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De espaldas

Chistes eclesiásticos

Que la COPE es propiedad de la Conferencia Episcopal Española es algo que todos -o casi todos- sabemos. Pero lo que desconocíamos -al menos, en teoría... me permito un "ja" muy, muy, muy irónico- era que se saltaban a la torera lo que, para ellos mismos, han marcado como fin a conseguir en el punto IV de su ideario, titulado "Promoción de los valores del humanismo cristiano",

"...Asumirá la defensa de los derechos humanos, tal como se expresan en el magnetismo de la Iglesia y en los grandes acuerdos internacionales.

Ayudará a crear una conciencia colectiva sobre los deberes anejos a esos derechos y promoverá, sin fisuras, la solidaridad ente los seres humanos, de cualquier raza, país o condición social. Difundirá asimismo, con claridad y con ahínco, el concepto cristiano del matrimonio, de la familia y de la sexualidad. Presentará un tipo de hombre y un modelo de sociedad, abiertos a la transcendencia y enriquecidos por la conciencia moral y por la fe religiosa.

Mostrará abiertamente su opción preferencial por los pobres y por los marginados, sin menoscabo del respeto y la estima que le merecen todas las personas y grupos. Respetará siempre los ámbitos de la intimidad personal y de la vida privada, salvo cuando se atente desde ellos contra derechos ajenos o el bien de la comunidad."
.

¿Y a santo -me sirve cualquiera, Santo Tomás, por ejemplo, que dicen que dudaba de todo- de qué digo que los chicos de la COPE vulneran su "ideario" y me he ido a visitar las páginas de la Conferencia Episcopal y de su cadena radiofónica? A que cuando he escuchado el fichero de audio que Nacho Escolar enlaza en su bitácora, en una anotación titulada Caridad cristiana he pensado que algunos en este país están perdiendo el Norte. Y no precisamente el Norte que persiguen aquellos de quienes se mofan en esa desafortunada parodia sobre la Verja -sí, en mayúsculas-.

Muy triste; verdaderamente, muy triste.

Más allá de la muerte



Cuando escuché anoche la noticia en los informativos de no sé qué cadena de televisión, me tuve que sentar -y es literal-: primero, porque me quedé estupefacta -y cuando una entra en ese tipo de trances, mejor es que le pille sentada y no derechita, por aquello de evitar el irse de bruces al suelo por la reacción-, y después, pasada la impresión inicial, porque quería saber más de aquel despropósito que estaba contando el presentador.

Siempre he pensado que se ha de ser muy respetuoso con los deseos de los vivos para cuando ya no lo sean, pero de ahí a que un club de fútbol habilite un espacio en las instalaciones de su estadio para que, caso de solicitarlo, sus seguidores más acérrimos puedan disponer, en virtud de una de sus últimas voluntades, que sus cenizas sean depositadas en el lugar que más satisfaciones deportivas y sociales les ha brindado, va un trecho largo. Y más que largo, larguísimoooooooo, con muchas "oes" finales, como las de ¡gooooooooool!.

Hay personas que se pasan la mayor parte de su vida pagando una cuota mensual para asegurarse de que serán despedidos del paraiso terrenal con todos los honores, o cuando menos, que podrán marcharse al más allá dentro de un féretro tapizado de blanca seda, herrajes dorados y una corona de crisantemos con lazo morado. Es algo que no termino de entender, pero el miedo que todos tenemos a la muerte -o casi todos-, al más allá, justifica el que pensemos que, haciendo las cosas de un modo en particular, convirtiéndolas a la larga en un rito, lo desconocido ya no estará a la vuelta de la esquina -una mera ilusión ajena a cualquier razonamiento lógico- y cuanto más alejemos lo que nos produce pavor, más control tendremos sobre la situación.

Todavía recuerdo cómo me chocaba, siendo niña, la respuesta de mi abuela cuando venía el cobrador del Ocaso y yo le preguntaba que qué estaba pagando: "los muertos, Salo, los muertos".

¡Qué cosas! Así me fue a mí durante un tiempo, que pensaba que mis familiares fallecidos necesitaban dinero para poder malvivir en el purgatorio y que el trabajo del señor de la carpetita azul y famélico aspecto era el de, aparte de recaudar, llevarles después a las ánimas penitentes lo que sus familiares no podían hacerles llegar por el banco... Porque ésa es otra: como mis amadas monjitas me habían explicado en clase que los únicos que iban directamente al cielo eran los santos, y que el resto de los mortales, antes de llegar a tan onírico lugar, caso de alcanzar ese honor, pasaban una larga temporadita en el purgatorio para expiar todos sus pecados, yo daba por hecho que mis dos abuelos y unos cuantos tíos vivían en una zona intermedia situada entre la tierra y el cielo, flotando en el espacio.

Esto de que el Camp Nou se pueda convertir en un cementerio culé me ha recordado que hace ya casi un año recopilé información para hablar sobre las necrológicas, panegíricos y demás escritos que glosan las virtudes de los fallecidos y que navegando entre deceso y deceso -qué nombre más aséptico... como lo de "éxitus" del lenguaje médico para decir que se les ha muerto un paciente- encontré una página de centroamérica que ofrece un servicio de esquelas en la red: Obituario.net. No sé hasta qué punto puede llegar a ser efectivo lo de que los familiares y allegados de un difunto consulten en internet a que hora va a ser el entierro... Desde luego, a mí no se me habría ocurrido nunca. Aunque tampoco se me habría ocurrido nunca llamar a la oficina de información de un ayuntamiento para preguntar cuál es la costumbre en ese pueblo a la hora de dar el pésame, si se hace antes de entrar a la iglesia o después, a la salida, y en una ocasión, cuando trabajaba en ese departamento, una señora me colgó airadamente el teléfono porque no supe qué responderle.

