
Desaparezco. Sí, ya sé. Ya estaba desaparecida. Si acaso no me falla la memoria, di de baja la bitácora el pasado 24 de mayo. Pero como estoy teniendo problemas para acceder al área de administración, prefiero dejarla activa e intentar no caer en la dependencia bitacoril -que suena fatal, pero que existe... ¡y tanto que existe!-. Me va a ser fácil, la verdad: el sábado
salgo en busca de Dulcinea. Sí, no quiero encontrar ni a Alonso Quijano ni a Sancho Panza. Prefiero darme de bruces con la sombra de esa fanta...
(... continúa)