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De espaldas

Nublado

Está cayendo la de Dios. Llueve intermitentemente desde anoche. Truenos y relámpagos para dar y vender. Se fue varias veces la luz de la calle y ahora mismo está tan oscuro que los coches circulan con las luces encendidas. Impresiona el color gris del cielo: me recuerda a esas imágenes futuristas en las que se representa el fin del mundo.
Está cayendo la de Dios. Llueve intermitentemente desde anoche. Truenos y
Buscando en el baúl de los recuerdos, a ver si daba con unas fotografías que hice la última vez que llovió, he encontrado una en la que se ve, muy al fondo, un atisbo de arcoiris: unas pinceladas de color entre tanto gris se agradecen.



Quizás, con la idea de paliar un poco la sensación que me provoca este día tan plomizo, las fotos que he publicado hoy en Milésimas son "verdes", por aquello de que la vegetación del lugar era abundante -pulsar sobre la imagen para ver el resto-:

Economía toponímica

Para todos aquellos que piensen que el darle nombre a una calle es algo complejo y complicado y que requiere un sesudo estudio de impacto vecinal -ja, estaría gracioso que así se hiciera-, unos cuantos ejemplos de que el asunto, cuando lo que se pretende es ahorrarse quebraderos de cabeza del tipo "si le ponemos el nombre de un rojo izquierdoso, los conservadores se nos tirarán a degüello en el bar, a la hora del café" es de lo más simple. Tan simple que cae por su propio peso:



¿Qué mejor manera para llamar a una calle que darle el nombre de otra formación de edificios distinta a la de líneas paralelas, o sea, "Calle de la Plaza"?

El resto no tienen desperdicio, de verás:


















Y como no existe regla sin excepción, tan solo añadir que en este pueblo -Linares de Mora- sí que tienen una calle con un apelativo rimbombante, para que al menos, algunas de las cartas dirigidas a este municipio necesiten más de una línea escrita para reflejar el nombre de la vía pública: Calle del Arzobispo D.Pedro José Fonte, Patriarca de las Indias.

¿Cómo he podido vivir hasta ahora?

Es que desde que lo he sabido, no doy pie con bola. Me ha impresionado tanto la noticia que no sé cómo salir de mi asombro. Lo que todavía no me explico es cómo he podido vivir hasta ahora sin tener guardada en el disco duro de mi pc la foto oficial de la futura reina de España.
Claro... que digo yo que difícilmente iba a poder tenerla guardada si la foto en cuestión no existía.
Claro... que digo yo que difícilmente iba a poder tenerla guardada si la foto en cuestión no existía. Hasta ayer, claro. Hoy ya se puede ver -las otras no tienen desperdicio, de verdad de la buena- en la la página de la Casa Real.

He aquí el retrato oficial:





Lo que ocurre es que ahora tengo una duda existencial de tres pares de narices: si se supone que, a efectos monárquicos, lo único que es válido es lo que es oficial ¿cómo se valora el hecho de que hasta ayer no existiese una foto oficial de la princesa de Asturias? ¿Acaso ha sido una pérfida manera de ningunearla por aquello de que, hasta que no se supiese con certeza que no iba a ser una segunda Lady Di, era mejor no "airearla" demasiado? Aysss, reconozco que a veces soy de un elemental...

¿Dónde está el límite?

Flipo a colorines. A colorines y a burbujitas, si es posible. No puedo entender qué

Flipo a colorines. A colorines y a burbujitas, si es posible. No puedo entender qué
Flipo a colorines. A colorines y a burbujitas, si es posible. No puedo entender qué tienen en la sesera los dirigentes de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana -en adelante, ICAR... ¡qué intelectual me ha quedado esto último!- que les hace tratar a un anciano enfermo de la manera en la que lo están haciendo.

Anoche, en un informativo televisivo, contaron que como el Papa está mejorando de la gripe que padece estos días, sus asesores ya han comenzado a programarle actividades para la semana entrante. Y no contentos con organizarle la agenda para la semana que viene, ya están pensando en que le van a hacer rezar el Angelus públicamente el domingo, por aquello de tranquilizar a toda la Cristiandad, que parece ser que los fieles seguidores de la ICAR están muy preocupados porque intuyen que el señor que besa los suelos en señal de humildad pero que prohibe el condón porque fornicar sin procrear es pecado, se les va a ir para el otro barrio en un suspiro.

No me caen bien los católicos recalcitrantes, no me caen bien los defensores de una ideología social que no se sostiene por ningún sitio, no me caen bien los que, aun estando en contra de todos sus postulados, los favorecen por aquello del qué dirán y por supuesto, no me cae bien el máximo representante de todo este tinglado mediático-económico con estado territorial propio. Pero el hecho de que no me caiga bien no supone que me parezca correcto lo que sus colaboradores están haciendo con este señor: el circo de Roma, tan famoso en sus tiempos, está de nuevo en funcionamiento y encima, su mayor atracción es la cabeza visible en la tierra -¡ja! el del cielo está en paro- de esta Iglesia que se autocalifica como perseguida.

¿Dónde está el límite?