Aún tengo esperanzas






Si esto es lo que ocurre cuando una mujer normalita pasa por las manos de un experto maquillador y se deja retratar por un fotógrafo que conoce bien su trabajo, yo todavía tengo esperanzas... Seguro que hasta ahora no he encontrado un mozo templado, macizorro y de aspecto duro pero como la miga de pan por dentro porque mi estilismo -¡uysss, qué requeteguays suena eso de estilismo! no es el adecuado. Y necesito con urgencia un macho-man para celebrar un bodorrio... que desde que la Papisa Sinfo está por la labor de relatar los pormenores de los himeneos familiares, estoy que me muero de ganas por unirme al club de mujer casada, de blanco, con ramo y novio al brazo.

Si se quiere, se puede... ¡ilusa!



Delivery. Ésa era la palabra. Desde el domingo que me rondaba, que me acechaba, pero no terminaba de asomarse del todo para que la reconociese. Lo típico de "Está en la punta de la lengua, pero no me sale". Le tengo una especial fobia, o una fobia especial, como más guste. No sé del todo por qué, pero me suena fatal; quizás porque se asemeja a la española "deliberación" y su significado no tiene nada que ver, con lo que las primeras veces que la escuché eso me llevó a una confusión importante: si no me equivoco, se emplea para designar la entrega de comida a domicilio y por extensión, para nombrar la actividad de las empresas o comercios que manufacturan esos productos -aunque el traductor de google dice, a secas, "entrega"-.

No es la única, desde luego. Leyendo al defensor del lector de El País -en realidad fue el él culpable de que quisiera recordar lo de "delivery"-, en un artículo titulado Esmoquin, ¿cátering? supe de dos términos más que sino llega a ser por su explicación, de habérmelos encontrado en otro texto, me habrían creado un pequeño quebradero de cabeza: "handling" -servicios en tierra- y "hedge funds" -fondos de alto riesgo-.

Me da rabia, lo reconozco. Si ya supone una ardua tarea ampliar el léxico con el que una se maneja -por aquello de que a medida que se conocen más vocablos, se dispone de más apoyo para trasladar a otros lo que se pretende contar-, el asunto se complica cuando, además, se han de comprender y retener palabras que no pertenecen al castellano -¡ah! y luego está el escribirlos correctamente-.

Por eso me parece muy razonable la postura que favorece la aceptación o incorporación a nuestro idioma de los vocablos extranjeros que no posean otros idénticos o de similar significado en castellano ; y con el resto, persistir en el intento de emplear los que nos son propios. Aunque si he de ser sincera, sé que es una batalla perdida; al menos, en el mundo de la Red: no hay más que darse una vuelta por algunos periódicos y por la mayoría de las bitácoras especializadas en temas técnicos para comprobar que nadie o casi nadie sustituye, por ejemplo, "software" por "aplicación informática" o por "programa"... ¡Ah! y para rizar el rizo, lo mejor es leerse -o tener que "picar", como me pasa a mí- un informe administrativo sobre cuestiones informáticas: si ya de por sí el lenguaje administrativo es incomprensible, cuando va unido a una hiperabundancia de anglicismos, se convierte en un verdadero galimatías.

Eso sí, me queda un consuelo: yo sigo en mis trece y aquí siempre empleo palabras como "bitácora", por la más extendida "blog"-; "entrada", "anotación", "apunte" por "post"; "apodo" por la de "nick"; "enlace" por "link" y alguna más que ahora se me escapa. Asumiré el riesgo de que me adjudiquen un nuevo mote: "La Rancia" -por aquello de que muchos consideran a la RAE una institución anclada en el inmovilismo más absoluto, y mi visión en este asunto es bastante cercana a la suya...-. Por supuesto -¡uysss, perdón! of course- nada que ver con lo de "rancia izquierda española", :-D

Profecías



Hace ya algunos meses, por no decir ya más de un año, que los señores peperos están basando su estrategia opositora en una idea poco original pero muy efectiva: de cada tres palabras que pronuncian, dos están encaminadas a meterle miedo al personal. ¿Miedo? ¿A qué? Pues a todo aquello que, por principio, huela a distinto, nuevo, diferente, es decir, a cambio.

La semana pasada, el ex-presidente del Gobierno, siguiendo su línea habitual de cantar como solista y dejar que, de cuando en cuando, Rajoy haga los coros, desafinó una vez más en cuanto abrió la boca: "Esta semana cambia el régimen y se rompe España" -entrecomillo porque no sé a ciencia cierta si la cita es literal; en todo caso, está extraída del artículo que enlazaré posteriormente-. O sea, un claro y magnífico ejemplo de lo que comentaba en el primer párrafo: miedo, catástrofe, plaga bíblica.

Al día siguiente de enterarme de la última profecía de Aznar, quise hablar aquí del asunto, pero no tuve tiempo y entre unas cosas y otras, se me olvidó. El domingo, echándole un vistazo a El País -un placer lo de tener el periódico en la mano- leí un artículo de opinión de Antonio Martínez que traigo hasta aquí porque creo que tiene más razón que un santo -si es que los santos alguna vez tuvieron razón... uysss, después rezaré dos rosarios por cuestionarme cosas sobre la Fe- y que lo cuenta mucho mejor que lo podría haber hecho yo . Reproduzco parte y lo enlazo:

"QUÉ RABIA TAN TREMENDA escribir sin saber el final del culebrón del Estatut, Pasión de catalanes. ¡Pero qué rabia, las pelotas del marrano, qué rabia! A lo mejor está usted leyendo esto, y ahora mismo no hay Gobierno, o se ha acabado España y vivimos en una abstracción, suspendidos en el vacío. En silencio, eso sí. Esa es la ventaja. El día que acabe España se aplacará el ruido. Confiemos. Acabar con España para quedarnos con el mismo ruido no merece la pena. "Españoles: España ha terminado... pero siguen las obras en Madrid".

El fin de España lo pronosticó Aznaramus el lunes: "Esta semana cambia el régimen y se rompe España". Qué alegría de hombre. El Pitoniso Sombrío. "¿Te interesa España? ¿Quieres conocer su futuro? Llámame". Con el temperamento que tiene, el anuncio del 906 de Aznar acabaría diciendo: "Llámame o te meto dos hostias"

Artículo completo.

