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De espaldas

Colección de pulseras



Estos días se ve que se ha puesto de moda... Me refiero a lo de llevar una pulserita de silicona en la muñeca. Hace dos domingos, cuando fui al rastro que ponen en la Plaza Redonda, había bastantes vendedores que ofrecían, entre su mercancía, estos aros de colores llamativos.

Hoy me he enterado de que una revista católica, Alba -no pongo el vínculo porque sus condiciones legales son de toma pan y moja... vamos, que no puedes ni enlazarlos... la dire es www.semanarioalba.com-, ha lanzado al mercado, junto con su ejemplar en papel, una certificación de "denominación de origen" 100% católica -vamos, como el aceite extra puro de oliva- impresa a modo de eslogan en unos brazaletes similares a los que vi hace unos días. Por descontado, el color elegido para hacer ostentación de esta cualidad moral -¿o debería de decir calidad?- es el amarillo. El dinero recaudado con esta campaña de marchamo al estilo sello de discoteca, va a parar a la Asociación de Víctimas del Aborto -http://www.vozvictimas.org/fines.asp- para ayudar a la consecución de sus fines. No sé yo si el fin justifica los medios, pero como cada uno es libre de defender lo que estima conveniente y lo hace en uso de una creencia que considera positiva...

Yo, visto lo visto, me he hecho una colección de pulseras muy mona, pelín irreverente y un tanto hortera, pero es que, como estoy bautizada, doy por hecho que, aunque no lleve el recibo de mi fervoroso catolicismo en la boca, me incluyen en las estadísticas. A ver si así, en plan contracampaña, también se escucha mi voz -digo yo que si he de contar como futuribles todos los óvulos que a lo largo de mi vida no han sido fecundados porque no le he dado a la jodienda como tocaba... ufff, que me pongo mala-. Ea, que lo dejo estar...

Umilde sin hache


cayendo a trozos desde el panel oscuro.
Una pizarra negra

para blanquear su lisa superficie;

para hacer líneas rectas

con forma de redondel;

para dibujar una voz ya olvidada

y dejar que se vuelva a olvidar,

desmadejada,

cayendo a trozos desde el panel oscuro.




Eso pido.

No es pedir mucho.

Soy humilde en anhelos.

Umilde sin hache.

Hasta para eso hay que saber perder.

Si nos roban las consonantes aspiradas

no hay que lamentarse.

Nos están haciendo un favor.

Ahorrando hasta los quejidos.

Es la única forma de almacenar

el aire que se escapa de este alfabeto insonoro.




Lo malo de pedir es que nunca te dan.

Nadie quiere darme.

El boticario me ha dicho que sin receta médica

no puede otorgarme el título de enferma de primera.

Y yo necesito el diploma

para que la enfermera de primera me dé tintura de yodo

en estas cicatrices mal cosidas

sin que me recrimine mi hipocondría.




La pedigüeña que se coloca

en la puerta del súper

me ha dicho que me vende su delantal

con lamparones para que mi nueva circunstancia

de mendiga terminal resulte más convincente.

Me preocupa que la única hache que me dejen

conservar sea la de humillada.

Por si acaso, a partir de hoy,

escribiré con faltas de ortografía.

Umillada.

La puerta



Miro a través de la puerta entreabierta.


Y me sorprendo. No podría ser de otra manera.


La niña que olvidé duerme sobre un sarmiento. Roca.


Que no me diga tu voz que no hay remedio.



Ese canto se quedará mudo para romper la angustia de Teseo.



Una vez probé a perderme por un bosque ciego. Inútil.


Los pinos daban sombra a mi sombra. Muerta ya.



¿Qué puedo reclamar? Sed de malicia. Perversión.



Haberes tengo en el bolsillo de mi babero escolar.


Azul desvaído. No existe otro color para seis años tristes.


Aquí ya no ha sorpresas. La puerta es ahora cerrojo enmohecido.



Lanzo el boomerang y todo sigue en su sitio.

Se me olvidó que te olvidé



Yo te recuerdo cariño,
mucho fuiste para mi,
siempre te llamé mi encanto,
siempre te llamé mi vida,
hoy tu nombre se me olvida.


Se me olvidó que te olvidé,
se me olvidó que te dejé,
lejos muy lejos de mi vida,
se me olvidó que ya no estás,
que ya ni me recordarás,
y me volvió a sangrar la herida.


Se me olvidó que te olvidé,
y como nunca te encontré,
entre las sombras a escondidas,
y la verdad no se porqué,
se me olvidó que te olvidé,
a mi que nada se me olvida.