Una buena iniciativa

Será que visito poco la página del periódico El Mundo, y por eso no había dado todavía con una sección que, a primera vista, parece bien estructurada y que es una buena iniciativa para alumbrarnos más y mejor en relación con la violencia sexual: se trata de Terrorismo doméstico.

Existe un apartado llamado El defensor de la maltratada, que funciona como un consultorio en el que se resuelven dudas tanto psicológicas como legales. La media está en cinco o seis respuestas semanales, y siendo que van por la nº 207, parece que esta sección ya lleva tiempo funcionando.

La información que ofrecen sobre el perfil de las víctimas es muy interesante y casi de obligada lectura -en realidad, debería ser de obligada lectura absolutamente todo lo que aparece en estos documentos-.

Recordatorio nº 15



Niña, a partir de hoy, volverás a dejarte encadilar por la luz de las velas.

Recúerdalo.

Por si se te olvida, tan sólo has de acceder, cada media hora, a tu cuenta bancaria a través de internet, y ver, en el listado de apuntes contables, el correspondiente a la factura de consumo eléctrico de los meses de diciembre y enero.

Se admiten ideas para generar métodos alternativos que consigan, de idéntica o similar forma, que las estufas, el ordenador, el microondas y la lavadora funcionen sin estar conectados a la corriente eléctrica.

El que desee dejar su apoyo solidario con esta -o sea, yo- sufrida mujer consumista, puede hacerlo en el apartado de comentarios.

¡Qué penita más grande!

Que me lo expliquen

Hace un ratillo, entre un listado de etiquetas y la redacción de un informe que me lleva un poco de cráneo, he entrado en la página del Instituto Nacional de Meteorología para ver si podía enterarme de cual es la previsión del tiempo para el próximo domingo, ya que tengo comida al aire libre con un grupo de amigos, y a tenor de lo que se espere para ese día, haremos una cosa u otra.

Por lo que he podido entender, la situación no se presenta demasiado favorable, pero el caso es que tampoco lo tengo muy claro, porque una vez leída la información, no sé si con "el resto de la mitad este" se refieren de Valencia para arriba o de Valencia para abajo.

Copio el párrafo que me ha hecho dudar de mi capacidad de comprensión:

"Dia 6 (domingo)

En el norte de galicia, comunidades cantabricas, norte de navarra
y pirineo aragones, precipitaciones debiles a moderadas que, con
intensidad en general debil, se extenderan al resto del tercio
norte peninsular*
y posiblemente afecten tambien al resto de la
mitad este
y zona centro peninsular. La cota de nieve descendera
en el norte peninsular hasta unos 600/800 metros, hasta 900 m en
la zona centro y unos 1110 metros en el sureste. En el suroeste
peninsular, poco nuboso. En baleares, precipitaciones debiles, de
nieve a partir de 1000 m. En canarias, lluvias debiles en el
norte de las islas y poco nuboso en el sur."


*La negrita es mía

Bien... ¿alguien me puede explicar a qué se refieren con lo de tercio norte peninsular? No sé, quizás a que se divide la península en tres trozos, norte, centro y sur, y luego se selecciona uno de ellos, el que se corresponde con las comunidades cantábricas... si esto es así ¿por qué no decir el norte de la península y ya está? Más: "afecten también al resto de la mitad este". O me he perdido algo -que seguramente será así- o con anterioridad no se ha hablado del otro resto situado en el este... Ufff, a mí que no me digan, o yo tengo un día atroz -gramaticalmente hablando- o esto es un galimatías del veinte.

Lo más gracioso del asunto es que en la página, existe un apartado, en el que definen la mayoría de los términos que se emplean a la hora de precedir el tiempo, para no generar errores de interpretación. Para mí, que se les ha olvidado incluir las diferentes formas que existen de dividir la península ibérica.

Por cierto, que acabo de cometer un delito: según lo que dice al pie de página de inicio, está prohibida la reproducción total o parcial... ¡cachis en to lo que se menea!

Ya era hora


Mi último viaje a Madrid en tren fue sumamente desagradable. Quizás peque de
Mi último viaje a Madrid en tren fue sumamente desagradable. Quizás peque de exagerada. Pelín desagradable. No más. En realidad, recuerdo que me cabreé sobremanera. ¿Por qué? Sencillo y lógico -al menos a mí me lo pareció-: acudí en dos ocasiones al vagón de la cafetería y salí de allí con un nuevo perfume corporal, regalo de Renfe -si es que soy desconsiderada... -, amén de que mis ojos adquirieron ese color rojizo que los hace tan atractivos.

Hoy entra en vigor la prohibición de fumar en todos los trenes de Renfe con un trayecto igual o inferior a cinco horas de recorrido. Ya era hora, de verdad. Resulta sumamente desagradable que la gente fume en espacios tan cerrados. Y lo digo yo, que soy fumadora ocasional, de las que disfrutan con un cigarrillo cada cierto tiempo, después de una comida, en casa, tomándome un café. El caso de los trenes me parecía inaudito: los vagones de fumadores y no fumadores estaban separados, pero para acceder a la cafetería, en la que sí se podía fumar, era necesario pasar antes por el de fumadores, con lo que de estar en un espacio libre de humos, pasabas a meterme de lleno a una suerte de chimenea constante.

