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De espaldas

Tontodietas

No, no me he confundido al escribir el titular. Acabo de inventarme un palabro. ¿Por qué? Sencillo: anoche, después de una conversación con una amiga*, traté de encontrar una palabra que resumiese su situación actual -transitoria a todas luces- y no fui capaz de hallarla. Y ya no sólo para referirme a ella en concreto, sino más bien a un grupo determinado de gente que está obsesionada con las dietas milagro. De ahí que se me haya ocurrido lo de juntar dos conceptos y hacer de dos, uno: "tontodietas". En versión femenina sería "tontadietas" -esto lo añado por rellenar, más que nada-.

Veniamos en el coche de recoger unos papeles que ella necesitaba para una consulta médica. Como íbamos dirección a la salida hacia la carretera de Madrid, el atasco era importante. La típica situación: que tal te ha ido hoy; has visto que ya han quitado de la cartelera tal película y bla, bla, bla. En resumidas cuentas: conversación conejil, a salto de mata. Me pregunta que después qué tengo pensado hacer y le digo que ir a comprar al súper porque la nevera tiene telerañas. Me responde que ella también ha de comprar y le digo "ah, pues genial, te vienes conmigo y así te ahorras el viaje cargada". "No, que es que no llevo la lista de los alimentos prohibidos y no me los sé de cabeza". "¿Alimentos prohibidos?" le digo. "Sí, es que mañana quiero comenzar una dieta que está basada en que cada grupo sanguíneo puede comer unos determinados alimentos y otros no".

No puse el grito en el cielo porque me dije a mí misma eso de "niña, aunque esto te huela a camelo de lejos, tú puedes estar equivocada". Me interesé sobre el particular y me explicó que se había comprado un libro en una tienda naturista. Por aquello de "limpiarme por dentro, que sé que estoy comiendo muchas guarrerías últimamente y tengo el estómago sucio". Y tras esa afirmación tan propia de la bisabuela de turno, continuó con su explicación hasta que llegamos a casa.

Esta mañana he estado buscando información al respecto en internet y, para mí sorpresa, es una dieta bastante famosa y que ya lleva tiempo pululando por los boca a boca: son muchísimas referencias en Google... -soy consciente de que un porcentaje no tratará sobre el asunto, pero bueno...-.

En este enlace analizan los pilares sobre los que está basada esta catalogación alimentaria y no sale excesivamente bien parada, la verdad. A mí me huele a tomadura de pelo. Otra más de las muchas que se dan aprovechándose de la necesidad de adelgazar de un importante grupo de personas. Aclaro que a mi amiga no le hace falta perder peso ni de lejos: estará por los 1,70 y creo que pesa 58, por lo que su intención, tal y como me dijo, es la de hacer una cura depurativa y no la de quedarse con una envidiable silueta, entre otras cosas, porque ya la tiene.

Añado algo: no digo que de cuando en cuando no vaya bien "limpiarse por dentro", pero de ahí a someterse a una dieta, sin más, que está basada en la tolerancia o intolerancia a determinados grupos de alimentos según sea el grupo sanguíneo al que pertenezcas, va un trecho. O al menos, a mí, me lo parece. Si una pretende modificar ciertos malos hábitos, como por ejemplo, la toma excesiva de café o de embutidos, lo más normal es que se replantee su forma de alimentarse e intente introducir, poco a poco, buenas costumbres para ir desterrando con el paso del tiempo, las malas. Y sobre todo y por encima de todo, con asesoramiento y control médico. Mi madre siempre me ha dicho que "con la comida no se juega", y creo que tiene muchísima razón.

Insisto: mi amiga no encaja, ni tan siquiera en un 50%, en la definición del palabro "tontodietas", pero ella me recordó a muchas otras personas -mujeres sobre todo-, que cuando llegan estas fechas se creen que los milagros existen y se castigan inútilmente por perder unos quilos que, en muchas ocasiones, ni tan siquiera les sobran, y sobre todo y por encima de todo, el palabro está hecho a la medida de todos aquellos que se han subido al carro de las modas dietéticas, sin cuestionarse, en ningún momento, la validez de las fuentes científicas de donde parten -si existen, que ése es otro cantar- y el condicionante económico que está detrás de las recomendaciones nutricionales de este tipo.

*He dudado en si lo contaba o no, por aquello de la amistad y tal y cual y Pascual, pero... como no deja de ser una mera anécdota y nadie sabe de quién estoy hablando...

Críos, y además, tramposos

Maristas publica una lista con suplentes de los 18 críos tramposos.

Es que no puede ser... *

No digo nada porque leyendo la noticia y el comentario que he dejado esta mañana al respecto del titular, no hace falta añadir más.

Bueno, sí: tal pareciera que los estudiantes de Maristas se dedican a jugar timbas de póker y que los han pillado en un renuncio. Y como nunca está de más organizarse como Dios manda -para eso es un colegio religioso-, tienen una lista de suplentes para que, llegado el caso, no sea necesario paralizar el juego, que ya sabemos todos lo instructivo que resulta enseñar a los chavales -sí, ya sé... uso coloquial, :-D - a marcarse faroles por si acaso han de subsistir de la política.

*¿Llegaré a hacerme coleccionista de titulares memorables de la edición digital del 20 minutos de Valencia?

Ni se os ocurra

Ir a verla. O al menos, pagar por contemplar este despropósito cinematográfico. Me refiero a la última peli de Vicente Aranda: Tirant lo Blanc.

Iba con cierto recelo, he de confesarlo. Había leido alguna que otra crítica sobre esta adaptación de una de las novelas de caballerías más importantes de la literatura universal -al menos, eso dicen: Cervantes menciona la novela de Joanot Martorell en su Quijote, diciendo de ella que "es éste el mejor libro del mundo".- y el grado de negatividad me pareció tal que llegué a pensar que quizás se trataba de que los comentaristas tenían cuentas pendientes con Aranda y su particular forma de hacer cine. Vamos, que no estaban siendo del todo objetivos. Pero no. Una vez vista la película, he de reconocer que se quedaron cortos. Es mala, mala, mala. Desde el decorado de cartón piedra, pasando por la ausencia de corte en una Corte -valga la redundancia- como la de Constantinopla que se ofrece al espectador como fastuosa -me pregunto si es que no tuvieron tiempo para escoger a extras con los que rellenar los espacios- y acabando con algunas escenas dramáticas que en lugar de generar lástima y sentido dolor en el espectador, arrancan carcajadas por lo cómicas que parecen... Por cierto, el doblaje es pésimo -imagino que porque está rodada en inglés-.

Se salvan del descalabro algunas de las actrices: Leonor Watling, Ingrid Rubio y Jane Asher. Ni tan siquiera Victoria Abril... que ejerce, una vez más, de deslenguada viuda con furor uterino a la que no le importa subirse las faldas para mostrar sus ¿encantos?