Letra de Lolita de la Colina

Principales versiones:
Los abuelos de la Nada (1982)
Bebo Valdés & Dieguito "El Cigala" (2003)

La acompañante



Hace unos días terminé de leer La acompañante, de Nina Berberova -en este enlace se resume y analiza la obra, pero está en francés-. Desde el principio, me atrajo su calculada frialdad a la hora de narrar; esa distancia que hace que el lector sea casi incapaz de odiar o de amar a la protagonista de la ficción.

Traigo hasta aquí tres párrafos de la novela porque, de una u otra manera, me hicieron pensar. El primero, el comienzo de la obra, porque me llevó a preguntarme sobre cuantos autores, a lo largo de la historia de la Literatura, habrán empleado el método de unas falsas memorias para dar paso a la trama. El segundo, porque, si bien la protagonista, Sonecka, es en apariencia un ser sumamente contenido, la autora, en esas líneas, la desnuda ante el lector, dotando a la mujer de una rabia tan primaria que impresiona -al menos, a mí me impresionó-. Y el último, y en honor a la verdad, porque cuando comencé a leerlo, pensé automáticamente en Gru -por su aficion a la ópera-:

Me proporcionó estas memorias el señor Z.R. Se las había comprado a un chamarilero de la rue de la Roquete, al mismo tiempo que un viejo grabado que representa la ciudad de Pskov en 1775 y que una vieja lámpara que seguramente funcionó con petróleo pero que ahora está provista con un cable eléctrico muy correcto. Al comprar el grabado, el señor Z.R. le preguntó al chamarilero si no tenía alguna otra cosa rusa. “Algo tengo”, le respondió el vendedor y sacó del polvoriento armario que estaba en un rincón del viejo tenducho un cuaderno Moleskine, de esa clase de cuadernos que ha servido en todos los tiempos a las personas, sobre todo a las jóvenes, para llevar su diario.

El chamarilero contó que, cinco años antes, había comprado ese cuaderno por cincuenta céntimos, a la vez que unas partituras y dos o tres libros rusos (que desgraciadamente no pudo encontrar ahora,) en un hotel de baja estofa en donde un a rusa había vivido y también había muerto. Para cobrar el alquiler de la habitación, la patrona del hotel chalaneó sus vestidos, su ropa interior y otros objetos... todo lo que queda cuando desaparece una mujer.

El señor Z.R. escuchó primero todo esto; a continuación, abrió el cuaderno. Las líneas que cayeron bajo sus ojos le interesaron; después de haber pagado, tomó la lámpara con una mano, el grabado con la otra y apretó el cuaderno bajo el brazo. Cuando llegó a su casa, lo leyó hasta el final y no identificó quién era la autora.

En estas memorias, he modificado, ciertamente, algunas cosas, porque no todo el mundo puede ser tan poco sagaz. La que escribió y no quemó este cuaderno había vivido entre nosotros y muchas personas la conocían, la habían visto y oído. Al parecer, la muerte le llegó de improviso. Si era una enfermedad, fue una enfermedad violenta y breve, durante la cual ya le fue imposible poner orden en sus asuntos cotidianos; si era un suicidio... fue tan repentino que no le dio tiempo a la difunta para arreglar ciertas cuentas...

Sea como fuera, aquella mujer olvidó su cuaderno como el viajero olvida un paquete al saltar de un tren en marcha.

..../....

Pero cuando pensaba en los jacintos, en la camarera, en el calor y en la limpieza, algo se rebelaba dentro de mí, y me preguntaba: ¿es posible que todo esto exista realmente y que no se encuentre nada para acabar con ello? ¿No se ha encontrado nada para hacer algo por mi madre y por mí, por mi cantante, por otros miles de seres que tienen los dedos congelados, unos dientes que se les pulverizan y unos cabellos que se les caen de hambre, de frío, de miedo y de suciedad? ¿Es posible que no se encuentre absolutamente nada para acabar con ese piso, con esa mujer, con ese gato azul de humo, y para que alguien aloje en ese salón a la familia piojosa de algún ajustador que utilice el piano como WC y que obligue cada mañana a limpiarlo a esas manos rosadas y que llame a esta operación “servicio cívico”? ¿Y que nosotros, los andrajosos, los desnudos, los hambrientos, los molidos, tengamos que soportar todo esto? ¿El queso de Holanda, el grueso tronco en la estufa con su corteza oscura, la leche en el platillo en donde el gato va a remojar su lengua?

Y con estos pensamientos, sentía yo calor en el pecho, y las lágrimas y la nieve se helaban sobre mi nariz y mis mejillas, y yo las enjugaba con el revés de la manga, y con las partituras bajo el brazo, corría y corría más lejos, sin hacer ruido apenas con mis botas de alfombra. Y a través de ese odio y de esa amargura que, por primera vez en mi vida, me asaltaron con tanta intensidad y en medio de los cuales me oí respirar más libremente que en mi dulzona y fluida indiferencia por todo, pensé de pronto en ella misma, en María Nikolaevna Travina, que me había besado en las dos mejillas, que me había mirado con atención y ternura.