Puedo comprender que para los fumadores enganchados -y lo son la mayoría-, este tipo de limitaciones sean vividas como una persecución carente de fundamentos de peso, pero creo que no es cierto: existen motivos más que suficientes para restringir el consumo de tabaco en los espacios públicos, sobre todo, porque está sobradamente demostrado que un fumador pasivo, a la larga, acaba padeciendo las enfermedades propias de uno activo sin ser él el responsable de su deterioro físico.

Reitero, ya era hora. Es más, lo que no termino de entender es la limitación de las cinco horas. No se fuma y no se fuma. Sin más. Quizás sea muy tajante, lo sé. Pero entre un fumador y un no fumador, a mi modo de ver, siempre primarán los derechos del que no es adicto.

El Brujo, sí pero no


El viernes por la noche acudí hasta L'Alculdia -cerca de Valencia- para ver a Rafael
El viernes por la noche acudí hasta L'Alculdia -cerca de Valencia- para ver a Rafael Álvarez "El Brujo", uno de mis actores predilectos. No sé si es que esperaba demasiado de él; seguramente. La cuestión es que a medida que iba avanzando la representación, me embargó una sensación similar al "dejà vu" francés: verlo en escena era como tener delante de sí a parte de sus personajes anteriores. Y eso no me gustó. Porque el espectáculo, ideado para conmemorar sus veinticinco años en los escenarios, no es un "remix" de todos los anteriores -al menos, eso entendí yo-, sino una nueva creación, en la que debería de haber afrontado su papel como monologuista olvidándose de las peculiaridades de los personajes que anteriormente interpretó. No supo desprenderse de los registros heredados, por ejemplo, de El ávaro, de El Lazarillo de Tormes, de El Arcipreste -los tres que yo he visto- y mientras se paseaba por el escenario, su andar era deslabazado -no venía a cuento de nada-, torpe y su voz, en algunos momentos, se elevaba hasta extremos desagradables.

En pocas palabras: sobreactúo. Un poco de comedimiento no le habría venido nada mal, pero que nada mal. La contención es importantísima cuando uno, para transmitir una idea, un mensaje, no se apoya en elementos externos, sino que se centra en lo que es capaz de decir a través de sus gestos y de sus palabras. Es difícil, lo sé, pero una espera que un actor como Rafael Álvarez "El Brujo" tenga, desde hace ya tiempo, aprobada esa asignatura con matrícula de honor.

No pude evitar el compararlo con Jack Nicholson, que sabiéndose un buen profesional, ha acabado creyéndose un genio. Y eso, la verdad, es un error de apreciación importante, porque posiblemente sean genios los dos, pero es algo que ha de pensar el público, no ellos.

Por cierto, y aunque parezca mentira, me gustó lo que contaba y en algunos momentos, cómo lo que contaba. Pese a mis reparos, sigue resultando entrañable y su voz y su dicción son portentosas -algo que se agradece sobremanera, si se tiene en cuenta que algunos jóvenes actores españoles parece que hablen con la boca llena de mazapán-.

Frío



Hablar estos días de frío es casi cansino. Vamos, que si se pudiese contar, de alguna manera, cuantos millones de veces se pronuncia al día en España, y en estos momentos, la palabra "frío", el resultado sería elevadísimo -no me atrevo a aventurar porque lo de las especulaciones numéricas se me da fatal-. Pero supongo que será que, a fuerza de resultar el asunto-muletilla que más a mano se tiene cuando se toma un café en el bar o cuando se espera el ascensor, la realidad se circunscribe, hoy por hoy, a la ola de frío que estamos padeciendo.

Ayer por la tarde hablé con uno de los familiares que vive en Linares y me contó que esa misma madrugada el termómetro había alcanzado los -14º y que en las pistas de esquí de Valdelinares llegaron a -17º. Por la noche, en los informativos, confirmaron la temperatura de Valdelinares, añadiendo el meteorólogo de turno que, debido a las fuertes rachas de viento, la sensación térmica por aquellos lares era de -50º. Quise imaginar cómo sería salir a la calle en esa situación y por mucho que yo pueda fantasear, creo que es imposible aproximarse, ni de lejos, a lo que supondría dar dos pasos soportando ese frío. Y eso que en el invierno de 1993-1994 supe lo que era estar, allí en Linares, a -12º.

Fue mi primer trabajo en un administración pública. Duró cuatro meses -me llamaron de la G.Valenciana para otro puesto-, de diciembre hasta principios de abril. Estaba emocionada; siempre había dicho que vivir en un pueblo de montaña tan pequeño -330 habitantes por aquel entonces-, lejos del mundanal ruido, debía de ser un privilegio. Y nada más lejos de la realidad: es duro, bastante duro. He de reconocer que las condiciones en las que yo estuve no eran las más idóneas y ni muchos menos, las que tienen los que allí residen habitualmente: las viviendas están, la mayoría, completamente acondicionadas.