No hay por donde cogerla.

Por cierto, como dato curioso: uno de los fieles compañeros de Tirant -no recuerdo ahora su nombre- es el que comienza la narración y el que la acaba. En la última secuencia aparece el actor Charlie Cox -su intérprete- envejecido, como síntoma del paso de los años. No demasiado, pero sí que se le nota en el rostro el paso del tiempo. Ayer fui a ver la última versión de Casanova y la película comienza y acaba con el mismo actor en pantalla, Charlie Cox. Es más, en el final de Casanova, también se le ve envejecido, pero en esta ocasión representa a un viejo en los últimos años de su vida. No es una gran película, pero bastante más digna y entretenida que la anterior, sí. Si a eso le añadimos que la sesión terminó con Orgullo y prejuicio -cine D’Or, reestreno, dos pelis por 4 euros-, podría decirse que en un fin de semana me han contado tres versiones distintas de sentir y vivir el amor.

Árboles monumentales


Ayer por la tarde estuve buscando información sobre dos Ulmus minor -el olmo común; el que acostumbramos a ver con más frecuencia- que hay cerca de Valencia, en la provincia de Castellón. En concreto, en las poblaciones de Castellnovo y de Navajas. Son dos reliquias vivientes. ¿Por qué? Por dos razones. La primera, su antigüedad: el olmo de Navajas fue plantado en 1636 y el de Castellnovo en 1812, para conmemorar la aprobación de la Constitución de Cádiz. La segunda, por haber resistido -de momento- a la grafiosis, enfermedad de difícil erradicación y que se ha llevado por delante a la mayor parte de los olmedos españoles y a un elevado número de individuos plantados aisladamente; casi siempre, en los puntos neurálgicos de las poblaciones -las plazas mayores o similares-.

Inciso

Por si a alguien le interesa saber más sobre los olmos y está cerca de Madrid -y el que no lo esté y le pillé de camino por algún viaje... ya sabe, que aproveche la ocasión-, la obra social de Caja Madrid ha patrocinado una exposición titulada Los últimos olmos ibéricos -en este enlace se pueden consultar las fechas y lugares donde va a exhibirse esta muestra fotográfica-.


Retomo... Entre todas las referencias que me facilitó San Google -habría que estudiar si la herramienta de marras se merece acceder directamente a la santidad, o como todo cristiano de bien, antes habría que nombrarlo beato durante una larga temporada y que mientras fuese haciendo méritos... ¡cómo se me va la olla, por Dios!-, una me llamó poderosamente la atención: un archivo en pdf sobre los dos olmos, que por la numeración inferior que el documento mostraba, parecía formar parte de un libro.

Recordé entonces que en el curso sobre árboles del pasado invierno, los profesores nos dieron un listado de libros recomendados, sobre todo, por estar la mayoría orientados al público en general, y que en esa relación figuraba un título sobre el que hablaron bastante; algo obvio si se tiene en cuenta que sus autores, Bernabé Moya, José Plumed y José Moya, eran ellos mismos: Árboles Monumentales de España. Insistieron en que era imposible comprarlo porque estaba agotado -fue declarado libro de interés turístico nacional por la Secretaría General de Turismo- y que si queríamos consultarlo, no quedaba otra que hacerlo en la biblioteca del Jardín Botánico o en cualquiera otra bien documentada sobre botánica. En ningún momento nos dijeron que el libro estaba publicado, en parte, en la red; en la página de la empresa que lo había editado: Compañía Logística de Hidrocarburos -quizás ni tan siquiera lo sepan...-.

La muestra es una amplia selección de los 137 ejemplares que se recogen en el volumen y da una idea de la importancia del patrimonio arbóreo español y de lo desprotegido que está en cuanto a legislación se refiere -a la información de este último enlace sobre normativa de protección, habría que añadir el proyecto de ley de Árboles Monumentales presentado en las cortes valencianas octubre de 2005-. De hecho, si no me falla la memoria, el único departamento que existe en España, de entre las tres administraciones públicas que funcionan, dedicado a la protección de los árboles singulares y momumentales es el creado en Imelsa, una empresa pública perteneciente a la Diputación de Valencia.

Por último, y como dato anecdótico, añadir que Correos, desde el año 2004, tiene una serie de sellos dedicada a los árboles monumentales:


Encina La Terrona

El Ahuehuete

Ciprés de La Anunciada


Addenda 15:00 h.

Se me han olvidado tres cosas... Eso será porque la entrada no es lo suficientemente larga, :-D

Primera: La imagen que ilustra la anotación es la foto del Pino del Escobón, incluido en la catalogación del libro "Árboles monumentales de España", pero que no aparece en la selección hecha por la empresa editora. Se encuentra en el municipio de Linares de Mora (Teruel) y sus dimensiones son: a 1,30 m. desde el suelo, el diámetro es de 1,40 m. Su altura, entre 22 y 23 m. y el diámetro de la copa, 19 m. Es un pinus nigra, más conocido como pino laricio o negral.

Segunda: Por si a alguien le interesa saber cómo funciona lo de la nomenclatura botánica, en la información que hay en este enlace aparecen los conceptos básicos. A mí me aclaró, por ejemplo, que cuando todos decimos que el pino, o el olmo, o el chopo son especies, estamos metiendo la pata: en realidad, el pinus, el ulmus y el populus son los nombres del género a la que corresponde esa familia de árboles en particular, y lo que viene detrás, por ejemplo, el ulmus minor es el nombre de la especie, pero claro, una cosa es el nombre común y otra el botánico...

Tercera: Como soy pelín tozuda, ayer por la tarde llamé a CLH para preguntarles cómo podía conseguir el librito de marras. ¿Alguién aventura la respuesta? Fácil, fácil, fácil... La única forma de conseguirlo es que ellos consideren que mereces el honor de que te lo regalen, y claro, eso sólo ocurre cuando eres un alto cargo de una administración pública, un ejecutivo de postín-tín-tín, o un hiper-mega "algo" que suene a dinero. Mi gozo en un pozo, :-/

Silencio, por favor

Esta tarde me ha tocado pasarme cerca de hora y media en el centro de salud, esperando mi turno para que me visitase mi médica de cabecera -o de familia, como se llaman ahora-. Tengo un resfriado de esos que te dejan fuera de juego durante tres o cuatro días: congestión nasal, ojos llorosos, tos... Nada fuera de lo habitual.

He pillado un cabreo importante, y no precisamente por tener que pasar allí tanto rato, cuando supuestamente, el sistema de citas se creó para que no existiese acumulación de enfermos a la puerta de la consulta -es algo a lo que no le doy demasiada importancia: mientras me atiendan como es debido, esto es, como a una persona y no como al enfermo nº X al que le tocan tres minutos, prefiero esperar-: ¿por qué la gente no apaga los móviles en sitios así? ¿por qué aquello ha de asemejarse a una sesión vespertina de discoteca en la que la música para el chunta-chunta fuese toda a base de tonos y politonos para móviles?