.../...

Ya lo sé, hay gente que no admite el canto: una persona adopta la postura, abre la boca de par en par (de una manera natural –y entonces es feo- o de una forma estudiada –y entonces es grotesco-) y, mientras se esfuerza en mantener el rostro una expresión de facilidad, de inspiración o de pudor, grita (o ruge) prolongadamente unas palabras cuya disposición no está siempre lograda y que a veces son aceleradas sin razón alguna, o bien cortadas en pedazos, como para una charada, o incluso repetidas varias veces de una manera absurda.

Pero cuando, tras una aspiración (en absoluta afectada, sino tan simple como cuando aspiramos el aire de las montañas en la ventanilla del vagón), ella entreabrió sus labios fuertes y bellos, y un sonido vibrante y poderoso, lleno hasta los bordes, resonó de pronto por encima de mí y comprendí que aquello era exactamente esa cosa inmortal e indiscutible que oprime el corazón y que hace que el sueño de tener alas se convierta en realidad para el ser humano súbitamente desembarazado de todo su peso, me embargó por completo una especie de gozo entre lágrimas. Mis dedos se estremecieron, extraviados entre las teclas negras; temiendo decepcionarla, tan al principio, en cuanto a mi aplicación, me forcé a mí misma pero sentí que un espasmo que recorría mi columna vertebral. Era una soprano dramática, con las notas agudas estables y maravillosas, y las bajas, profundas y claras.
-Otra vez, Sonechka –dijo ella.




Después de esto, tan solo añadir algo: Nina Berberova publicó sus memorias en un libro titulado El subrayado es mío, y en ellas habla, entre otras cosas, de la dureza del régimen soviético y de cómo se llegaron a desvirtuar ciertos aspectos de él en pos de ensalzar el comunismo como el único sistema viable de funcionamiento socio-económico.

Encontré un artículo -puede que no sea lícito el advertirlo, pero creo que, cuando menos, hay que cogerlo con pinzas para su lectura... su autor, se definió en el programa de Sánchez Dragó como un anarquista que en el fondo es liberal; difícil de compaginar...- de Carlos Semprún en el que se refiere la preocupación de la escritora sobre estas cuestiones, motivadas en particular por el caso Kravchenko, que vino a ser como una especie de caza de brujas practicada al "rojo desertor" que se atrevió a publicar un ensayo titulado Yo elegí la libertad, en el que ponía de vuelta y media el sistema político de la URSS.""

Divina hipocresía



¿Se puede ser más hipócrita? Me da en la nariz -y en el cogote, y en la garganta, y en el pálpito existencial- que es imposible alcanzar tamaña cota de desfachatez.

La imagen pasará a la Historia, sin lugar a dudas. Pero no porque vaya a ser considerada un referente social de la época, sino por ser un ejemplo magnífico de la baja o nula catadura moral de los que aparecen arrodillados en primer plano. Se necesita tener cuajo y entereza para adoptar esos aires de "yo no he roto un plato en mi vida" y además, colocarse la máscara de pena ad infinitum.

Por lo que vi anoche en las noticias, los componentes de la delegación estadounidense tuvieron tiempo hasta para repetir los rezos, que como letanía mortuoria, se escuchaban en el recinto sagrado. Seguro que no tenían nada que ver con la particular oración que Maruja Torres dedica hoy, desde su columna en El País, a este esperpento mediático en el que se ha convertido el engranaje que remueve hasta los cimientos más afianzados de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Copio y pego -que hoy estoy vaga para poner enlaces-:


Oremos


Quede constancia de las proclamas y gritos de adhesión, previos a todo desahogo: mi respeto a los creyentes, a su dolor y, sobre todo, mi rendida fascinación ante la capacidad que el Vaticano posterior a Fellini sigue teniendo para montar un espectáculo de fuste (Cecil B. de Mille también e, inevitablemente, Coppola; cientos de machos o varones, con faldas carmesíes y elegantes tocados, en escena, sin truco digital), y por el olfato que las masas han desarrollado para detectar el reality show de estos tiempos por antonomasia, del que son a la vez objetivo y parte. Me rindo ante la fusión del poder terrenal y el querer espiritual, o viceversa.

Dicho lo cual, oremos.

Contra los ciegos embates multitudinarios de la emoción única, contra la excitación masiva, contra la irracionalidad sentimentaloide que preside lo mismo comitivas de homenaje que linchamientos, oremos. Vivan los médicos de Leganés.

Contra la obscena exhibición del sufrimiento y del sacrificio, contra el mantenimiento de la respiración a toda costa y por todos los medios, contra el rechazo a los paliativos del dolor que hasta la ley regula, oremos. Vivan los médicos de Leganés.