Derroche inaugural

No, no es una nave especial. Ni un decorado para una nueva película de marcianitos


No, no es una nave especial. Ni un decorado para una nueva película de marcianitos en versión española. Es un auditorio-teatro-ópera -tres en uno, como el aceite lubricante...- construido en el antiguo cauce del río Turia, en Valencia, en el macro-complejo cultural diseñado para perpetuar la gloria de Rita Barberá y el Sonrisas Profidén -este último, en la época en la que fue Presi de la Generalitat Valenciana- y que se conoce con el nombre de Ciudad de las Artes y las Ciencias.

El casco del guerrero con protección cervical -a mí que no me digan, pero parece un yelmo de los que se veían en la película "Alejandro Magno"- se llama Palau de les Arts. Y como en los palacios antiguamente vivían príncipes y princesas, y nosotros tenemos una monarquía parlamentaria con un Rey y una Reina que se dedican a descorrer cortinillas, pasear ramilletes de flores de aquí para allá y a saludar al personal alzando una mano al aire, con un inigualable giro de muñeca, el edificio de la fotografía va a ser inaugurado por Doña Sofía -la de Grecia, sí- y por deferencia -claro está- el susodicho llevará de sobrenombre el de la susodicha, o sea, "Palau de les Arts Reina Sofía".

El día 8 de octubre comienzan los actos para celebrar el estreno de tan magno e impresionante complejo artístico. Y como se ve que un evento de estas características, para ser recordado, ha de durar varios días -más o menos, como las bodas gitanas... para que luego digan que los burócratas no intentan acercar la cultura al pueblo-, los festejos finalizarán el día 25.

El problema -lo hay, lo hay; por eso lo cuento aquí- es que estos actos inaugurales cuestan la friolera de 2,8 millones de euros. Total, una minucia... Y encima, lo más gracioso -si es que tiene alguna gracia- es que inauguran para volver a cerrar: la primera temporada comenzará en octubre de 2006. Literalmente:

"Finalizados los Actos Inaugurales, el Palau volverá a cerrar sus puertas hasta octubre de 2006, fecha en la que dará inicio la Primera Temporada artística."
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Espero que de esos 2,8 millones de euros, dejen algo de presupuesto para adquirir unas cuantas y potentes aspiradoras: mucho polvo se ha de acumular durante un año...

Cosas veredes, Nicomedes

Para que luego digan que la vida no es complicada...

Hace un ratillo he leido en El País una noticia que me ha dejado patidifusa. Así, como suena: con una pata en el norte y la otra, en el sur. O más bien, entre el noreste y el suroeste -las piernas, claro; mis piernas, puntualizo-.

Se trata de leyes, juicios, concepciones, peleas y rupturas. ¡Ah! y de un futuro niño, que se me olvidaba... El asunto tiene su miga: una mujer a la que le iban a extirpar los ovarios decidió, junto con el que entonces era su pareja, que antes de la intervención varios de sus óvulos fueran fecundados con esperma de su chico y congelarlos más tarde, para una vez pasado todo el jaleo de la operación, poderle implantar en la matriz los embriones y tener un hijo. De todo esto se deduce -o lo deduzco yo, que soy muy simple- que ambos, hombre y mujer, deseaban ser padres. Pero no padres en abstracto, por libre, cada uno por su cuenta, sino padre y madre de un hijo en común.

¿Dónde está el problema? En que ya no se quieren, se les rompió el amor. Y como se les rompió el amor, él entiende que el pacto de ser padres en común también se partió en pedazitos, y ella, por contra, piensa que ese acuerdo, al existir unos óvulos fecundados, no se puede vulnerar porque sería como matar una vida. Ella quiere ser madre por encima de todo, y él no desea tener ese hijo: hasta ahora los tribunales le han dado la razón a él, pero la mujer no ceja. Está tan empeñada en ser madre que está quemando absolutamente todos sus cartuchos. Hay cosas que no entenderé en la vida. O quizás necesitaría una vida distinta para entenderlas.

Busilis

Hace unos días terminé de leer Muerte en la rectoría, de Michael Innes. En marzo pasado, en los comentarios de una anotación, y como suele ser mi costumbre, me fui por los cerros de Úbeda y acabé hablando de un libro que no había podido finalizar por estar mal editado: se trataba de "¡Hamlet, vengaza!", del mismo autor-en inglés, más extenso- que he citado al principio. Un vistante de esta bitácora, bajo el apodo de "John Appleby" -un inspector nacido de la mano del escritor-, ante mi aparente menosprecio por la novela policiaca, me recordó que Michael Innes era uno de los escritores preferidos de Borges y Bioy Casares. Esta circunstancia despertó mi curiosidad: no es que me guste en exceso Borges, por decirlo de alguna forma... y por aquello de comprobar si al menos comparto gustos con el insigne argentino, busqué la otra novela que había publicado El País -en una de esas denostadas colecciones que se venden con los diarios- para ver de qué iba.

Copio el comienzo del libro, que bajo el epígrafe de "Advertencia" es una irónica y magnífica declaración de intenciones y el primer párrafo del capítulo X, que destila socarronería pura:

Los profesores y académicos de las universidades de Oxford y Cambridge se cuentan, indudablemente, entre los hombres más morales y equilibrados del mundo. No hacen nada indigno, no obran por impulsos, ni actúan con precipitación. Por lo común, los asociamos con la sabiduría, el desinterés, la actitud siempre distraida y las manías inocentes, que los hacen aún más simpáticos. Son -como diría Ben Jhonson- personajes que la comedia reclama para sí; resulta mucho más fácil mostrar su aspecto humorístico que ponerlos en situaciones melodramáticas. Además, carecen de la psicología, un tanto irregular, indispensable en las novelas policiacas, lo cual es una verdadera lástima, ya que el lugar que habitan -el edificio donde enseñan, comen y duermen- proporciona un marco excelente para las artimañas y peculiaridades del "oficio".