No lo entiendo, de verdad. En el habitáculo en el que yo estaba -el lugar es un enorme pasillo, separado por mamparas- éramos alrededor de veinte personas. He contado doce llamadas de teléfono. Y ya no sólo ha sido los tonos del ring-ring de los móviles, sino las conversaciones que han venido después: ¿Acaso la gente no sabe lo que es la intimidad? ¿Acaso a mí me importa algo el saber que la mujer del que está a mi lado lo está esperando para cambiarse de ropa e irse, cuando él acabe la gestión, a comprar no sé que mueble para el comedor de su casa? ¿Acaso nadie tiene en mente los carteles aquellos que había antaño en los ambulatorios y hospitales, en los que se veía a una enfermera recordándole a los presentes lo de "Silencio, por favor"? ¿Acaso no es lógico pensar que detrás de esas endebles puertas hay médicos trabajando y pacientes esperando ser tratados sin distracciones innecesarias?

Cada vez estoy más convencida de que soy un bicho raro. Me supera.

La estancia


Hubiese preferido enmudecer.

Porque siempre callo mejor que hablo.

Y, sin embargo,

te regalé una docena de palabras

y dos silencios para que pudieses entenderme.


Las manzanas todavía están verdes.

Aunque el tiempo diga que murieron anteayer.

¿No sabes que mi reloj sólo marca las horas

cuando la campana de la iglesia

llama a los fieles a rezar?


El cajón de la cómoda

nunca se cerrará como Dios manda.

Está vacío.

Probé a plegar los espacios,

como se hace con los manteles de hilo.

Líneas perfectas

con olor a membrillo.

No hay más huecos

que llenar.

Tu espalda

permanecerá de espaldas

a la estancia.


Hubiese preferido caminar.

Porque siempre ando mejor que sueño.

Y, sin embargo,

me imaginé calzada con los zapatos de Dorothy

y di por hecho que el rojo era el color perfecto.


Dos mentiras llevo en mis bolsillos:

una, la que construimos juntos

creyéndonos maestros carpinteros.

La otra, la que tejí cada madrugada

pensando que el camino de baldosas amarillas

te traería hasta mí.


Creí que algún día aprendería a contar.

Hoy sé que restar es mucho más fácil que sumar.



La imagen que ilustra la entrada es un cuadro de Martiniano Scieppaquercia y se titula "Sobre el mueble".

.
.

Siglas

El sábado por la tarde estuve cerca de hora y media en las inmediaciones del servicio de urgencias del Hospital Clínico de Valencia. Mi padre estaba dentro, acompañado de mi hermana. A mí no se me dan bien los hospitales y preferí esperar en la calle -luego en un aparte contaré lo ocurrido, porque en realidad, no es el motivo de esta entrada-, sentada en un escalón que da acceso a una terraza de un bar que estaba cerrado. Enfrente de mí había aparcadas nueve ambulancias. Nada extraño, por cierto, aunque sí que pensé que eran bastantes. Lo curioso del asunto, o al menos, a mí me lo pareció, fue que si bien en todas estaba pintado el número de emergencias "112", las siglas que las identificaban no eran las mismas en las nueve unidades. Había tres tipos distintos: "S.A.M.U." (Servici d’Asistència médica urgent), "S.V.B." (Suport Vital Bàsic) y "T.N.A." (Transport no Assistit) -no traduzco porque creo que se entiende perfectamente-.

¿Qué diferencia existe entre ellas? En principio, y jugando a adivinar, una puede hacerse una pequeña idea, pero por ejemplo, eso de "soporte vital básico" a mí me suena a casi lo mismo que "servicio de asistencia médica urgente". He buscado información al respecto y he encontrado un artículo de opinión -en valenciano- del SIMAP (Sindicato de Médicos de Asistencia Médica) en relación a lo que existe detrás de esas siglas que el ciudadano no termina de entender pero que identifica como un único servicio de emergencias -¿y por qué no lo llamarán urgencias, cuando en los hospitales sí que se llama así a la cobertura de accidentes y patologías repentinas de enfermedades de aparente gravedad?-: las únicas ambulancias que llevan médico y ATS son las identificadas con las siglas "SAMU". Las otras dos, no. Las de Soporte Vital Básico incluyen un técnico con formación en reanimación básica y las de Transporte no Asistido van solitas; eso sí, con conductor, que resultaría muy descarado hacer que el enfermo ejerciese de chófer, :-/

Hace ya bastante tiempo que tengo claro que una de las formas más rápidas que existen para no hacerse entender es la de reducir casi todo a siglas. En ocasiones ayudan, también es cierto, pero lo de las ambulancias es un claro ejemplo de cómo se puede jugar al despiste si un político hace uso de ellas: no ampliamos el servicio con más personal que es lo que, a la larga, sale más caro y da más problemas. Compramos vehículos, los pintamos a todos de igual manera, los identificamos con el "112", pero les colocamos distintas siglas que, al que las lee y no es un entendido, le suenan a "chino". Y todo arreglado: de cara a la galería, los de la Conselleria de Sanidad son unos tipos comprometidos: han ampliado el parque móvil de ambulancias, ¡qué chachi piruli!

Una ida de olla:

...oyes, tú, que al final me ha tocado aparcar en la ORA -Ordenanza Reguladora de Aparcamiento-, que ya estaba cansada de dar vueltas y vueltas. Fíjate que se me ha puesto hasta dolor de cabeza. Antes de pasar por el SAIP -Servicio de Atención e Información al Paciente- para que me indicaran cómo llegar hasta el pabellón de neurología, me he acercado hasta la cafetería a tomarme un cortado y un AINE -antiinflamatorio no esteroideo- para paliar las secuelas de mi dolor de cabeza, que no veas... Y encima, esta noche, reunión del APA -Asociación de Padres de Alumnos- y mañana he de tener preparado un informe para remitírselo al INE -Instituto Nacional de Estadística- y a las doce he de estar en la AEAT -Agencia Estatal de Administración Tributaria- porque me piden los recibos del aquiler de mi casa de los últimos cinco años. Si a eso le añades que Diego está dale que te pego, empeñado en que le acompañe pasado mañana a una conferencia sobre las AMD -Armas de Destrucción Masiva- y en que conozca a su ex, que ha llegado a la ciudad porque ha sacado plaza de MIR -Médico interno residente- en el Hospital La Fe... Hija, no, la que tú dices es Pau, la que trabajaba en RENFE -Red Nacional de Ferrocarriles Españoles-. La que ha venido a Valencia es Cayetana, la que conoció en MSF -Médicos sin Fronteras-; ésa que era tan sumamente "guays del paraguays" y que acabó no siéndolo tanto porque lo del "paraguays" fue casi literal: se lio con un paraguayo que estaba becado por la UE -Unión Europea- para realizar un estudio relacionado con el FMI -Fondo Monetario Internacional-...*

¿"Me se" ha entendido algo? -que conste que es pura ficción-.

