioso: sólo he viajado dos veces en avión, :-D

El orador

"Antonio:

Buenos amigos, mis gentiles amigos, no dejéis
que yo os lleve a esa repentina
marea del motín. Quienes cumplieron
este acto son hombres honorables.
Qué privados agravios los llevaron
a realizarlo ¡ay! yo no lo sé,
pero ellos son sensatos y honorables,
y, sin duda, os habrán de dar razones.
Yo no he venido aquí para robaros
el corazón; no soy un orador
como Bruto, sino -como vosotros
me conocéis- un hombre llano y simple
que quería a su amigo; eso lo saben,
y muy bien, quienes, públicamente,
me dieron venia para hablaros de él.
Porque no tengo ingenio ni elocuencia
ni tampoco el poder de la palabra
para agitar la sangre de los hombres;
yo sólo hablo claramente; os digo
aquello que vosotros ya sabéis.
Os muestro las heridas del cadáver
de vuestro dulce César -pobres, pobres
bocas mudas- y les suplico que hablen
por mí. Pero en el caso de ser yo Bruto,
y Bruto Antonio, sería un Antonio
que haría enfurecer vuestros espíritus,
y pondría en cada herida de César
una lengua que hasta a las mismas piedras
de Roma incitaría a amotinarse."*

Escena II, del Acto III de "Julio César", de William Shakespeare

* Dedicado a todos aquellos que dicen que no dicen pero luego sí que dicen. O sea, a los que tiran la piedra al estanque pero después, cuando ven cómo las ondas se expanden y llega hasta ellos el malestar que esto causa, maldicen y maldicen, con insistencia, contra el que llenó la laguna de agua.

El Estatuto catalán

Resaca elevada casi al infinito. Eso refieren algunos de mis compañeros en relación a los síntomas que padecen esta mañana tras seguir ayer el debate que hubo en el Congreso de los Diputados, en el que se dilucidaba si se admitía o no a trámite la propuesta del Parlamento de Cataluña sobre la reforma de su Estatuto. Puedo entenderlo. Sobre todo, si partimos de la base de que las peores reacciones post-borrachera son las que se producen por haber mezclado varias clases de bebidas. No sé si el símil será muy acertado, pero creo que hoy la cabeza de muchos españoles ha de estar en parecidas condiciones, teniendo en cuenta el batiburrillo de dimes y diretes que ayer se escucharon en tan "magno" enfrentamiento dialéctico: siempre se nos ha dado muy bien lo de confundir las churras con las merinas y en esta ocasión no iba a ser menos.

Pero, en realidad, lo que ayer dijeron nuestros representantes en la Cámara Baja es casi lo de menos: era previsible el resultado. A priori, quizás, lo único interesante era ver quién o quiénes iban a aguantar mejor los nervios y comprobar, una vez más, que lo de Una, Grande y Libre no fue sólo una de las más importantes letanías franquistas, sino que la derecha de esta país lo tiene tan asumido que parece que lo inyecte en sangre a sus cachorros nada más afiliarse éstos a sus filas.

También era previsible que, en la Carrera de los Jerónimos, a la altura de la puerta de las Cortes, hubiera unos cuantos energúmenos alzando el brazo, al más puro estilo falangista, envueltos-vestidos-disfrazados en/con la bandera de España -como si ésta fuese posesión exclusiva de una ideología y no el símbolo que identifica a un país-, a la espera de la salida de los representantes catalanes, y en general, de los parlamentarios que habían votado a favor de la admisión, para increparlos y maldecirlos -no pongo enlace porque no lo he encontrado: lo he visto esta mañana en las noticias de Telecinco-.

Y digo que es casi lo de menos porque de lo que quiero hablar no es de ese rifirrafe dialéctico, sino de lo mal que informan los informadores -y perdonad la redundancia- y de las reiteradas meteduras de pata que, en este asunto del Estatuto catalán y salvo honrosas excepciones, están cometiendo hasta los propios políticos -vergüenza ajena, oiga usté; vergüenza ajena-.