Contra los intentos de borrar la herencia del laicismo en este mundo, y dado que este mundo es lo único de que disponemos los laicos; contra la sobrevaloración de la bondad dispensada a cambio del reino de los cielos, por encima de la solidaridad humana pura y simple, oremos. Vivan los médicos de Leganés.

Contra las prohibiciones de preservativos que, en las zonas más vulnerables, convierten la enfermedad del sida en una verdadera pandemia, contra la natalidad desbordada y la maternidad irresponsable, contra la ceguera con que los adolescentes son lanzados a una castidad sin fisuras que les aboca a una sexualidad indefensa, oremos. Vivan los médicos de Leganés.

Contra las cazas de brujas, los intentos de regresar a la oscuridad medieval, la sumisión de la mujer, la eterna vara de castigo elevada sobre la alegre realización genital, oremos. Vivan los médicos de Leganés.

Contra la falta de caridad encubierta por los alardes escenográficos y las avalanchas de piedad turística, recojámonos y oremos. Y que vivan los médicos de Leganés.

Desavenencias amorosas

Dicen -yo es que no tengo experiencia en esas lides... :-P - que uno de los motivos más recurrentes en los enfrentamientos entre parejas amorosas que ya llevan un tiempo conviviendo, es el provocado por cuestiones económicas.

Con estos antecedentes, no es de extrañar que, si se extrapola la situación a relaciones no amorosas, la cosa se vaya de madre, por decirlo de alguna forma. Y si cabe alguna duda, que se lo pregunten a Rita Barberá, la alcaldesa de Valencia, que recientemente decidió redecorar la plaza del Ayuntamiento con unos cuantos ejemplares del Árbol del amor y ahora vienen los de la oposición municipal pidiendo explicaciones por el encarecimiento injustificado en el precio de cada unidad de tan candorosa ornamentación.

Un ejemplar de los arbolitos que han generado las desavenencias locales:



Por cierto, siempre he pensado que lo mejor para no tirarse a la larga de los pelos por culpa del dinerito, es lo de las cuentas separadas para gastos no comunes. Ahora que... lo mejor de lo mejor, cada uno en su casita y si es posible con algunas decenas de quilómetros entre medias, :-)))

Inacabadas



Esta mañana, mientras estaba esperando que el semáforo se pusiese verde para los vehículos, una adolescente pasó por delante de mí, llevando bajo el brazo un par de carpetas y una novela. Extrañamente, me dio tiempo a leer el título -iba a media carrerilla-: "Rojo y negro" de Sthendal.

No tengo ni idea de si era o es una lectura elegida libremente o por contra, obligada por los planes escolares. Creo recordar que cuando yo la leí no fue por imposición. Y digo la leí y lo digo mal: no la terminé de leer. Fui incapaz. Cuando estaba llegando al final, la maldad de Sorel me superó y no quisé saber más de la novela. No me ha pasado con demasiados libros. Intuyo que eso ocurre sólo cuando una se mete tanto en la historia que acaba por formar parte de ella.

Recuerdo que me ocurrió casi lo mismo con "Mientras la ciudad duerme", de Frank Yerbi. En esta ocasión, el desenlace se preveía tan trágico que, después de estar robándole horas de sueño a mis noches, la dejé inacabada, a falta de diez páginas.

Hay más... iré haciendo memoria.

Cifra impar para año impar



Hoy sí que puedo decir por qué me estoy dando de besos desde que me he levantado: a las 23:50 de la noche, serán 39. Soy feliz. Si mañana algún capullo me pisa demasiado en el cogote, espero tener la fuerza suficiente para darle el merecido puñetazo ante una ofensa de esa magnitud. Mientras tanto, las ganas y el esfuerzo se van a ir en reir hasta cansarme.

Besicos y abrazotes pa' to quisqui.

Obsceno

Hasta hace bien poco no tenía claro cuáles eran las características más destacadas que se podían observar en un acto o en una persona para que, llegado el momento, se puediese calificar, al acto o a la persona, de obscena.

Anoche lo supe. De golpe. Y ahora no me cabe la menor duda. Creo que es imposible encontrar mejor ejemplo:



No voy a hablar del Papa. No.

Pero sí que diré que nunca terminaré de entender a una gran parte de las personas que habitan este planeta. Nunca.

No voy a hablar del Papa. No.

Pero sí que diré que la cobertura de los medios informativos, anoche, era casi vomitiva. Todo eran loas y escuchar un opinión crítica hacia él era casi un imposible.

No voy a hablar del Papa. No.