Pue eso.

Algo real como la vida misma: mientras iba esta mañana camino del hospital estaba escuchando la radio del coche. Ha acabado la canción que sonaba y ha comenzado el bloque de anuncios: "¿Quieres ser técnico de mantenimiento de peces y redes?", preguntaba la voz del locutor-publicista. ¿Técnico de mantenimiento de peces y redes? ¿Qué profesión es ésa? He tenido que pararme a pensar en la frase, de verdad de la buena. Hasta que he caído en la cuenta de que se trataba de "Técnico de mantenimiento de PCs y Redes". Por descontado, la acentuación de "peces"/PCs es distinta, pero os puedo asegurar que dicho de correprisa, como hacen con las cuñas publicitarias de radio, no existía apenas diferencia. Es lo que tienen los acrónimos, :-D

*El destarifo mental era para ser leído sin las acotaciones con las explicaciones de las siglas, pero no he querido ser demasiado malévola.

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Lo de mi padre: ya está en casa. Fue una isquemia de las que llaman transitorias -más siglas: una ICT (Isquemia cerebral transitoria: amago de trombosis) que lo dejó durante unas horas sin visión lateral -aunque después de escuchar a la neuróloga esta mañana, tampoco lo tengo claro; pero enfins...-. Hoy le han dado el alta. No ha sido como la otra vez, como la primera: aquello fue mucho más serio... pero el miedo, ahora que una ya sabe de qué va el asunto y en que estado está su linda cabecita, ha sido muy grande. El domingo por la noche estuve bordeando el ataque de pánico: cada vez que sonaba el teléfono creía que iba a ser mi hermana dando una mala noticia. He de hacer algo con esta angustia. No sé cómo manejarla: se me escapa por todas partes... Me cuesta aceptar que es una bomba de relojería andante, que entre lo del corazón y esto tal pareciera que el hilo estuviera tan tenso que fuera a romperse en cualquier momento, sin posibilidad de ser reemplazado. Con todo, estoy bien. Eso sí, tengo la sensación de que por encima de mí hubiesen pasado veinte camiones cargados con enormes pedruscos.

Desactivo "modo quejas".

Oledoras

Esta tarde, a la espera de que me atendiesen en una pastelería próxima a casa, dos mujeres conversaban mientras tomaban café, sentadas a una mesa situada al lado de donde yo estaba -es un local que antes fue sólo panadería y que una vez traspasado el negocio a unos nuevos dueños, éstos remodelaron el lugar para dar un servicio más amplio a sus clientes: desayunos, pastelería y café-. Dos niños revoloteaban alrededor de ellas. En un momento dado, el más mayor le ha pedido a la que, deduzco, sería su madre, que lo acompañase al parque para jugar con sus amigos. La chica, con unas maneras no demasiado ortodoxas -mala gana, gesto asqueado, tono cortante, casi grosero-, le ha respondido a su hijo que "ni de coña, tío; no te creas tú que me voy a ir a sentar a un banco de esos, como todas esas oledoras que se creen como la Ana Rosa Quintana".

"Oledoras"... Al principio, me ha costado entender a qué se refería. En cuestión de segundos, y sabiendo de que parque hablaba, la hora que era -cinco y pico de la tarde- y lo cercano que está el lugar a uno de los colegios públicos de este pueblo, he comprendido que estaba haciendo alusión al divertimento nacional por excelencia: el cotilleo. "Oledoras"... me gusta. Es gráfico. Lo pronuncias y se te viene a la mente una nariz olfateando el aire, a ver si es capaz de encontrar algo de carroña para alimentarse.

La primavera

... la sangre altera.

Dicen. No sé si es verdad. Lo que es cierto es que las flores florecen -flores... florecen... florecen... flores-.

Unas cuantas:

Es la Cistus Albidus. Parece papel, pero no lo es. Pulsad sobre los arrugados pétalos y el enlace os llevará hasta las otras cuatro.

La celebración

Lo malo de trasnochar es que luego una se ha de levantar a las 6:30 como muy tarde, y claro, después, si no es a base de bofetadas existenciales, tipo "Salomé ¿todavía no has arreglado lo de las extensiones de garantía de las impresoras de red?", una no termina de despertarse nunca. Se me va la olla: disculpadme, son los efluvios etílicos -qué fissssna que soy- de los dos benjaminesquemehecascauviendoHouseparasentirmerescatadoraymadreporundía.

A lo que iba: las "afotos" de la macro-celebración de mis 40 cumpleaños: una porción de tarta que tenía sabor a medicamento -lo malo de dejar las cosas para última hora-; una copa de cava y Zas como acompañante de honor. Las cosas familiares y de amistades varias vendrán con el fin de semana.

Las velas de los 40, encendidas; esperando que aquí, la que le da a la tecla, piense cuatrocientos mil deseos por segundo con el ánimo de que alguno, sólo alguno, sea verdad. Sólo quisiera que uno de ellos fuese cierto: que mis padres sigan sanos y enteros para mis cuarenta y un años -y estoy tan sumamente borrachuza que los ojos me hacen chiribitas... me emosssiono pensando en ellos, en esos niños grandes en los que han acabado convirtiéndose-.

Zas atisbando si existe alguna posibilidad de que parte del botín -que huele a nata- vaya a parar a su buche -ficticio... creo que lo del buche es cosa de las aves, pero a estas alturas, puede que hasta los cánidos tengan el estómago en la punta de la cola-.

Hago un kit-kat.

Hecho el kit-kat. Retomo.