Empiezo por el principio: según la CE, no es lo mismo un proyecto de ley que una proposición de ley. El primero lo presenta el Gobierno -exclusivamente-, tras ser aprobado en Consejo de Ministros, ante la Mesa del Congreso, y la segunda, la presentan los componentes de las Cortes -diputados o senadores- o las asambleas de las Comunidades Autónomas. Al menos, es lo que se estipula en los artículos 87, 88 y 89 de la Carta Magna:


"Artículo 87

La iniciativa legislativa corresponde al Gobierno, al Congreso y al Senado, de acuerdo con la Constitución y los Reglamentos de las Cámaras.

Las Asambleas de las Comunidades Autónomas podrán solicitar del Gobierno la adopción de un proyecto de ley o remitir a la Mesa del Congreso una proposición de ley, delegando ante dicha Cámara un máximo de tres miembros de la Asamblea encargados de su defensa.

Una ley orgánica regulará las formas de ejercicio y requisitos de la iniciativa popular para la presentación de proposiciones de ley. En todo caso se exigirán no menos de 500.000 firmas acreditadas. No procederá dicha iniciativa en materias propias de ley orgánica, tributarias o de carácter internacional, ni en lo relativo a la prerrogativa de gracia.

Artículo 88

Los proyectos de ley serán aprobados en Consejo de Ministros, que los someterá al Congreso, acompañados de una exposición de motivos y de los antecedentes necesarios para pronunciarse sobre ellos.

Artículo 89

La tramitación de las proposiciones de ley se regulará por los Reglamentos de las Cámaras, sin que la prioridad debida a los proyectos de ley impida el ejercicio de la iniciativa legislativa en los términos regulados por el artículo 87.

Las proposiciones de ley que, de acuerdo con el artículo 87, tome en consideración el Senado, se remitirán al Congreso para su trámite en éste como tal proposición."


Hasta donde yo sé, la reforma del Estatuto catalán se ha presentado ante la Mesa del Congreso por varios representantes del Parlament catalán, para ser defendida posteriormente por tres diputados de la cámara autonómica, por lo que el trámite del que estamos hablando no tiene nada de Proyecto y lo tiene todo de Propuesta.

Es más, por si alguien no se fía de mis "deducciones", en el orden del día del Pleno del Congreso de los Diputados, se puede leer "Debate de totalidad de Propuestas de Reforma de Estatutos de Autonomía" y en el Boletín Oficial de las Cortes Generales, se anuncia como Propuesta:






De los periódicos a los que está mañana les he echado un vistazo, tan sólo La Vanguardia y El Periódico hablan de propuesta. Los demás -dos de los más conocidos y algunos otros regionales-, siguen empleando -y ya digo que ha sido casi unánime desde que este asunto es materia de información general- el término de proyecto, adjudicándole, por tanto, la iniciativa de la reforma al Gobierno español, y no al Parlament catalán:

El Mundo.
ABC.
El País.
La voz de Galicia.
Las Provincias
El correo digital.

Ya sé que no es para rasgarse las vestiduras, ya. Pero es que no deja de parecerme curioso que estén debatiendo sobre lo que es o no es una nación, como si el alma les fuese en ello, y no sean capaces, tanto los políticos como los informadores, de llamar a las cosas por su nombre correcto, cuando, como es el caso, no existe equivocación posible. Claro, que también es cierto que es un poco más retorcido y malévolo adjudicarle la reforma del Estatuto catalán al gobierno estatal... inconscientemente, por supuesto, incoscientemente. Y si a la propuesta le llamamos proyecto, muchos -la mayoría- le están colocando el sambenito de secesionista, directamente, a ZP. Ya digo, sin mala intención, por supuesto*...

*Ironía, pura ironía...




Addenda 14:03 h, 3 de noviembre

He modificado los enlaces de los periódicos: al ser portadas dinámicas, la información a la que hacían referencia no se puede ver ya. Ahora he colocado las correspondientes capturas de pantalla -es que ya me vale a mí también...-.

