
Son muchas las veces que una idea, una reflexión, una lectura, te llevan hasta un punto determinado y a partir de ahí, el punto se convierte en coma y la coma en una conjunción que enlaza una coordinada con otra, como si tratásemos de conformar una cadena con elementos no relacionados, a priori, entre sí. Eso me ocurrió el pasado viernes.
Leí, a primera hora de la mañana, una anotación en la bitácora de José María Romera, escrita -a mi entender- con la excusa de la consecución, por parte del Fútbol Club Barcelona, del título de la Liga Española y titulada Alirón. En ella cuenta que, según el DRAE, el vocablo "alirón" tiene origen árabe. Recordé entonces que José Antonio Labordeta mencionaba este extremo en una de sus canciones: "A veces me pregunto".
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Refleja sus vivencias en la época en la que fue catedrático de Historia en un instituto de bachillerato, en Teruel. Dice:
"...intentando que olviden la vil realidad y rían con la broma de hacerles comparar la influencia mudéjar con el "alava-alavi-alava-alavin-von-van" que gritan en el fútbol animando al personal".
Escuchar a Labordeta, al que siempre recurro cuando algo intrascendente deforma mi visión de las cosas, ocupando demasiado tiempo en mis pensamientos y convirtiendo mi día a día en un estúpido cúmulo de quebraderos de cabeza innecesarios, me trajo a la memoria a otro cantautor al que había visto recientemente en la televisión: Luis Pastor. Ya no se les oye. Eso es lo que pensé. A ellos y a otros como ellos. La canción social hace ya mucho tiempo que se quedó en las vaguadas, orillada por el consumo rápido de palabras, que muchas veces, ni tan siquiera tienen un significado coherente -¿qué decir ante un "Aserejé" servido con volantes de tela estampada con lunares rojos y blancos?-.
La última vez que supe del extremeño del pelo encanecido fue un viernes, 20 de enero de 2006, -otro viernes... nada casual, imagino- en un programa nocturno emitido en La 2, en el que proyectaron un documental dirigido por Montxo Armendáriz, titulado Escenario móvil y en el que Luis Pastor, junto a una compañera también cantante, -no recuerdo su nombre- recorría los pueblos de Extremadura durante los meses de verano, en una mini-gira que, en realidad, escondía la búsqueda de un mundo real pero desconocido para la mayoría: la triste situación de las gentes que han apostado por la vida rural.
A media tarde del viernes pasado intenté publicar una anotación con lo que llevo escrito hasta ahora. No pude: Blogia estaba haciendo mudanza y me resultó imposible entrar en la zona de administración. Por la noche, saltando de un canal de televisión a otro, me di de bruces, de nuevo, con el pelo blanco de Luis Pastor y ese gesto de hombre concentrado, atento a lo que le cuentan. La casualidad, una vez más. En esta ocasión, en lugar de mostrar lo complicado que resultar vivir lejos de la ciudad, su voz sirvió para relatar la triste historia de los muertos civiles en la zona de Extremadura, durante los primeros meses de la guerra civil, tras el golpe de Estado militar -tanto los asesinados por el bando republicano como los ejecutados por los sublevados-. El programa: "El laberinto español". El título del documental: Extremadura amarga (en la TVE Internacional lo emiten el domingo, 14 de mayo).
Me impresionó mucho escuchar el testimonio de un anciano que se libró, al parecer por puritita suerte, de acabar fusilado delante de la puerta de la catedral de Badajoz, en agosto de 1936. Cuando comenzó a hablar, apareció un texto sobreimpreso en la imagen, con una fecha: (1914-2004). Llevaba un dibujo en una mano, una especie de plano. La otra la empleaba para gesticular y reforzar sus palabras situando lo que relataba en el testimonio gráfico. Un tal teniente coronel Yagüe, que entró en la ciudad la tarde del 14 de agosto de 1936, al mando de dos columnas en las que la mayoría de los militares eran moros mercenarios, no tuvo bastante con los muertos caídos en el enfrentamiento por la toma de la Badajoz, que para sentirse satisfecho con su trabajo, asesinó sin ningún tipo de miramiento a cerca de dos mil personas en un día y un poco más. Destaco dos párrafos del largo documento que enlazo porque lo que cuentan también es mencionado en el documental:
"Mario Neves, como su diario y su Gobierno, era favorable al alzamiento y el periódico estaba sometido a la censura del Gobierno portugués, que participaba activamente en la guerra civil española. El sábado 15 de agosto, Mario Neves escribía: Escenas de horror y desolación en la ciudad conquistada por los rebeldes, Acabo de presenciar un espectáculo de desolación y de espanto que no se apagará de mis ojos, Junto a las paredes de la Comandancia Militar, la calle está salpicada de sangre, En las arenas se ven algunos cadáveres, En la nave central (de la catedral) dos cadáveres aguardan todavía la sepultura, Le preguntamos (a Yagüe) si había muchos prisioneros. Nos responde que sí (...). -Y fusilamientos... decimos nosotros. Parece ser que ha habido dos mil...El comandante (sic) Yagüe (...), sorprendido con la pregunta, declara:
-No deben ser tantos (...).
Estas notas redactadas nerviosamente (...) no conseguirán dar una pálida idea del espectáculo de desolación y de horror que han visto mis ojos (...)."
" Pero el teniente coronel -y más tarde general- Yagüe ha respondido personalmente ante la Historia por lo menos dos veces de la gran responsabilidad que le incumbe. La primera, ya lo hemos visto, fue cuando Mario Neves le preguntó si había habido dos mil ejecuciones y dijo que no creía que fueran tantas. La segunda fue cuando el periodista John T. Whitaker, alarmado por lo que le contaba su colega y amigo Jay Allen, se presentó ante Yagüe y le preguntó si era verdad que habían sido asesinados varios miles de personas. Y el teniente coronel Yagüe respondió sonriendo:
Naturalmente que los hemos matado. ¿Qué suponía usted? ¿Iba a llevar 4.000 prisioneros rojos con mi columna, teniendo que avanzar contra reloj? ¿0 iba a dejarlos en mi retaguardia para que Badajoz fuera rojo otra vez?"
Retomo la explicación del anciano: contó que los moritos -así los llamaba él- iban recogiendo gente de las calles y llevándolos hasta la plaza donde se encuentra la catedral. Allí, delante de la entrada, los fueron colocando y una vez alcanzado un número importante de prisioneros, los fusilaron. A la siguiente tanda, los asesinaron encima de los cadáveres de los anteriores y así sucesivamente, hasta formar un montón: el superviviente que relataba la espantosa escena los llamaba el "montón de los mataos", señalando con firmeza una especie de círculo rojo que había dibujado en su plano. El descalabro llegó al punto de que para que los apresados resultaran ser un mejor blanco, los hacían encaramarse a lo alto del montón y una vez allí les disparaban con ráfagas de metralleta. A la calle contigua a la plaza de la catedral se la conoce, oficiosamente, con el nombre de "la calle de la sangre", por el reguero que bajaba desde el punto de los fusilamientos.
¿Cómo no sobrecogerse con algo así?
La recuperación de la memoria histórica sí que es importante: no es algo que se deba dejar de lado, como se ha hecho hasta ahora. Ya no se trata de una cuestión de dignidad y de respeto hacia los muertos, a todos los muertos -que lo es, sin duda-, sino de que la brutalidad está a la vuelta de la esquina y parece ser que muchos se han olvidado de lo perverso que el ser humano puede llegar a ser.
Lo dejo aquí. Soy consciente de que mi zig-zag carece de coherencia, pero es lo que tiene el ir enlazando las palabras y las ideas a medida que aparecen, sin más.