¿Todavía no he dicho que yo celebro mi cumpleaños durante dos días? Una lástima: ya no me quedan más benjamines. Eso me pasa por pensar que no iba a ser capaz de plimparme una botella entera. A lo que iba: lo cuento siempre. En todas las reuniones sociales. Y en las asociales, también. Es como mi tarjeta de visita. A ver: "Usted, ¿qué podría contarnos de su vida que le haga peculiar?"... "¿Yo?... uyssss, en qué compromiso me pone -mentira cochina; estaba esperando este momento como agua de mayo-... nunca fui ganadora de los juegos florales ni tampoco salté el plinton dando una doble voltereta con pirueta en espiral a la salida... ya está, ahora les cuento...": nací el mismo día que mi hermana -buscar las referencias en esta bitácora en los anteriores cumpleaños-, a la misma hora, pero con una diferencia de dos años. Y para más inri, nací en el ascensor, cuando llevaban a mi madre al paritorio. Le provocaron el parto, porque aquí la menda era puñetera incluso desde antes de nacer: a los ocho meses decidí colocarme como Dios manda y parece ser que nadie podía asegurar que a mí no se me cruzasen los cables más tarde y me diese por situar mis "pieses" en el sitio destinado a mi cabeza, por lo que decidieron que o era entonces, o se arriesgaban a un parto complicado si esperaban al noveno mes. Cuando vi la luz eran las 23:55. Cuando nos entraron al quirófano -a ambas, porque yo ya respiraba el contaminado oxígeno que nos rodea-, ya eran las 0:00. Resultado: mi nacimiento se registró con fecha 5 de abril, pero como yo me fío de mis padres y jamás en la vida he pensado que ellos restaron o añadieron minutos a la historia -según se mire- con ánimo de que pareciese más impactante, lo celebro el 4 de abril, aunque en mi carnet de identidad y en mi partida de nacimiento ponga que vi la luz el quinto día del cuarto mes de un año acabado en seis." -sigo viva, que conste; eso sí, me ha tocado releer lo escrito para saber si lo que tecleaba tenía algún sentido-.

La última foto del autohomenaje-porque-yo-lo-valgo-y-soy-la-más-mejor-del-mundo-mundial:

Zas zampándose el sucedáneo de nata que me ha sobrado de las fresas. Sí, lo sé: es malo darle dulce a los perros. Lo asumo. Se lo ha pasado pipa.

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Y aquí se acaba el mini-reportaje de lo que supone la celebración del 40 cumpleaños de una moza pizpereta que está aprendiendo a quererse a sí misma y a la vez, a los demás. Seguramente, de todos estos desvaríos, saldréis todos beneficiados, :-D

Coincidencias

Inciso
[A veces me complico la existencia. Como ayer, por ejemplo. Es más divertido. Una tiene la sensación de que su vida es como la línea del horizonte: plana, sin altibajos. Y como ser una balsa de aceite no tiene demasiado aliciente, la cabeza no para de bullir -sí, como el cocido cuando se hace en una olla de porcelana, a fuego lento- para colocar chinitas entre hora y hora, entre la siesta y el café con leche de la tarde, entre la cena y el cepillado de dientes -¿quién hablaba de tropiezos?-.

Hace unos minutos he decidido dar un rodeo: será que cada vez tengo más claro que la vida necesita de muchos prolegómenos, de muchas maniobras de arranque para luego calentar motores.]*

Tengo una caja de cartón verde. En ella están guardadas mis casualidades y unas cuantas coincidencias. Estas últimas son las que más me hacen ponerme a la sombra de otros -será que padezco prsonalidad múltiple y ahora mismo me llamo Tórtola Valencia y dentro de un rato en mi tarjeta de visita pondrá George Sand-: un lugar, una hora y una curva en una carretera cualquiera. O un café y dos palabras para ser amable con la camarera. O un disco sonando en la habitación contigua y una anciana mirando una fotografía colgada de una pared de azul desvanecido.

Hace apenas diez minutos las coincidencias me han llevado hasta mi misma. Y se me ha ocurrido buscar cuántos habría como yo. No he querido ir demasiado lejos. San Google, a veces, me asusta. He encontrado a un veterinario de Santiago de Cuba; a otro cubano, pero éste de La Habana; y a una argentina, de nombre Soledad.

La respuesta al misterio no tiene premio. Pero sí que es importante. Al menos, para mí. Tan importante que pretendo acordarme de este circunloquio nocturno durante todos los años que pueda. Será una buena señal. Soy feliz -como unas castañuelas-. En realidad, soy moderadamente feliz. El único abuelo que conocí no lucía barba blanca; mi perro no se llama Niebla y no tengo un amigo que atienda por el nombre de Pedro. No conozco a ninguna Clara y mi casa del pueblo no está en lo alto de la montaña, perdida entre los árboles. Aún así, a estar horas, sonrío como Heidi -iba a avergonzarme de tanta paparruchada, pero creo que voy a darle al "publicar" y cerrar rápidamente esta ventana porque si soy repipi, lo soy, y no hace falta subterfugio alguno para hacer como si no fuera yo...- y voy a seguir haciéndolo hasta... ¿mañana? ¿pasado mañana? Es abril. Razón más que suficiente.

(*Sé que los incisos lo son porque se colocan entre medias de algo. El mío se ha adelantado a este desbarajuste neuronal. En mi descargo, decir que las palabras se me escapan hace ya un rato, caminando a saltitos hacia la cama.)

Tropiezo


Hoy perdí mi vida
en el adoquín número veinte
de la calle Los Claveles.
Me dio tiempo
a contar los pasos
y sé que el aire se me escapó
en el que hacía diecinueve.


Caí de frente,
sin ánimo de hundirme
en la miseria.

[Plas, plas, plas]


Doblé mi espalda,
con la intención de esconderme
en un azar pasajero.


[Plas, plas, plas]


Sé que un cráneo
solo,
abandonado,
no es un buen regalo
para una enamorada.
Por eso la ausencia
se ha hecho traje de diario
y ahora limpio alcantarillas.


Mañana seré cadáver.
Aunque te mire y me sonrías.
Aunque te hable y me contestes.
Aunque te bese y tú me correspondas.


[Mi vida necesitaba aplausos
y sólo muriéndome
de forma fortuita,
alguien ha sido capaz
de celebrar mi desventura.]

La imagen se corresponde a un cuadro titulado "Shabbey Road" de Alexander Millar

Francesitas

Me encantan. Hace muchos años, creo recordar que al comienzo de los ochenta, se pusieron de moda. Ahora, desde hace dos o tres veranos -y en invierno, también; pero un poco menos- se vuelven a ver en los escaparates y calzadas en los pies de muchas mujeres.

En el verano de mis dieciséis, aquél que fue el final de una adolescencia tímida y cautelosa, tuve unas blancas, acharoladas, con un lazo rectangular sobrepuesto en el empeine. Recuerdo que las destrocé antes de acabar el mes de agosto. Algo extraño en mí, que me dura el calzado años y años, pero tampoco demasido difícil de entender si se tiene en cuenta que en aquella época las calles de Linares estaban casi todas empedradas -alguna foto tengo de entonces; la buscaré- y para mí, ese detalle, era una nimiedad.

Hace una semana fui a unos grandes almacenes. Cuando ya me iba las vi dejadas en un estante de alimentación. Estaban un poco sucias, por lo que me acerqué hasta la sección de zapatería para coger otras en mejor estado: me habían gustado, y aunque no había ido con la idea de comprar nada de vestir -y ni tan siquiera me hacían falta-, me recordaron tanto a los veranos en los que a mi hermana y a mí nos calzaban con unas zapatillas de loneta azul marino, que decidí llevármelas. No quedaba ni un solo par de mi número. En el almacén, tampoco. Me dio igual, ya que las que "me habían encontrado"* me servían. ¿Qué son unos cuantos manchurrones de rozaduras cuando se trata de amor a primera vista? Nada. Ayer las estrené. Como una niña con zapatos nuevos, y nunca mejor dicho.