Los de Fairy me han hecho caso

Venga, sí, porfaplis, dejadme ser un poco pretenciosa... Por una vez en la vida... -ahora, más de uno pensará "pero si esta tipa siempre anda por las nubes, en plan señorona de Alta Cultura", jajaja-. ¿Recordáis la entrada en la que hablaba sobre un anuncio de Fairy, el lavavajillas concentrado, y que titulé "Y tú, ¿cuánto ahorras?". Pues para mí que alguno de los creativos encargados de su campaña de publicidad, se ha pasado por aquí y me ha leido. Que sí, de verdad...

Ayer por la tarde, mientras terminaba de comer, vi un nuevo anuncio sobre las maravillas de este detergente para vajillas, pucheros y cristaleria -¿por qué no lo llamarán "lavacristalerias", o "lavacuberterías" o "lavabaterías de cocina"... aysss, niña, que la olla que ellos no han fregado todavía la tienes tú colocada en la cabeza-: con el mismo planteamiento que el anterior, es decir, dando consejos a los televidentes sobre cómo ahorrar en el hogar. Y ¡milagro! en éste, la reducción del gasto se generaba a partir del consumo racional del agua cuando una -o uno, oiga usté- se pone delante del fregadero a darle al estropajo. La señora decía, más o menos: "Y tú, ¿cómo ahorras? Yo, por ejemplo, cuando voy a fregar, enjabono todo lo que está sucio y sólo abro el grifo cuando he de pasar a enjuagar. Así se ahorra mucha agua, alrededor de 150 litros en cada ocasión" -aunque en este enlace hablan de 80 litros por fregado; de todas formas, puede que dijese otra cifra, porque los números y mi memoria están peleados-. Luego, por supuesto, decía que poniendo una sola gotita de detergente, conseguía limpiar una barbaridad de enseres culinarios de todo tipo.

Dejando de lado la broma sobre la visita de los publicistas a esta bitácora, no queda otra que esperar a ver si el otro -el del grifo abierto- lo han retirado y éste ha venido a sustituirlo, o van a ir alternando los dos. Porque como, en efecto, se atrevan a emitir ambos, el asunto sí que sería entonces como para mandarles un correo electrónico pidiéndoles algo de coherencia ¿o no?

Elegía II



II

En esa foto me sonríes.
Era yo tu horizonte.
Cómo nos estremece,
sobre el papel descolorido,
lo irreparable.
Ahí, también, tus labios
ofrecen el deseo.
En tus claras pupilas
hay un acuerdo íntegro
con mi presencia viva.
Si regresar pudiera
el instante inmediato que precede
a la pequeña obturación
y todo se pusiera en movimiento…

Hay un fragor de mar en las fotografías
que inmoviliza el tiempo en pedestal de oro:
el caos a nuestras plantas.
Como en el cine antiguo,
podríamos ordenar a las figuras
que se movieran.
Mas aquí no se mueven.
Miran a nuestra espalda,
contemplan la venida de algún extraño,
y, aunque sonríen, temen por su suerte.
Decirte adiós es poco.
Quisiera penetrar en ese viento
y ser, donde te encuentras,
estatua de sal, tu mismo instante.


De César Simón, “Extravío”.


Que la disfrutéis. A mí me parece una hermosa declaración de amor. Sé que también he dicho de los anteriores poemas que son hermosos, pero es que es un calificativo que se deshace cuando lo pronuncias, que se escapa de la boca de poquito a poco… Y alarga la impresión que causa, la redondea.

Una noche

Por hermoso. Sin más. Aunque sea triste.

Se titula "Una noche" y es de César Simón, de su poemario "Extravío".

Una noche, hace tiempo, caminábamos.
De pronto, enardecidos,
pero conscientes
-nunca el amor enturbia la consciencia-,
nos metimos ahí, para besarnos,
al almacén oscuro.
Hicimos el amor en el más puro fuego,
junto al peligro
-la puerta estaba rota,
por la acera pasaban transeúntes...-.
La vida breve y el amor en vilo.
¿Cómo saber si en tales ocasiones
el amor nos preserva
o nos destruye?
Ahora, tras el rictus con que apenas
señalo la presencia de esa puerta,
mi consideración me lleva lejos.
Y en la lluvia camino.