Mi casa, que entonces se acercaba a los doscientos años de antigüedad, no tenía agua caliente, ni lavadora, ni tan siquiera una ducha. La estufa no era tal, sino una cocina de leña, de las llamadas económicas, en la que, cuando me levantaba, sólo podía colocar un tronco de leña para encenderla, porque el hogar no daba para más -muy parecida a la de la foto-, y por supuesto, para que aquello caldease las habitaciones, hubiese necesitado estar todo el día a pie de la cocinilla metiendo troncos:



Para lavarme por las mañanas, tenía que calentar agua en una cazuela, con lo que el aseo personal duraba una eternidad. La ropa de poco volumen la lavaba a mano y la más pesada, en casa de las amigas, al igual que pasaba con la ducha, que cada tres o cuatro días hacía la ronda: creo que nunca hasta entonces había hecho una ruta higiénica tan interesante. Para fregar la vajilla empleaba dos pares de guantes. Por la noche, cuando llegaba, aquello era lo más parecido a un refrigerador enorme. Recuerdo haber estado viendo la tele, sentada en la mecedora, con leotardos debajo del pijama, el batín, una manta y el edredón de la cama encima. La recocina alcanzaba una temperatura agradable justo a la hora en la que me iba a dormir.

Aguanté como pude, la verdad. Me empeciné en que si mis antepasados habían vivido así y no les había pasado nada, yo era capaz de soportarlo. Y todo, por tener un trabajo en el que pudiese aprender todos los aspectos de lo que es la administración local: estaba yo sola, y la secretaría del ayuntamiento se compartía con Valdelinares, con lo que el responsable del cargo trabajaba tres días allí y dos en el otro municipio. Fue toda una experiencia. Tuve la impresión de que las piezas, esas que andaban fragmentadas en mi cabeza en forma de teoría, de legislación, de artículos, iban encajando una a una, porque toqué todos los palos, por decirlo de alguna forma.

Por lo demás, se me cayó la venda de los ojos, ésa que no nos deja ver que no es lo mismo el turismo rural de folleto publicitario que el estar permanentemente en un sitio aislado, en el que casi no existen lugares para el ocio, salvo el bar, y en el que tampoco hay gente joven acorde a tu forma de ver la vida. Aún con todo -y eso no lo haría ahora ni loca-, la semana en la que alcanzamos los doce grados bajo cero, seguí saliendo todas las noches a jugar la partida de póker al bar: los ancianos estaban entre indignados y asombrados de que cinco mujeres, solas, nos atrevíeramos a pisar aquel reciento más allá de las horas habituales de la tarde -para más inri ¡jugábamos al póker! ¡por Dios, qué degeneración!- y para una vez que los abueletes -y no tan abueletes- tenían motivos para escandalizarse, no íbamos nosotras a ser malas personas y quedarnos en casa para dejarlos sin diversión.

Lo más gracioso del asunto es que los albañiles vinieron a instalar el agua caliente, el termo, la lavadora y la estufa nueva que habíamos comprado -estuvo todo el invierno en la entrada de la casa, al lado de la leñera-, la segunda semana de abril, cuando yo ya estaba trabajando en Valencia.

En resumen, que debería de haber opositado para notarías y así podría hacer testamentos de este tipo sin necesidad de buscarme excusas -Gru, seguro que tu experiencia con esto del frío es bastante más amplía que la mía, :-) -.

Aprendices de masocas



Pregunta: ¿Por qué santas narices, en el edificio en el que trabajo, existe calefacción generalizada a excepción de los baños?

Respuesta: Porque los que se encargaron de la rehabilitación del edificio eran un pelín masocas.

Esta mañana, a las 7:45 el termómetro que hay instalado en una de las rotondas por las que paso con el coche, marcaba -3º. ¡Buena temperatura! Sobre todo, si se tiene en cuenta que en los lavabos de marras tampoco hay agua caliente...

Sé que es una queja en plan tiquismiquis. Vamos, de las de Maripuri total. Pero cuando una está currando a 24º y tiene que ir al servicio para mear -¿miccionar sería más políticamente correcto?-, se acuerda de la madre de todos los aparejadores municipales: ¿acaso estos señores no saben que las mujeres cuando vamos al baño nos quedamos medio en bolas?

¡Argggggggggggg! Deberían de colocar un cartel en la puerta que dijese: "Congélate con gusto, compañera".

La que corta el bacalao



La próxima vez que alguien se me quede mirando como escribo con la mano izquierda o se atreva a decir algo semejante a, más o menos, "... pero si escribes bien... para ser zurda, tu letra se entiende perfectamente", juro por todos los Santos Patronos del Bebercio Mundial que, sin mediar palabra alguna, le estamparé una sonora bofetada -en realidad, que se oiga o no es lo de menos-, por aquello de que hay situaciones en las que no cabe el diálogo.

Hace un ratillo, un compañero que estaba esperando a que llegara mi jefe, se ha sentado frente a mí para hacer tiempo -odio que la gente haga esto, como si entrase dentro de mis obligaciones el hacer de anfitriona laboral-. Por lo que he podido entender, nunca antes se había fijado en mi tendencia siniestra -¡qué requetemala malísima soy!-. Y cual licenciado con honores en la especialidad "Estupideces Varias y Metodología del Carpetovetonismo", me ha contado a cuantos zurdos conoce y lo mal que éstos se llevan con el mundo diestro -esto último no me extraña nada-. La perorata ha alcanzado su punto más caliente en el momento en el que el Estúpido Cum Laude ha referido que cree que su hijo pequeño es zurdo porque agarra la cuchara con la mano izquierda y le chuta al balón con la pierna contraria a la diestra: por lo que se ve, no le hace demasiada gracia. Es más, me ha contado cómo lo "reorienta", a base de pequeñas trampas ¿didácticas?...