He encontrado un artículo en el que se explica el origen de este tipo de zapatillas y cuáles son los otros nombres con las que se les suele llamar: manoletina, bailarina, merceditas -éstas últimas son las que llevan la trabilla para que la pieza no se caiga-... y otro en el que se hace un repaso por el vocabulario de tendencias.

Mi adorada Audrey Hepburn las llevaba en "Sabrina", una de mis películas favoritas -me lo tendré que hacer mirar... no es más que una versión atualizada del cuento de "La Cenicienta"-.

*Estoy convencida de que fueron ellas las que me buscaron a mí... Se escaparon de algún carro para esconderse hasta encontrar una dueña a su gusto. Estoy convencida. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado -esta es mi aportación de hoy a la tontería primaveral-.

Lilith nunca estuvo sola

Esta tarde, mientras leía la última anotación de Aspi -con todo el título, la Papisa Sinforosa Aspasia de todas las Kiritabis... por cierto, vamos a tener que hacernos mirar esta costumbre de "achicar" todos los apodos, :-D - me ha venido a la cabeza el libro que llevo estos días entre manos. Se titula "Lilith nunca estuvo sola"* y está escrito por Clara Giner. Es una recopilación de testimonios de mujeres que viven un poco al margen del papel de "esposa de", "madre de" o "pareja de": solas, sin una relación amorosa -al menos estable y mantenida bajo el mismo techo- que les sustente le vida, como puntal primordial de su existencia. No es un libro que pueda significar un antes y un después en esto de las relaciones humanas y el prisma desde el que cada una de nosotras -y nosotros- mira su propio mundo, pero sí que sirve para reconocerse en algunas situaciones, para verse reflejada en ciertos comportamientos: suficiente para no sentirse como una aguja en un pajar y bastante si partimos de la base de que el alejarse del papel de esposa y madre amantísima comienza a ser habitual, pero sigue teniendo una enorme lista de prejuicios colgada de un metafórico brazo, como, sin ir más lejos, el de colocarte el sambenito de la solterona triste y amargada que no ha sabido granjearse el cariño de un hombre de bien -ja-.

Traigo hasta aquí la introducción porque cuando la leí me sentí muy identificada con lo de Bridget Jones -qué poco me gustó ese libro... y qué pronto dejé de opinar respecto a él por sentirme un bicho raro- y en en este enlace el contenido del prólogo, de Eugenia Rico. Es largo -de ahí que no lo incluya directamente-, pero es una reflexión muy interesante.

INTRODUCCIÓN

HUYENDO DE BRIDGET JONES Y REENCONTRÁNDOME CONMIGO MISMA

Debo reconocer que fui una de esas pocas personas a las que no les gustó El diario de Bridget Jones. No sé si fui la única, pero desde luego no me sentí identificada con esa manera de vivir propia de una mujer de treinta y tantos, siempre pendiente de los demás y absorta en sí misma. Mi obsesión no consiste en adelgazar, dejar de fumar o conseguir un novio a toda costa y puedo aseguraros que hay muchísimas otras mujeres que piensan de igual modo, ya sean solteras, casadas o juntadas.

Es por eso quizá que me rebelé contra ese obvio estereotipo de solterona dubitativa a la espera de su príncipe azul, esa eterna jovencita con mil y una neuras acrecentadas a base de tabaco y alcohol. Una mujer que tal y como la pintan necesita para sentirse segura un hombre revoloteando a su alrededor.

Considero que es un tópico que actualmente está fuera de lugar. Siempre me he negado a ser considerada en función de alguien. No necesito un hombre para reafirmarme. Soy Lilith, me siento Lilith, como muchas otras mujeres que han optado, que hemos optado por decir no a un modo de vida todavía convencional. Simplemente, vivo como un ser humano más y como tal, ya me considero completa y capaz de ser feliz por mí misma, sin necesidad de una pareja, tan sólo con mi esfuerzo y con el amor de la gente que tengo a mi lado. El amor viene y va, y la soledad no siempre es mala consejera.

Cada día crece más el número de solteras en nuestra sociedad, mujeres que hemos elegido esta opción porque sí, porque nuestra prioridad somos nosotras mismas, porque nos gusta nuestra independencia y no sentimos la necesidad de compartir nuestra vida con nadie más, al menos bajo el mismo techo. Estamos a gusto solas, y el estar y vivir solas no significa renunciar a nada.

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*Si pulsáis sobre imagen de la portada del libro, podréis verla ampliada: la fotografía me gusta mucho. El rostro de la mujer es la serenidad personificada, o al menos, eso me transmite a mí. La autora es Marina Vilanova.

No me lo puedo "de" creer

¿Alguién en este país todavía no sabe que Rocío Jurado ya está de vuelta en España y permanece ingresada en el hospital Montepríncipe?

No pretendo hacer bromas con algo tan serio como es la enfermedad de una persona, máxime tratándose de un cáncer de páncreas -el que quiera saber más sobre este padecimiento, ya sabe... San Google-. Pero no puedo evitar el preguntarme si es que los periodistas "serios", esos que nos dan las noticias a las tres de la tarde y luego alrededor de las nueve de la noche, se han vuelto locos. También puede ser que yo no sepa calibrar la importancia real de una información de este tipo... De piedra; así me he quedado cuando he visto cómo Pedro Piqueras, en los informativos de Telecinco, tras contarnos que Rocio Jurado había vuelto de Houston esta mañana, en un vuelo privado, daba paso a una conexión en directo en la que una periodista, situada a la puerta del hospital Montepríncipe, nos contaba los pormenores de la llegada de la cantante y cuál era su estado de salud, según el último parte médico.

¿No resulta desmedido? ¿De verdad es una noticia tan importante como para que salga del ámbito de la prensa del colorín y se le dé cobertura en un noticiario generalista? Puedo entender -tampoco demasiado, que conste- el afán desmesurado de los programas televisivos que viven del cotilleo chafarderil, que por el hecho de robarse la audiencia unos a otros, hayan destinado a la ciudad estadounidense a enviados especiales para cubrir la noticia -no recuerdo dónde lo dijeron, pero me suena que eran díez reporteros de distintos medios españoles-. Pero de ahí a ver a Pedro Piqueras hablando sobre el asunto... Me ha faltado cambiar a la Cuatro. Casi mejor no haberlo hecho. Porque si me llego a encontrar a Iñaki Gabilondo hablando del vuelo en un avión privado de la folklórica, se me habrían roto los esquemas. Ver para "de" creer...