Pero sí que diré que el tesón, la fuerza de voluntad, la firmeza de sus principios... todas esas cosas por las que le están calificando como un "Hombre de Dios" -¡menuda patochada!-, llevadas hasta los extremos, como él ha hecho, no son más que síntomas de una enfermedad llamada "delirios de grandeza".

No voy a hablar del Papa. No.

Pero sí que diré que su endurecida doctrina hacia los sectores más débiles de la sociedad ha hecho mucho daño, por la importancia que su Personaje -así, con mayúsculas- tiene en el mundo. Sus retrógrados principios moralistas, acogiéndose a una estúpida dicotomía ética entre el bien y el mal -su bien y su mal- deberían servir para que estuviera durante una temporadita en el Purgatorio. Y que digo Purgatorio, más bien en el Infierno. En su Infierno. Para pagar por todas las tropelias que, haciéndose eco de SU doctrina, se han llevado a cabo.

Si existe un Dios, seguro que no lo deja ni acercarse a las puertas del Cielo. Para mí, que San Pedro habrá tenido que reforzar la seguridad del recinto, por aquello de que este Santo Hombre -ja- ose entrar por la puerta de atrás.

Dicen que el Señor es benevolente, pero en este caso, no debería serlo. No. Nunca supo con claridad que lo de "amarás a los unos y los otros como te amas a ti mismo" se refería no sólo a sus más fervientes seguidores, sino a TODOS: a los que tienen SIDA y para no transmitir la enfermedad emplean condones; a las mujeres que han sido violadas y deciden abortar porque están tan horrorizadas que no son capaces de asumir esa gestación; a los homosexuales que AMAN, sí, que AMAN a otros de su mismo sexo; a los hombres y mujeres que decidieron hace ya tiempo disfrutar con el sexo y no sentirse culpables... a todos esos, no los amó. Es más, los condenó.

Se necesita ser retorcido. Muy retorcido. Para que luego me venga el autor de "El Código da Vinci" inventándose a una ICAR pérfida y oscura... Pero sr. Brown, no era necesario. Con solo estar pendiente del día a día religioso de estos cristianos de pacotilla, uno no necesita fabular para hacerse rico con un best-seller.

Y no iba a hablar del Papa. No.

Lo de que descanse en paz, en esta ocasión, no va a ser cierto: lo que se dice descansar, descansar, no lo está haciendo muy en paz. Pero, claro, eso se dice cuando uno ya la ha palmado. ¿Para que le servirá entonces a este hombre la paz, para acomodársela entre los dedos de sus manos a modo de rosario imaginario?*

*Soy consciente de que he sido muy irreverente, pero desde ayer por la noche hasta esta mañana, la rabia ha ido en aumento. Ha habido ratos en los que he sentido vergüenza ajena.

Una de vaqueros

Sigo con mi particular galería de famosos, retratados en la última Exposición del Ninot:





Pulsando sobre la imagen, hay más, :-)

Porque me lo merezco



Una medalla más grande que una casa. Es que no se pué ser tan buena... ¡Cachis en la mar!

De besos, me doy de besos...

Como mi jefe no me lo dice, me lo digo yo.

¿Y por qué?

En realidad, por poca cosa. Pero... siempre lo he dicho, en el reino de los ciegos, el tuerto es el Rey. Y en este caso, la del parche soy yo.

¡Hala, que ya me he quedau tranquila!

Para desengrasar

Después del tocho-tocho-tocho que me he marcado en la entrada anterior -no lo
Después del tocho-tocho-tocho que me he marcado en la entrada anterior -no lo volvería a releer ni yo, y mira que cuando me da el ataque de egolatría tipo el "Narciso" de Caravaggio, soy capaz de casi cualquier cosa-, bien vale desquitarse con una carcajada, y sino llega a eso, con una sonrisa a lo Julia Roberts.
Después del tocho-tocho-tocho que me he marcado en la entrada anterior -no lo
Y el desengrasador que me desengrasa, en este caso, es...



La ampliación aparece pulsando sobre la foto.

Es que, después de mi discurso "sí pero no" con relación al nacionalismo y sus extremos, he recordado que cuando fui a ver la exposición del Ninot de este año, fotografié a un Ibarretxe un tanto apocalíptico, jajaja...

Una de reivindicaciones costumbristas

Nunca terminaré de entender a los nacionalistas, sobre todo, porque sus posiciones siempre me han parecido excluyentes, nada conciliadoras. Y eso, al menos a mí, me da un poco de yu-yu. O estás conmigo o eres mi enemigo. Maniqueísmo, creo que se llama. Pero, mira por donde, hoy ando un tanto cabreada con los medios de información por algo que, visto desde fuera, podría catalogarse como “orgullo nacionalista herido” –anda que no tiene su aquél eso del orgullo sujeto a un territorio en particular- y desde mi posición, vendría a ser una reivindicación costumbrista, sin más.