Afortunadamente, hay una parcela de suelo inglés en que estos varones sabios y virtuosos sufren una lamentable transformación: allí demuestran todos sus síntomas de irratibilidad, impaciencia, apasoionamiento y dureza de espíritu que allanan el sendero al novelista. Es bien sabido que, cuando el hombre de Oxford o Cambridge no "baja" ni "sube", sino que "cruza enfrente", es decir, cuando va de Oxford a Cambridge, o viceversa, debe atravesar una región particularmente antipática y capaz de turbar la más académica de las almas. Por misteriosa providencia, esa región está situada casi a mitad de camino entre los dos antiguos establecimientos universitarios, junto al inofensivo vecindario de Bletchley.

Los cerebros científicos algo superficiales han señalado, acostumbrados como están a discernir inmediatamente las circunstancias materiales evidentes, las deficiencias económicas del Empalme de Bletchley. Hay que esperar allí tanto tiempo -argumentan- y tan desprovistos de comodidades materiales, que ¿quién no se sentiría un poco nervioso?

Pero todo esto es cosa del pasado; la última vez que pasé por el Empalme parecía un paraíso en miniatura; de cualquier manera, mi estilo literario prefiero las explicaciones de orden metafísico. Prefiero creer que, entre los dos polos de Tebas y Atenas, el éter se conturba y la atmósfera no resulta fresca y transparente, al menos para el erudito.

Así acabé por imaginar que si aquellos estudiantes de Oxford que iniciaron -hace siglos- el cisma hubieran dirigido sus pasos a Bletchley, quizá se hubiera elevado la Universidad o, por lo menos, la Facultad que me hacía falta para esta novela... Quien se moleste en consultar un mapa al llegar al capítulo 10 comprenderá que me basé en esta fantasía. La imaginaria Facultad de San Antonio forma parte de una universidad inexistente. Sus ex alumnos y docentes son igualmente fantásiticos, carecen de toda realidad, y ningún manto de verdad imaginativa, ¡oh severo y crítico lector!, cubre su absoluta desnudez. He aquí un desfile de fantasmas, que se mueven en un escenario puramente especulativo.

.../...

El espíritu conservador se expresa de maenra refinadísima en nuestras universidades. Largos siglos después de la reforma de nuestras instituciones eclesiásticas, las tradiciones y costumbres medievales sobreviven en esos venerables recintos. "Los monjes", como definió a esos eruditos dómines cierto historiador del Imperio Romano, en un rapto de indignación, no suelen adaptarse al ritmo de la moda. Por lo contrario, están adormecidos en un largo paréntesis temporal, como diría cualquier economista. Enseñan disciplinas anticuadas con métodos arcaicos. Nadie ha logrado converncerlos de la necesidad de procurarse a sí mismos, a sus epsosas e hijos, las comodidades de la vida moderna. Verdad es que hace muy poco que descubrieron a las esposas e hijos. Ayer, por decirlo así, descubrieron el baño. Y hoy, a pesar del largo ejemplo dado por sus alumnos, comienzan a descubrir la existencia del automóvil.


Me ha costado leerlo: la trama casi no existe; más bien se trata de una serie de razonamientos, de disquisiciones, engarzados entre sí mediante una ingente cantidad de erudición. Por decirlo de alguna manera, vendría a ser el polo opuesto de lo que hacen los chicos del CSI. Y si a eso se le añade un estilo algo recargado y un amplísimo vocabulario... "Busilis" es un ejemplo. La primera vez que lo leí, deduje su significado por el contexto, y al rato caí en que posiblemente derivase del latín, por la terminación. Según el DRAE:

"busilis.
(Del lat. in diebus illis, mal separado por un ignorante que dijo no entender qué significaba el busillis).
1. m. coloq. Punto en que se estriba la dificultad del asunto de que se trata."

Creo que la "palabreja" -permitidme la expresión- es perfecta para resumir la anotación y para dar una somerísima idea de la novela de M.Innes.

La ausencia de los presentes



Alguna vez.
En el agosto tardío.
Una tierra árida.
En la retina del fotógrafo ambulante.

Un solo día.
Un calcetín remendado.
La camisa ultrajada por el viento.
Un río oculto.

Pesan las albardas.
La bestia no conoce otro rumbo.
Las tardes de tormenta
albergan temores ancestrales.
El calor humea en las cuadras.

Contra todo pronóstico.
El ajuar nunca llegó a estrenarse.
El camisón de lorzas amarilleó.
La ausencia fue solemne
aún antes de existir.

Hasta las lágrimas no estaban.
Perdieron el tren del futuro.
Un desafío demasiado extravagante.
El pozo se quedó sin agua.
Rompiendo la tregua, sin cortar las ataduras.

Llevan décadas recluidos.
En epitafios de viuda ennegrecida.
En cartas con renglones de a doce la cuartilla.
En pensamientos de hermanos exiliados.
En una imagen de duro gris y blanco.

Los ausentes me miraron ayer sin conocerme.
Sintieron cuando yo no era.
Todos marcharon menos uno.
No tardará tampoco en ser pasado.
Para mí fueron presente.

[Escribí este poema en enero de 2002, mirando la foto que encabeza la entrada, de un tirón. En apenas diez minutos. Lo publiqué -si a darlo a conocer a través de internet se le puede llamar así- en el foro Pregúntale a Satán; un lugar escondido y cómodo con un nombre bastante ajeno a lo que allí se podía leer. Me abordó la melancolía, sin avisar, y la dejé escapar como mejor supe. No he modificado nada -salvo un verso que he eliminado-, a pesar de que ahora suprimiría muchas cosas.

Lo de siempre: la vergüenza, el pudor, y esa idea cada vez más presente de que es necesario aceptar que la genialidad es cosa de otros; sobre todo, de esos otros que se empeñan en machacarnos al resto recordándonos que somos mediocres, como si con ello nos estuvieran condenando al infierno. Seguramente, si supiesen que para mí, salvo raras excepciones, el ser mediocre no es una lacra, creo que mi vida sería un poco más sencilla
]

Y tú ¿cuánto ahorras?