Mujer al volante...

...peligro constante.

Sí, ya sé. Es un topicazo. Pero parece ser que los de Allianz Seguros no lo tienen tan claro. Es más, después de ver su último anuncio televisivo sobre su seguro de coches, no me cabe otra que deducir que ellos son de los que piensan que los tópicos lo son porque encierran un alto grado de verdad -¿cómo era aquello... "cuando el río suena es que agua lleva"?-.

Para el que no suela ver la tele o ande pelín despistado: un señor cincuentón, de buen ver, está en una especie de aparcamiento junto a una joven -luego se deduce que posiblemente sea su hija-. Lleva un coche grande. No me atrevería a decir que de lujo, porque no todos los coches grandes lo son. Pero, desde luego, tiene toda la pinta. No sé, tipo Audi 4 o BMW: de esos que no pasan desapercibidos. De repente, entra en escena una señora, cincuentona también, con aire juvenil -se da a entender por la ropa-. Esgrime en la mano una tarjeta -por lo que ocurre después, se trata del carnet de conducir-. Su marido -como es ficción, yo me lo guiso y yo me lo como, :-D -, con evidentes muestras de alegría por lo que significa esa cartulina en la mano de la mujer, le abre la puerta del copiloto, para que aquella entre al automóvil y se puedan marchar. La señora, en un acto de pequeña rebeldía, le coge al hombre el llavero de la mano y se va directamente al puesto del conductor. El caballero, un tanto contrariado, hace un mohín de aceptación resignada y se mete en el vehículo. En ese momento se escucha el siguiente lema: "Con Allianz te sentirás seguro". The End.

Duda existencial: ¿Acaso no saben estos señores que, según las estadísticas -aunque siempre los hay que las ponen patas para abajo para tratar de cuestionar algo que es bastante evidente- las mujeres somos bastante más prudentes conduciendo y los accidentes que provocamos suelen ser menos graves que en los que se ven involucrados los varones? ¿Acaso, sabiendo como saben, que la mayor tasa de siniestralidad se da entre los conductores más jóvenes, debido a que a la inexperiencia -situación que iguala a todos los noveles al volante-, se le suma la temeridad, no hubiera sido más lógico realizar el anuncio con un hijo de papá, de esos pipiolos que se ven hoy en día por las calles, escuchando música en sus "carros" a un volumen infernal? ¿No resulta paradójico que empleen a una mujer para darle a entender al televidente que si el que conduce es inexperto, ellos van a estar seguros porque los posibles accidentes que ocurran van a estar respaldados por una compañía seria, de las que cumplen, cuando son las propias empresas de ese sector las que bonifican las cuotas de sus clientas, porque los datos de siniestralidad femenina son mucho más bajos? -menudo pedazo de interrogación... resopla y detente, si has sido capaz de leer de un tirón-.

Me repatea, sin más. Porque es caer en el estereotipo más injusto: mujer+cincuentona+volante=temeridad total. En este artículo su autor reconoce que, detrás de los comentarios jocosos y chacarrillos varios sobre ese asunto, se esconde el desprecio y el ninguneo. Ya lo he dicho más de una vez aquí: el día que algún otro hombre, sentado a mi lado, se atreva a decirme eso de "anda, hubiera apostado lo que fuera a que eras incapaz de meter el coche en ese sitio", lo hago bajar del vehículo y no vuelve a subir a él.

Y puede parecer que lo digo en tono de broma, pero sabiendo como sé el genio que me gasto cuando voy conduciendo -asustaito tengo a mi Ángel de la Guarda-, casi con seguridad que acabaré haciéndolo -y me refiero a lo de no dejar subir más a mi coche a un varón con complejo de profesor de autoescuela y además, misógino-.

Hace treinta y dos años

Más o menos a estas horas. La de la foto soy yo. Lo que hay detrás, "mi" falla. Se estaba quemando. Una gallina y unos cuantos ninots más. Recuerdo que estaba tan cansada que me había quitado las peinetas. Aguanté el tirón como pude, sin llorar. Aunque la cara de tristeza me llegaba hasta el suelo. De camino a casa, a las once de la noche -no me dejaron quedarme a la cremà de la grande, porque según mis padres, era demasiado pequeña para trasnochar-, ya no pude más y las lágrimas comenzaron a resbalarse por mis mejillas.

Tenía ocho años. Se me había acabado el reinado. Y eso suponía dejar de ser el centro de atención para todo el mundo. Sabía que hasta que no eligiesen a la fallera mayor infantil del año siguiente, yo seguía siendo la Única. Sabía que la Corte de Honor todavía me tenía que venir a buscar una vez más a mi casa, con la banda de música -para la presentación de la fallera mayor entrante, la del siguiente año-. Sabía que haber sido Fallera Mayor Infantil era algo importante, en ese mundo de niños en el que jugábamos a imitar a los mayores: se me permitía ejercer de tirana, de mandona; y yo, claro está, lo hacía a la perfección. Decidía a qué juegos se jugaba y quienes participan en él. Quienes eran mis amigas y a qué chicos se les hacía caso o no.

(Pulsad sobre la imagen para verla ampliada)

Esta foto es del día de mi presentación. Para el que sea ajeno al mundo fallero: es un acto en el que, oficialmente, la falla da a conocer al resto del mundo mundial y demás galaxias circundantes quiénes van a ser sus falleras Mayores para ese año. Se suele celebrar en un teatro -la mía fue en el emblemático "El Micalet", de Valencia- y el asunto consiste en ir nombrando a una fallera y a un fallero, que salen por el pasillo central hasta subir al escenario; allí la fallera mayor saliente -la del ejercicio anterior- le coloca la banda* a la "señorita" -deberían de hacer un manual para recoger la palabrería al uso en estos eventos festivaleros- y le da su ramo de flores -al chico, ni las gracias, oiga usté- y así hasta que acaban con todos los niños y niñas que son falleros -lo de ser fallero tiene su aquél: una puede vestirse con el traje si le da gana, pero le servirá de poco si no está inscrita en una de las casi cuatrocientas asociaciones culturales, más conocidas como fallas, que hay en Valencia y alrededores-.

Ahora no tengo ni idea de cómo se harán estas cosas porque estoy muy desvinculada del mundo fallero. En aquella época, casi todas las fallas competían oficiosamente para ver cual de todas era la más original a la hora de dar a conocer a sus falleras mayores. A mí me tocó algo bastante gracioso: en lugar de salir por el pasillo central, como todo el mundo esperaba, el mantenedor del acto se dedicó a leer su discurso, exaltando mis cualidades falleras -vergüenza ajena me da el leer ahora aquel poema...-. Justo a su lado, había un cuadro de las torres de Serrano. Yo estaba detrás, agazapada. Cuando finalizó, se hizo un incómodo silencio. La gente estaba esperando a que yo saliese por el pasillo y no había manera... de repente, el cuadro se rompió y ¡tachán! la fallerita mona apareció.