Aviso: el asunto es una perogrullada del veinte... Se trata de que año tras año, en los informativos de todas las cadenas nacionales, cuando llega el domingo de Resurrección, se hace una mención expresa a la costumbre catalana de comer la Mona de Pascua –un bollo con forma de animal o similar en el que se coloca, generalmente en el centro, un huevo duro pintado de colores chillones- obviando, siempre, que es algo que también se realiza en la Comunidad valenciana, al menos, en Castellón y Valencia. Vamos, que de niña, cuando lo de ir al pueblo a pasar los cuatro días de la Semana Santa era una odisea automovilística y tocaba, por tanto, quedarse en la ciudad, nos íbamos a las orillas del nuevo cauce del río Turia a comernos la mona, a saltar a la comba y a volar las cometas –esto último siempre lo hacían los chicos y a nosotras nos negaban la posibilidad, ni tan siquiera, de intentarlo-. Ayer estuve pendiente de lo que se decía en las noticias, ya que el lunes es festivo en ambas comunidades autónomas, y más de lo mismo...

Y el ninguneo no acaba ahí, no –ahora comienza a resaltarse la vena de mi sien, hasta se notan las palpitaciones... ufff, el cabreo me está consumiendo-: cuando los presentadores de los informativos dan alguna noticia relacionada con el gobierno catalán, no dicen “Generalitat catalana”, no. Se limitan a pronunciar “Generalitat”, sin añadirle la procedencia geográfica, como si hubiese una sola... Pos como que no, oigan ustedes, como que no. Que Generalidades, existen, que yo sepa, al menos dos: la catalana y la valenciana.

Claro, que no sé de qué me asombro. Si cuando se hace referencia al gobierno de la nación española, en contraposición al autonómico, lo llaman “gobierno central” y se quedan tan panchos... Luego pasa lo que pasa, que la gente de la calle, de tanto oír lo de la centralización del poder, no se cree que las autonomías sirvan para algo. Hace relativamente pocos días, en una rueda de prensa con no sé qué ministro y un alto cargo del gobierno catalán, en la que se daba cuenta de los avances logrados para la reforma del Estatuto de Cataluña, era el propio ministro el que decía algo así como “desde el gobierno central...”.

¿A estos señores les ha explicado alguien lo que es la descentralización y la desconcentración de los poderes públicos? Si la memoria no me falla, estos conceptos están regulados en los artículos 148 y 149 de la Constitución Española, incluidos en el título VIII, “De la organización territorial del Estado”. ¿No era ése el título que más controversia está generando de todos los que quieren reformar? No me extraña, porque ni los propios políticos saben distinguir entre gobierno estatal y gobiernos autonómicos... que no, hombres, que no, que no es gobierno central porque los autonómicos no son descentralizados, que la descentralización supone que la titularidad sigue siendo del órgano que delega... y me parece que tanto los catalanes como los vascos –por citar a los que más ruido hacen- lo que quieren es tener todavía más competencias exclusivas, que no delegadas...*

Y a este testamento al más puro estilo panfletario, mis amigos le llaman “tostón de aspirante a tertuliana”.

Incongruencias periodísticas

Duda existencial: ¿Alguién es capaz de explicarme cómo es posible detener a dos delincuentes que ya están en prisión?

Motivo de la incertidumbre metafísica: Dos presos de la cárcel de Ceuta, detenidos por su presunta relación con el terrorismo islamista.

Hasta donde me alcanza -que visto lo visto, es bastante poco- y echando mano del DRAE, un preso lo es porque sufre prisión, y la prisión es la cárcel o sitio donde se encierra y asegura a los presos. ¿Acaso, cuando detienen a unos individuos que ya están recluidos, lo que hacen es detenerlos más, si cabe, o sea, pararlos? Quizás se trate del fenómeno de la muñecas rusas, o del espejo en el que se ve otro espejo y así indefinidamente...*

*Hoy estoy de un prolífico que hasta me estoy dando miedo...

Zas, ládrame, porfaplis



Sí, aunque parezca mentira, Zas me entiende. Le digo que me ladre y, oyes, mari, va y me ladra. ¡Qué cosas! ¿Quién iba a decirme a mí que a estas alturas de la vida, cansada ya de hablar con los humanos, iba a ser mi perro el que me hiciese de conversador antagonista? Si bien lo pienso, esta manía mía va a ser pura envidia. Desde que supe que el ínclito Antonio Gala, publicó a principios de los ochenta, en el semanal de El País, una serie de artículos de opinión, recopilados más tarde en formato de libro, bajo el título Mis charlas con Troylo y por los que recibió el premio César González Ruano de periodismo no hago otra cosa que dirigirme a mi fiel amigo, con voz cariñosa, para entablar conversaciones nivel tertulia radiofónica, preguntándole qué opina sobre Aznar y su falso patriotismo; sobre Zapatero y su desgastado talante... hasta agotar mi extensa lista de dudas existenciales, con tal de ver si su lucidez y extraordinaria capacidad de raciocinio me sacan de pobre. A todo esto, no estoy loca, no: Troylo era uno de los perros de Gala -la querencia del escritor por estos animales domésticos es pública y manifiesta-, de ahí el que tenga la certeza de que no soy ni la primera ni la única a la que le da por ponerse de cháchara con su querido chucho.