Así comienza un anuncio de televisión de un detergente concentrado para vajillas: preguntándole al público cuánto ahorra. Una mujer se dirige a la cámara contándole que ella, para ahorrar en casa, apaga el televisor desde el interruptor que éste lleva incorporado y no desde el mando a distancia, porque cuando se hace de esta última forma, el aparato permanece encendido -la conocida lucecita roja- y aunque en menor cantidad, sigue consumiendo electricidad -alrededor de un 30% de la energía que necesita cuando funciona normalmente-.

Acto seguido, la concienciada señora pasa a explicar que ella usa Fairy porque al ser concentrado se emplea muy poco detergente para lavar la vajilla. Por lógica, al gastar menos producto, a la larga ahorra porque le dura más. Lo paradójico de todo esto -y por eso lo cuento aquí, porque hasta ayer no me había percatado- es que en las secuencias en las que la modelo está refiriendo la segunda fase de su plan "apretándose el cinturón", la sitúan en la cocina, delante de un fregadero. Mientras habla, está poniendo una gotita del detergente en un estropajo, y en un segundo plano se ve el grifo del agua abierto. En la siguiente imagen, sigue alabando las bondades del lavavajillas y a su vez limpia una sartén, para que se pueda ver su maravilloso efecto desengrasante. Aunque parezca increíble, el grifo del agua permanece abierto.

Digo yo que a los publicistas que diseñaron el anuncio nadie les explicó que para realizar tales tareas domésticas no es necesario acompañarse con el ruido de fondo de un grifo abierto. Por descontado, no serán los mismos que trabajaron para la campaña del Ministerio de Medio Ambiente, presentada en junio pasado, y cuyo lema era "Pon tu gota de agua. Gota a gota se hace el río", porque al final del anuncio que estuvieron emitiendo durante varias semanas, recalcaban que en su realización no se había empleado ni una sola gota de agua. Igualito, vamos.

Cuerpos andróginos

¿Qué culpa tengo yo de que la Pasarela Cibeles y la semana de la moda de Barcelona -Pasarela Gaudí- se celebren con una diferencia de una semana? No voy a dejar de hablar del asunto por ello.



Aunque en esta ocasión, en lugar de escribir y sacar por mi boca sapos y culebras, me he limitado a mostrar la foto -extraída del especial que el diario "20 minutos" le dedica a este certamen- de una modelo que podría ir de la mano de la famosísima Twiggy y no desentonar en absoluto.

Ahora que si asusta un poco ver a esta mujer, lo de Alana Bunte en los desfiles de N.York es para echarse a correr:



Ojo, soy consciente de que la fotografía está tomada en picado y eso la hace parecer más delgada, pero aún con eso, la adolescente da grima. Y digo adolescente porque en el pie de foto de 20minutos se dice de ella que "sólo tiene 14 años y mide 1,73". Vamos, para que luego los diseñadores se tiren de los pelos de cara a la galería cuando salen a la luz pública asuntos como el reciente de Kate Moss.

Paren el mundo que me bajo

Frase manida, lo sé. Al final, no tendré más remedio que aceptar que si me comparase con el apocalíptico San Juan, éste se quedaría en el jardín de infancia y yo estaría a punto de licenciarme cum laude en "Vaticinios, Despropósitos y Grandes Castástrofes sociales". Pero es que no puedo evitarlo. En cuanto veo o escucho ciertas cosas, se me encienden los cables que activan la mala leche y al ratito tengo fritas las neuronas cerebrales.

Ayer por la tarde, mientras pasaba la mopa, encendí la televisión esperando que comenzasen los informativos de Telecinco. En La Primera estaban emitiendo Gente, programa en el que durante su primera media hora intentan rememorar los éxitos del semanario El Caso y en la segunda, se dedican a contar noticias "rosa pastel", por aquello de la corrección formal, no sea que las duquesas, toreros y folclóricas de la España cañí les vayan a tirar de las orejas. Mientras estaba en mi habitación maldiciendo la costumbre de Zas de meterse debajo de la cama, la presentadora anunció a bombo y platillo que después de la publicidad nos iban a dar pelos y señales sobre la majestuosa boda de Farruquito, el bailaor. Y claro, rauda y veloz, dejé los trastos de la hacendosa y perfecta ama de casa apoyados en el sillón orejero, y me senté a la espera de ver tan fabulosa celebración.

Sería difícil describir lo que sentí cuando aparecieron en mi televisor las primeras imágenes del festejo: la impresión fue tal que casi prefiero no pecar de parquedad. Juzgad por vosotros mismos... el traje de la novia no tiene desperdicio -lástima que no se distinga bien en la foto- y el de la madrina..., ése merece un capítulo aparte en la historia del vesturario hortera por excelencia:



En El Mundo han publicado un álbum con algunas instantáneas del evento -en la nº 6 se pueden ver la discreta corona y la sencilla gargantilla que lucía la novia-.

Ironías aparte, me quedé de piedra cuando me enteré de que este homicida imprudente -y sin el presunto, que ya hay una sentencia que lo avala- había invitado a la ceremonia religiosa de su matrimonio a un millar de personas, y que se calculaba que al convite y festejos posteriores, iban a acudir alrededor de tres mil. ¿Tanto dinero se gana bailando? Eso sí, se ve que para las cositas de la casa el mozo es un pelín agarrao: yo pensaba que sólo comprábamos muebles en Ikea los obreros y asalariados -penúltimo párrafo del artículo que enlazo-.