De pastillas, fruteros y campañas publicitarias

Vaya por delante que soy consciente de que en esta bitácora he escrito en más de una ocasión -yo diría que en bastantes- quejándome por aspectos que no me han gustado de algunas campañas de publicidad. Generalmente, siempre ha sido por asuntos relacionados con el machismo recalcitrante -un día de estos, cuando los aires me sean favorables, le daré a la tecla para poner verdes a los que ahora se dedican a fomentar el hembrismo "chistoso" y condescendiente a través de anuncios como el reciente de Cafés Marcilla-.

Con esto vengo a decir que asumo el papel de la eterna quejica que le saca punta a casi todo y tiene toda la pinta de carecer del más mínimo sentido del humor: una cosa es parecerlo y otra serlo, que conste.

A lo que iba: hace unos días comenzó, fomentada por el Ministerio de Sanidad, una campaña publicitaria* para que el ciudadano no se automedique. Cuando la vi en la televisión me gustó la forma que habían elegido para trasladarle a la gente que no es bueno decidir, tan a la ligera, sobre la salud personal, y mucho menos, atreverse a dar datos a terceros sobre un producto farmaceútico como si de una receta de cocina se tratara. Para el que no haya visto los anuncios, han creado una secuencia en la que se cruzan varias personas entre sí, todas ellas vestidas con una bata blanca -elemento que todos identificamos a primera vista con el ámbito sanitario-, y en la que unas a otras se preguntan por cómo les ha ido el medicamento que se recetaron. La pretensión: hacerle ver al ciudadano que el papel del médico no se puede ni se debe suplantar.

Sólo han hecho falta catorce días -la campaña se presentó el pasado 10 de octubre, para que una asociación, -en este caso, los responsables de la campaña de publicidad 5 al día- le pida a la ministra de Sanidad que se retire la imagen del frutero de estos anuncios sobre la automedicación, porque el mensaje que subyace tras su aparición es negativo.

No deja de sorprenderme, de verdad. ¿No queda claro, en la leyenda que acompaña a la fotografía que se está hablando de medicamentos, no de la calidad e importancia del consumo diario de frutas y hortalizas?

*En la página del Ministerio, pulsando sobre la imagen de la campaña, se puede ver el vídeo del anuncio emitido en las televisiones.

Avionazos

Puede que resulte un poco frívolo hablar del empleo de una palabra cuando lo que ha motivado mi curiosidad por ella ha sido la muerte, en un accidente aéreo en Nigeria, de 118 personas. Tal vez. Pero es que, desde luego, que yo recuerde -también es verdad que nunca  antes había empleado un buscador para averiguar datos sobre un accidente aéreo-, jamás en mi vida había escuchado o leido "avionazo", y mucho menos, como si de una pirueta acrobática se tratara, por aquello de rizar el rizo, avionetazo. Curioso. Al menos, a mí me lo parece. Si el término se utiliza para designar un accidente de avión, me pregunto cómo llamarán en Iberoamérica -la mayoría de los medios digitales que aparecen referenciados en el enlace de las noticias de google son de allí- a los accidentes de coche: ¿cochetazo? o como por allá al automóvil le dicen \"carro\", ¿quizás carrotazo?

Y todo esto ha venido a cuento de que en el informativo de esta mañana en Telecinco, han confirmado que la mujer del Presidente de Nigeria había fallecido en Marbella, en una clínica en la que se estaba sometiendo a una intervención de cirugía estética y yo me he puesto a buscar información al respecto... Para que luego digan que la vida no es rocambolesca.

Cambios en la bitácora

Ayer me sorprendí, por la noche, cuando después de varios intentos, conseguí que se me cargara la página de esta bitácora: las entradas aparecían completas en la portada, y los enlaces estaban desorganizados. Cuando entré como administradora supe qué había pasado: Roberto Abizanda, el responsable de Blogia, había instalado la segunda versión de la aplicación, con lo que algunas cosillas estaban para retocar. En ello estoy, pero como no tengo demasiado tiempo estos días, de momento no voy a colocar los enlaces donde estaban ni a acortar la presentanción de los textos en la portada -primero he de averiguar desde donde se hacen todas esas cosas ahora, porque el panel de administración ha cambiado por completo; eso sí, tiene muy buena pinta... lo digo por los ex-blogistas-. Si alguien entraba aquí para acceder a otras bitácoras desde mis enlaces, lo puede hacer desde el menú superior.

