No me gustan las fotografías perfectas.
No me gusta tener pesadillas.
No me gusta soñar que mi padre se muere.
No me gusta la moralina monárquica.
No me gustan los que queman imágenes de otros, pero me gustan menos los que inventan delitos basados en conceptos subjetivos.
No me gustan los publicistas que son capaces de diseñar campañas como la de Caja Madrid: "Sentido y sensibilidad". ¿Se puede ser más rematadamente obtuso y rídiculo? Pobre Jane Austen...
No me gustan los banqueros que se atreven a decir que su empresa promueve la "banca cívica". Y eso ¿qué santas narices es? ¡Ah
...
(... continúa)