En fin, que esta pequeña anécdota me ha hecho recordar otras situaciones en las que, por el mero hecho de ser zurda, algunas personas me han tratado como si fuese un bicho raro o algo parecido. Cuando trabajaba en el taller de confección, cada vez que cojía las tijeras de sastre -son enormes-, la encargada se me quedaba mirando, a la espera de que ocurriese una desgracia y en la época en la que estuve de dependienta de salazones en un supermercado, las mujeres que venían a comprar el bacalao se negaban en rotundo a que lo cortase a trocitos porque el hacha que se emplea para estos menesteres es incluso más grande que la que todos estamos habituados a ver en los mostradores de carne. Tenían miedo de que, en uno de los golpes que le diese a la pieza, se me fuese el tino y me cercenase un dedo o algo similar. Al principio me cabreaba sobremanera, y siempre les preguntaba que por qué tenían ese miedo, que yo era zurda de toda la vida y que si no estuviese preparada para hacer ese trabajo, estaría haciendo otro. Pero con el tiempo, acabé aprovechándome de la situación y cuando alguna señora me miraba con cara de "madre mía... no quiero mirar cómo se corta", le empaquetaba el pescado en las dos mitades de rigor, sin más comentarios y diciéndome a mí misma "faena que me ahorro".

He rescatado unas fotos que le hice a la "isla" -así se llaman estos inventos en el lenguaje comercial- en la que estababan instalados los productos de salazones, o sea, el salazón propiamente dicho, los frutos secos y los encurtidos -las aceitunas y demás-. Son de malísima calidad, pero me traen buenos recuerdos -aunque el trabajo era duro y pesado-.



Las bicicletas son para el verano


Es una lástima que el motivo por el que en Televisión Española, en el programaEs una lástima que el motivo por el que en Televisión Española, en el programa
Es una lástima que el motivo por el que, los responsables de Televisión Española, decidan emitir esta noche en el programa "Versión española", una hermosísima cinta sea el fallecimiento, el pasado sábado 15 de enero, de uno de los actores españoles de más reconocido prestigio: Agustín González. Pero, desde luego, si la pretensión del ente público es la de realizar una especie de homenaje póstumo, la elección de la película no ha podido ser más acertada: Las bicicletas son para el verano no deja indiferente. Es casi imposible no emocionarse.

Hace tantos años que la vi por primera vez, de estreno, que resulta increíble que pueda recordar el cine en el que la proyectaban y las circunstancias que rodearon aquella tarde de domingo. Aún con todo, lo recuerdo: acababa de cumplir dieciocho años y mis amigas y yo "estrenábamos" pandilla. La verdad, no ocurrió nada especial ni particular que justifique el hecho de que en mi memoria estén grabadas algunas secuencias e impresiones de aquella tarde, salvo lo que supuso la proyección de la película: me impactó tanto que estuve dos o tres días hablando de ella. Salí de la sala con un nudo en la garganta. Lo mismo que me ha ocurrido en las dos ocasiones que la he vuelto a ver.

Altamente recomendable, de verdad de la buena. Fernando Fernán Gómez será un grosero, tendrá mucha mala leche, pero es innegable que sabe contar historias. Se le puede perdonar.

Valores cívicos

Sé que va a parecer una perogrullada del veinte, lo sé. Pero aún con todo, a estas horas -me quedan alrededor de treinta minutos para irme de aquí-, una ya tiene las neuronas un tanto desequilibradas -es lo que tiene el trabajar rodeaeda de tecnócratas y políticos- y tiendo a magnificar las menudencias.

Acabo de abrir el correo ordinario -sí, de ése que cada vez es menos abultado y casi siempre se reduce a publicidad y más publicidad-. Es una de mis tediosas labores de oficinista. De cuando en cuando, me encuentro con cosas curiosas, y hoy ha sido una de esas ocasiones: una carta dirigida a mi jefe, enviada por otro departamento de esta Santa Casa -una administración local para más señas- y en la que se incluía información de unas jornadas sobre la Unión Europea, a celebrar próximamente, y dos o tres trípticos publicitarios relativos a ayudas y esas cosillas tan útiles -léase con mucho retintín- que a todo el mundo nos viene bien saber o recordar -como por ejemplo que "Europa eres tú"-. Por descontado, nada nuevo bajo el sol... pero, entonces ¿dónde está la gracia del asunto? En el nombre de la delegación municipal desde donde se han remitido los impresos:

"Delegación de Valores Cívicos y ..."