Todavía recuerdo lo mal que lo pasé: no sabía que hacer, el escenario me parecía inmenso. Miraba para todos los lados, perdida, muerta de vergüenza -tengo otra foto de ese momento; si mañana la encuentro, la publicaré-. Titubeé durante unos segundos: di dos pasos hacia delante, tres o cuatro más hacia atrás y me quedé plantada allí, en medio de ningún sitio, por decirlo de alguna manera. Al momento, entró la Fallera Mayor Infantil Saliente para colocarme la banda: sin ella yo no era nadie. Necesitaba ese trozo de tela, con la bandera de España, para ser oficialmente la nueva Reina de las fiestas. Después me acompañaron hasta mi trono, me sentaron y comenzaron los regalos. Mi única actuación teatral había acabado, más bien que mal.

*Lo de las bandas tiene enjundia: las de la corte de honor son con la cuatribarrada y encima llevan bordado lo de "Cort d`Honor" y en la parte superior, el escudo y el nombre de la Falla a la que se pertenece. Las de las Falleras Mayores tienen de fondo la bandera de España, para que no se diga que no somos patriotas..

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No me gustan las fallas. Lo he dicho aquí en alguna que otra ocasión. Y no me gustan por todas estas cosas que he contado: por esas "costumbres" al más puro estilo de concurso de belleza; por esa competición estúpida para ver quién de todas las mujeres lleva el traje más caro y más bonito; por esa manía de desfilar separados por sexos; por lo poco respetuosos que son con los vecinos; por el ruido; por lo chabacanos que pueden llegar a ser; porque el patrioterismo valenciano se ha identificado con las fallas y ya no hay forma de desvincularlo; por... No acabaría. Y me gustan por los artistas falleros: por su capacidad de creación; por su ironía; por su concepción del arte; por su facilidad para desprenderse de lo que hacen... El día de San José siempre me provoca sentimientos encontrados: algo que no me gusta en absoluto y que acaba poniéndome la carne de gallina... cuando, como hace una hora y pico, he escuchado como comenzaba a sonar la tira de traca que iba a prender la falla infantil que había plantada en la plaza que hay a 50 metros de casa. Queda la grande. Esa será dentro de un rato. Oficialmente, a las doce de la noche. Seguramente, bastante más tarde. Dependerá de cómo se haya resuelto el sorteo del coche de bomberos de la población.

Pausa

He de echar el freno. Demasiadas cosas que no son obligaciones pero que acaban atando casi de la misma forma. Desconecto por unos días. Dejo a medias la anotación sobre la peli "Sierra de Teruel" y contestar a los comentarios de "Mi keli mola mazo". Mis neuronas no dan para más.

Nos leemos dentro de unos días. Espero que alguién me guarde el sitio, :-D

La Tierra

Diálogo mantenido entre un campesino y un militar en un caza de una escuadrilla de aviación de las Brigadas Internacionales. Sitúo la escena: el civil -o paisano- sabe dónde se encuentra un aeródromo del bando contrario y como no es capaz de darles más referencias geográficas a los brigadistas para que éstos lo localicen y lo bombardeen, acaba acompañándolos en un vuelo de reconocimiento para ver si desde el aire, a la mínima altura posible, logra señalarles el lugar. Inician la misión de noche y sobrevolando las nubes, por lo que, hasta que no se hace de día y van perdiendo altura, no pueden otear sobre el paisaje:

- Brigadista: Eso de ahí abajo es la Tierra.
- Campesino: ¿La nuestra?
- Brigadista: No, la de ellos.

. Una tierra que quiso tener muchos dueños pero que acabó teniendo sólo uno. Triste, muy triste.

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Retomo donde me quedé ayer...

Cuando anoche escuché en la película el cruce de palabras entre estos dos hombres, recordé un artículo de José María Romera, publicado en Festina Lente, sobre el el uso de los posesivos: lo nuestro, lo de ellos... Tuve la impresión de que el militar, cuando le mostraba al campesino la tierra, no lo hacía con la intención de señalarle que ese territorio en concreto era del bando contrario, sino con la de indicarle que aquello que se veía allá abajo no era otra cosa que el planeta en el que todos habitamos. Esa reacción de responder preguntando "¿la nuestra?" tiene muchas interpretaciones... tantas...

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Y lo vuelvo a dejar hasta dentro de un rato.

Mi keli mola mazo

Pues eso: que mi Keli mola mazo. Y añado, ya puesta en el desfase del colocón lingüístico: cuando queráis montar un mogollón, os venís para mi house, con unas cuantas birritas bajo el brazo y algo de ñam-ñam para alimentar el body y nos convertimos por una noche en los Queen del Glam plastificado... -y si queréis hacer la frase más larga, por aquello de conseguir una subordinada al estilo de Antonio Muñoz Molina pero con la dificultad añadida del empleo de vocablos de un argot callejero un tanto desfasado, no os cortéis: comenzando por "meterse en el sobre" y acabando con un "peluco", todo sirve-.

No, no me he vuelto loca: es que desde que ayer supe, a través de Escolar.net que el Ministerio de la Vivienda ha abierto un portal vertical dedicado, en exclusiva, a ayudar a la gente joven en la ardua tarea de buscarse casa, ya no soy la que era. He sufrido una transformación personal: me he contagiado del espíritu del colegueo confraternizador, de esa forma de desenvolverse tan resultona, tan chachi-piruli, tan super-mega-guays que parece que ostentan, como máximos representantes del "Y yo, más", los creadores, diseñadores y asesores de nuestra sin par Ministra de Vivienda -¿le habrán preguntado a la de Cultura, para ver si se subía al carro de la hablante posmodernidad?-: hay que ser muy talentoso -de talento; lo del talante es otra cosa- para atraverse a bautizar el invento con un nombre tan original: "Keli Finder. Insisto: talentoso. Y añado: vanguardista; muy, pero que muy vanguardista.

Dudas existenciales: ¿Era necesario llamar al experimento de esa forma tan... tan... idiota? ¿Acaso en un procedimiento administrativo no se ha de primar la eficacia y dejar de lado la parafernalia de la mercadotecnia de entidad bancaria al uso? ¿Acaso los señores creadores de esta campaña tan de andar por casa -keli, perdón- desayunan todos los días leche con cereales enriquecidos con granos inflados de estupidez y tropezones de despilfarro? ¿Acaso será cierto que Zapatero vive en otra galaxia y todavía no se ha enterado de la categoría intelectual del ganado ovino con el que ha levantado sus cercados?

Por cierto, la foto es de las botas "Keli Finder"... ¡cómo molan!