¡Ah! memorables las últimas líneas que el autor del texto citado, Eduardo del Campo, le dedica a Farruquito:

"Farruquito podrá saborear hoy otra noche de gloria, después de sufrir varios varapalos personales: el primero, el fallecimiento de su abuelo Farruco en 1997; el segundo, ver morir a su padre, el cantaor Juan Fernández El Moreno, mientras actuaban juntos en Argentina en 2001; el tercero, la convulsión que causó en su vida la muerte de ese desconocido al que atropelló el 30 de septiembre de 2003 cuando probaba sin seguro ni carné el acelerador de un BMW. Una imprudencia que no olvidará."


Se ha de tener mucha jeta para reducir la muerte de un hombre a una mera anécdota consistente en pisar el acelerador de un vehículo de alta gama.

Por descontado, todo lo que pueda decir con respecto a la poca vergüenza que este bailaor ha demostrado tener, al celebrar una boda de esta envergadura, es poco.

Dormir a pierna suelta

Estoy convencida de que el joven al que detuvieron este pasado fin de semana en Valencia, por pertenecer -presuntamente, claro... estoy del "presunto" hasta el gorro- a una banda de neonazis que, entre otras "lindezas" se dedicaban a salir de batida para apalear a unos cuantos inmigrantes, no ha escuchado en su vida el dicho popular con el que he titulado esta anotación. Porque si, por una remota casualidad lo hubiese sentido pronunciar alguna vez, no habría estado durmiendo en un ataúd, con lo incómodo que eso ha de resultar...

Dejando de lado el tono semi-jocoso del párrafo anterior, una no tiene otra que preguntarse qué santas narices está pasando. Y no es por adoptar un tono apocalíptico, pero es que, al paso que va la burra, y si a estos energúmenos no les paran los pies, dentro de nada retomarán las costumbres de sus amados predecesores y harán las pantallas de sus lámparas de sobremesa con la piel de alguna de sus víctimas...

Tertulias callejeras



Sitúo la escena:

Una calle próxima a mi casa. Entre la acera y el bordillo, dos mujeres de unos cuarenta y tantos, más o menos, hablan entre ellas. Mientras la conversación se desarrolla, un niño, de alrededor de seis años, las mira y permanece callado, situado algo alejado de la que lleva todo el peso de la charla. Parece que se han cruzado en el camino, porque una de ellas está colocada con su cuerpo medio girado hacia la izquierda y la otra, la que va acompañada del crio, permanece de pie en dirección a la derecha. Entre los tres, forman un corrillo ovalado, alargado, que les obliga -a ellas, ya que el zagal no llega a abrir la boca en ningún momento- por el espacio que las separa, a elevar el tono de su voz para escucharse.

Vuelvo de pasear a Zas y justo a la altura de donde se encuentra el trío pero en la acera de enfrente, el perro se detiene para olisquear un tramo de la pared -y eso significa que no se va a mover de allí hasta que no haya distinguido, clasficado y repasado todos y cada uno de los "marcadores caninos" que le regala ese trozo de fachada.

Las escucho hablar:

- ...Fíjate, se puso a gritarle a su padre, como un loco "¡Papá, noooo! ¡No lo quites, que es Nino Bravo!". Es que está mal que yo lo diga, pero mi "Aigor" -las comillas las pongo porque no tengo muy claro que ése fuera el nombre que la madre pronunció- tiene mucho estilo y sabe distinguir qué es música clásica y qué es basura; ya quisieran todos esos niñatos de Operación Triunfo ser, el día de mañana, como mi niño.

- ¡Qué mono! Para que luego digan que la "juventud" -las comillas son mías... juventud con seis años- sólo escucha la rana, la canción del Neng y los raperos esos con pintas de colgaos.


A todo esto, el niño, sabiendo que están hablando de él, comienza a hacer un mohín como de "sí pero no", en plan inocente picarón, avergonzado pero atento, porque sabe que el halago está cerca.

- Sí, mujer; es que en casa ponemos mucha música española, para hacer patria, que ya está bien de americanos desmelenados y rubias sin ropa.

- Claro, como su padre cantaba tan bien todo lo de Nino Bravo.

- Canta, mujer, canta; que todavía canta.

- ¿Cómo que todavía canta? Cantaba. ¿O es que ahora sigue dedicándose a lo de las orquestas de verano?

- No, mujer, no. Pero te digo canta porque lo sigue haciendo.

- ¿Y dónde? Porque lo que es yo, no lo he vuelto a escuchar desde hace muchos años.

- Mari, es que las veces en las que canta, no es muy normal que tú lo veas. Vamos, que tú no deberías de oirlo cantar.

- ¡Ah! ¡Acabáramos! O sea, que te canta en los momentos íntimos.

- Pues sí, ya ves. Me sé las canciones de Nino Bravo de memoria, tenemos una para cada ocasión.

- ¡Uy, chica! ¡Qué romántico!

- Mucho, Mari, mucho. Y el niño ha salido al padre: ya me ha dicho más de una vez que cuando se enamore, se declarará a su novia con una de las canciones del Nino Bravo.

- Olé, olé y olé. Sí señor, con poderío, que no se diga. Oyes ¿ y por qué no lo lleváis a un concurso de los de la tele?

- Es que su padre no quiere, Mari, pero el niño está muy pesado: se pasa todo el día diciendo que quiere que lo llevemos a hacer un casting de esos, pero para niños prodigios. No sé cómo convencerlo; dice que le daría mucha vergüenza que llegase a una final y por gentes que tuviesen más dinero que nosotros, se comprase el primer premio y su hijo se viniese a casa con el rabo entre las piernas. Es muy orgulloso y no soportaría que Aigor no fuese el mejor.

- Mujer, un poco de mano izquierda, que cuando festeábais, siempre lo llevabas de calle. Vamos, que comía en tu mano a todas horas.


A estas alturas, el niño ha cambiado la sonrisa picarona por un gesto de despierto interés: se está hablando de su futuro como estrella de la canción y sus radares-orejas han de funcionar a pleno rendimiento. Zas se ha cansado de marcar y remarcar los dos metros cuadrados que hay en ese tramo de acera y reinicia su marcha, en dirección a mi casa -y la suya, claro-.