Juro por Mafalda que desconocía que, en esta Corporación, existiese una concejalía que se dedicase a tales menesteres. Como es de imaginar, la única manera de paliar tamaña metedura de pata -¡qué menos que conocer los cargos y el nombre de los titulares a los que una debe de dirigir sus loas matutinas cada mañana al pisar este bendito suelo!- ha sido buscando información sobre el ámbito de actuación y competencias de la citada delegación. Y juro, otra vez por Mafalda, que no he encontrado nada al respecto en los documentos de uso público que he podido consultar, salvo que es de reciente creación -en el 2004-. O sea que, a estas alturas de la película, me voy a ir a casa con una duda existencial de tres pares de narices, y encima, hasta mañana no voy a poder saber en qué consiste ser el máximo* responsable municipal en el asunto de los valores cívicos -¿de quién, de los ciudadanos o de los propios políticos?-.

Me fastidia, la verdad. Porque con un nombre tan rimbombante y trascendental, tengo la impresión de que me estoy perdiendo algo soberanamente grandioso -la abundancia de adjetivos se debe al defectuoso funcionamiento de mi estilo literario-.

*¡Ojo! que cuando hablo de máximo responsable hablo siempre partiendo de la base de que el alcalde está por encima de esa jerarquía, pero como éste delega... pues eso.

Arreglada pero informal



Hace poco, una amiga me contó una anécdota protagonizada por una prima suya –sí, ya sé que lo de “me dijo Fulanita que Menganita le contó que Zotanita, la del cuarto, había oído que Antonia la frutera estaba liada con Ignacio el contable” es caer en la más absoluta rumorología, pero es que como estoy iniciando mis estudios de licenciatura en Mediocridad y Ciencias del Cotilleo, éste es un ejercicio práctico que me va a venir de perilla- a la que no paro de darle vueltas –a la anécdota, no a la prima- por aquello de que una siempre teme que sus peores pesadillas acaben convirtiéndose en realidad.

Eloísa –no es su nombre real, claro; en esto de la información veraz y contrastada es importantísimo proteger las fuentes... ja!- había invitado a tres compañeras del trabajo a tomar café a casa. Una de ellas, una amiga de las de toda la vida, llegó la primera y mientras que la anfitriona terminaba los preparativos en la cocina, aquélla estuvo esperando en el salón. Encima de una de las mesitas auxiliares había un bandeja en la que estaban colocados media docena de vasitos de té. Uno de ellos estaba tumbado y pensando la invitada que se había caído, lo levantó. Cuando Eloísa entró en la habitación, se dirigió directamente hacia el vaso que había recuperado la verticalidad y lo puso, nuevamente, tumbado.

La amiga, ante este gesto, se extrañó, por lo que le preguntó a su anfitriona el motivo por el cual era preferible tener el utensilio en una situación tan poco práctica. La respuesta fue contundente: “es que así la casa tiene aire de informal”.

Siempre le he tenido pavor a verme en una situación similar a la interpretada, en esta anécdota, por la anfitriona. Me explico: convertir mi casa en un museo o en una exposición permanente, en la que el espacio y las cosas estén absolutamente medidas y estudiadas para crear un ambiente en particular. Puedo entender que a una le guste rodearse de las cosas que más le satisfagan y que coloque éstas de la manera que más agradable le resulten, pero de ahí a dejar caer en tres pliegues la manta en la esquina derecha del sofá, porque justo en ese lado la alfombra de lana cardada se ve más y el contraste de una sobre la otra es muy llamativo hay bastante diferencia.

Conozco, por desgracia, muchas mujeres que viven para sus casas y no en sus casas. Y a eso es a lo que realmente le tengo tanto miedo, a sorprenderme empleando unos patrones de vida ¿doméstica? que he criticado hasta la saciedad. Porque una cosa es tener claro un concepto y otra muy distinta, llevarlo a la práctica, máxime, si se tiene en cuenta que, al menos a mí, me educaron –o lo intentaron- para que mi casa fuese lo más de lo más en esto del orden, de la limpieza y de lo estéticamente bonito.

Quizás, lo de colocar el vasito tumbado para restarle seriedad al ambiente solamente sea producto del excesivo consumo de revistas dedicadas al interiorismo y a la decoración, pero yo no puedo evitar el equiparar este tipo de gestos con una oculta y a la vez ansiada búsqueda de aceptación por parte de los demás, como si, aun sabiendo que somos mucho más de lo que hasta hace poco se pensaba de nosotras, necesitásemos que, como amas de casa, se nos diese el visto bueno.

No hay otra

Tengo un amigo que, en julio del año pasado, tuvo una caida “fortuita” –entrecomillo porque a mí no me parece tan fortuita, pero bueno...-. Desde entonces, está de baja laboral y lo han tenido que operar recientemente, porque la lesión que sufrió en los ligamentos de una de sus rodillas, necesitaba de un pase por el quirófano para curarse del todo.

Ayer por la tarde, mientras hablaba con otro amigo sobre su recuperación, cometí la “torpeza” –y vuelvo a entrecomillar porque así fue considerada mi intervención por parte de mi interlocutor, aunque a mí no me lo pareció en ningún momento- de afirmar que si hubiera sido un poco más consciente de sus límites, habría, posiblemente, evitado el estúpido accidente que le produjo la lesión de marras.

¡Qué has dicho, niña! ¡Qué has dicho! La culpa, si es que la hay, es del destino, sin más. Estaba escrito –a veces, ante estas cosas, una quisiera saber dónde se pueden leer tales afirmaciones- que a J. le iba a ocurrir eso, y no queda otra que aceptarlo: “le tenía que pasar a él y no hay vuelta de hoja” –sentencia ésta de las que te dejan con la boca abierta y anulan cualquier atisbo de razonamiento mínimamente argumentado-.