Que tengáis un magnífico sábado -aquí hace un día de lujo-.

 

De ensaladas informativas



Dos dudas existenciales. La primera:

Entré en Mercadona.. Sí, he de reconocerlo: cuando dejé de trabajar como cajera de supermercado juré que no volvería a poner los pies en un antro semejante, y que siempre haría mis compras en el mercado o en tiendecitas de barrio. Lo juré, pero menos mal que este tipo de juramentos en falso no se persiguen ya -¿acaso, a estas alturas de la vida, alguno está penado?-, porque sino, ahorita mismo estaría cumpliendo prisión por mentirosa. Sigo: entré en Mercadona y tal cual entré, me giré para volver a la puerta. Un cartel pegado en uno de los cristales laterales me había llamado la atención. Salí para poder leerlo con atención. Decía así:

Reunión informativa de ensaladas. Próximo martes, 25 de octubre, a las 18.30 h.


Cerca de casa organizan reuniones de ensaladas ¡y yo sin enterarme! Me llevé un susto de muerte: mira que si se me llega a pasar la posibilidad de comprobar, in situ, en primerísima persona, qué siente la lechuga cuando es arrancada de su raíz en el campo; cómo encaja el tomate el saberse objeto de comercio; qué hace la zanahoria para no perder la compostura en el momento en el que ve asomar un rallador de verduras...

La pregunta: ¿Desde cuando se reúnen las ensaldas para compartir información?

La segunda duda existencial:

Estaba viendo la tele. En concreto, TV3 -la emisora pública catalana; en Valencia se sintoniza bastante bien y el programa que hacen por la tarde, El Club, es bastante entretenido-. En una de las pausas hechas para la publicidad caí en la cuenta de que no todos los anuncios están doblados al catalán. Un ejemplo, el primero que vi esa tarde: uno de Gallina Blanca que habla sobre lo bueno que está el pollo cocinado con una salsa al chilindrón, de las preparadas previamente. Sale un niño contando, en castellano, lo muy mucho que le gustó a su padre el manjar, y después, cuando el anuncio pasa a ofrecer imágenes del producto envasado, se escucha una voz en off, esta vez en catalán. Pensé "mira, esto sí que es un claro ejemplo de bilingüismo". No me parece mal, que conste. Pero lo que sí que me dejó sorprendida, sorprendidísima, fue el siguiente anuncio. Esta vez era de Amena. Una mujer vestida de verde se dirige a la cámara para decirle al espectador que como la noticia que ha de contar es mala, prefiere que sea alguien cercano al televidente el que lo haga. En ese momento, le da paso a una segunda persona -una abuelita, un amigo querido...- para que sea ésta la que ofrezca la información. Sin problemas. Quiero decir, nada que objetar. Pero... de repente caí en la cuenta de que en la parte inferior de la pantalla aparecían unas letritas amarillas, que iban desplazándose hacia la izquierda, como las que se ven cuando te avisan de lo que puede costar enviar un mensaje telefónico para participar en un concurso o en una votación. Me dije "vaya, menuda metedura de pata, pero si han escrito con "z" la palabra cero". No, no había error ortográfico. Es que el anuncio estaba subtitulado. Desde el principio hasta el final.

Pregunta: ¿Acaso existe algún catalán o residente allí -dejando fuera a los extranjeros- que no entienda el castellano? ¿Es necesario ser tan absoluta y estúpidamente correctos? Por dios, es que no puedo comprender este extremismo lingüístico, no.

¿A quién hago caso?