Me estoy aficionando tanto a esta faceta mía de conversadora perruna que cuando no estoy con Zas echo de menos mis, cada vez más frecuentes, tête a tête existenciales. Y, claro, lo malo de las dependencias -tanto de las físicas como de las emocionales- es que cuando no se "disfruta" de ellas, generan, cuando menos, un alto estado de ansiedad. Hoy he sabido que mis ataques por falta de charlas caninas se pueden paliar a través de un magnífico método tecnológico: el móvil para perros.

Tan sencillo como marcar el número de teléfono y esperar a que el aparato receptor reconozca el tuyo y se conecte automáticamente. A partir de ese momento, el perro, que lleva acoplado el móvil a su collar, puede, desde recibirte con dos sonoros ladridos como muestra de alegría al reconocer a su amo, hasta mandarte a paseo con un guau enriabetado por haberlo despertado.

¡Tengo unas ganas de ver a Zas con este aspecto!



Incluiré el aparatejo en mi lista de preferencias para mi próximo cumpleaños, a ver si cuela, :-)

Pdta. Buscando información sobre Antonio Gala he comprobado que no existe certeza con respecto al año de nacimiento, ni tan siquiera al lugar:

Escritor cordobés aunque nacido en Ciudad Real -que me lo expliquen...-.

Antonio Gala nació en Córdoba en 1936

Nacido en 1930 en Brazatortas (Ciudad Real).

Como curiosidad, dejo un enlace a Monólogo del perro, escrito por Gala, que se incluye, como una especie de declaración de principos, en numerosas páginas webs dedicadas a la protección de animales.

Del vértigo de las coincidencias

O del Vértigo, a secas y en mayúsculas. O de las coincidencias y el vértigo, sin dependencias, equiparando.

"...Yo quería ser pintora y descubrí a destiempo que no tenía talento sficiente. Esas cosas siempre se descubren a destiempo, sólo se descubren a destiempo, y no dejan espacio libre para descubrir ninguna otra cosa. Cuando renuncié, ni siquiera tenía veintidós años, pero hicieron falta muchos más para que lograra volver a sentirme tan vieja como en aquel momento.

...Yo no lo entendía, no lo podía entender, y tampoco era capaz de relacionar la suya con mi propia torpeza, esa incapacidad para la aritmética, por ejemplo, que me dejaba en blanco ante una división con decimales, porque las divisiones con decimales no existen, no tienen ninguna relación con el mundo de las cosas verdaderas, las que se pueden ver, las que se pueden tocar, las que se pueden contar. Nadie ha visto jamás una coma con decimales flotando en el aire, pero las manzanas están ahí, las acariciamos, las olemos, las tocamos, nos las comemos todos los días, y por eso es imposible no saber dibujarlas. Porque dibujar una cosa es conocerla, y todas las cosas que se conocen se pueden, se deben dibujar."


"Castillos de cartón" de Almudena Grandes

He llegado a casa a las tres y media. Con prisas. He comido, también con prisas. Y cuando salía por la puerta, a las cuatro menos diez de la tarde, para acudir a una cita a sabiendas de que iba a tener que esperar durante largo rato, he recordado que no llevaba ninguna novela en el bolso. Anoche acabé "El cadáver fugitivo", una policiaca, de éstas a las que me he hecho tan aficionada últimamente. He vuelto sobre mis pasos y ya delante de la cómoda sobre la que dejo las últimas adquisiciones literarias, he elegido un libro. Casi, casi, al azar: no he mirado ni el autor ni el título pero sí su grosor. Me he llevado el más delgado. Manías que tiene una...

Las casualidades son eso, casualidades. Coincidencias, no más. Pero si se mezclan con una cerveza en un lugar no frecuentado habitualmente, puede que sigan siendo casualidades. Si además se le añade pintura, óleo, lienzos, cuadros, modelos, cava, más pintura, más cava y un poco de desconcierto, las casualidades siguen siendo eso, casualidades. Aunque se le sumen líneas para hacer equilibrios y horas de madrugada para borrarlas, las casualidades seguirán siendo eso, casualidades. Lo que no es casualidad es el vértigo.