Pues no. Siempre he pensado que cuando uno se aclama al Destino –sí, así, con mayúsculas, para darle, si cabe, más enjundia- para explicar una desgracia que podía haberse evitado –no entro a valorar las que son inevitables, porque ése ya es otro asunto-, intenta, por todos los medios, no asumir la parte de responsabilidad que le corresponde, y de esta forma, salir de rositas de una situación que, a priori, podría llevarle a un incómodo replanteamiento existencial. Por descontado, la mayoría de la gente que me rodea –sirva como ejemplo, la conversación sobre la que estoy hablando-, no opina como yo y no hacen más que aceptar, como algo inevitable, los designios del Destino, cuando a éste le da por ser malo-maloso y disfrazarse con el traje rojo de Satán El Magnífico.

Por cierto, resumo la “inconsciencia” del chaval accidentado: correr, yendo pasado de copas –sin eufemismos sería “yendo borracho”-, delante de una vaquilla. El animal se revolvió y en la huida, el “aguerrido” torero, resbaló y, al caer, se golpeó en las rodillas.

Investigadores poco hacendosos



Pregunta: ¿Por qué, cuando en la televisión aparecen imágenes relativas a un homicidio o asesinato, y en concreto, cuando muestran el lugar en el que se ha encontrado el cadáver o cadáveres, siempre -e insisto en el siempre- se ven, tirados en el suelo, los guantes de latex que los investigadores o especialistas han empleado para "fisgonear", in situ, sin dejar sus propias huellas o contaminar la escena del delito?

Respuesta poco existencial pero probablemente acertada: son unos cochinos de tomo y lomo y desconocen expresiones del tipo "cubo de la basura" o "contaminación medio-ambiental".

La última vez que lo vi fue el jueves o el viernes pasado, en los informativos del mediodía, cuando contaron cómo un joven de 19 años había muerto por disparos en un altercado callejero, cuando éste había salido en defensa de una mujer que estaba siendo golpeada por su actual compañero sentimental -¡ufff, qué poco me gusta esa expresión!-, que fue, por desgracia, el autor del homicidio.

No termino de entender el porqué de esta dejadez ¿administrativa? -si se supone que son funcionarios los que "abandonan" los guantes en el suelo, digo yo que la responsabilidad será de sus mentores laborales- y tampoco comprendo el porqué los periodistas se empeñan siempre en mostrarnos los utensilios de marras, cual prueba fehaciente de lo que allí aconteció, cuando no pueden ofrecernos -menos mal- las imágenes del cadáver o cadáveres objetos de la noticia. ¿Será una especie de elipsis fílmica? Digo yo... por decir algo, claro...

Obstáculos -o dime dónde escondiste mi maleta-

- I -

Lo único que pretendo
con este anuncio en la sección de contactos
es que tú atiendas mi llamada.
Nada más sencillo.

Quiero salir de viaje
pero no consigo encontrar la bolsa
en la que amontonar
la ropa interior,
los vaqueros
y mi colección de calcetines remendados.

Sé que la escondiste
en algún rincón de la casa
y sé que esta casa,
por desgracia,
todavía tiene demasiadas esquinas
por las que no me he atrevido a pasar,
desde aquella aciaga tarde
en la que decidiste mudar tus quereres
de residencia nocturna.

Me gusta jugar
-lo sabes-.
Me gusta reír
-también lo sabes-.
Me gusta disfrazarme
-eso creo que no lo sabes-.
Me gustaba emborracharme
-ahora ya no encuentro un alambique a mi medida-,
beber lentamente de las copas
que dejábamos olvidadas a lo largo del día
en nuestro ir y venir constante.

Ayer me di cuenta
de que tengo toda la cristalería
repartida en Dios sabe dónde.
En la alacena de la cocina
no hay una sola copa.
No he limpiado todavía.
Me da pereza,
tengo el alma en paro
y mi currículum ya está desfasado.
¿Será por eso que no consigo
dar con una simple bolsa
de cuadros escoceses?

- II -

He tenido el valor suficiente
para pasar la aspiradora,
y llevarme con ella los requiebros
que un día metí debajo del sillón
para darte una sorpresa.

Sigo sin diplomarme en el curso
"Sea valiente por un día".
Conseguí leer el manual,
-que ya es mucho-
pero he sido incapaz de superar
los heroicos obstáculos
que se incluyen en el vídeo de aprendizaje
para mi completo adiestramiento.

- III -

Te pido,
como último favor,
-si es que alguna vez me hiciste un favor-,
que contestes a este anuncio
y me digas en qué lugar escondiste mi maleta,
aquel día en el que, imbuido de un espíritu casi divino,
decidiste inspeccionar
si sus hechuras eran las correctas
para resistir un viaje de más de tres días,
y te encontraste con que yo atesoraba, en su interior,
ordenados por riguroso orden alfabético,
un almacén de defectos con los que podía proveer
a todo un regimiento de ángeles,
llegado el caso de que éstos hubiesen necesitado
ser discretamente normales alguna vez.