Alcanzo a oir, casi de refilón, cómo se despiden:

- Hasta luego, Pepa, que me viene el Juan más pronto a cenar y no he sacado las chuletas del congelador.

- Ya hablamos en otro rato, Conchín; a ver si hacemos una comida o una merienda y entre todos sacamos el tema de que mi niño vaya a un concurso a cantar y el Isidro se ablanda algo, que tanto arte no se puede desperdiciar.*


Conclusiones:

De momento, dos. Porque el resto -croe que hay algunas más- son vuestras.

La primera, que el padre de la criatura es un hortera redomado y que la madre se lo ha de pasar de lujo cada vez que al colega le dé por dedicarle una canción de Nino Bravo -por ejemplo, en la cama, mientras cabalgan juntos hacia los cráteres del volcán que más tarde estallará haciéndolos sentir el calor de la lava incandescente, el galán setentero es capaz de desgañitarse con lo de "al partir, un beso y una flor, es ligero equipaje, para tan largo viaje; me voy pero te juro que mañana volveré"-.

La segunda, que ser convidada de piedra a veces provoca ligeros trastornos estomacales -angustias y alguna que otra arcada- y leves cefaleas, que generalmente, remiten a las pocas horas.

*Se sobrentiende que la conversación, tal cual la he reflejado, no es literal, pero más o menos, la cosa fue por los derroteros que he recreado -y siendo completamente sincera, creo que pierde bastante frescura, pero bueno... -.

¡**********!


[La foto es de Luis Lorenzo, publicada en "La Nueva España", diario de Oviedo]

El título que encabeza esta entrada es ilegible, lo sé. Pero es que lo primero que me ha venido a la cabeza es un taco, y no me parece demasiado conveniente el reproducirlo aquí, :-/

La noticia que ha motivado mi exabrupto: no tengo palabras -que no sean malsonantes- para expresar la mala leche que se me ha puesto.

Presunción de inocencia



En ocasiones como ésta, una no tiene más remedio que recordarse a sí misma, cual ejercicio para la recuperación de un amnésico, que en el artículo 24 de la Constitución española, se recoge, como derecho fundamental, entre otros, el de la presunción de inocencia.

Y esto ¿por qué? Sencillo: porque después de escuchar a Juan Maeso responder, ante una pregunta del fiscal, que si tiene hepatitis C, es porque "algún enfermo me ha contagiado a mí", no cabe otra que pensar que este hombre es un cínico de mucho cuidado y no sabe, ni de lejos, lo que es tener un mínimo de vergüenza. De rebote, la pretensión de objetividad que una pueda tener con respecto a este asunto se diluye.

Me viene a la cabeza una frase -ni idea de quién la dijo o quién la escribió, caso de que sea cita literaria- de "no sólo hay que ser bueno, sino parecerlo", porque tengo la impresión de que el anestesista inculpado no la ha oido pronunciar en su vida...

Hoy, el desafiante Maeso se ha atrevido a cuestionar la correcta instrucción de la causa, y no contento con eso, ha reconocido que en algunas ocasiones, llegó a poseer el don de la ubicuidad -cito-:

"Según el fiscal, en 1993 hubo coincidencia y duplicidad en la actuación en seis ocasiones; en ocho en 1998; 11 en 1995; 38 en 1996 y 34 en 1997. En todas ellos, Maeso estaba de guardia en el hospital público pero consta actividad suya en el centro privado, donde en algún día llegó a practicar entre una y tres anestesias en intervenciones quirúrgicas. Maeso afirmó que podía ser compatible su actividad en los dos centros "con celeridad, no con aceleración" y que se puede hacer, insistió, "con celeridad, rapidez y haciendo las cosas bien".


Que digo yo que si la cosa se toma con humor, seguir las declaraciones del médico omnipresente, puede llegar a ser hasta divertido... Sino fuera porque tengo una amiga a la que contagió, hasta les rogaba a los de los muñecos del Guiñol que lo colocasen como prota en una historieta dedicada a las aventuras y desventuras de los descendientes de Pinocho.

Triste, muy triste.

¿Cuánto vale un peine?



Hace unos cuantos días, todavía estaba de vacaciones, presencié cómo una amiga recriminaba a su hijo por una reciente "travesura" -entrecomillo porque, a pesar de que la mayoría de los adultos que estábamos delante, llamaron así a la fechoría del niño, a mí, particularmente, no me lo parece; más bien diría que ir rompiendo ventanillas de coches, así porque sí, porque resulta divertido tirarles piedras a ver si uno acierta, y si se da en en blanco, salir corriendo, es una vil putada- de éste y otro niño. La bronca materna fue subiendo de tono, y en un momento dado, amenazó al destroza-ventanas con una frase hecha que, al menos yo, hacía tiempo que no escuchaba: "Te vas a enterar de lo que vale un peine".

Así, a bote pronto, cuando se pronuncian o se escuchan sentencias de este tipo, una no se para a pensar en el verdadero significado de la expresión. En este caso, por ejemplo, todos entendimos que nuestra amiga le estaba diciendo a su hijo que le esperaba un castigo ejemplar, o cuando menos, una bronca mucho más intensa una vez llegasen a su casa. Pero, claro, si se piensa, decirle a otra persona, con tono amenazador, que se va a enterar de cuánto vale un peine... Vamos, que no creo que el que esté recibiendo la regañina vaya a salir corriendo, muerto de miedo por saber lo que le espera.

Ayer intenté encontrar el origen de la expresión, pero nada de nada. En las dos o tres páginas que consulté que se centran en estos asuntos, no estaba recogida la frase. Eso sí, lo de "La Virgen se está peinando entre cortina y cortina, sus cabellos son de oro, el peine de plata fina." aparece en numerosas ocasiones. Que digo yo que a lo mejor, sólo a lo mejor, lo del valor del utensilio capilar tenga algo que ver con el aprecio -como bien económico- que hasta hace bien poco se le tenían a los juegos tocador compuestos de espejo de mano, cepillo y peine, elaborados en plata.