Me asomé al precipicio, pero no me ha dado tiempo a saber qué hubiera pasado. La sensación sigue, pero la casualidad está camino de Sao Paulo. La coincidencia tiene título: "Castillos de cartón".

Va a ser verdad

Sí. Ahora va a resultar que la típica frase con la que muchos hombres dan por finalizada una conversación con una mujer, en la que no se ha llegado a acuerdo alguno, va a ser cierta. Me refiero a "mira que sois complicadas" o en su defecto, a "no hay quien os entienda".

No lo digo yo. Lo dice la revista Nature.

En realidad, no dice que seamos complicadas. Al menos, no como se da a entender en esa expresión -casi muletilla- tan poco afortunada con la que he comenzado la anotación. Extraigo un trocito de la noticia completa:

Los nuevos trabajos indican que este cromosoma que se creía 'dormido' tiene activos de forma permanente cerca del 15 % de sus genes. Esto indica que las mujeres tienen expresados estos genes el doble de veces que los hombres y por lo tanto tienen dos veces más cantidad de proteínas codificadas por esos genes. "Las posibles diferencias entre los dos sexos son intrigantes", asegura el editorial de 'Nature'..

Por lo que, en realidad, lo que ocurre es que tenemos más abundancia de algo...*

*Lease esta anotación con un elevado grado de ironía, porfaplis, que esto de mezclar churras con merinas sólo tiene la finalidad de provocar una sonrisa.

Verdugos de la moral

Dicen que la ira, a veces, enmudece a quien la siente. No sé si habrá sido ése mi caso esta mañana, pero lo que tengo muy claro es que, sino ha sido ira lo que he sentido cuando he leido que una mujer ha sido condenada a 150 latigazos por ser adúltera en los Emiratos Árabes Unidos -ese país oriental tan amigo de USA-, al menos, sí que ha sido rabia, mucha rabia. Tanta, que durante un rato no he sabido qué decir. Sé que no es un hecho aislado; sé que ocurre día sí y día también. Pero me indigna que en un país tan bien avenido con los americanos imperialistas -y digo bien, sólo con esa parte de América regida por los de las cincuenta y dos estrellitas- se cometan tales tropelías de manera legal, institucionalizada y reglada. Ahí es nada. Tanto afán de Bush por llevar la democracia a los países oprimidos por crueles dictadores y ni un solo rechazo o presión para que en las naciones de las que se abastece de petróleo, no se vulneren los derechos humanos más elementales. Hipócritas fariseos, sí. Aunque eso es algo que ya se sabía ¿verdad?. ¡Qué triste!

Hace un ratillo he entrado en la página de Eduardo Haro Tecglen y cuando he comenzado a leer la columna de opinión de hoy me ha sorprendido que enlazara el asunto del que acabo de hablar en el primer párrafo con este otro. Y me ha asombrado porque, si bien una vez finalizado el texto, se ve a las claras la relación que existe entre ambos asuntos, a priori, y al menos a mí, jamás se me habría ocurrido relacionarlos.

Hay dos formas, al menos, de culpar a los demás, por delitos o pecados inexistentes: una es la denunciar, sin arrobo ni vergüenza, dando nombres y apellidos y creyéndose valedores de las buenas costumbres, y otra es la de tirar la piedra y esconder la mano. Como dice Haro Tecglen no existen tantas diferencias entre la una y la otra."

La Nueva Inquisición



Que digo yo que ya está bien... Que ya está bien de que la Santa Madre Iglesia, Católica, Apostólica y Romana para más señas, actúe como dama ultrajada y ofendida porque una firma francesa de ropa haya lanzado una campaña publicitaria basada en una fotografía en la que se ofrece una visión un tanto ¿morbosa? del cuadro "La Santa Cena" de Miguel Ángel.

Respetar, respetar y respetar. Ese parece ser el lema. No se puede dañar u ofender la creencia íntima de una parte importante de la sociedad. Bien. Hasta ahí la cosa hasta parece razonable. Me pregunto qué habría pasado si en lugar de ser una campaña publicitaria, el responsable de la irreverencia hubiese sido un artista, por ejemplo, de la talla del desaparecido Andy Warholl y la fotografía se hubiese colgado de una de las paredes del Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York, y no en vallas publicitarias de grandes dimensiones.

Destaco un párrafo de la noticia que no tiene desperdicio:

"Los abogados de la iglesia argumentaron que trivializar los actos que constituyen el fundamento mismo de una religión es un insoportable acto de violencia moral. Marithe et Francois Girbaud tiene tres días para quitar los afiches de la campaña."

¿Insoportable acto de violencia moral? ¿Mande? Entonces... ¿cómo calificamos a la prohibición del uso del preservativo como medida preventiva para el contagio del sida? ¿acaso serviría la palabra genocidio?