Hoy me he levantado difusa. Sí, es posible. Ocurre a menudo. Al menos a mí. Los síntomas son evidentes: se tarda más en meter la llave en la cerradura de la puerta del coche; te grapas un dedo porque no has sido lo suficientemente rápida como para quitarlo a tiempo cuando pretendías unir una factura a su albarán; vas a echar el azúcar al café y lo tiras en la taza porque has sido incapaz de calcular bien la distancia; tu jefe te pregunta por una adjudicación y justamente el viernes pasado archivaste el expediente porque pensabas que con siete años de antigüedad, cualquier aparato informático ha quedado ya obsoleto... ¿Para que seguir enumerando meteduras de pata?

Hace un rato he decidido averiguar si en este despropósito existencial ha tenido algo que ver mi destino. Porque para mí que sí... Y, claro, ¿qué mejor manera para saber qué me deparará el resto de este lunes que consultar mi horóscopo, ese oráculo divino, que con antelación me dice porque camino he de andar hoy?

El problema -sí, hay un problema- es que de los consultados, cada uno me dice una cosa... y a estas alturas, ya no sé de quién o quienes fiarme*:

Mi día, según El País.

Mi día, según ABC.

Mi día, según El Mundo.

Mi día, según La razón.

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*No, no me he ido otra vez por los cerros de Úbeda. En realidad, lo que me sorprende, es cómo es posible que estos periódicos tan "sesudos" todavía caigan en ofrecer a sus lectores estas estúpideces esotéricas de tres al cuarto.

7 vírgenes



La vi anoche, en el Club Diario -no sé ni para qué lo enlazo: me sorprende la desidia de esta gente... los responsables de este periódico al parecer desconocen la importancia que tiene actualizar una página web-. Para variar, la calidad de lo que ofrecen siempre aparece mermada por las ínfimas condiciones acústicas de la sala. De hecho, una vez empezada la proyección, la gente comenzó a murmurar porque no se entendía absolutamente nada de lo que decían los actores: entre el acento andaluz y las vibraciones de los dos altavoces, aquello parecía de todo menos castellano -o español, :-D -. Con todo, pasados los diez primeros minutos, la audición mejoró -creo que ajustaron los graves y los agudos-.

7 vírgenes es una película dura. Juan José Ballesta, conocido por casi todos -cinéfilos y no cinéfilos- por su actuación en El Bola, en la que interpretaba al niño maltratado, fue galardonado en el último festival de San Sebastián con la Concha de Plata al mejor actor por el papel que representa en esta cinta.

Tano es un joven que está en un reformatorio -no se cuenta con claridad el porqué de esta reclusión- al que le conceden un permiso especial de 48 horas para asistir a la boda de su hermano. Al llegar al barrio, se reúne con sus amigos de siempre. Hace lo que quizás haríamos todos en su situación: localiza a su chica, se echa unas cuantas risas y copas con los colegas e intenta no involucrarse en ninguna bronca porque sabe que eso, para él, sería un grave problema. Lo que ocurre después, a priori, puede parecer previsible. O no. Porque el final golpea. Como un mazo.

Quien busque entretenimiento en esta historia de perdedores, lo tiene francamente difícil. Y quien opine que en el cine español sólo se producen dramas o comedias sociales, mejor que no vaya verla. Se respira desesperanza desde el principio hasta el final: el típico círculo vicioso del que es tan complicado salir. Al menos, la última secuencia es todo un símbolo. Hermoso símbolo si se quiere ver con optimismo. Si se contempla desde la perspectiva de lo políticamente correcto, es la representación gráfica del fracaso del Sistema -sí, con mayúsculas-.

De su director, Alberto Rodríguez he visto, con anterioridad a ésta, El factor Pílgrim, y la verdad, nada que ver con la de ahora... divertida, descabellada y fresca. Eso sí, sus cuatro protagonistas también son unos completos perdedores -al más puro estilo hippie- a los ojos de la sociedad.

Puzzle

Para el que quiera entretenerse un ratillo -tampoco demasiado, que yo soy pelín torpona y lo hice en tres o cuatro minutos-:

Puzzle.

Son tan "apañaos" que cuando aciertas en la colocación de la pieza te avisan con un sonido, y cuando consigues acabarlo, celebran tu habilidad espacial con un sonoro aplauso.