Lo cierto es que hoy en día, con lo barato que se puede comprar uno en las tiendas del "todo a cien", la expresión habría de variar un poco: "Te vas a enterar de lo que valen ¿un millón? de peines".

Modelos escuchimizadas

Insistente. Lo sé. Pero es que, cuando veo el despliegue periodístico con el que se cubre un evento de este tipo, me da grima: casi todos los diarios tienen un especial dedicado al certamen, en el que se muestran fotos y más fotos de famélicas mujeres andantes, a mayor gloria, ya no de los modistos y diseñadores más conocidos, sino de los fabricantes y comerciantes de productos dietéticos.

Por favor, que alguien me diga dónde se ha dejado esta mujer las caderas.



O que diferencia existe entre los brazos de esta otra y un par de palillos.



Ya no se trata, solamente, de que la mayor parte del vestuario que se muestra en estos desfiles no va a salir de los espacios que los diseñadores reservan para colgar el muestrario de sus colecciones, no -y sino, que se lo pregunten a Aghata Ruíz de la Prada,a ver cuantos de sus extravagantes modelos son empleados por mujeres de doble jornada laboral, esto es, la casera y la profesional-. Se trata de que lo que es alabado, jaleado y aplaudido en una pasarela, es tratado en los hospitales, en las clínicas, como una enfermedad grave de malnutrición. No tiene demasiada lógica, la verdad.

Alonsomanía



Duda existencial: ¿Acaso alguno de los "sesudos" integrantes del jurado que acaba de otorgar el premio Príncipe de Asturias para el Deporte a Fernando Alonso -recordad conmigo: aquel chaval que de niño tomaba ingentes cantidades de vasos de Cola-Cao para ser fuerte, disciplinado, tenaz y además, crecer mucho, mucho, mucho- tiene acciones en Telencinco o alguno de sus familiares trabaja en el departamento de Fórmula 1 que esta cadena televisiva creó a raíz del interés mediático que está generando la vida y milagros de este corredor de carreras automovilísticas?

Que no lo entiendo, de verdad. Que no. Prejuicios, eso será. Pero es que a mí, lo de los deportes que se practican empleando una máquina que funciona con gasolina, no me terminan de convencer. Eso sí, espectaculares lo son. De eso no me cabe niguna duda. Pero que le den el premio a este chico en detrimento de una saltadora de pértiga... O del mismisimo Nadal, que ya puestos, si querían reconocer jóvenes valías por aquello de que los niños y adolescentes se vean reflejados en estos héroes casi impúberes, el mallorquín es un claro ejemplo de un deportista hecho a base de estrategias y tenacidad personal.

Por cierto, que a mí "el Alonso", como que me cae bastante bien... que conste, :-D

Nostalgia


Hace casi un mes escribí un saludo en un foro de internet. Llevaba casi tres años sin visitarlo. Hoy he sentido la curiosidad de comprobar si había recibido respuesta y me he llevado una grata sorpresa. Resulta agradable saberse recordada con cariño -la balanza de la autoestima se equilibra más fácilmente; es casi inevitable-.

De refilón, y como si de un baúl de recuerdos se tratase, el acceso a ese foro a través del apodo que allí empleaba, me ha facilitado el "reencuentro" con algunos mensajes que escribí hace ya algunos años. Rescato uno de ellos. Mejor dicho: recupero la intervención original, ya que mis palabras fueron motivadas por otras anteriores de bichito.



Deudas*

debo a dios la muerte de los viejos sueños
al aire en la palabra, la gravedad sutil del reposo
a Bob Dylan y Elvis Presley, el desamparo de los trenes

debo al metal líquido del blues el idioma del demonio
al fuego sacramental del incienso, la ebriedad del reposo
a la extrañeza de Asia, la pintura fresca para tus pies

debo al río retozando barrancos el afán de cuarentena
al peinado de mirtos del cerro, el recuerdo de nuestras noches
a la falda azul de la luna, el siguiente padrenuestro

debo a tu cuerpo imprevisto
la llama húmeda, el hábito
el nido del canto

*Escrito por satan_online, el 19 de noviembre de 2001




Él debía por haber comido.
Yo por haber soñado.

Él debía por rasgar las cuerdas.
Yo por no llegar a escucharlas.

Él debía porque en la taberna nada era gratis.
Yo porque no supe comprar lo necesario.

El debía porque le enseñaron a cazar por gusto.
Yo porque maté mis sentimientos sin permiso de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Él debía por el caramelo que aceptó de un maqui.
Yo porque no quise recomponer la historia.

Él debía porque tuvo que dejar tras de sí a las piedras que un día lanzó al río.
Yo porque acepté sin quejarme que una excavadora quebrantase su reposo.

Él debía al aire pensamientos atados con ramas de espliego.
Yo debía al cielo el añil del que quisé apropiarme para pintar mi alma de nuevo.

Él debía porque no pronunció un adiós a la mujer que amó.
Yo debía porque me mantuve al margen en su agonía.

Él debía no haberse muerto nunca.
Yo debía haberle mirado más veces a los ojos.

Él debería seguir con su rebaño, a los pies de la Sierra del Silencio.
Yo debería salir corriendo para poder decir lo que no he dicho.

Él debe recuerdos, madrugadas heladas, siegas interminables y mucho dolor compartido.
Ella debe, quiere marcharse con él; porque se está yendo deprisa, sin intermedios.
Yo debo lo que tengo y lo que intuyo.
No sé si llegaré a tiempo. *

*Escrito por morar, el 22 de noviembre de 2001


Me gustaban aquellos juegos en los que cruzábamos ideas, sensaciones, pálpitos. Puede que peque de nostálgica; tal vez. Nunca tuvimos la pretensión de enlazar cadáveres exquisitos -arrogancias a un lado, por favor-, pero tal pareciera que buscásemos una ingenua trascendencia, como un quiero y no puedo, frenados por la palpable y visible evidencia de la mediocridad -hablo siempre por mí; j.a. es un caso aparte-.