Es casi una súplica.
No sabría vivir siendo perfecta.
Te ruego encarecidamente que seas honesto conmigo
y que dejes de jugar al "Tú la llevas".
Evítame, por lo menos, el tener que reponer
por tercera vez el botiquín del cuarto de baño:
anoche ya no me quedaban tiritas,
ni algodón,
ni tintura de yodo.
Las gasas estériles están a punto de acabarse,
pero ésas son para grandes males
y si tú te decides a desvelarme la ruta de El Dorado,
creo que podré subsistir sin tener que explicarle
al boticario que soy demasiado patosa
en esto de aprender a vivir:
una tiene su corazoncito y con lo tímida que soy,
me avergüenza sobremanera inventar excusas
para disimular los moratones del alma.

¡Qué me estozolo!



Si no pasa nada que lo impida, mañana al mediodía estaré haciendo equilibrios para no "estozolarme", esto es, tal cual dice el DRAE, que significa lo mismo que "estozar": 1. tr. rur. Hues. Desnucar, romper la cerviz. U. m. c. prnl.. Ayer me dijeron que ha nevado en Linares, lo que no sé es si habrá cuajado o todo se reducirá a las inoportunas e incómodas placas de hielo que se hacen cuando comienza a caer la tarde.

Pasaré allí el fin de año y no sé si luego me quedaré, porque hoy han llamado a mi madre del hospital para que acuda mañana a firmar unos papeles y no sé qué pasará después -me refiero a la fecha de su operación-. Al menos hemos pasado las navidades tranquilas, :-)

Feliz final de año para todos y un comienzo del siguiente especialmente hermoso. Nos veremos -leeremos-, más o menos, dentro de doce días. Salud -i força en el canut, com diuen a València-.

El enterrador, por favor

Ya son muchas las veces que me he quejado en esta bitácora –es lo que tiene el disponer de un lugar donde lanzar al viento, o a la Red en este caso, las imprecaciones más o menos justificadas que a una le vienen en gana- por las molestias que me causa el hecho de vivir al ladito de una iglesia parroquial.

Por si acaso todavía no ha quedado claro, me reitero: tres toques diarios para llamar a los feligreses a misa –a los pocos que acuden-, uno a las 8:45, otro a las 10:45 y el último a las 19:30 –por supuesto, da lo mismo que sea sábado o domingo, el de las 8:45 suena igual... es que los curas no saben qué es eso de dormir hasta las once de la mañana-; jolgorio festivalero los fines de semana -salvo en pleno invierno, que se ve que nadie quiere matrimoniarse en esas fechas por aquello de que la novia no se luce porque hace frío-, a razón de tres bodas por tarde/mañana con su consiguiente colapso de tráfico, con coches aparcados encima de las aceras a lo largo de toda la calle y sus inseparables tiras de tracas –para el que no lo sepa, es una costumbre muy extendida en el Levante español el disparar o encender una tira de traca, de alrededor de cinco metros de petardos, para celebrar los acontecimientos familiares más especiales, tipo bodorrios, comuniones y bautizos-; uno o dos entierros diarios, con sus correspondientes toques de muertos... Vamos, que más de una vez me he planteado la posibilidad de demandar a la parroquia de marras –bueno, al párroco, que el edificio en sí no creo que fuese a comparecer en un juicio...- por superar, con creces, el nivel máximo de ruidos permitido en la ordenanza municipal y al ayuntamiento por consentir lo de los petarditos, que siempre acabo preguntándome si los emperifollados invitados a las celebraciones han oído hablar alguna vez de las medidas de seguridad necesarias para encender fuegos de artificio.

No contenta con este panorama tan maravilloso y tan próximo en convertirme en una mártir cristiana ajena al movimiento santeril, resulta que desde hace un par de semanas, cuatro personas han tenido a bien el abordarme a la salida del portal de mi casa con una pregunta tópica y muy normalita –lease esto último con un elevado grado de ironía-: “Por favor ¿el enterrador?”. Y claro, es que, por lo que se ve, para que todo quede como en casita, como para tenerlo todo muy a mano y tal, el cura párroco decidió ofrecerle el puesto de sepulturero a mi vecino el de la puerta ocho... –más ironía-.

La primera vez que se dirigieron a mí con semejante duda existencial, me quedé tan descolocada que no supe qué contestar. Ayer, con el cuarto dubitativo tropiezo, respondí cual dependienta de El Corte Inglés anunciando la planta del edificio en el que se encuentran las ofertas del día: “cuarto piso, puerta número ocho, graciasssss”.

Por la noche, al salir a pasear a Zas, me encontré con él en la escalera. Como sabía que hacia ya meses que estaba trabajando de enterrador, le pregunté –yo también tengo dudas existenciales, ja- el porqué de que en los últimos días varias personas viniesen a buscarlo directamente a su domicilio. Me explicó que por cuestiones de organización, la oficina parroquial había restringido drásticamente el horario de atención al público, y que como la gente sabía que él vivía al lado, iban a buscarlo a casa. Casi de manera automática, se me escapó algo parecido a esto: “Si al final, acabaré haciéndole de secretaria al cura”. Se me quedó mirando extrañado. Para mí, que no entendió la ironía.